Existe el reduccionismo en sectores de la izquierda de contemplar la Revolución Rusa de 1917 como una sucesión de acontecimientos que evolucionan indefectiblemente hacia una situación donde, de manera casi irremisible, un Partido bolchevique unido se hizo con el poder esperando oportunamente su ocasión, como si tuviera un plan preestablecido. Pero en las auténticas revoluciones no hay nada parecido a un plan preestablecido que se lleve hasta el final.

El 5 de junio de 1967, la Fuerza Aérea israelí lanzó un ataque sorpresa contra las bases aéreas egipcias en la provincia del Sinaí, iniciando lo que se conoció como la guerra de los Seis Días, que terminó con la ocupación por parte de Israel de Cisjordania, Gaza, toda la Península del Sinaí y, un poco más tarde, los Altos del Golán. Los palestinos sufren las consecuencias desde entonces.

 

Mayo de 1917 fue un mes de transición entre las luchas de masas que se habían desencadenado en abril y las que vendrán posteriormente en junio y julio. Pero no fue sólo eso, inmerso en un período tan excepcional, no pudo ser un mayo cualquiera.

Este año se cumple el 40º aniversario del que fue, sin duda, el año decisivo de la llamada Transición. En el año 1977 tuvieron lugar los asesinatos de Atocha, que elevaron la temperatura revolucionaria de la sociedad a su grado máximo, la legalización de los sindicatos y de los partidos de izquierda, entre ellos el PCE; la celebración de las elecciones semidemocráticas del 15 de junio, así como la firma de los infames Pactos de la Moncloa, que sellarían la traición a las expectativas populares despertadas a la muerte del dictador.

Las tareas inmediatas de la revolución rusa eran de carácter democrático-burgués: instaurar una república democrática que pusiera las bases para un desarrollo avanzado de la industria y la cultura. Pero la burguesía rusa, débil, había llegado tarde al desarrollo histórico, constreñida en su avance por las burguesías más fuertes de Europa y Norteamérica.

 

Los dirigentes socialistas conciliadores, mencheviques y socialrevolucionarios, participantes en el gobierno de unidad nacional con los partidos burgueses, fomentaban la idea entre su base social de que la continuación de la guerra contra los imperios centrales era para salvaguardar las conquistas de la Revolución de Febrero. Aceptando esto, el soldado entendía la guerra como defensiva: "mientras el gobierno no consiga la paz habrá que defenderse". Estaba instalada la idea de "no más ofensivas", con la perspectiva de una paz general.

 

Este año se cumple el centenario de la Revolución Rusa: el acontecimiento más importante habido en la historia de la humanidad hasta la fecha. Por vez primera, dejando a un lado la experiencia efímera pero gloriosa de la Comuna de París, millones de oprimidos derribaron a sus opresores y se propusieron edificar una sociedad justa, igualitaria y verdaderamente humana, una sociedad socialista. Para conmemorar este gran acontecimiento, Lucha de Clases publicará una serie de artículos a lo largo del año, que seguirán cronológicamente las etapas más relevantes de la Revolución Rusa.