{"id":3317,"date":"2010-07-03T23:24:35","date_gmt":"2010-07-03T23:24:35","guid":{"rendered":"https:\/\/luchadeclases.org.ve\/wp_temp\/?p=3317"},"modified":"2018-03-19T16:48:52","modified_gmt":"2018-03-19T16:48:52","slug":"filosofia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luchadeclases.com\/?p=3317","title":{"rendered":"Teor\u00eda: Historia de la Filosof\u00eda (Cap\u00edtulos III y IV)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/mexico.elmilitante.org\/files\/la-escuela-de-atenas-120.jpg\" width=\"120\" height=\"134\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: left;\" \/>Seguimos con la importante serie de art&iacute;culos del camarada Alan Woods sobre&nbsp; la <em>Historia de la Filosof&iacute;a<\/em>: El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. El mundo volvi&oacute; a descubrir las maravillas de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica griega, a trav&eacute;s de traducciones directas de versiones fidedignas llegadas a Italia despu&eacute;s de la invasi&oacute;n turca de Constantinopla. La perspectiva materialista del mundo de los antiguos jonios y atomistas indicaron a la ciencia cu&aacute;l era el camino correcto.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/luchadeclases.com\/?p=3295\">1. &iquest;Necesitamos una filosof&iacute;a?<br \/> 2. Los primeros dial&eacute;cticos<\/a><br \/> 3. Arist&oacute;teles y el final de la filosof&iacute;a griega cl&aacute;sica<br \/> 4. El Renacimiento<br \/> 5. Descartes, Spinoza y Leibniz<br \/> 6. La filosof&iacute;a del siglo XX<br \/> 7. Ap&eacute;ndice: La filosof&iacute;a isl&aacute;mica e hind&uacute;<\/p>\n<h2>Cap&iacute;tulo III. Arist&oacute;teles y el final de la filosof&iacute;a griega cl&aacute;sica<\/h2>\n<p>Marx defini&oacute; a Arist&oacute;teles como &ldquo;el pensador m&aacute;s importante de la antig&uuml;edad&rdquo;. Arist&oacute;teles vivi&oacute; entre los a&ntilde;os 384 y 322 a. C. y naci&oacute; no en Atenas sino en Estagira, Tracia. <br \/> <img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/mexico.elmilitante.org\/files\/La%20Escuela%20de%20Atenas.jpg\" width=\"310\" height=\"230\" style=\"border: 1px solid black; margin: 5px; float: right;\" \/>Disc&iacute;pulo de Plat&oacute;n, durante veinte a&ntilde;os se dedic&oacute; a estudiar rigurosamente la filosof&iacute;a plat&oacute;nica, pero es evidente que no qued&oacute; muy satisfecho con ella. Tras la muerte de Plat&oacute;n dej&oacute; la Academia y se convirti&oacute; en tutor de Alejandro Magno. Volvi&oacute; a Atenas en el 335 a. C., para fundar su propia escuela, el Liceo. Ten&iacute;a una mente enciclop&eacute;dica que abarcaba gran variedad de temas: l&oacute;gica, ret&oacute;rica, &eacute;tica, ciencia pol&iacute;tica, biolog&iacute;a, f&iacute;sica y metaf&iacute;sica. Es el aut&eacute;ntico fundador de la l&oacute;gica, la historia natural, la teor&iacute;a de la moral e incluso de la econom&iacute;a. La filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles representa una ruptura con la filosof&iacute;a plat&oacute;nica.<\/p>\n<p> En muchos aspectos son diametralmente opuestas. En lugar del m&eacute;todo idealista, que vuelve la espalda a la realidad para refugiarse en el mundo de las ideas y las formas perfectas, Arist&oacute;teles parte de los hechos concretos procedentes de la percepci&oacute;n de los sentidos y a partir de estas percepciones llega a los principios y causas finales. Plat&oacute;n part&iacute;a de las ideas e intentaba explicar la realidad a partir de ellas, mientras que Arist&oacute;teles part&iacute;a de la realidad, examinaba cuidadosamente una gran cantidad de datos y fen&oacute;menos y a partir de ellos realizaba deducciones generales. Utilizaba el m&eacute;todo inductivo.<\/p>\n<p>El inter&eacute;s de Arist&oacute;teles en la f&iacute;sica y la biolog&iacute;a demuestra su pasi&oacute;n por la experimentaci&oacute;n y la observaci&oacute;n como fuentes principales del conocimiento. En este sentido, se puede decir que fue pionero del m&eacute;todo cient&iacute;fico moderno.<\/p>\n<p>Cuando Alejandro Magno estaba ocupado en sus guerras de conquista enviaba a Arist&oacute;teles los detalles y los dibujos de todos los nuevos descubrimientos de plantas y animales. A diferencia de Plat&oacute;n, quien consideraba el mundo material de la naturaleza &iexcl;no digno de su atenci&oacute;n&iexcl; Arist&oacute;teles pas&oacute; muchos a&ntilde;os coleccionando, ordenando y clasificando informaci&oacute;n de toda clase.<\/p>\n<p>Pero Arist&oacute;teles no era un simple coleccionista de hechos. Primero se basaba en la informaci&oacute;n procedente del mundo material objetivo y despu&eacute;s proced&iacute;a a la generalizaci&oacute;n. En su obra m&aacute;s profunda, La Metaf&iacute;sica, especula sobre el significado de los conceptos universales. Resume y critica todas las filosof&iacute;as anteriores, por eso tambi&eacute;n se le considera el primer historiador de la filosof&iacute;a. El t&iacute;tulo de la obra no tiene nada que ver con el uso de la palabra &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo; que aparece en los escritos de Marx y Engels, ellos la utilizan en un sentido totalmente distinto -para describir la estrecha visi&oacute;n mecanicista de los fil&oacute;sofos no materialistas de los siglos XVIII y XIX-. En realidad, frente a la filosof&iacute;a de Plat&oacute;n, la &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo; de Arist&oacute;teles ocupa un lugar similar a la dial&eacute;ctica.<\/p>\n<p>En La Metaf&iacute;sica, Arist&oacute;teles hace un estudio sistem&aacute;tico de algunas de las categor&iacute;as b&aacute;sicas de la dial&eacute;ctica. Este hecho con frecuencia se pasa por alto porque &eacute;l tambi&eacute;n dict&oacute; las normas de la l&oacute;gica formal (&ldquo;aristoteliana&rdquo;) que, a primera vista, parece entrar en contradicci&oacute;n con la dial&eacute;ctica. Para Arist&oacute;teles, tanto la l&oacute;gica como la dial&eacute;ctica, eran formas v&aacute;lidas de pensamiento. El pensamiento dial&eacute;ctico no contradice la l&oacute;gica formal, la complementa. M&aacute;s correctamente, las leyes de la l&oacute;gica formal son v&aacute;lidas dentro de determinados l&iacute;mites, m&aacute;s all&aacute; de &eacute;stos l&iacute;mites no nos sirven. En concreto, la ley de la identidad basada en la l&oacute;gica formal, no es v&aacute;lida si tratamos el movimiento, porque &eacute;ste implica una contradicci&oacute;n -la l&oacute;gica formal excluye la contradicci&oacute;n-. Pero en toda una serie de operaciones de la vida cotidiana s&iacute; son &uacute;tiles las reglas de la l&oacute;gica formal. Pero cuando se trata de aplicar estas leyes y esta forma de pensamiento a &aacute;reas donde entran en conflicto con la realidad, entonces las leyes se vuelven en su contrario. Lejos de ayudarnos a comprender el funcionamiento de la naturaleza, se convierten en una fuente interminable de errores, que frenan el desarrollo de la ciencia y el conocimiento.<\/p>\n<p>La l&oacute;gica formal se basa en tres proposiciones y conforman el silogismo aristoteliano b&aacute;sico:<br \/> 1. La ley de la identidad (&ldquo;A&rdquo; = &ldquo;A&rdquo;)<br \/> 2. La ley de la contradicci&oacute;n (&ldquo;A&rdquo; no es igual a &ldquo;no-A&rdquo;)<br \/> 3. La ley del medio excluido (&ldquo;A&rdquo; no es igual a &ldquo;B&rdquo;)<\/p>\n<p>Durante m&aacute;s de 2.000 a&ntilde;os, &eacute;stas tres proposiciones fueron la piedra angular de toda la l&oacute;gica. A finales del siglo XVIII, Kant afirm&oacute; que la l&oacute;gica, desde Arist&oacute;teles, no hab&iacute;a avanzado ni retrocedido. A pesar de todos los cambios que experiment&oacute; la ciencia en ese per&iacute;odo, las reglas de la l&oacute;gica siguieron petrificadas tal y como las elabor&oacute; Arist&oacute;teles y m&aacute;s tarde convertidas en dogma por parte de la Iglesia medieval. El silogismo b&aacute;sico aristoteliano sobre el que se ha edificado toda la l&oacute;gica, se basa en una premisa falsa. En primer lugar, a pesar de la aparente progresi&oacute;n l&oacute;gica, todo es una ilusi&oacute;n porque las tres afirmaciones est&aacute;n incluidas en la primera, &ldquo;A&rdquo; es igual a &ldquo;A&rdquo;. A primera vista, parecer&iacute;a patente la verdad de esta proposici&oacute;n. Como la ley de la contradicci&oacute;n, que es simplemente una forma negativa de decir lo mismo.<\/p>\n<p>&ldquo;Ciertos fil&oacute;sofos, como ya hemos dicho, pretenden que una misma cosa puede ser y no ser, y que se pueden concebir simult&aacute;neamente los contrarios. Tal es la aserci&oacute;n de la mayor parte de los f&iacute;sicos. Nosotros acabamos de reconocer que es imposible ser y no ser al mismo tiempo, y fundados en esta imposibilidad hemos declarado que nuestro principio es el principio cierto por excelencia.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hay fil&oacute;sofos que, dando una muestra de ignorancia, quieren demostrar este principio; porque es ignorancia no saber distinguir lo que tiene necesidad de demostraci&oacute;n de lo que no la tiene. Es absolutamente imposible demostrarlo todo, porque ser&iacute;a preciso caminar hasta el infinito; de suerte que no resultar&iacute;a su demostraci&oacute;n. Y si hay verdades que no deben demostrarse, d&iacute;gasenos qu&eacute; principio, como sea el expuesto, se encuentra en semejante caso&rdquo;. (Arist&oacute;teles. Metaf&iacute;sica. Madrid. Espasa Calpe. 1999. p. 109).<\/p>\n<p>Es interesante observar que aqu&iacute; Arist&oacute;teles, m&aacute;s interesado en demostrar cada uno de sus postulados a trav&eacute;s de un proceso riguroso de argumentaci&oacute;n, no intenta demostrar la ley de la contradicci&oacute;n, y se limita a afirmarla de una forma dogm&aacute;tica. Ha de ser aceptada por el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Si la examinamos m&aacute;s de cerca veremos que no es una cuesti&oacute;n tan simple como se pretende. En la vida real, una cosa es y no es igual a s&iacute; misma porque cambia constantemente. Tu no dudas que eres tu. Pero en el tiempo que tardas en leer estas l&iacute;neas, en tu cuerpo se han producido miles de millones de cambios -c&eacute;lulas que mueren y son sustituidas por otras nuevas-. El cuerpo est&aacute; formado por tejido que constantemente se descompone y es reemplazado por tejido nuevo, eliminando la materia y bacterias sobrantes, excretando bi&oacute;xido de carbono a trav&eacute;s de los pulmones, perdiendo agua en el sudor y la orina y as&iacute; sucesivamente. Estos constantes cambios forman la base de la vida y hacen, que en cualquier momento, el cuerpo sea diferente a s&iacute; mismo. Ya no eres la misma persona que antes. No es posible decir lo que ocurre en este preciso momento porque incluso en la m&aacute;s peque&ntilde;a porci&oacute;n de tiempo, se est&aacute;n produciendo cambios.