{"id":1169,"date":"2005-02-23T00:00:00","date_gmt":"2005-02-23T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luchadeclases.org.ve\/wp_temp\/?p=1169"},"modified":"2005-02-23T00:00:00","modified_gmt":"2005-02-23T00:00:00","slug":"el-mo-vuelo-de-los-santamar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luchadeclases.com\/?p=1169","title":{"rendered":"El \u00faltimo vuelo de los Santamar\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>A\u00edda Santamar\u00eda, t\u00eda de Celia Hart Santamar\u00eda, y hermana de su madre, Hayd\u00e9e Santamar\u00eda, ha muerto. Celia Hart le dedica un hermoso obituario a la que fuera una activa participante en todo el proceso revolucionario cubano hasta el final de su vida. \u201c <!--more-->  <b>NOTA:<\/b>  A\u00edda Santamar\u00eda, t\u00eda de Celia Hart Santamar\u00eda, y hermana de su madre, Hayd\u00e9e Santamar\u00eda, ha muerto. Celia Hart le dedica un hermoso obituario a la que fuera una activa participante en todo el proceso revolucionario cubano hasta el final de su vida. \u201cAl triunfar la revoluci\u00f3n cubana, en la que hab\u00eda dejado como legado la vida de su hermano Abel y el dolor de su familia, A\u00edda se entreg\u00f3 de lleno a las nuevas tareas dirigiendo el Departamento de Prevenci\u00f3n y Asistencia Social.\u201d <\/p>\n<p>En los d\u00edas m\u00e1s dif\u00edciles de la clandestinidad en nuestra \u00faltima batalla por ser libres, cuando no eran suficientes los contactos, ni las casas donde los compa\u00f1eros pod\u00edan esconderse, frente a las amenazas m\u00e1s brutales de una tiran\u00eda que ve\u00eda enflaquecida su autoridad a pesar de haber asesinado a los mejores j\u00f3venes del pa\u00eds, flotaba por las calles de la Habana, sutil y gr\u00e1cil una hermosa mujer de cabello blanco de ojos esmeradamente negros, apostados en la m\u00e1s firme de las miradas. <\/p>\n<p>Mi t\u00eda A\u00edda Santamar\u00eda fue la m\u00e1s serena y bella de aquellos raros Santamar\u00edas emblem\u00e1ticos que sembraron su coraz\u00f3n en la revoluci\u00f3n cubana. Chaviano sin haber encontrado qu\u00e9 hacer frente a una mujer de tanta belleza y serenidad, s\u00f3lo repet\u00eda como un imb\u00e9cil cuando sab\u00eda que ella visitaba una c\u00e1rcel o hac\u00eda alg\u00fan arreglo. \u201c\u00a1Ah, esa palomita blanca, esa palomita blanca!\u201d. <\/p>\n<p>Si Hayd\u00e9e fue la due\u00f1a de la pasi\u00f3n m\u00e1s desbordada y de una inteligencia moldeada s\u00f3lo por la emoci\u00f3n; si t\u00edo Aldo signific\u00f3 valor, en cuyo est\u00f3mago descans\u00f3 el secreto de la llegada del Granma y en cuya precia militar se confi\u00f3 cuando la Crisis del Caribe siendo y se instalaron sin rubor los cohetes estrat\u00e9gicos en mi Patria; si fue Adita, la peque\u00f1a Adita, el s\u00edmbolo de la alegr\u00eda, el arte, y en su casa, de fiesta permanente encontr\u00f3 Silvio y Pablo sus mejores tertulias; si por \u00faltimo&#8230; o m\u00e1s bien fue por primero, Abel el s\u00edmbolo de la entrega absoluta, ese santo inmaculado de ojos verdes; ojos con los que quisieron comprar el coraz\u00f3n de mi madre en las c\u00e1rceles de Santiago de Cuba; entonces A\u00edda Santamar\u00eda, a la que acabamos de dar sepultura, fue el s\u00edmbolo de la serenidad, de la coherencia, fue esa persona a la que todos acud\u00edan cuando era menester sufrir o resolver alguna diligencia. Cuentan que cuando ya era evidente que la palomita blanca era la m\u00e1s comprometida de los revolucionarios y que agentes encargados por la tiran\u00eda le comunican en Encrucijada (tierra natal de los Santamar\u00edas) que deber\u00eda abandonar el pa\u00eds, descubren los agentes un libro que descansaba en el librero que hab\u00eda sido llevado all\u00e1 despu\u00e9s del Moncada por \u00f3rdenes de Fidel. Fidel, dicho sea de paso, sab\u00eda que aquel libro era desde ya propiedad de la Historia. El agente saca el libro firmado por el t\u00edo Abel y dice entre sorprendido y amenazador: \u201cAbel, \u00e9ste fue el que muri\u00f3 en el Cuartel Moncada\u201d. T\u00eda A\u00edda se\u00f1al\u00f3 imperturbable \u201cNo, Abel fue al que asesinaron cobardemente en el Moncada\u201d. Dicen que ese oficial la mir\u00f3 intrigado, y los bellos ojos de mi t\u00eda no se apartaron un solo segundo de su rostro. El batistiano coloc\u00f3 sin chistar el libro en el armario, como quien aleja a la cruz. <\/p>\n<p>Al triunfar la revoluci\u00f3n cubana, en la que hab\u00eda dejado junto como legado la vida de su hermano Abel y el dolor de su familia, A\u00edda se entreg\u00f3 de lleno a las nuevas tareas. <\/p>\n<p>Dirigi\u00f3 el Departamento de Prevenci\u00f3n y Asistencia Social. Los trabajadores sociales, que son ahora nuestro orgullo, tuvieron su primer