La elección más caótica de la Vª República acaba de dar a luz a un nuevo jefe del Estado. Al término de la primera vuelta, ya se conocía al vencedor de la segunda. Millones de electores de izquierda se esforzaron en ir a votar por Macron para asegurar la derrota de Marine Le Pen. Y es que tampoco ningún dirigente de izquierda o sindical les proponía una alternativa concreta; la mayor parte incluso pedía el voto para el candidato de En Marche! Sin embargo, los 20,7 millones de votos obtenidos por Macron carecen de un significado positivo. Al mezclar votos que en la primera vuelta habían ido a Fillon, Macron, Hamon o Mélenchon, no se obtiene más que una masa informe, sin fisonomía de clase.

 

Después de no superar la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas, Jean-Luc Mélenchon, a diferencia de otros candidatos perdedores, decidió no apoyar directamente a Emmanuel Macron en la segunda ronda. En lugar de eso, lanzó una votación entre sus partidarios del movimiento La France Insumisa, para decidir si votar en blanco, abstenerse, o votar a Macron en la segunda ronda.

Los medios de comunicación se han apresurado a destacar el pase de Macron y Le Pen a la segunda ronda de las elecciones presidenciales francesas –algo que, por otro lado, esperaban desde el inicio de la campaña electoral. Para nosotros, el elemento más destacado es el gran resultado electoral de La Francia Insumisa que ha emergido como la fuerza hegemónica e indiscutible de la izquierda, algo imprevisto por esos mismos medios de comunicación hace unas semanas.

 

Los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial abren una nueva fase de la crisis política en Francia. Al igual que en abril de 2002, la segunda vuelta opondrá la derecha a la extrema derecha. Pero mucho ha cambiado desde 2002.

 

Los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial abren una nueva fase de la crisis política en Francia. Al igual que en abril de 2002, la segunda ronda opondrá la derecha a la extrema derecha. Pero mucho ha cambiado desde 2002. Entre medias, ha tenido lugar la crisis económica de 2008. La probable victoria de Emmanuel Macron, en dos semanas, no dará lugar a la relativa estabilidad política de la que Chirac se benefició tras su victoria en mayo de 2002. La recomposición de todo el espectro político abre un período importante de incertidumbre e inestabilidad. Las elecciones legislativas de junio serán la primera ilustración. No hay ninguna garantía de que vayan dar al jefe de Estado una mayoría parlamentaria sólida.

 

“En este momento de enorme importancia nacional debería haber unidad en Westminster, pero en cambio hay división. El país se está uniendo, pero Westminster no”. Con estas palabras, la primera ministra Tory, Theresa May, anunció elecciones generales anticipadas para el 8 de junio y pidió unidad política para afrontar el “divorcio” del Reino Unido con la UE.

La repentina remontada de la candidatura de Jean Luc Mélenchon en las elecciones presidenciales francesas del próximo domingo 23 de abril, ha vuelto todas las miradas hacia su movimiento, La Francia Insumisa, y su programa. La Corriente Marxista Internacional nunca ha claudicado a la histeria de “que viene el fascismo” que ha caracterizado a las principales corrientes de izquierda europeas en los últimos meses. Al contrario, hemos defendido de manera consistente que están dadas las condiciones para un giro a la izquierda en todas partes. En este artículo, escrito en noviembre del año pasado por nuestros compañeros franceses de Révolution, que están fuertemente implicados en la campaña a favor de la candidatura de Mélenchon, abordamos nuestra posición sobre los aspectos fundamentales del programa que ya entonces perfilaba La Francia Insumisa.