<\/p>\n<p>Para los prop&oacute;sitos normales podemos aceptar que &ldquo;A = A&rdquo;, que tu eres tu y nadie m&aacute;s. El cambio al que nos referimos es tan peque&ntilde;o que en la vida cotidiana se puede pasar por alto. Sin embargo, despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de tiempo, por ejemplo veinte a&ntilde;os, si se puede observar la diferencia. Y en cien a&ntilde;os la diferencia ser&iacute;a lo suficientemente importante como para afirmar que ya no eres tu. Y no s&oacute;lo se aplica a las cosas vivas. La materia inorg&aacute;nica tambi&eacute;n se encuentra en un estado de constante cambio, todo es y no es, porque, utilizando la maravillosa expresi&oacute;n de Her&aacute;clito: &ldquo;todo fluye&rdquo;.<\/p>\n<p>Para los prop&oacute;sitos normales de la vida cotidiana podemos aceptar la ley de la identidad. Adem&aacute;s, es absolutamente indispensable si no queremos que el pensamiento acabe en una confusi&oacute;n total. Pero para c&aacute;lculos m&aacute;s seguros, para velocidades pr&oacute;ximas a la velocidad de la luz o para toda una serie de situaciones cr&iacute;ticas, esta ley es completamente inadecuada. En determinado momento, la acumulaci&oacute;n de peque&ntilde;os cambios cuantitativos provoca un cambio cualitativo importante. <\/p>\n<p>Para la l&oacute;gica formal esta idea es un libro cerrado, porque su principal punto d&eacute;bil es su incapacidad de tratar las cosas en movimiento.<br \/> Lo mismo ocurre con la ley del medio excluido, cuando afirma que es necesario afirmar o negar, una cosa debe ser blanca o negra, estar viva o muerta, ser &ldquo;A&rdquo; o &ldquo;B&rdquo;. No puede ser ambas cosas al mismo tiempo. Para los prop&oacute;sitos normales de la vida cotidiana podemos dar esta ley por v&aacute;lida.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, sin estas suposiciones ser&iacute;a imposible tener un pensamiento claro y consecuente. En su per&iacute;odo de decadencia, el sofismo sol&iacute;a jugar con la dial&eacute;ctica de una forma arbitraria, deform&oacute; de tal manera el m&eacute;todo de razonamiento que permit&iacute;a demostrar pr&aacute;cticamente cualquier opini&oacute;n.<\/p>\n<p>Arist&oacute;teles estaba decidido a resolver la confusi&oacute;n creada por la dial&eacute;ctica subjetiva del sofismo y de ah&iacute; su empe&ntilde;o en las proposiciones l&oacute;gicas elementales.<br \/> Pero cuando pasamos del reino de la experiencia cotidiana y entramos en los procesos m&aacute;s complejos, en modo alguno es una cuesti&oacute;n sencilla distinguir &ldquo;A&rdquo; de &ldquo;B&rdquo;. El dogm&aacute;tico empe&ntilde;o de eliminar la contradicci&oacute;n conduce precisamente al pensamiento metaf&iacute;sico en el sentido espec&iacute;fico entendido por Marx y Engels, como este &uacute;ltimo explic&oacute; en el Anti D&uuml;hring, donde se&ntilde;al&oacute; los l&iacute;mites de las leyes de la l&oacute;gica formal cuando se trata de enfrentarse a la contradictoria realidad de la naturaleza:<\/p>\n<p>&ldquo;Para el metaf&iacute;sico, las cosas y sus im&aacute;genes mentales, los conceptos, son objetos de investigaci&oacute;n dados de una vez para siempre, aislados, uno tras otro y sin necesidad de contemplar el otro, firmes, fijos y r&iacute;gidos. El metaf&iacute;sico piensa seg&uacute;n rudas contraposiciones sin mediaci&oacute;n: su lenguaje es &lsquo;s&iacute;, s&iacute;&rsquo;, y &lsquo;no, no&rsquo;, que todo lo que pasa de eso del mal esp&iacute;ritu procede.<\/p>\n<p>Para &eacute;l, toda cosa existe o no existe; una cosa no puede ser al mismo tiempo ella misma y algo diverso. Lo positivo y lo negativo se excluyen lo uno a lo otro de un modo absoluto; la causa y el efecto se encuentran del mismo modo en r&iacute;gida contraposici&oacute;n. Este modo de pensar nos resulta a primera vista muy plausible por ser el del sano sentido com&uacute;n. Pero el sano sentido com&uacute;n, por apreciable compa&ntilde;ero que sea en el dom&eacute;stico dominio de sus cuatro paredes, experimenta asombrosas aventuras en cuanto que se arriesga por el ancho mundo de la investigaci&oacute;n, y el modo metaf&iacute;sico de pensar, aunque tambi&eacute;n est&aacute; justificado y es hasta necesario en esos anchos territorios, de diversa extensi&oacute;n seg&uacute;n la naturaleza de la cosa, tropieza sin embargo siempre, antes o despu&eacute;s, con una barrera m&aacute;s all&aacute; de la cual se hace unilateral, limitado, abstracto, y se pierde en irresolubles contradicciones porque atendiendo a las cosas pierde su conexi&oacute;n, atendiendo a su ser pierde su devenir y su perecer, atendiendo a su reposo se olvida de su movimiento; porque los &aacute;rboles no le dejan ver el bosque. Para casos cotidianos sabemos, por ejemplo, y podemos decir con seguridad si un animal existe o no existe; pero si llevamos a cabo una investigaci&oacute;n m&aacute;s detallada, nos damos cuenta de que un asunto as&iacute; es a veces sumamente complicado, como saben muy bien, por ejemplo, los juristas que en vano se han devanado los sesos por descubrir un l&iacute;mite racional a partir del cual la muerte dada al ni&ntilde;o en el seno materno sea homicidio; no menos imposible es precisar el momento de la muerte, pues la fisiolog&iacute;a ense&ntilde;a que la muerte no es un acontecimiento instant&aacute;neo y dado de una vez, sino un proceso de mucha duraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Del mismo modo es todo ser org&aacute;nico en cada momento el mismo y no lo es; en cada momento est&aacute; elaborando sustancia tomada de fuera y eliminando otra; en todo<br \/> momento mueren c&eacute;lulas de su cuerpo y se forman otras nueva; tas un tiempo m&aacute;s o menos largo, la materia de ese cuerpo se ha quedado completamente renovada, sustituida por otros &aacute;tomos de materia , de modo que todo ser organizado es al mismo tiempo el mismo y otro diverso. Tambi&eacute;n descubrimos con un estudio m&aacute;s atento que los dos polos de una contraposici&oacute;n, como positivo y negativo, son tan inseparables el uno del otro como contrapuestos el uno al otro, y que a pesar de toda su contraposici&oacute;n se interpretan el uno al otro; tambi&eacute;n descubrimos que causa y efecto son representaciones que no tienen validez como tales, sino en la aplicaci&oacute;n a cada caso particular, y que se funden en cuanto contemplamos el caso particular en su conexi&oacute;n general con el todo del mundo, y se disuelven en la concepci&oacute;n de la alteraci&oacute;n universal, en la cual las causas y los efectos cambian constantemente de lugar, y lo que ahora o aqu&iacute; es efecto, all&iacute; o entonces es causa, y viceversa.<\/p>\n<p>Todos estos hechos y m&eacute;todos de pensamiento encajan mal en el marco del pensamiento metaf&iacute;sico. Para la dial&eacute;ctica, en cambio, que concibe las cosas y sus reflejos conceptuales esencialmente en su conexi&oacute;n, en su encadenamiento, su movimiento, su origen y su perecer, hechos como los indicados son otras tantas confirmaciones de sus propios procedimientos&rdquo;. (Engels. Anti-D&uuml;hring. Barcelona. Grijalbo. 1977. pp. 21- 22)<\/p>\n<p>Es una pena, que el pensamiento brillante y original de un genio se osifique y agote debido a la mano de sus sucesores. El aspecto flexible y dial&eacute;ctico del m&eacute;todo aristot&eacute;lico, su &eacute;nfasis en la observaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n, qued&oacute; escondido durante mucho tiempo. Los escol&aacute;sticos medievales, interesados s&oacute;lo en dotar de base ideol&oacute;gica a las doctrinas de la Iglesia, se concentraron en la l&oacute;gica aristot&eacute;lica, la interpretaron de una manera formalista e inerte y excluyeron pr&aacute;cticamente todo lo dem&aacute;s. De esa forma, un conjunto de ideas que se podr&iacute;an haber convertido en un est&iacute;mulo para el desarrollo de la ciencia, se convirti&oacute; en su contrario, cadenas para el intelecto que s&oacute;lo pudieron romperse con el auge revolucionario del Renacimiento.<\/p>\n<p>Hay algo ir&oacute;nico en el secuestro que hizo la Iglesia de la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles. En realidad, sus escritos est&aacute;n impregnados de un fuerte esp&iacute;ritu materialista. Lenin considera que &ldquo;Arist&oacute;teles est&aacute; muy pr&oacute;ximo al materialismo&rdquo;. (Lenin, OE, Vol. 38, p. 282). A diferencia de Plat&oacute;n, en Arist&oacute;teles, la l&oacute;gica formal est&aacute; estrechamente relacionada con la teor&iacute;a del ser y la del conocimiento, porqu&eacute; ve&iacute;a las formas del pensamiento como ser, no como fen&oacute;menos con una existencia independiente, eran formas del ser que se expresan en la conciencia humana.<\/p>\n<p>Arist&oacute;teles rechazaba totalmente la teor&iacute;a de Plat&oacute;n de las ideas como formas desmaterializadas. El objetivo de la ciencia es la generalizaci&oacute;n basada en la experiencia. <\/p>\n<p>Lo general s&oacute;lo existe en y a trav&eacute;s de las cosas materiales que nos llegan a trav&eacute;s del sentido de la percepci&oacute;n. Comprendi&oacute; correctamente las limitaciones de los primeros materialistas como Tales, que intentaron expresar el mundo material en una sola manifestaci&oacute;n concreta, por ejemplo, el agua. Arist&oacute;teles consideraba la materia como una sustancia externa, que no se puede crear ni destruir, sin principio ni fin, pero que en un proceso constante de cambio y transformaci&oacute;n. Una de sus principales objeciones al idealismo plat&oacute;nico son las cosas no materiales (&ldquo;no-sensible&rdquo;) que pueden tener no movimiento:<\/p>\n<p>&ldquo;Habr&aacute; otro cielo, otro sol, otra una, adem&aacute;s de los que tenemos a la vista, y lo mismo en todo lo dem&aacute;s que aparece en el firmamento. Pero &iquest;c&oacute;mo creeremos en su existencia? A este nuevo cielo no se puede hacer razonablemente inm&oacute;vil; y, por otra parte, es de todo punto imposible que est&eacute; en movimiento&rdquo;. (Arist&oacute;teles. Op. Cit. p. 84).