empleo bajo al ala de esta palomita blanca, que desde enero del 59 decidi\u00f3 volar mucho m\u00e1s alto. <\/p>\n<p>Las funerarias, los barrios marginales, la atenci\u00f3n a los combatientes, no es con mucho una labor in\u00e9dita en mi patria. A\u00edda fue la primera trabajadora social. Los bienes que se recuperaban de los asesinos y de los cobardes que abandonaron el pa\u00eds fueron entregados a los m\u00e1s necesitados a trav\u00e9s de sus blancas manos. <\/p>\n<p>Recuerdo ahora, siendo una ni\u00f1a que en plena zafra de los 70 mis padres estaban en Amancio Rodr\u00edguez, un peque\u00f1o pueblo de pescadores en la antigua provincia de Camaguey. En lo que mi padre arengaba a los macheteros, para llegar a aquella meta de los 10 millones, que dicho sea de paso, muchas deformaciones posteriores hubi\u00e9semos evitado de haber llegado a aquella cifra, pues el precio a la \u201cderrota\u201d de aquel plan fue caer en los brazos de la burocracia sovi\u00e9tica y todas sus incalculables aberraciones, pues bien, mientras Armando Hart alentaba y organizaba la molienda de az\u00facar, mi madre se encargaba de construir una carretera, un acueducto, y otras obras en \u201cMacondo\u201d, como ella bautizara al pueblo. Entregaba ladrillos para la construcci\u00f3n de las casas de los campesinos, para obras sociales, etc. Entonces como cuento de hadas, mi t\u00eda A\u00edda enviaba todos los art\u00edculos abandonados por los presurosos burgueses que abandonaban el pa\u00eds: Las campesinas de Amancio contaban adem\u00e1s de una exigencia por cortar ca\u00f1a, con cacerolas esmaltadas, cubiertos finos, s\u00e1banas de lujo, enviadas por el Departamento de A\u00edda Santamar\u00eda Bienes Recuperados del Estado. No es que esto fuera importante para que los humildes entendieran la revoluci\u00f3n, mas de alguna manera era un s\u00edmbolo que el caf\u00e9 matutino de los ca\u00f1eros se colaba en un recipiente que otrora pertenec\u00eda a un soberbio ladr\u00f3n. No es que pasaran esos objetos de unos ladrones derrotados a unos ladrones en el poder: Los ten\u00eda el pueblo, al que poco le importaba la firma americana de los recipientes que usaban, seguir\u00edan taimando el caf\u00e9 para \u201clos diez millones\u201d a pesar de tener que usar el derroche aquel de la burgues\u00eda m\u00e1s platanera y mediocre de todas. <\/p>\n<p>A\u00edda sigui\u00f3 siendo el puntal m\u00e1s firme de su familia, mediadora entre las peleas de abuela Joaquina y mi madre, partera (por llamarla as\u00ed) de todos sus sobrinos. Me contaba mi madre que cuando ya yo hab\u00eda decidido nacer, a\u00fan no era el momento de hacerlo tan s\u00f3lo porque A\u00edda no aparec\u00eda. Para llegar a este mundo tuve que esperar por la anuencia y el aplomo de mi t\u00eda A\u00edda. <\/p>\n<p>Muri\u00f3 siendo militante del Partido Comunista y tratando de perseguir que nosotros, sus hijos y sobrinos, que de alguna manera hemos crecido en el bendito hurac\u00e1n de los Santamar\u00eda, sigamos leales a estos empe\u00f1os. <\/p>\n<p>Como era su deber A\u00edda enterr\u00f3 a sus cuatro hermanos. \u00a1Cu\u00e1l de los cuatro con m\u00e1s dolor que el otro! A uno lo asesinaron, la otra se suicid\u00f3, la m\u00e1s peque\u00f1a muri\u00f3 antes de tiempo envuelta en el peor c\u00e1ncer&#8230; A mi t\u00edo Aldo hace un a\u00f1o, de igual manera&#8230; A todos tuvo que darle sepultura tratando de amainar el dolor confuso y dis\u00edmil, de todos sus descendientes. <\/p>\n<p>Ahora puede ser el fin, al menos para nosotros: La \u00faltima rama de ese \u00e1rbol milagroso acaba de ser devuelta a la tierra. <\/p>\n<p>No s\u00e9 si a mis primos, a mi hermano, y a m\u00ed ellos nos hayan dejado algo de aquel embrujo, pero ser\u00e1 dif\u00edcil que florezcan de igual manera: Estamos contaminados, con nuevos tiempos, nuevas prisas, y mucho menos de amor. <\/p>\n<p>Hoy cerr\u00f3 un cap\u00edtulo extendido de esta obra peculiar de la revoluci\u00f3n. <\/p>\n<p>Debemos juntar las manos con fervor&#8230; y pensar&#8230; y amar mucho para que las cenizas de luz de esa legi\u00f3n de iluminados puedan acompa\u00f1arnos un tanto m\u00e1s all\u00e1, cuando tengamos que seguir a tiro forzado, lidiando con la muerte en los a\u00f1os que nos restan. Creo que la magia no muere, pero al menos hoy creo perder la fe para tratar de encontrarla. <\/p>\n<p>Con el sepelio del d\u00eda de hoy algo muy hermoso e indefinido termina por cerrarse en esta luminosa historia de una revoluci\u00f3n fabricada a pluma de \u00e1ngeles. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00edda Santamar\u00eda, t\u00eda de Celia Hart Santamar\u00eda, y hermana de su madre, Hayd\u00e9e Santamar\u00eda, ha muerto. 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