El día de hoy, 1 de julio se ha llevado a cabo una masiva participación en las elecciones donde estaban en juego 18 mil 299 puestos de elección pública, pero que sin duda alguna la más importante y fundamental era la presidencial. Con un padrón de más de 89 millones de electores, la participación, con las primeras cifras de participación a nivel general, va a ser una de las más altas en la historia. Esta votación representa un verdadero terremoto político y social, la oligarquía y el imperialismo .que siempre estaban acostumbrados a mandar y que se les obedeciera tiene al frente un gobierno que les ha encarado, que ha dicho que va a separar el poder económico del político y que su prioridad van a ser los pobres.

Nicaragua ha entrado en un proceso convulsivo, las contradicciones profundas de la sociedad capitalista están expresándose y saliendo a la superficie de manera espontánea, y ante la ausencia de una dirección revolucionaria se manifiestan de manera confusa, poco clara. Lo que se esperaba como la etapa inicial de cambios y transformaciones con el regreso del sandinismo al poder en 2007 después de casi dos décadas en la oposición, no resultó ser así. Lo que hemos visto en los últimos años en Nicaragua, bajo el gobierno de Daniel Ortega, es un pacto con los empresarios y la iglesia católica para garantizar la “paz social” sobre la base de la explotación de la clase trabajadora, esto nada tiene que ver con el socialismo revolucionario ni con las aspiraciones históricas de las masas sandinistas.

Las elecciones en Venezuela el 20 de mayo fueron simplemente un episodio de una larga saga de agresión imperialista, crisis económica y deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera y los pobres. El reelecto gobierno de Maduro ha continuado su política de hacer concesiones y llamados a los capitalistas. Si no fuera por las válvulas de escape del CLAP (cajas de alimentos subsidiados), la migración y la economía basada en el dólar, la situación habría llevado ya a una explosión social. El chavismo de base está cada vez más enojado y crítico con la dirección. 

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, el 17 de junio, dio la victoria al candidato reaccionario de derecha, Iván Duque (respaldado entre bastidores por el ex presidente Álvaro Uribe), que recibió el 54% de los votos (10 millones). Sin embargo, fue la primera vez en la historia que un candidato atacado por la clase dominante como un peligroso "comunista", Gustavo Petro, llegó a la segunda vuelta y recibió un muy respetable 42% (8 millones de votos).

Ayer, 14 de junio la Cámara de Diputados de Argentina aprobó la legalización del aborto, después de casi 20 horas de votación, fueron 129 votos a favor, 125 en contra y una abstención. Pero esa aprobación es el resultado de una lucha extensa y masiva de la juventud contra la violencia de género, desde el año 2015, con las movilizaciones que comenzaron tras el asesinato brutal de Lucía Pérez. El movimiento se conoció como #niunamenos. El proyecto de ley de interrupción voluntaria de embarazo llegó nuevamente al congreso en marzo de 2018. Pese a que diversos proyectos a favor de despenalizar el aborto han sido presentado siete veces desde el año 1983, esta  fue la primera vez que consiguió llegar al plenario para su votación. Ahora, el proyecto de ley debe votarse en el Senado dentro de unas semanas para que sea sancionado, aunque es improbable que sea rechazado en esta cámara.

Mañana, 17 de junio se celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, donde competirán el candidato de la oligarquía, Iván Duque, y el candidato de la izquierda, Gustavo Petro. Ambos resultaron ser los candidatos más votados en las elecciones primarias del pasado 27 de mayo. Para poner en contexto lo que se juega en estas elecciones, publicamos un artículo publicado en In Defence Of Marxism. Aunque fue escrito antes de las elecciones del 27 de mayo, mantiene plena su actualidad.

El domingo 1 de julio se desarrollarán una de las elecciones más importantes en la historia reciente del país. Después de 30 años de una política brutal contra los trabajadores, la juventud, las mujeres y los pobres de México, hay una situación que amenaza con desbordarse. La burguesía ha militarizado y ahogado al país en sangre para mantener su régimen de explotación. Los candidatos expresan de forma desdibujada estas fuerzas que ahora están luchando por profundizar esta barbarie o por frenarla.