<\/p>\n<p>La aguda mente de Arist&oacute;teles encontr&oacute; una contradicci&oacute;n insalvable en el idealismo de Plat&oacute;n. Si realmente exist&iacute;an formas eternas e inmutables, &iquest;c&oacute;mo &eacute;stas consiguen dar origen al cambio constante y al mundo material cambiante que vemos ante nosotros? A partir de una idea inamovible, totalmente desprovista de cualquier principio de movimiento, no se puede derivar nada en absoluto, excepto una paralizaci&oacute;n total. Nada puede existir, sin una fuerza motriz, interna o externa, Newton lo descubri&oacute; y asign&oacute; a Dios la tarea de dar el causa final para este movimiento mec&aacute;nico universal. Pero en las ideas de Plat&oacute;n no hay nada de esto, no hab&iacute;a movimiento porque todas las cosas que se mueven y cambian, estas supuestamente ideas perfectas son las m&aacute;s imperfectas de todas. Estas ideas no existen, o para ser m&aacute;s exactos, no existen en ning&uacute;n lugar excepto como fantasmas en las mentes de los fil&oacute;sofos.<\/p>\n<p>La absoluta separaci&oacute;n entre el pensamiento y el ser, esa particular esquizofrenia que aflige todas las clases de idealismo, en &uacute;ltima instancia, provocan impotencia porque no existe esa idea absoluta que se supone est&aacute; sobre el mundo de la tosca realidad material. Como se&ntilde;ala Schwegler:<\/p>\n<p>&ldquo;Los partidarios de la Teor&iacute;a Ideal, no se encuentran en una posici&oacute;n l&oacute;gica para poder determinar una idea; sus ideas son indefinibles: Plat&oacute;n ha dejado en total oscuridad la relaci&oacute;n general de las cosas con las ideas.<\/p>\n<p>Limita las ideas a arquetipos y se supone que las cosas participan de estos arquetipos; pero &eacute;stos son s&oacute;lo met&aacute;foras po&eacute;ticas huecas. &iquest;C&oacute;mo concebimos esta &ldquo;participaci&oacute;n&rdquo; en esta copia de esquemas remotos y ausentes en una regi&oacute;n extra&ntilde;a? Es in&uacute;til buscar en Plat&oacute;n una explicaci&oacute;n concreta. Es totalmente ininteligible como y por qu&eacute; llega a estas ideas&rdquo;. (Schwegler. Op. Cit. p. 104. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>En su lucha contra el subjetivismo sofista, S&oacute;crates sol&iacute;a subrayar la necesidad de buscar ideas universales para llegar a las concepciones correctas y a las definiciones que realmente corresponden con la materia en consideraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Era todo un avance ante el m&eacute;todo arbitrario de los sofistas. Adem&aacute;s, sin estas universalidades, habr&iacute;a sido imposible la ciencia. Pero el intento de Plat&oacute;n de transformar estas nociones generales en entidades independientes, llevaba directamente al pantano del misticismo religioso. Lo que en realidad tratamos aqu&iacute;, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;universales&rdquo; es el g&eacute;nero o especie de las cosas. La noci&oacute;n de que un g&eacute;nero o especie puede existir separada y a parte de los individuos o viceversa, es evidentemente un disparate. Arist&oacute;teles rechaz&oacute; la concepci&oacute;n de que estas formas e ideas pueden existir separadas de las cosas materiales:<\/p>\n<p>&ldquo;Dicen que las ideas son por s&iacute; mismas causas y sustancias, como ya hemos visto al tratar de esta cuesti&oacute;n en el primer libro. A esta doctrina puede hacerse mil objeciones. Pero el mayor absurdo que contiene es decir que existen seres particulares fuera de los que vemos en el Universo, pero que estos seres son los mismos que los seres sensibles, sin otra diferencia que los unos son eternos y los otros perecederos. En efecto, dicen que hay el hombre en s&iacute;, el caballo en s&iacute;, la salud en s&iacute;, imitando en esto a los que sostienen que hay dioses, pero que son dioses que se parecen a los hombres. Los unos no hacen otra cosa que hombres eternos; mientras que las ideas de los otros no son m&aacute;s que seres sensibles eternos&rdquo; (Arist&oacute;teles. Op. Cit. p. 84).<\/p>\n<p>Con enorme paciencia y rigor intelectual, Arist&oacute;teles se ocup&oacute; de todas las categor&iacute;as del pensamiento y las expres&oacute; de una forma m&aacute;s desarrollada y expl&iacute;cita. Muchas de las categor&iacute;as del pensamiento dial&eacute;ctico posteriormente desarrolladas en la l&oacute;gica de Hegel ya las trat&oacute; a grandes rasgos Arist&oacute;teles, la cantidad y la calidad, la parte y el todo, la necesidad y el accidente, lo posible y lo real, etc., Aqu&iacute; hay muchas percepciones importantes. Por ejemplo, en la discusi&oacute;n sobre la relaci&oacute;n entre la potencialidad (&ldquo;dinamismo&rdquo;) y la realidad (&ldquo;energeia&rdquo;), Arist&oacute;teles adelanta ya la idea de la unidad de la materia y la energ&iacute;a. Para Arist&oacute;teles, la materia tiene dos aspectos, la substancia, que en s&iacute; misma contiene el potencial para un n&uacute;mero infinito de transformaciones, y un principio activo, la &ldquo;energeia&rdquo;, que es una fuerza motriz innata y espont&aacute;nea. Al desarrollar la idea del movimiento de ser potencial a ser real, Arist&oacute;teles da una versi&oacute;n m&aacute;s concreta del &ldquo;llegar a ser&rdquo; de Her&aacute;clito. Aqu&iacute; encontramos la diferencia principal entre la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles y la de Plat&oacute;n. En lugar de la idea est&aacute;tica e inerte, ahora tenemos la tendencia inherente de la materia al movimiento y al desarrollo, y &eacute;sta se materializa a trav&eacute;s del paso constante de la posibilidad a la realidad.<\/p>\n<p>Con relaci&oacute;n al tiempo, Arist&oacute;teles no s&oacute;lo es superior a Plat&oacute;n, tambi&eacute;n es superior a muchos cient&iacute;ficos modernos que dicen disparates m&iacute;sticos acerca del &ldquo;comienzo del tiempo&rdquo;. Para Arist&oacute;teles el tiempo, igual que el movimiento, siempre ha existido, y por lo tanto, resulta absurdo hablar del principio o el final del tiempo:<\/p>\n<p>&ldquo;Es imposible, que el movimiento tenga principio o final, porque siempre ha existido. Tampoco el tiempo puede llegar a ser o dejar de ser; no puede existir un &lsquo;ante&rsquo; o un &lsquo;despu&eacute;s&rsquo; donde no hay tiempo. El movimiento es continuo en el mismo sentido que el tiempo&rdquo;. (Ib&iacute;d.. p. 342). Este es un pensamiento profundo que ya anticipa la posici&oacute;n del materialismo dial&eacute;ctico, el tiempo, el espacio y el movimiento son el modo de existencia de&nbsp; la materia, pero Arist&oacute;teles fue incapaz de desarrollar esta idea satisfactoriamente.<\/p>\n<p>A partir del idealismo objetivo, Arist&oacute;teles se aproxim&oacute; bastante al materialismo, aunque nunca lleg&oacute; a romper completamente con el idealismo; como se&ntilde;al&oacute; Lenin, Arist&oacute;teles oscilaba &ldquo;entre el idealismo y el materialismo&rdquo;. (Lenin, Obras escogidas, Vol. 38; p. 296. En la edici&oacute;n inglesa). En los escritos de Arist&oacute;teles, encontramos los g&eacute;rmenes de la concepci&oacute;n materialista de la historia y el desarrollo del pensamiento y la cultura. Explica que, mientras las acciones de los animales est&aacute;n determinadas por las impresiones sensoriales inmediatas (todo lo que pueden ver, o&iacute;r, etc.,) y la memoria, s&oacute;lo la raza humana vive para compartir la experiencia social, el arte y la ciencia. Aunque el punto de partida de todo conocimiento sea la experiencia y la percepci&oacute;n sensorial, no es suficiente:<\/p>\n<p>&ldquo;Ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero nos dicen el porqu&eacute; de nada; por ejemplo, no nos hacen ver por qu&eacute; el fuego es caliente, sino s&oacute;lo que es caliente&rdquo;. (Arist&oacute;teles, op. Cit. p. 39).<\/p>\n<p>La teor&iacute;a del conocimiento de Arist&oacute;teles tambi&eacute;n est&aacute; muy cerca de ser una postura materialista. El punto de partida son los hechos que llegan a nosotros a trav&eacute;s de nuestros sentidos (la percepci&oacute;n sensorial), y que nos permiten pasar de lo particular a lo universal: &ldquo;en este caso tenemos que comenzar con aquello que es m&aacute;s inteligible para nosotros (p. e.: los hechos complejos y los objetos de la experiencia) y avanzar hacia el entendimiento de lo que es su naturaleza inteligible&rdquo;. (p. e.:, lo simple, los principios universales del pensamiento cient&iacute;fico)&rdquo;. (Ibid. pg. 172. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>La contradicci&oacute;n en la postura de Arist&oacute;teles se ve en las concesiones que hace a la religi&oacute;n, al asignar a Dios el papel de Primera Causa. Antes que Newton, ya Arist&oacute;teles dijo que deb&iacute;a existir algo que originara el movimiento.<\/p>\n<p>Este &ldquo;algo&rdquo; deb&iacute;a ser una sustancia eterna y real. El concepto es ambiguo, m&aacute;s parecido a la &ldquo;substancia&rdquo; de Spinoza. Al final se pueden hacer las mismas objeciones a Arist&oacute;teles que &eacute;l hizo a Plat&oacute;n. Si en alg&uacute;n momento el universo estuvo sin movimiento -es imposible- no existir&iacute;a forma alguna de que se hubiera puesto en movimiento, y menos que recibiese un impulso externo. Si el &ldquo;primer impulso&rdquo; no es material, entonces es imposible que pueda comunicar movimiento a un universo material.<\/p>\n<p>Esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n no soluciona el problema, s&oacute;lo nos hace dar marcha atr&aacute;s. Aceptemos que existe una &ldquo;causa final&rdquo; que pone al universo en movimiento. &iquest;De donde precede la &ldquo;causa final&rdquo;? Seguramente se nos responder&iacute;a que fue otra &ldquo;causa final&rdquo;. La debilidad de esta idea es evidente y procede de la preocupaci&oacute;n que Arist&oacute;teles ten&iacute;a con la b&uacute;squeda de causas finales (opuestas a las que denomin&oacute; causas materiales, formales y eficaces).