Movimiento Obrero
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La empresa Majorel ofrece de cara a sus clientes una publicidad en la que se jacta de ofrecer soluciones tecnológicas en las que el factor humano juega un papel central frente a la robotización, pero la realidad es que en el proyecto “Bytedance” de su sede en Barcelona, el trato a sus trabajadores es más propio de un esclavista que de alguien que se declara “driven by people”.

Majorel paga mal y a destiempo. En este tipo de trabajo “call center” es un hecho consumado que los trabajadores con capacidad de hablar idiomas más difíciles de encontrar en el mercado laboral suelen recibir salarios mayores, pero en el caso de Majorel, los agentes del mercado español reciben salarios de apenas 1000 euros en una ciudad con el nivel de vida de Barcelona, pese a que se requiere tener un cierto nivel de inglés incluso para este mercado.

Además, no son pocos los trabajadores que sufren mensualmente el impago de parte de sus nóminas por motivos totalmente injustificados. Muchos de estos casos se deben a que la empresa no tiene suficiente personal en el mermado departamento de recursos humanos. Debido a ello, en no pocas ocasiones los contratos de las nuevas incorporaciones tardan semanas, incluso meses, en llegar a manos del trabajador, con las consecuencias negativas que ello supone a quien tiene que arrendar una vivienda o firmar una hipoteca.

Por si fuera poco, hay trabajadores que se han visto en la situación de tener noticias de su renovación a través del aviso por SMS de la Seguridad Social sin que nadie en la empresa les sepa decir por cuánto tiempo y con qué tipo de contrato se les ha renovado. Pese a los esfuerzos de los “team managers” de hallar respuestas, la empresa hace oídos sordos.

Frente a todo lo citado, la actitud de los gestores de la sede de Barcelona hacia los trabajadores es de completo autoritarismo, llegando a tildarles de incompetentes diciendo que su trabajo no es “rocket sciencie” –es decir, que no es tan complicado– cuando el cliente se quejó por los resultados obtenidos hasta la fecha. Pero ¿quiénes son ellos para dar lecciones de buen hacer a sus trabajadores? Su incompetencia es tal, que desde hace unos meses llevan necesitando ayuda externa de otras sedes para poner orden dentro de un proyecto, el de “Bytedance”, que son incapaces de sacar adelante sin problemas. Sólo entienden el liderazgo a base de gritos y de hacer recaer el peso de su incompetencia en las espaldas de los trabajadores. Por si fuera poco, no respetan el derecho a huelga, llegando a amenazar con consecuencias negativas a quienes quieren ejercerlo.

Desgraciadamente, todo lo citado aquí se ve acentuado con la negación sistemática de los días libres o periodos vacacionales. Dado que el departamento de planificación ha estado trabajando sin apenas personal durante un periodo de tiempo, muchas peticiones de vacaciones han sido rechazadas y otras han sido aceptadas tras largos periodos de espera. Además, en las últimas semanas los días libres individuales o cambios de días entre compañeros han sido sistemáticamente rechazados con la excusa para todos los mercados de “necesitamos personal”. Una excusa que sólo tapa las deficiencias de una empresa que no permite que sus trabajadores puedan hacer planes a medio plazo, pues siempre deben estar pendientes de cuál será el próximo atropello que se cometerá sobre sus derechos laborales.

Por todo ello, varios trabajadores han empezado a organizarse en torno al sindicato UGT, hasta la fecha no contaba con una sección propia para el proyecto “Bytedance”. Pero al poco tiempo de comenzar con ilusión este camino organizativo, los trabajadores ya se han visto damnificados por la burocratización y parasitismo que sufren los grandes sindicatos de masas. Ante la perspectiva de perder el mando de la sección sindical de la empresa, uno de los delegados se confabuló con la misma para que despidieran a la persona que había empezado a movilizar a sus compañeros. Es cierto que sin haber sido nombrado aún delegado sindical hay ciertos movimientos que esta persona no debería haber hecho, pero en ningún momento esto justifica que la empresa busque la excusa de una mala actitud en el trabajo para echar a un trabajador por su actividad sindical. ¡Y menos aún que un supuesto compañero en la lucha por los derechos de los trabajadores se alíe de esa forma con la empresa!

Pese a todo, nuestra ilusión, nacida de la rabia que da saber que esta empresa no trata a sus trabajadores con la dignidad que se merece cualquier persona, sigue intacta; y por ello seguimos en el proceso interno de la UGT para renovar los órganos y poder comenzar de esta manera una nueva etapa en la que trabajar verdaderamente por la mejora de las condiciones laborales en el proyecto “Bytedance” de Majorel.