Movimiento Obrero
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En la empresa Procavi, la mayor exportadora de carne de pavo procesada del Estado español, situada en Marchena (Sevilla), estaba prevista una huelga de 72 horas, convocada por CCOO, UGT y SAT, para los días 4, 5 y 6 de Junio en tres de las contratas de la empresa, cuya reivindicación principal era la aplicación de las condiciones laborales de la empresa matriz en toda la fábrica.

Sin embargo, sólo unos días previos a la huelga, en el Servicio Extrajudicial de Resolución de Conflictos Laborales de Andalucía (Sercla), los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, llegaron a un acuerdo con la empresa y desconvocaron dicha huelga sin contar con la opinión de sus propios delegados en los comités de empresa, ni con la del resto de trabajadores.

Este acuerdo, rechazado por el Sindicato Andaluz de Trabajadores recogía unas migajas infinitamente insuficientes para la plantilla. Acordaron un plus del domingo de 30€ al mes (antes 20€) y la realización de 90 contratos indefinidos en 3 años, en una plantilla de 650 con un 75% precarios. Con respecto a los ritmos de producción, se acordó no mejorar los ritmos sólo se comprometieron a medir la cadena. También se aceptó la ausencia de asistencia médica en una fábrica con una cantidad altísima de desmayos, lesiones, crisis de ansiedad y accidentes laborales.

Tan vergonzoso fue este acuerdo que los delegados de CCOO, UGT y SAT de la contrata principal de Procavi (Adecco) se negaron a firmarlo y elaboraron un escrito mostrando su rechazo. Tras ello, se empezaron a realizar asambleas para una nueva convocatoria de huelga por parte de los trabajadores, sin el apoyo de CCOO y UGT. Se recogieron cientos de firmas entre la plantilla, en un ambiente muy combativo y con gran descrédito de los trabajadores hacia las grandes organizaciones sindicales.

Cuando más cerca estaban de presentar la convocatoria de una nueva huelga, la empresa pidió una reunión con el comité de empresa, en un intento a la desesperada por frenar el empuje de la plantilla. Una reunión interminable de 8 horas en la que se dieron miles de vueltas al acuerdo firmado por los sindicatos mayoritarios y que finalizó con la firma de todos los delegados, con la excepción de Nadia García, la delegada del SAT, quien denunció públicamente que el acuerdo no tenía mejoras sustanciales y  que su deber “es seguir al lado de mis compañeros y negarme a firmar un acuerdo que no recoja la aplicación total de las mismas condiciones laborales que en la empresa matriz: Procavi”.

En este “nuevo” acuerdo, el plus del domingo se pasó de 30 a 40 euros y la empresa se comprometió a hacer indefinidos a 40 trabajadores este año, algo irrisorio ya que en la fábrica hay un abuso del encadenamiento de contratos temporales, los cuales se encuentran en una situación de fraude de ley. Lo que tiene que hacer la empresa es cumplir de una vez con el Estatuto de los Trabajadores y pasar de un 25% de indefinidos a un 75% de manera inmediata. 

Los delegados de CCOO y UGT convocaron asambleas a espaldas de la compañera del SAT para someterlo a votación. Una votación que los delegados presentaban como una elección entre el acuerdo que firmaron las direcciones de los sindicatos o este nuevo acuerdo firmado por ellos. Es decir, una elección entre lo malo y lo peor, sin ofrecer la posibilidad de seguir adelante con la huelga. Un aspecto clave que explica la baja participación en las votaciones del nuevo acuerdo, por debajo de las asambleas que se realizaron la semana anterior para convocar la huelga.

¿Y ahora qué?

Desde la sección sindical del SAT no se rinden y, aunque saben que la huelga no se va a convocar de forma inmediata, seguirán fortaleciendo dicha sección para crear un frente combativo y organizado, que aglutine toda la indignación que existe ahora mismo entre la plantilla y se prepare para que en un futuro muy próximo no se deje pasar la determinación y el empuje que han demostrado los trabajadores y trabajadoras de las contratas en Procavi, en su lucha por la equiparación con sus compañeros de la empresa matriz.