<br \/> Dentro de determinados l&iacute;mites, para los prop&oacute;sitos de la vida cotidiana, es posible que esta teor&iacute;a sea suficiente. Por ejemplo, la causa de la existencia de una casa se puede encontrar en los materiales de construcci&oacute;n, los constructores, el arquitecto&hellip;<\/p>\n<p>Podr&iacute;amos seguir encontrando indefinidamente las causas incluso del fen&oacute;meno m&aacute;s simple. Incluso en el ejemplo anterior, podr&iacute;amos continuar hasta la demanda de la construcci&oacute;n, el estado de la econom&iacute;a mundial, la composici&oacute;n at&oacute;mica de los ladrillos y el cemento, los padres y abuelos de todo las personas implicadas y as&iacute; sucesivamente. Pero normalmente no hacemos esto, ponemos un l&iacute;mite definido a la causalidad. En realidad, la cadena de causas es infinita, la causa se convierte en efecto y viceversa y as&iacute; hasta el infinito. Por eso, la concepci&oacute;n de una &ldquo;causa final&rdquo; es acient&iacute;fica y m&iacute;stica. Evidentemente la Iglesia aprovech&oacute; este aspecto d&eacute;bil y m&iacute;stico de Arist&oacute;teles y lo convirti&oacute; en dogma.<\/p>\n<p>Otra malinterpretaci&oacute;n de Arist&oacute;teles, antes mencionada, fue la interpretaci&oacute;n teol&oacute;gica de la naturaleza. La teleolog&iacute;a (de la palabra griega telos), dice que todos los fen&oacute;menos naturales, incluido el hombre, est&aacute;n determinados por una meta o designio. Esta idea equivocada jug&oacute; un papel nocivo y fue un freno para la ciencia, porque de aceptarla, realmente, no se podr&iacute;a explicar nada. Lleva a conclusiones religiosas, porque al final no se puede decir de d&oacute;nde procede este &ldquo;designio&rdquo;. La conclusi&oacute;n, por lo tanto, es que las cosas viene por Dios.<\/p>\n<p>Arist&oacute;teles lleg&oacute; a decir las cosas de esta forma, ahora bien, la Iglesia adapt&oacute; esta idea m&aacute;s tarde y le dio una interpretaci&oacute;n religiosa. Para &eacute;l todo conten&iacute;a en s&iacute; mismo un principio activo o &ldquo;alma&rdquo; (entelechy), y toda la naturaleza est&aacute; guiada por una sola meta suprema. Esta idea probablemente proceda de las investigaciones biol&oacute;gicas de Arist&oacute;teles. En sus trabajos, menciona unas quinientas clases diferentes de animales, de los que diseccion&oacute; aproximadamente cincuenta clases diferentes. A partir de la observaci&oacute;n, comprob&oacute; que la estructura del cuerpo de los animales se adaptaba perfectamente a su medio ambiente y forma de existencia. Tambi&eacute;n a partir de esta clase de observaciones Darwin desarroll&oacute; la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. Pero Arist&oacute;teles sac&oacute; conclusiones diferentes, es decir, que la naturaleza de cada animal est&aacute; predeterminada por la naturaleza de acuerdo con un orden determinado, un plan inherente a la naturaleza de las cosas. De esta forma Arist&oacute;teles atribuye el cuerpo a un plan divino:<\/p>\n<p>&ldquo;El hombre es el &uacute;nico animal erguido, porque su naturaleza y su substancia son divinas. Pensar y ejercitar la inteligencia es caracter&iacute;stica de lo m&aacute;s divino. Estas no son tareas f&aacute;ciles si la mayor parte del cuerpo se encuentra en la parte superior. El peso vuelve lento el ejercicio de pensar y la percepci&oacute;n. Por consiguiente, si el cuerpo y el elemento corporal aumentan, los cuerpos caer&aacute;n al suelo; posteriormente, por seguridad, la naturaleza sustituir&iacute;a las manos y brazos por patas delanteras y entonces tendremos cuadr&uacute;pedos. El hombre es un ser erguido que no tiene necesidad de patas delanteras; en su lugar, la naturaleza le ha dado manos y brazos. Anax&aacute;goras ha dicho que son las manos los que hacen del hombre el m&aacute;s inteligente de los animales. Con toda probabilidad, tiene manos porque precisamente era el ser m&aacute;s inteligente. Las manos son una herramienta y la naturaleza, como un hombre inteligente, siempre distribuye herramientas a aquellos que las pueden utilizar. Lo correcto es dar la flauta al flautista y no al hombre que no tiene destreza para tocar, por eso, habr&aacute; que dar lo menor a lo m&aacute;s grande y m&aacute;s augusto, en lugar de dar al menor lo m&aacute;s grande y m&aacute;s precioso. Si, es lo mejor que se pod&iacute;a hacer y si la naturaleza, de lo que es posible siempre hace lo mejor, el hombre no es sabio porque tenga manos, sino que tiene manos porque es el m&aacute;s sabio de los animales&rdquo;. (Arist&oacute;teles. De Partes de los animales. Citado por Farrington. P. 129-130. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Para Anax&aacute;goras el desarrollo de la inteligencia humana fue posible gracias a la liberaci&oacute;n de las manos, fue una percepci&oacute;n maravillosa, aunque Arist&oacute;teles situara este desarrollo totalmente sobre la cabeza. Su enfoque teleol&oacute;gico le impidi&oacute; tener una apreciaci&oacute;n aut&eacute;nticamente cient&iacute;fica de la naturaleza, a pesar de sus investigaciones. Tom&aacute;s de Aquino y la Iglesia se apoderaron de sus ideas y retrasaron durante siglos el estudio de la naturaleza, hasta que los descubrimientos de Darwin proporcionaron una explicaci&oacute;n racional del prop&oacute;sito relativo de las criaturas vivientes. Incluso as&iacute;, las concepciones teleol&oacute;gicas en la biolog&iacute;a resurgieron con diferentes apariencias diferentes: &ldquo;neovitalismo, neolamarckismo&rdquo;, etc., Hoy en d&iacute;a, esta tendencia tambi&eacute;n se puede ver cuando algunas personas al intentar describir un fen&oacute;meno natural, inconscientemente conceden a la &ldquo;naturaleza&rdquo; caracter&iacute;sticas humanas. En realidad, el proceso de adaptaci&oacute;n de plantas y animales a su entorno, en ning&uacute;n momento obedecen a un plan determinado de antemano.<\/p>\n<p> <strong>La ciencia griega en el per&iacute;odo alejandrino<\/strong><br \/> La debilidad de la filosof&iacute;a idealista se ve en su incapacidad de ir m&aacute;s all&aacute; del conocimiento. La filosof&iacute;a de Plat&oacute;n termin&oacute; con su muerte. Su Academia pas&oacute; por toda una serie de fil&oacute;sofos de segunda clase que no contribuyeron en nada nuevo al desarrollo del pensamiento. No ocurri&oacute; lo mismo con el Liceo de Arist&oacute;teles, el &eacute;nfasis que pon&iacute;a en la investigaci&oacute;n anim&oacute; a sus disc&iacute;pulos a que abordasen la investigaci&oacute;n pr&aacute;ctica de una forma satisfactoria. Los voluminosos estudios de diferentes campos cient&iacute;ficos legados por el Maestro sirvieron de base para el desarrollo de las distintas ciencias. El gran museo de Alejandr&iacute;a era una ramificaci&oacute;n del Liceo, all&iacute; se realizaron importantes tratados de bot&aacute;nica, f&iacute;sica, anatom&iacute;a, psicolog&iacute;a, matem&aacute;ticas, astronom&iacute;a, geograf&iacute;a, mec&aacute;nica, m&uacute;sica y gram&aacute;tica.<\/p>\n<p>El primer sucesor de Arist&oacute;teles, Teofrasto, consigui&oacute; importantes avances en biolog&iacute;a, fue el primero en trazar una distinci&oacute;n firme entre las plantas y los animales que marcar&iacute;an el nacimiento de la bot&aacute;nica como ciencia. Teofrasto tambi&eacute;n cuestion&oacute; la validez de la teleolog&iacute;a y propuso limitar su aplicaci&oacute;n a la biolog&iacute;a:<br \/> &ldquo;Debemos intentar poner un l&iacute;mite a la determinaci&oacute;n de causas finales. Es el requisito previo para que todo cient&iacute;fico pueda investigar el universo, en las condiciones reales de existencia de las cosas y sus relaciones entre ellas&rdquo;. (Ver a Farrington, p. 162. En la edici&oacute;n inglesa.).<br \/> Para superar las contradicciones a las que hab&iacute;a llegado Arist&oacute;teles con relaci&oacute;n a la materia y el movimiento, Teofrasto regres&oacute; a las explicaciones materialistas de los fil&oacute;sofos presocr&aacute;ticos.<\/p>\n<p>Strato dirigi&oacute; el Liceo durante los a&ntilde;os 287 y 267 y puede ser considerado el padre de la experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica. Seg&uacute;n Polibio se gan&oacute; el apodo de &ldquo;el f&iacute;sico&rdquo;, que en aquella &eacute;poca denotaba a alguien interesado en la investigaci&oacute;n de la naturaleza. Cicer&oacute;n dice, con cierto tono de desaprobaci&oacute;n, que &eacute;l &ldquo;abandon&oacute; la &eacute;tica -la parte m&aacute;s necesaria de la filosof&iacute;a- para dedicarse a la investigaci&oacute;n de la naturaleza&rdquo; (Ib&iacute;d. p. 182). En 1893, Hermann Diels analiz&oacute; un fragmento atribuido a Her&oacute;n de Alejandr&iacute;a, el Pneumatics, escrito en la segunda mitad del siglo I a. C., que establece las bases del m&eacute;todo experimental elaborado por Strato.<\/p>\n<p>Los cient&iacute;ficos del per&iacute;odo alejandrino consiguieron grandes avances en todos los campos del conocimiento. Por ejemplo, en mec&aacute;nica dieron explicaciones matem&aacute;ticas a toda una gran variedad de operaciones: la palanca, la balanza, la polea, la rueda de alfarero, la cu&ntilde;a, el remo de un bote, el problema de la inercia, etc., En el terreno de la bot&aacute;nica, el trabajo de Teofrasto no ha tenido paralelo hasta los tiempos modernos, seg&uacute;n Farrington, Strato es ahora considerado el autor de Problemas Mec&aacute;nicos, que originariamente fue atribuido a Arist&oacute;teles, que contiene el germen de un importante principio de la mec&aacute;nica, el principio de las velocidades virtuales (el principio de los desplazamientos virtuales). Erat&oacute;stenes calcul&oacute; la circunferencia de la tierra con la utilizaci&oacute;n de m&eacute;todos cient&iacute;ficos y tuvo un margen de error del 0,4%. Her&oacute;n de Alejandr&iacute;a invent&oacute; incluso un motor a vapor, aunque no pudo ser utilizado.<\/p>\n<p>La pregunta que viene a nuestra mente es por qu&eacute; estos descubrimientos tan extraordinarios no provocaron una revoluci&oacute;n industrial y tecnol&oacute;gica hace 2.000 a&ntilde;os. La respuesta a esta pregunta se encuentra en la naturaleza de la propia sociedad esclavista.