El desarrollo del capitalismo y de la producción fabril comenzó a romper con el papel tradicional de kirche, küche, kinder (iglesia, cocina, niños), al que el Antiguo Régimen campesino reservaba a las mujeres en las aldeas y pueblos predominantes de la declinante y vieja sociedad feudal.

El Manifiesto es uno de los textos más importantes de la historia. En sus páginas podemos encontrar una explicación profunda del origen y funcionamiento de la sociedad capitalista, sus crisis periódicas, la concentración de capital, la explotación de los trabajadores, la mercantilización de todos los aspectos de la vida, la globalización capitalista etc., y, sobre todo, la explicación del papel histórico del proletariado, el carácter internacional de la lucha y la consiguiente necesidad de organizarnos para expropiar a los expropiadores. Es por esto que hablamos de un libro que, más de siglo y medio después, es incluso más vigente que cuando salió de la imprenta por vez primera.

El 21 de febrero pasado se cumplieron 170 años de que, en aquel año de 1848, saliera de la imprenta de las oficinas de la “Asociación Educativa de los Trabajadores” -en el número 46 de Liverpol Street, en Londres– El Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels y publicado como parte de los acuerdos del Segundo Congreso de la recién renombrada Liga de los Comunistas.

La crisis del capitalismo ha dado lugar a un clima de cuestionamiento y movimientos de masas en todo el mundo. Desde el movimiento de los Indignados en España, hasta la ocupación de la Plaza Syntagma, en Grecia y, más recientemente, el de la Nuit Debôut en Francia, los jóvenes comienzan a actuar y desafiar al sistema capitalista. Como parte de este estado de ánimo general, en los últimos años también han aparecido varios movimientos espontáneos contra las múltiples formas de opresión, que diferentes capas de la clase trabajadora experimentan bajo el capitalismo.

Artículo original publicado por Fightback, Canada

Entre enero y noviembre de  2017, 43 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas por el hecho de ser mujeres, por  ser tratadas como seres inferiores por parte de sus asesinos, una violencia ideológica a través de la fuerza, a través del terror: terrorismo machista. De ellas, un 18% habían acudido a las autoridades.

Sólo en lo que llevamos del año 2017, treinta y una mujeres y cinco menores han muerto por la violencia machista, prácticamente una víctima cada cinco días. Sólo en el fin de semana del 26 al 28 de mayo, han sido asesinadas tres mujeres en Madrid y en Murcia. La persistencia de esta lacra y la dejadez del Estado burgués a la hora de atajarla obligan a las organizaciones de la clase trabajadora a ponerse al frente de la lucha contra la violencia machista y a ofrecer una alternativa para acabar con esta lacra, inseparable del sistema de dominación capitalista.