Cuestión nacional
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El pasado 21D finalmente no ardió Barcelona, demostrando una vez más que la realidad que se vive en Catalunya dista mucho de la que pretenden mostrar ciertos partidos y medios de comunicación. La semana había transcurrido entre nervios de muchos ciudadanos que no sabían qué esperar en un viernes plagado de movilizaciones. La incógnita sobre los actos de los CDR, la ya habitual actitud incendiaria de Ciudadanos, que incluso anunció una querella contra el president Torra antes de que se produjera ningún acto, y la agitación de los medios de comunicación burgueses provocaron que mucha gente esperara el apocalipsis en la ciudad condal. Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que la mañana no se desarrolló como una mañana habitual, la situación estuvo muy lejos de ser caótica. Las conclusiones a sacar de todo ello son diversas.

El régimen del 78 buscaba preparar el terreno para justificar una represión desenfrenada, sobretodo contra los elementos más avanzados del movimiento independentista como lo son los CDRs y la CUP.  La humillación del pasado octubre, cuando las masas se auto organizaron para celebrar el referéndum, y las posteriores elecciones del 21D todavía pesan mucho sobre la conciencia de la clase dominante que busca con sed de venganza hacer un ejemplo del pueblo catalán. Desafortunadamente para ellos, la jornada transcurrió de manera generalmente pacífica (exceptuando, claro está, la violencia policial), aunque esto no es óbice para que el Estado busque excusas para seguir reprimiendo.

Por su parte el gobierno del PSOE ha conseguido buena parte de sus objetivos. Por un lado, confirmó a la práctica la disposición de los dirigentes pequeño burgueses del PDeCAT y ERC, que hicieron mucho ruido durante las semanas previas al 21D, pero que finalmente aceptaron reunirse con Sánchez y continuar el “diálogo”. Toda reivindicación por parte de la Generalitat de que sólo se reunirían con Sánchez para discutir el derecho de autodeterminación fue olvidado convenientemente en el último minuto. Es más, la cena del jueves con Sánchez y Torra como protagonistas reunió a más de 600 empresarios, mostrando realmente qué intereses representan estos dirigente. La prioridad es retornar a la normalidad, es decir, al autonomismo catalán, volviendo a la estabilidad que tanto desean y necesitan los mercados para hacer negocios. 

Por otro lado, el gobierno ha sido capaz a ojos de muchos de volver a posarse como un ejecutivo “progresista”, sobretodo con medidas como la subida del salario mínimo. El PSOE está trabajando arduamente, con la gran ayuda de Podemos, para aprobar los presupuestos. Sin embargo, muchos de los gestos del gobierno hasta hoy han sido simbólicos o promesas, y las masas no quieren sólo gestos, sino más bien hechos. En algún momento el PSOE tendrá que cumplir con sus propuestas, abriendo una situación muy complicada para un partido que está dividido en su seno.

Asimismo, el PSOE ha conseguido algo muy importante para ellos: con su blindaje de la Lonja ha conseguido demostrar quién tiene el monopolio de la violencia dentro del territorio del Estado, apoyándose fundamentalmente en los Mossos d’Esquadra para contener a los manifestantes (a pesar de la presencia de un millar de policías nacionales y Guardias Civiles). Para nosotros sin embargo, este hecho demuestra claramente la naturaleza represora que tiene todo cuerpo policial cuando cualquier Estado burgués necesita poner orden dentro de su territorio, incluidos los Mossos d’Esquadra.

Pero este relativo éxito de Pedro Sánchez en el 21D es muestra de algo que venimos denunciando desde hace largo tiempo: los dos partidos pequeñoburgueses independentistas de Catalunya han renunciado a la construcción de la República para pasarse a las filas del autonomismo. Quizás la línea política de la que nunca salieron pese a envolverse en la bandera republicana y demócrata. El hecho es que se ha mostrado mediante la experiencia que la tarea para conseguir la república catalana es una tarea revolucionaria, que los dirigentes actuales del movimiento independentista son incapaces de cumplir. El hecho de que Òmnium se viese obligado a convocar una concentración de protesta esa mañana y que, junto con la ANC, se sumara en el último momento a la movilización de la tarde de los CDR y la CUP demuestra que las direcciones de estas organizaciones, vinculadas en los últimos años a ERC y al PDeCAT, están bajo presión de sus bases para adoptar una línea más contundente y más crítica hacia el Govern. 

Concentració Estació de França

Sin embargo, lo que realmente estaba en juego el 21D era el poder de convocatoria de los CDR y de los compañeros de la CUP y la Izquierda Independentista. Era lo que todo el mundo estaba esperando y lo que temían los partidos pequeñoburgueses a uno y otro lado del conflicto. El relativo  éxito de la manifestación de la tarde, convocada por la CUP y los CDR, a la que asistieron unas 80.000 personas bajo la poderosa consigna "Tumbemos al régimen", muestra que un sector importante del movimiento está rompiendo con el Govern y está acercándose a la CUP. La tarea es ampliar esta ruptura convirtiendo a la CUP en una dirección alternativa a la altura.

El régimen del 78 se quiebra por abajo desde hace tiempo. El movimiento independentista a su vez está sufriendo una ruptura en líneas de clase que hasta ahora no se conocía. La unión de fuerzas en pos de la república había emborronado sus contradicciones internas. Pero después de un año hablando de república sin materializarla en hechos concretos, y sobretodo sin hacer políticas que alivien el sufrimiento de la clase trabajadora en Catalunya, el movimiento empieza a quebrarse por la base. Y esto preocupa tanto al Estado español como al actual gobierno de la Generalitat. 

La situación objetiva en Catalunya hace tiempo que ha creado las oportunidades para que la CUP dispute de manera decisiva el liderazgo del movimiento independentista a los dirigentes actuales. Las capitulaciones de la Generalitat y el auge en la lucha de clases que representan las huelgas de los médicos, los profesores, los estudiantes, etc., genera las condiciones para que la CUP agite por la lucha contra los recortes, contra la precariedad laboral, por los derechos democráticos y contra la dictadura de los grandes bancos y las multinacionales. La clase obrera en Catalunya de habla castellana podría ganar confianza en la CUP si ésta se postula como partido claramente anticapitalista, que vincula la cuestión de la república con el socialismo como partes inseparables de una misma lucha- la emancipación de los oprimidos. Asimismo, es necesario que intervenga en el movimiento, sobre todo en los CDR, con personalidad propia, poniéndose a la cabeza de éste en vez de ir a la zaga, planteando de manera audaz sus consignas y perspectivas, y presentándose como una alternativa real al bloque ERC-PDeCAT, convirtiendo a los CDR bajo su dirección en un baluarte revolucionario del movimiento republicano. El tiempo y los acontecimientos están desenmascarando las verdades de clase, trayendo clarificación y preparando una escisión en el movimiento republicano. La tarea es acelerar esa ruptura y reconfigurar al movimiento en torno a un nuevo polo revolucionario, que, esta vez sí, sea capaz de conquistar la república catalana y de convertirla en la chispa para la revolución ibérica.