<\/p>\n<p>En general, con ciertas excepciones como la miner&iacute;a, m&aacute;quinas de guerra y obras publicas, los gobernantes de Grecia y Roma estaban poco interesados en la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica de los descubrimientos cient&iacute;ficos. En el per&iacute;odo en el que la esclavitud era el modo dominante de producci&oacute;n, el divorcio entre la ciencia y la tecnolog&iacute;a era casi total. La especulaci&oacute;n cient&iacute;fica y filos&oacute;fica era considerada como un pasatiempo intelectual s&oacute;lo para el rico. Los fil&oacute;sofos y matem&aacute;ticos miraban con desprecio a los hombres pr&aacute;cticos. El gran geom&eacute;trico Euclides, cuando un imprudente pupilo le pregunt&oacute; que ganar&iacute;a estudiando geometr&iacute;a, orden&oacute; a un esclavo que le entregara un pu&ntilde;ado de monedas, &ldquo;ya que parece ser que deseaba obtener alg&uacute;n beneficio de lo que aprend&iacute;a&rdquo;. En realidad, el uso pr&aacute;ctico de las teor&iacute;as de Euclides no se comprob&oacute; hasta el siglo XVII, cuando Galileo descubri&oacute; el movimiento parab&oacute;lico de los proyectiles y Keppler descubri&oacute; que los planetas se mov&iacute;an formando elipses.<\/p>\n<p>La abundancia de mano de obra esclava barata era un desincentivo para la aplicaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a que ahorraba trabajo humano. El mercado para los productos refinados estaba restringido a una peque&ntilde;a clase de ricos. No era necesaria la producci&oacute;n en masa. Incluso en la agricultura, que en la &uacute;ltima &eacute;poca de la historia de Roma se basaba en el latifundio a gran escala, tampoco exist&iacute;an incentivos para la introducci&oacute;n de maquinaria. Al principio por la abundante oferta de esclavos y despu&eacute;s porque los esclavos, a diferencia de los jornaleros libres, no pod&iacute;an depender de cuidar m&aacute;quinas costosas y delicadas. En una nota a pie de p&aacute;gina en el primer volumen del Capital, Marx explica la raz&oacute;n de la imposibilidad de introducir tecnolog&iacute;a avanzada sobre la base de la esclavitud:<\/p>\n<p>&ldquo;Esta es una de las circunstancias que encarecen la producci&oacute;n basada en la esclavitud. Conforma a la acertada expresi&oacute;n de los antiguos, el obrero s&oacute;lo se distingue como instrumentum vocale del animal, instrumentum semivocale, y de la herramienta inerte, instrumentum mutum. Pero &eacute;l mismo hace sentir al animal y la herramienta que no es igual a ellos, sino un hombre. Se procura la dignidad personal de su diferencia respecto a ellos maltrat&aacute;ndolos y destruy&eacute;ndolos con amore. De ah&iacute; que el principio econ&oacute;mico vigente en este modo de producci&oacute;n sea el de aplicar solamente los instrumentos de trabajo m&aacute;s toscos y pesados, dif&iacute;ciles de estropear precisamente por su pesada tosquedad. Por eso, hasta el estallido de la guerra de secesi&oacute;n, se encontraban en los estados esclavisas situados en el Golfo de M&eacute;jico arados de antigua construcci&oacute;n china, que levantan el suelo como los cerdos o los topos, pero no lo henden ni revuelven. Cf. J. E. Cairnes. The Slave Power, Londres, 1862, pp. 46 y ss. En su Seabord Slave States, pp. 46, 47, cuenta Olmsted, entre otras cosas: &lsquo;Aqu&iacute; me han mostrado herramientas con las que entre nosotros ning&uacute;n hombre sensato cargar&iacute;a a su obrero asalariado. Su extraordinario peso y tosquedad tienen que hacer el trabajo, en mi opini&oacute;n, al menos un 10% m&aacute;s dif&iacute;cil que con las utilizadas normalmente entre nosotros. Pero, como me han asegurado, dada la manera negligente y torpe con que las manejan los esclavos, no es posible confiarles con buenos resultados herramientas m&aacute;s ligeras o delicadas. En los campos de cereales de Virginia no durar&iacute;an un d&iacute;a herramientas como las que nosotros confiamos continuamente, y en verdad con buenos resultados econ&oacute;micos, a nuestros obreros, y eso a pesar de que el suelo es m&aacute;s f&aacute;cil y menos pedregoso que el nuestro. Igualmente, a mi pregunta de por qu&eacute; en las granjas se sustituyen de una forma tan general los caballos por las mulas, me dieron tambi&eacute;n como raz&oacute;n primordial y decisiva que los caballos no aguantan el trato que reciben continua y forzosamente de los negros. En sus manos, los caballos se baldan e invalidan al poco tiempo, mientras que las mulas resisten los golpes y la falta de uno o dos piensos sin da&ntilde;o corporal. Tampoco se resfr&iacute;an ni enferman cuando se descuidan y trabajan en exceso. Pero no necesito ir m&aacute;s all&aacute; de la ventana de la habitaci&oacute;n en donde escribo para prescenciar casi a cada momento un trato del ganado que en el Norte inducir&iacute;a inmediatamente al despido del arriero&rsquo;&rdquo;. (Carlos Marx. El Capital. Madrid. Akal Editores. 1976. Vol. I. pp. 266-267)<\/p>\n<p>El ascenso de la esclavitud socav&oacute; al campesinado libre, exprimido por el servicio militar, la deuda y la competencia de la esclavitud. Parad&oacute;jicamente, la productividad del trabajo esclavo era m&aacute;s baja que la de los peque&ntilde;os campesinos a los que desplazaban. Pero con la enorme oferta de esclavos procedentes de las guerras de conquista, el bajo nivel de productividad del esclavo individual se compensaba con lo barata que era la fuerza laboral del gran n&uacute;mero de esclavos que eran sometidos a trabajo forzoso. La sustituci&oacute;n de la peque&ntilde;a parcela del campesino por los vastos latifundios, del trabajador por ej&eacute;rcitos de esclavos, gener&oacute; enormes excedentes, mientras la oferta de esclavos baratos continuaba. All&iacute; donde la esclavitud era el principal modo de producci&oacute;n, el concepto de trabajo tambi&eacute;n se degradaba, y en la mente humana el trabajo se identificaba con todo tipo de cosas infames y degradantes. &iexcl;Ninguna maravilla de Arist&oacute;teles era tan brillante como la teor&iacute;a de Anax&aacute;goras que afirmaba que la inteligencia humana depend&iacute;a de las manos!<\/p>\n<p>Este no es el lugar para analizar en detalle las contradicciones del modo de producci&oacute;n esclavista y que finalmente provocaron su desaparici&oacute;n. Basta con observar que, a pesar del intento com&uacute;n de comparar el sistema esclavista con el capitalismo moderno, en muchos sentidos es justo lo contrario. Por ejemplo, el proletariado que hoy, junto con la naturaleza, produce toda la riqueza de la sociedad, en la &eacute;poca del imperio Romano era una clase parasitaria que viv&iacute;a a costa de los esclavos. Por otro lado, mientras el capitalista moderno depende de la b&uacute;squeda continua de sectores donde reinvertir, las posibilidades de inversi&oacute;n para el capitalista romano estaban limitadas por la naturaleza del propio sistema de producci&oacute;n esclavista.<\/p>\n<p>La clave para la expansi&oacute;n de las fuerzas productivas en el capitalismo actual es la creaci&oacute;n de medios de producci&oacute;n, la manufactura de nuevas m&aacute;quinas, que produce el aumento constante del capital. En la antig&uuml;edad, las condiciones para el desarrollo y la aplicaci&oacute;n de maquinaria eran escasas.<\/p>\n<p>Primero era necesaria la existencia de una gran clase de jornaleros libres obligados a vender su fuerza de trabajo a los due&ntilde;os de la industria. No hab&iacute;a incentivos para inventar m&aacute;quinas que despu&eacute;s no encontraban un uso pr&aacute;ctico. La relativamente peque&ntilde;a clase de artesanos dedicados a la producci&oacute;n de art&iacute;culos de lujo para el disfrute de los ricos que, como los capitalistas modernos, no ten&iacute;an una salida productiva para sus beneficios y se dedicaban al consumo a gran escala.<\/p>\n<p>Todo el sistema comenz&oacute; a resquebrajarse cuando la oferta de trabajo esclavo barato se agot&oacute; porque el imperio alcanz&oacute; sus l&iacute;mites. Ante la ausencia de un giro revolucionario, toda la sociedad entr&oacute; en una prolongada fase de declive y decadencia. Las invasiones b&aacute;rbaras no fueron la causa del colapso, s&oacute;lo fueron la expresi&oacute;n pr&aacute;ctica del agotamiento del sistema esclavista. El sentido de decadencia tambi&eacute;n afect&oacute; a la perspectiva de la propia clase, un sentimiento de cansancio, decadencia moral, disgusto con un mundo que hab&iacute;a sobrevivido a s&iacute; mismo, todo esto encuentra su expresi&oacute;n en las filosof&iacute;as predominantes que describ&iacute;an por s&iacute; mismas las caracter&iacute;sticas del per&iacute;odo: cinismo y escepticismo, que han pasado al vocabulario de nuestros tiempos aunque con significados completamente diferentes a los originales.<\/p>\n<p>Los c&iacute;nicos eran seguidores de Di&oacute;genes de Ant&iacute;stenes, un alumno de S&oacute;crates que profesaba un desprecio absoluto por la moral y costumbres existentes. Su disc&iacute;pulo m&aacute;s famoso, tambi&eacute;n llamado Di&oacute;genes de Sinope, llev&oacute; esta idea al extremo de querer vivir &ldquo;como un perro&rdquo;, de aqu&iacute; la palabra &ldquo;c&iacute;nico&rdquo; (de la palabra griega que designa a un perro). De &eacute;l se dice que vivi&oacute; en un tonel. Su idea, como los &ldquo;marginados&rdquo; actuales, era no tener &ldquo;ninguna&rdquo; dependencia de las cosas materiales. <\/p>\n<p>Cuanta la leyenda que cuando Alejandro Magno le ofreci&oacute; lo que deseara, Di&oacute;genes le respondi&oacute; que s&oacute;lo deseaba que &ldquo;no le tapase la luz&rdquo;. La idea, en contraste con los c&iacute;nicos modernos, era despreciar las cosas mundanas.<\/p>\n<p>Esta idea de apartar la vista del mundo para buscar la salvaci&oacute;n espiritual en uno mismo, reflejaba las profundas crisis culturales y sociales causadas por el declive de las ciudades estado griegas. Incluso Pit&aacute;goras y Plat&oacute;n, a pesar de su filosof&iacute;a idealista, no renunciaron totalmente al mundo. Ambos trataron de ganar influencia intentando persuadir a los gobernantes e imponer sus puntos de vista filos&oacute;ficos. Ambos apelaban a la l&oacute;gica y la raz&oacute;n. Lo que aqu&iacute; vemos es algo diferente, una renuncia completa a este mundo y la negaci&oacute;n total del conocimiento humano.