Nicolás Maduro fue reelegido para otro mandato en las elecciones presidenciales de Venezuela el domingo 20 de mayo. La mayoría de la oposición reaccionaria, con el apoyo total de Washington y Bruselas, había llamado al boicot, lo que provocó en una participación muy baja en las zonas de clase media y alta de las principales ciudades. Los gobiernos derechistas de la región se unieron al coro exigiendo que se cancelaran las elecciones. Como reacción, muchos en los barrios de clase trabajadora y pobres salieron a votar como una forma de rechazar tal intromisión imperialista descarada. Sin embargo, incluso aquí la participación fue visiblemente menor que en elecciones anteriores. La profunda crisis económica es el principal problema en la mente de mucha gente y hay un amplio escepticismo sobre la capacidad del gobierno para enfrentarla.

Tuve la oportunidad de participar en la manifestación del 1º de Mayo del año pasado en Caracas que se dio en circunstancias bastante particulares. Estábamos en mitad de la ofensiva insurreccional de la oposición burguesa y pro-imperialista, con violentas manifestaciones en las calles. La marcha del 1º de Mayo se convirtió en una oportunidad para responder de manera masiva a esa ofensiva golpista cuya intención era la de derrocar al gobierno de Maduro por medios insurreccionales.

Entramos al definitorio mes de mayo en un contexto seriamente atípico de cara a los venideros comicios presidenciales del día 20. Mientras el abstencionismo reina entre la mayoría de agrupaciones políticas opositoras (MUD–FAVL y SV), hecho que limita las posibilidades de triunfo de Henry Falcón; Nicolás Maduro se prepara para capitalizar la fragmentación de la derecha, esperando obtener un triunfo que lo habilite para un nuevo periodo constitucional, en medio de una cada vez más aguda situación económica y social que promete dar continuidad al clima de inestabilidad e incertidumbre hoy imperantes.

ACTUALIZACIÓN: En el momento en que íbamos a publicar este artículo se conoció la noticia de que el gobierno en reunión con la empresa privada había decidido derogar la reforma. Es importante que ahora el movimiento obrero y estudiantil se dote de un programa para asegurar que la crisis del sistema de pensiones la paguen los capitalistas.

En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.