Durante el año 2014 han muerto más de 4.000 personas en España a causa de la hepatitis C. Ante la falta de un medicamento accesible económicamente y a la pasividad absoluta del gobierno, los enfermos han decidido movilizarse para intentar parar este genocidio formando la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C (PLAHC).

La premisa filosófica detrás de la estrategia consumista es la idea de que podemos, en efecto, realizar un cambio en la sociedad a través de nuestras decisiones de compra. La idea es que si pudiéramos cambiar la mente de todo el mundo sobre su papel en el medio ambiente, entonces podríamos cambiar la sociedad y su estructura. Si tan sólo pudiéramos convencer a todos de forma individual para ser más solidarios con el medio ambiente y para cambiar sus vidas, entonces podríamos cambiar el mundo.

A los seres humanos nos gusta suponer que lo que nos define como especie está en nuestro cerebro enorme y sofisticado. Es natural quedarse maravillado por un órgano de menos de kilo y medio que contiene cerca de cien mil millones de neuronas, capaz de cobrar consciencia de sí mismo. Pero se trata de un prejuicio idealista que pone la realidad patas arriba. El cerebro no es tanto lo que nos hace humanos sino uno de los resultados de lo que nos hizo humanos.

Una parodia de la portada del Daily Mail está actualmente circulando en internet, gritando que arañas gigantes islámicas están propagando el virus del Ébola en Gran Bretaña y, lo que es más, a expensas de los contribuyentes. No pasará mucho tiempo antes de que veamos la vida imitando al arte.

Durante los últimos siete meses se ha preparado el quinto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el organismo científico internacional de la ONU, centrado en proporcionar la mayor información y análisis sobre el proceso, los riesgos y los impactos del cambio climático. Las conclusiones de este último informe son inequívocas: el cambio climático es real; sus consecuencias desastrosas; sólo una revolución podrá frenar el calentamiento global.

El "Desafío del Cubo de Hielo" se ha convertido en un fenómeno social que se ha propagado como un virus. Innumerables vídeos que muestran a personas vertiendo sobre sí mismas cubos de agua helada han inundado los medios de comunicación social. Todo el mundo, desde G.W. Bush hasta Will Smith, y desde Britney Spears a su vecino de al lado y la mitad de sus compañeros de secundaria, se están uniendo en las travesuras de finales de verano y nominando a alguien más para hacerlo. Si el reto no se cumple en el plazo de 24 horas, el candidato nominado se supone que tiene que hacer una donación a la Asociación de la Esclerosos Lateral Amiotrófica (ELA). 

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer un informe en el que se le ocurrió una idea novedosa: convencer a la población mundial de que coma insectos para evitar el hambre. En realidad, ya es posible alimentar a todo el mundo sin la necesidad de comer insectos. Lo que se interpone en el camino es el "mercado"; es decir, el capitalismo.