<\/p>\n<p>Mientras el Liceo consigui&oacute; importantes resultados cient&iacute;ficos, la Academia cada vez estaba m&aacute;s influenciada por el escepticismo. La filosof&iacute;a esc&eacute;ptica representada por Pirr&oacute;n, Sexto Emp&iacute;rico y otros, cuestionaba la posibilidad de obtener un conocimiento objetivo de la realidad. &ldquo;No podemos saber nada, incluso lo que ya sabemos&rdquo;. <\/p>\n<p>Este era su principio central. Eso era, hasta cierto punto, el resultado l&oacute;gico del m&eacute;todo de la deducci&oacute;n, que los idealistas establecieron como la &uacute;nica forma de llegar a la verdad, pero no en referencia al mundo real de la observaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n, sino a trav&eacute;s de ideas derivadas de otras ideas, axiomas y &ldquo;primeros principios&rdquo;, como los de la geometr&iacute;a euclidiana, que est&aacute;n considerados como evidentes y no necesitan demostraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Los esc&eacute;pticos como Tim&oacute;n, negaban la posibilidad de encontrar estos principios. Todo ten&iacute;a que tener una demostraci&oacute;n, y &eacute;sta deb&iacute;a tener otra y as&iacute; hasta al infinito, por lo tanto, no se puede conocer nada.<\/p>\n<p>Esta filosof&iacute;a marca el inicio de la degeneraci&oacute;n del idealismo objetivo, que, a pesar de todos sus defectos, consigui&oacute; llegar a algunas conclusiones importantes, en su lugar hab&iacute;a surgido el idealismo subjetivo, la forma m&aacute;s baja, primitiva y est&eacute;ril de idealismo. Por &uacute;ltimo, esto conduce al solipsismo: s&oacute;lo existo &ldquo;yo&rdquo;. Como todo depende de mis impresiones subjetivas, entonces, no existe la verdad objetiva. Por ejemplo, no puedo afirmar que la miel es dulce, porque s&oacute;lo me parece dulce a m&iacute;. <\/p>\n<p>Para la mayor&iacute;a de las personas esta idea parece absurda, pero b&aacute;sicamente no se diferencia de los puntos de vista que m&aacute;s tarde plantearon Hume y Kant, y que en general son aceptados por los modernos fil&oacute;sofos y cient&iacute;ficos burgueses. Por ejemplo, para los esc&eacute;pticos no puedes dar por cierto nada relacionado con el mundo, s&oacute;lo puedes dar por ciertas, algunas cosas que son &ldquo;probables&rdquo;, &eacute;sta es la base filos&oacute;fica que llev&oacute; a una interpretaci&oacute;n equivocada de los resultados de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica presentados en nuestro siglo por cient&iacute;ficos como Werner Heisenbergg y otros, y que muchos cient&iacute;ficos las asimilaron sin ninguna cr&iacute;tica.<\/p>\n<p>Estas ideas no caen de las nubes. Son un reflejo indirecto de la confusi&oacute;n existente en la mente de los hombres ante la realidad social existente. El escepticismo en todas sus apariencias, incluidas las modernas, es la expresi&oacute;n de un per&iacute;odo en el que una forma concreta de sociedad ha entrado en un declive irreversible, cuando los antiguos ideales est&aacute;n en bancarrota y los nuevos todav&iacute;a no se han hecho valer. Se extiende un ambiente general de incertidumbre y malestar por toda la sociedad, empezando por la capa m&aacute;s culta, que se siente desorientada. La expresi&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n de este ambiente es precisamente el escepticismo, con su insistencia en la relatividad del conocimiento humano, la duda y el agnosticismo. En el siglo XVIII, el per&iacute;odo de ascenso revolucionario de la burgues&iacute;a, el escepticismo de Montaigne y otros jug&oacute; un papel progresista porque criticaba los dogmas religiosos de los te&oacute;logos. Pero el escepticismo de Hume y Kant, que intentaba poner l&iacute;mite a las posibilidades de la comprensi&oacute;n humana, s&oacute;lo abri&oacute; la puerta para que reentrara la fe religiosa. La &uacute;ltima variante la podemos encontrar en el positivismo l&oacute;gico.<\/p>\n<p>Una caracter&iacute;stica com&uacute;n en todos estos fil&oacute;sofos del per&iacute;odo de declive de la sociedad esclavista, es la idea de una retirada del mundo. El mundo es visto como un valle de l&aacute;grimas, del que es necesario escapar para buscar la salvaci&oacute;n individual por distintos medios. En el per&iacute;odo de declive del Imperio Romano, los fil&oacute;sofos epic&uacute;reos y estoicos, dominantes desde el siglo I a. C, manifestaron la misma tendencia, aunque, como ocurre a menudo, con frecuencia exist&iacute;a discrepancia entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica. Por ejemplo S&eacute;neca, el austero fil&oacute;sofo moral del estoicismo, que ense&ntilde;&oacute; &eacute;tica al emperador Ner&oacute;n, amas&oacute; una fortuna prestando dinero y cobrando exorbitantes tipos de inter&eacute;s, lo que provoc&oacute; la rebeli&oacute;n de Bodicea contra los romanos en Britania. Este profeta de la pobreza dej&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l una de las m&aacute;s grandes fortunas de su tiempo -300 millones de sestercios-.<\/p>\n<p>En su magistral estudio de la Antig&uuml;edad, Or&iacute;genes y fundamentos del cristianismo, Karl Kautsky describe el clima moral e intelectual en el cual estas ideas arraigaron:<br \/> &ldquo;Epicuro llam&oacute; a la filosof&iacute;a una actividad que lleva a una vida feliz por medio de concepciones y pruebas. El pens&oacute; que pod&iacute;a obtener la felicidad persiguiendo el placer; pero solamente persiguiendo placeres racionales, permanentes, no por medio del deseo de goces sensuales exagerados y temporales, que conducen a la p&eacute;rdida de la salud y de la fortuna, y, por consiguiente, de la felicidad.<\/p>\n<p>Esta era una filosof&iacute;a que se adaptaba a los usos de la clase explotadora, que no ten&iacute;a otra aplicaci&oacute;n que dar a su riqueza que la del consumo; lo que necesitaban era una regulaci&oacute;n racional de la vida del placer. Pero esta doctrina no daba satisfacci&oacute;n al creciente n&uacute;mero de personas que ya hab&iacute;an sufrido un fracaso f&iacute;sico, mental o financiero; a los pobres y a los miserables; ni tampoco ofrec&iacute;a consuelo a los ya asqueados del goce; ni pod&iacute;a dar placer a los que todav&iacute;a ten&iacute;an alg&uacute;n inter&eacute;s en las formas tradicionales de la vida comunal y a&uacute;n persegu&iacute;an prop&oacute;sitos que trascend&iacute;an sus necesidades personales, a los patriotas que observaban la decadencia del Estado y la sociedad, llenos de impotente pena, pero incapaces de detener el proceso. A todos estos grupos los placeres de este mundo parec&iacute;an vanos e ins&iacute;pidos. Todos &eacute;stos se volv&iacute;an a la doctrina estoica, que exaltaba la virtud no el placer, como la m&aacute;s grande bondad, como la &uacute;nica buenaventura. Los estoicos declaraban los bienes externos, la salud, la riqueza, etc., como cosas de gran indiferencia, como lo eran tambi&eacute;n los externos.<\/p>\n<p>Esto condujo por &uacute;ltimo a muchas personas a volver completamente la espalda al mundo, a despreciar la vida y hasta a desear la muerte. El suicidio lleg&oacute; a ser un h&aacute;bito en la Roma imperial, por alg&uacute;n tiempo lleg&oacute; a ser una verdadera moda&rdquo;. (Karl. Kautsky. Or&iacute;genes y fundamentos del cristianismo. Editorial Latina. P. 105)<br \/> Aqu&iacute; nos encontramos entre el umbral de la filosof&iacute;a y la religi&oacute;n. Una sociedad que se ha agotado econ&oacute;mica, moral e intelectualmente encuentra su expresi&oacute;n en un ambiente general de pesimismo y desesperaci&oacute;n. La l&oacute;gica y la raz&oacute;n no proporcionan respuestas, el orden existente de las cosas se encuentra con la irracionalidad. <\/p>\n<p>Tales circunstancias no conducen al surgimiento del pensamiento cient&iacute;fico y a realizar atrevidas generalizaciones filos&oacute;ficas. Lo m&aacute;s probable es que surja una tendencia a mirar hacia el interior, que refleja la atomizaci&oacute;n social, el misticismo y la irracionalidad. De este mundo no podemos esperar nada ni siquiera comprender nada. Lo mejor es volver la espalda a la realidad y prepararnos para una vida futura mejor. En lugar de filosof&iacute;a, ahora tenemos religi&oacute;n en lugar de raz&oacute;n tenemos misticismo.<\/p>\n<p>Ya hemos visto este fen&oacute;meno en el per&iacute;odo de declive de las ciudades estado griegas cuando, en palabras del profesor Gilbert Murray, &ldquo;La astrolog&iacute;a se adue&ntilde;&oacute; de la mente helen&iacute;stica como una nueva enfermedad se adue&ntilde;a de la poblaci&oacute;n de una remota isla del Pac&iacute;fico&rdquo; (Citado por Rusell). El mismo fen&oacute;meno se multiplic&oacute; por mil durante el largo per&iacute;odo de declive del Imperio Romano. La epidemia de religiones y cultos orientales que afligieron a la sociedad romana en ese momento est&aacute; bien documentada, no s&oacute;lo la cristiandad y el juda&iacute;smo, tambi&eacute;n el culto a Mitra, Isis, Osiris y otras miles de sectas ex&oacute;ticas que proliferaron a costa de la religi&oacute;n oficial.<\/p>\n<p>Muchos de estos cultos ten&iacute;an ceremonias y rituales muy similares. El sacramento a Mitra inclu&iacute;a una comida sagrada, en la que se consagraba el pan y un c&aacute;liz de vino que se daba de beber al fiel, en se&ntilde;al de una vida futura. En realidad, muchos elementos de la cristiandad proceden de otras religiones y la mayor&iacute;a de sus doctrinas provienen de los fil&oacute;sofos paganos. Quien jug&oacute; un papel importante fue Plotino (250-270), un m&iacute;stico griego y fundador de la escuela neoplatonista, que representa la decadencia final del idealismo cl&aacute;sico. El mundo es Uno, imposible de conocer e inexpresable. S&oacute;lo podemos conocerlo a trav&eacute;s del misticismo, la comuni&oacute;n ext&aacute;tica, los trances y otras cosas similares.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n se consigue con la mortificaci&oacute;n de la carne y nuestra propia emancipaci&oacute;n de la esclavitud de la materia. Plotino propuso la idea de la Sagrada Trinidad. La materia no tiene una realidad independiente, es s&oacute;lo la creaci&oacute;n del alma. Pero, &iquest;por qu&eacute; el alma se preocupa de crear esta materia?, podr&iacute;amos hacer muchas preguntas m&aacute;s, pero se nos pedir&aacute; que lo aceptemos como un &ldquo;misterio&rdquo;. Los primeros apoligistas cristianos metieron estas ideas en su equipaje y elaboraron una teolog&iacute;a que es el bastardo de la religi&oacute;n oriental y el idealismo griego en su per&iacute;odo de decadencia. Se convirti&oacute; durante dos mil a&ntilde;os en la dieta b&aacute;sica de la cultura europea, con resultados muy negativos para la ciencia.