En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.

El pasado 26 de febrero, desde la sede del comité central del Partido Comunista de Venezuela en el Edificio Cantaclaro, se firmaría el acuerdo unitario PSUV-PCV a la vez que la tolda del gallo rojo proclamaría a Nicolás Maduro como su candidato a la presidencia de la república. Días antes, el 21 de febrero, pero esta vez desde el teatro municipal de Caracas, el PPT haría lo propio, completando así los partidos del Gran Polo Patriótico que apoyarían la candidatura del PSUV. De esta manera, se cierran las consultas de ambas toldas a su militancia, tanto la Asamblea del PPT como la XIV Conferencia de los comunistas.

Queda claro que en las últimas semanas el imperialismo estadounidense y sus países lacayos han aumentado la agresión contra Venezuela. El objetivo es público y declarado: propiciar un golpe de estado que derroque el gobierno del presidente Maduro y permita a la oligarquía capitalista volver a tomar control. Es necesario responde con medidas revolucionarias que golpeen el poder económico de la oligarquía, los agentes del imperialismo el país.

Han pasado cinco años desde la muerte de Hugo Chávez. Lo conocía desde hacía casi diez años y sentía un gran respeto por su valor, honestidad y dedicación en la lucha contra la opresión y la explotación. Por esto se ganó el odio de todas las fuerzas de la vieja sociedad: los banqueros, los capitalistas y terratenientes, los imperialistas, la CIA y, por supuesto, la llamada "prensa libre" que no es más que la boquilla servil del viejo orden.

Venezuela en los actuales momentos es escenario de un proceso de descomposición social sin parangón en la historia nacional. Problemáticas como la brutal escasez de productos de primera necesidad, la hiperinflación y la insuficiencia de los salarios, combinadas a su vez con el colapso generalizado de los servicios públicos, han alcanzado niveles tormentosos e insoportables para las familias trabajadoras cuya capacidad para seguir resistiendo los embates de la crisis económica comienza a agotarse. Tanto los días finales del 2017 como los primeros del año que recién comienza, han estado marcadas por innumerables protestas, tomas de carreteras y conatos de saqueos, en innumerables ciudades y poblados del país, que tienen como razón de ser el profundo descontento popular, principalmente ante las constantes alzas de los precios de los alimentos y el hambre imperante entre amplias capas de la población más vulnerable.

Como hemos venido señalando, específicamente en nuestro artículo “Venezuela: crisis, saqueos y hambre ¿Cuál es la salida?”, la actual crisis que atraviesa el país ha golpeado principalmente a las masas trabajadoras. Esta, enmarcada dentro de la crisis del capitalismo mundial, afecta principalmente a los países que, como el nuestro, se insertan en la economía mundial de forma dependiente, haciéndonos el eslabón más débil de la cadena.

El boicot por parte de la oposición de derecha a las elecciones municipales en Venezuela, ha animado a multitud de corrientes y sectores de la izquierda bolivariana a presentar sus propios candidatos frente al aparato del PSUV y la burocracia, debido a que no hay peligro de que una división del voto favorezca a la oposición contrarrevolucionaria. En Caracas, se vive una batalla fundamental entre el candidato de la burocracia reformista bolivariana y el candidato del ala revolucionaria, Eduardo Samán, que cuenta con el apoyo de la Corriente Lucha de Clases, la sección de la CMI en Venezuela.