<\/p>\n<p> <strong>La lucha contra la religi&oacute;n<\/strong><br \/> En ausencia de una alternativa revolucionaria, la bancarrota de la sociedad esclavista, provoc&oacute; un horrible colapso de la cultura, sus efectos duraron siglos. En el per&iacute;odo conocido como &ldquo;edad oscura&rdquo;, se perdieron gran parte de los logros cient&iacute;ficos y art&iacute;sticos de la antig&uuml;edad. La llama del conocimiento sigui&oacute; ardiendo en Bizancio, Irlanda y sobre todo en parte de la Espa&ntilde;a ocupada por los &aacute;rabes. El resto de Europa permaneci&oacute; sumida en el barbarismo durante mucho tiempo.<\/p>\n<p>Poco a poco, de los restos de la antigua sociedad emergi&oacute; una nueva formasocial, el sistema feudal, basado en la explotaci&oacute;n del campesinado que ya no eran esclavos, ahora estaban atados a la tierra, dominados por se&ntilde;ores temporales y espirituales. La estructura piramidal de la sociedad reflejaba su dominaci&oacute;n, con un sistema r&iacute;gido de pretendidos deberes y derechos a unos &ldquo;superiores naturales&rdquo;. El deber fundamental, sin embargo, sobre el que cual todo lo dem&aacute;s depend&iacute;a, era el deber que ten&iacute;a el siervo de proporcionar trabajo gratuito al servicio de su se&ntilde;or y maestro. Eso es lo que distingu&iacute;a esta forma de sociedad de la esclavitud y tambi&eacute;n del capitalismo posterior. La Iglesia santific&oacute; todo esto y empez&oacute; a detentar un inmenso poder, tambi&eacute;n se organiz&oacute; en unas l&iacute;neas jer&aacute;rquicas similares.<\/p>\n<p>El car&aacute;cter est&aacute;tico e inalterable del modo de producci&oacute;n feudal y la r&iacute;gida jerarqu&iacute;a social sobre la que se basaba, encontraron su expresi&oacute;n ideol&oacute;gica en los dogmas est&aacute;ticos de la Iglesia, que exig&iacute;an una obediencia incuestionable, basada en la interpretaci&oacute;n oficial de los textos sagrados. Las primeras doctrinas de los cristianos, con su fuerte contenido revolucionario y comunista fueron perseguidas y marcadas como herejes, hasta que el cristianismo fue aceptado como religi&oacute;n de estado. En lugar de la raz&oacute;n, los padres de la Iglesia predicaban una fe ciega, resumida en la c&eacute;lebre frase atribuida a Tertuliano &ldquo;Credo, quia amsurdum esto&rdquo; (Creo porque es absurdo). La ciencia fue puesta bajo sospecha, una herencia del paganismo. Uno de los &uacute;ltimos matem&aacute;ticos griegos. Hypatia fue apedreado hasta morir por una multitud dirigida por un monje.<\/p>\n<p>La herencia de la filosof&iacute;a griega cl&aacute;sica se perdi&oacute; y s&oacute;lo se recuper&oacute; parcialmente en Europa Occidental en el siglo XII. Esta situaci&oacute;n no era la mejor para el desarrollo del pensamiento y la ciencia.<\/p>\n<p>&ldquo;Las condiciones de la producci&oacute;n feudal redujeron al m&iacute;nimo la demanda de una ciencia &uacute;til: &eacute;sta no volver&iacute;a a crecer hasta que hacia el final de la Edad Media el comercio y la navegaci&oacute;n crearan nuevas necesidades. El esfuerzo intelectual se aplic&oacute; en otras direcciones y especialmente se puso al servicio de una caracter&iacute;stica radicalmente nueva de la civilizaci&oacute;n: los credos religiosos organizados&rdquo;. (J. D. Bernal. Op. cit. p. 229).<\/p>\n<p>Seg&uacute;n Forbes y Dijksterhuis: &ldquo;En general, se puede decir que en los primeros siglos de su existencia, la Cristiandad no persegu&iacute;a objetivos cient&iacute;ficos. A la ciencia se la miraba con recelo debido a su origen pagano; el ideal que prevalec&iacute;a, que no era el conveniente para el bienestar f&iacute;sico de los cristianos, era penetrar m&aacute;s profundamente en los secretos de la naturaleza a trav&eacute;s de las Escrituras Sagradas y por eso era necesario comprenderlas&rdquo;. (Forbes y Dijksterhuir. Historia de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, Vol. 1, pp. 101-102. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Finalmente, los restos de la cultura cl&aacute;sica llegaron a Europa occidental gracias a las traducciones &aacute;rabes. La energ&iacute;a mostrada por los &aacute;rabes a la hora de conquistar el norte de &Aacute;frica y Espa&ntilde;a directos hacia los Pirineos, iba emparejada con una actitud inteligente y flexible hacia la cultura de los pueblos conquistados, actitud que contrastaba con el barbarismo ignorante de los cristianos despu&eacute;s de la reconquista de Al-Andalus. Durante siglos, las universidades isl&aacute;micas en Espa&ntilde;a, en especial la de C&oacute;rdoba, fueron los &uacute;nicos centros verdaderos de ense&ntilde;anza en Europa, si exceptuamos Irlanda que, debido a su lejan&iacute;a, estaba al margen de la corriente principal. Los &aacute;rabes hicieron grandes avances en toda una serie de terrenos: matem&aacute;ticas, astronom&iacute;a, geograf&iacute;a, medicina, &oacute;ptima, qu&iacute;mica e importantes avances tecnol&oacute;gicos, adem&aacute;s introdujeron los sistemas de irrigaci&oacute;n que despu&eacute;s se encargaron de destruir los cristianos. Se tardaron cientos de a&ntilde;os en trasladar este conocimiento a Europa Occidental.<\/p>\n<p>El monopolio que ejerc&iacute;a la Iglesia sobre la cultura hac&iacute;a que toda la vida intelectual se canalizara a trav&eacute;s de ella. En las universidades, donde todo se estudiaba en lat&iacute;n, el plan de estudios estaba formado principalmente por gram&aacute;tica, l&oacute;gica, ret&oacute;rica, aritm&eacute;tica, astronom&iacute;a y m&uacute;sica. El punto &aacute;lgido eran la filosof&iacute;a y la teolog&iacute;a que estaban estrechamente relacionadas. Durante siglos, la filosof&iacute;a fue considerada como la &ldquo;criada de la teolog&iacute;a&rdquo;. La ciencia qued&oacute; reducida a su m&iacute;nima expresi&oacute;n: &ldquo;En la pr&aacute;ctica la ense&ntilde;anza de la ciencia era muy escasa. La aritm&eacute;tica consist&iacute;a en la numeraci&oacute;n; la geometr&iacute;a, en los tres primeros libros de Euclides; la astronom&iacute;a iba muy poco m&aacute;s all&aacute; del calendario y del modo de calcular la fecha de la pascua; la f&iacute;sica y la m&uacute;sica eran muy elementales y plat&oacute;nicas&rdquo;. (J. D. Bernal. Op. Cit. p. 249). No exist&iacute;a inter&eacute;s en la experimentaci&oacute;n e investigaci&oacute;n cient&iacute;ficas.<\/p>\n<p>La filosof&iacute;a qued&oacute; reducida al perfeccionamiento del idealismo plat&oacute;nico, m&aacute;s tarde sustituido por un Arist&oacute;teles osificado y parcial. Durante el primer per&iacute;odo, San Agust&iacute;n (354-430) se bas&oacute; en el neoplatonismo para atacar a los oponentes paganos de la cristiandad. M&aacute;s tarde los escritos de Santo Tom&aacute;s de Aquino (1225-74) falsificaron la filosof&iacute;a aristot&eacute;lica y la adaptaron a las necesidades de la Iglesia en la sociedad feudal, el &ldquo;impulso inicial&rdquo; y otras cosas por el estilo. Hoy en d&iacute;a, su variante filos&oacute;fica (neotomismo) es todav&iacute;a la posici&oacute;n b&aacute;sica de la Iglesia Cat&oacute;lica Romana.<\/p>\n<p>Pero incluso en un suelo tan aparentemente est&eacute;ril, comenzaron a germinar lentamente las semillas de un nuevo paso adelante. Entre aquellos escol&aacute;sticos medievales que debat&iacute;an continuamente cuestiones teol&oacute;gicas para intentar dar a su religi&oacute;n una perspectiva global con alguna base te&oacute;rica, surgieron finalmente varios pensadores que empezaron a sacar conclusiones materialistas. No fue casualidad que los pensadores m&aacute;s destacados surgieran en Gran Breta&ntilde;a, pa&iacute;s donde tradicionalmente estaba arraigado el empirismo.<\/p>\n<p>Al final de la Edad Media, el auge de las ciudades y el comercio presenciaron el surgimiento de un nuevo y vigoroso elemento en la ecuaci&oacute;n social. El ascenso de una clase de ricos comerciantes que comenzaban a estirar los m&uacute;sculos y a exigir sus derechos. La expansi&oacute;n del comercio, la apertura de nuevas rutas comerciales, el surgimiento de la econom&iacute;a monetaria, la creaci&oacute;n de nuevas necesidades y de los medios para satisfacerlas, el desarrollo de artistas y artesanos, el ascenso de una nueva literatura nacional, todas estas cosas anunciaban el nacimiento de una fuerza revolucionaria en la sociedad -la burgues&iacute;a-, cuyos intereses provocar&iacute;an la ruptura de las barreras feudales artificiales que imped&iacute;an su desarrollo, y tambi&eacute;n frenaban el desarrollo y la explotaci&oacute;n de las innovaciones t&eacute;cnicas.<\/p>\n<p>El desarrollo de la navegaci&oacute;n, por ejemplo, exig&iacute;a la elaboraci&oacute;n de nuevas y mejores cartas de navegaci&oacute;n, basadas en observaciones astron&oacute;micas fiables y tambi&eacute;n la existencia de instrumentos m&aacute;s avanzados de navegaci&oacute;n. La introducci&oacute;n del papel y la imprenta revolucion&oacute; el acceso a las ideas que hasta ese momento estaban limitadas a la minor&iacute;a eclesi&aacute;stica. La aparici&oacute;n de la literatura escrita en lengua vern&aacute;cula tambi&eacute;n favoreci&oacute; el surgimiento de grandes y reconocidos escritores nacionales, Bocaccio, Dante, Rebelais, Chauce y finalmente Lutero. La p&oacute;lvora no s&oacute;lo revolucion&oacute; la guerra y ayud&oacute; a socavar el poder de la nobleza, tambi&eacute;n dio un poderoso impulso al estudio de la f&iacute;sica y la qu&iacute;mica.<\/p>\n<p>Primero en Italia, despu&eacute;s en Holanda, Gran Breta&ntilde;a, Bohemia, Alemania y Francia, las nuevas clases comenzaron a cambiar el viejo orden, que despu&eacute;s de casi mil a&ntilde;os, se hab&iacute;a agotado y entrado en una fase de declive. Las interminables guerras y conflictos civiles llevaron al feudalismo a un callej&oacute;n sin salida. La peste negra diezm&oacute; a la poblaci&oacute;n de Europa en el siglo XIV y aceler&oacute; la disoluci&oacute;n de las relaciones feudales de la tierra. Las jacqueries campesinas en Francia y la insurrecci&oacute;n campesina en Inglaterra fueron una advertencia de la venidera disoluci&oacute;n del orden feudal. Para mucha gente parec&iacute;a que el fin del mundo se aproximaba, el deseo de impedir la fatalidad provoc&oacute; el aumento de fen&oacute;menos como sectas flagelantes, grupos religiosos fan&aacute;ticos, que por el pa&iacute;s autoflagel&aacute;ndose, anticip&aacute;ndose a la inminente c&oacute;lera de Dios. Esta situaci&oacute;n era sencillamente el reflejo confuso en la imaginaci&oacute;n popular, del colapso del orden social existente.<\/p>\n<p>La ruptura del sistema social viene precedida por la crisis de la moral e ideolog&iacute;a oficiales, que cada vez m&aacute;s entran en conflicto con las nuevas relaciones sociales. Entre cierta capa de intelectuales surge el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, esta capa es siempre un bar&oacute;metro de las tensiones subyacentes en las profundidades de la sociedad. Una ideolog&iacute;a y moralidad que no reflejan la realidad, no pueden ya sobrevivir y est&aacute;n destinadas a desaparecer. La base moral e ideol&oacute;gica del sistema feudal se encontraba en la ense&ntilde;anza de la Iglesia. Cualquier cambio serio en el orden social existente tambi&eacute;n significaba un asalto al poder de la Iglesia, que defendi&oacute; su poder y privilegios con todos los medios a su alcance, incluida la excomuni&oacute;n, la tortura y la hoguera. Pero la represi&oacute;n no puede alargar la vida de una idea ya caduca.<\/p>\n<p>Normalmente, se representa a la Edad Media como una &eacute;poca de devoci&oacute;n religiosa y piedad extremas. Pero esta descripci&oacute;n no se puede aplicar al per&iacute;odo en consideraci&oacute;n. La Iglesia, una instituci&oacute;n rica y poderosa con un peso impresionante sobre la sociedad ya estaba muy desacreditada.<br \/> &ldquo;De todas las contradicciones de la vida religiosa de la &eacute;poca, quiz&aacute;s la m&aacute;s insalvable era el completo desprecio que exist&iacute;a hacia el clero, desprecio visto como una corriente durante la Edad Media, coexistiendo con el mayor de los respetos hacia la santidad del oficio sacerdotal. Y esto permiti&oacute; a los nobles, ciudadanos y villanos, durante mucho tiempo alimentar sus odiosas bromas mal&eacute;volas a expensas del monje incontinente y el sacerdote glot&oacute;n. Era un odio latente, general y persistente. La poblaci&oacute;n sol&iacute;a escuchar atentamente los vicios del clero.<\/p>\n<p>Un sacerdote que arengaba contra el estado eclesi&aacute;stico seguro que recib&iacute;a aplausos. &lsquo;Tan pronto como abordaba en la homil&iacute;a este tema&rsquo;, dice Bernardino de Siena, &lsquo;su audiencia olvidaba todo lo dem&aacute;s; no exist&iacute;a otro medio m&aacute;s efectivo de captar la atenci&oacute;n cuando la congregaci&oacute;n comenzaba a dormirse, o a sufrir de calor o de fr&iacute;o. Al momento, todos atend&iacute;an y se alegraban&rsquo;&rdquo;. (J. Huizings. The Waning of the Middle Ages. Pp. 172-173. En la edici&oacute;n inglesa)<br \/> La corriente de disensi&oacute;n incluso se dejaba sentir dentro de la propia Iglesia, que reflejaba las presiones de la sociedad. Los movimientos her&eacute;ticos como el de los albigenses terminaron en un ba&ntilde;o de sangre. Poco despu&eacute;s aparec&iacute;an nuevas tendencias opositoras, algunas veces disfrazadas con el atav&iacute;o del misticismo. Un historiador italiano del siglo XIX relata lo siguiente:<\/p>\n<p>&ldquo;El mismo esp&iacute;ritu de reforma que anim&oacute; a los albigenses se extendi&oacute; por toda Europa: muchos cristianos, disgustados con la corrupci&oacute;n y los vicios del clero, o aquellas mentes rebeldes contrarias a la violencia que ejerc&iacute;a la Iglesia sobre su raz&oacute;n, se dedicaban a una vida contemplativa, renunciaban a toda ambici&oacute;n y a los placeres del mundo, buscaban un nuevo camino para la salvaci&oacute;n a trav&eacute;s de una alianza entre la fe y la raz&oacute;n. Se autodenominaban c&aacute;taros o los purificados; paternini o los resignados&rdquo;. (Sismondi. Historia de las Rep&uacute;blicas italianas, p. 66. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Las &oacute;rdenes dominica y franciscana se fundaron a principios del siglo XII para combatir a los herejes, el anticlericalismo y las nuevas ideas religiosas. Sismondi dice lo siguiente del Papa Inocencio III: &ldquo;Fund&oacute; las &oacute;rdenes mendicantes de los franciscanos y los dominicos; a los nuevos campeones de la iglesia se les encarg&oacute; reprimir toda actividad de la mente, combatir la creciente inteligencia y expulsar a los herejes. Confi&oacute; a los dominicos el terrible poder de la Inquisici&oacute;n, que &eacute;l instituy&oacute;: les encarg&oacute; descubrir y perseguir hasta la aniquilaci&oacute;n a los nuevos reformadores que, con el nombre de paternini, se multiplicaban r&aacute;pidamente por Italia&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 60).<\/p>\n<p>La violenta represi&oacute;n de cualquier clase de oposici&oacute;n fue una caracter&iacute;stica constante en la conducta de las autoridades eclesi&aacute;sticas del m&aacute;s alto nivel, como demuestra la historia del papado. El Papa Urbano VI, cuando no consegu&iacute;a el apoyo de sus cardenales, solucionaba el problema con un simple expediente en el que los acusaba de conspirar contra &eacute;l. Tortur&oacute; a muchos cardenales en su presencia, mientras &eacute;l rezaba tranquilamente el rosario. A otros se les meti&oacute; en sacos y les echaron al mar. El monje reformista Giromalo Savonarola, un precursor italiano de Lutero, fue torturado hasta que confes&oacute; todos los cr&iacute;menes que le atribu&iacute;an y fue quemado vivo junto a otros dos monjes, se podr&iacute;an narrar muchos m&aacute;s casos como este.<\/p>\n<p>Durante cientos de a&ntilde;os la asfixia del pensamiento ejercida por la polic&iacute;a espiritual de la Iglesia fue un freno para el desarrollo de la ciencia. La considerable energ&iacute;a intelectual de los escol&aacute;sticos se disipaba en debates complicados e interminables sobre temas como el sexo de los &aacute;ngeles. Nadie pod&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites establecidos por el dogma eclesi&aacute;stico y aquellos que intentaban hacerlo sufr&iacute;an crueles represalias.<\/p>\n<p>Por lo tanto, se puede decir que el escol&aacute;stico ingl&eacute;s Roger Bacon (1214- 92), tuvo un gran valor cuando se atrevi&oacute; a desafiar el dogmatismo de los escol&aacute;ticos y la veneraci&oacute;n a la autoridad. Se enfrent&oacute; al esp&iacute;ritu de su tiempo y se anticip&oacute; el m&eacute;todo cient&iacute;fico al defender el estudio experimental de la naturaleza. Como la ciencia todav&iacute;a no se hab&iacute;a separado de la alquimia y la astrolog&iacute;a, no es sorprendente que encontremos estos elementos en los escritos de Bacon. Tampoco nos debe sorprender que premiasen su osad&iacute;a con la expulsi&oacute;n de su trabajo de profesor en Oxford y fuese confinado a un monasterio por defender ideas her&eacute;ticas. En esas circunstancias no hay ninguna duda que tuvo mucha suerte.<\/p>\n<p>La tendencia filos&oacute;fica conocida como nominalismo que surgi&oacute; en esa &eacute;poca, dec&iacute;a que los conceptos universales son s&oacute;lo nombres de objetos individuales. Esta tendencia reflejaba un movimiento en direcci&oacute;n hacia el materialismo, como explica Engels:<\/p>\n<p>&ldquo;El materialismo es hijo natural de Gran Breta&ntilde;a. Ya el escol&aacute;stico brit&aacute;nico, Dus Scotus, se pregunt&oacute; &iquest;si era imposible para la materia pensar? Para conseguir este milagro busc&oacute; refugio en la omnipotencia de Dios, por ejemplo, predic&oacute; el materialismo teol&oacute;gico. Adem&aacute;s era nominalista. El nominalismo, la primera forma del materialismo, se encuentra principalmente entre los escol&aacute;sticos ingleses&rdquo;. (Engels. Op cit. p. 427. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>La tendencia nominalista fue desarrollada por otro ingl&eacute;s (aunque para ser exactos como su propio nombre indica, Duns Scotus naci&oacute; en Escocia o en Irlanda del norte), Guillermo de Occam (muri&oacute; en 1349) fue el m&aacute;s importante de los escol&aacute;sticos. Occam sosten&iacute;a que la existencia de Dios y otros dogmas religiosos no se basaban en la raz&oacute;n y estaban fundados exclusivamente en la fe.<\/p>\n<p>Esta doctrina era peligrosa porque supon&iacute;a la separaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y la religi&oacute;n, permit&iacute;a el desarrollo independiente de la filosof&iacute;a y la liberaba del yugo eclesi&aacute;stico. Occam fue excomulgado en 1328, pero escap&oacute; del territorio papal en Avignon y se puso bajo la protecci&oacute;n de Luis, rey de Francia, tambi&eacute;n excomulgado. Luis convoc&oacute; un Consejo general y se acus&oacute; al Papa de hereje. Se dice que cuando Occam se encontr&oacute; con el emperador le dijo: &ldquo;Tu, me defiendes con la espada y yo te defender&eacute; con un l&aacute;piz&rdquo;. Este no era un debate abstracto ni filos&oacute;fico, era el reflejo de una lucha a muerte entre la Iglesia y el emperador, entre Francia, Inglaterra y Alemania.<\/p>\n<p>El nominalismo por un lado, conten&iacute;a el germen de una idea materialista correcta, pero por otro lado, se equivoc&oacute; al asumir que los conceptos generales (&ldquo;universales&rdquo;) eran s&oacute;lo nombres. Realmente, los conceptos generales reflejan cualidades reales de cosas que existen objetivamente, que, a parte de sus caracter&iacute;sticas particulares, tambi&eacute;n expresan en s&iacute; elementos de lo general, que les identifica como pertenecientes a un g&eacute;nero o especie espec&iacute;fica. Esta negaci&oacute;n de lo general y la insistencia en lo particular, es una caracter&iacute;stica peculiar del pensamiento emp&iacute;rico que ha caracterizado a la tradici&oacute;n filos&oacute;fica anglosajona. Como una reacci&oacute;n ante las est&eacute;riles doctrinas idealistas de la iglesia medieval, el nominalismo representaba un avance importante, un paso en direcci&oacute;n a la experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica:<\/p>\n<p>&ldquo;No es sorprendente que los pensadores que defend&iacute;an concepciones nominalistas ejercieran una influencia favorable en el estudio de la ciencia. El nominalismo predispon&iacute;a la atenci&oacute;n en la experiencia y en las cosas concretas que llegaban a trav&eacute;s de los sentidos, mientras la doctrina contraria conocida como realismo plat&oacute;nico (un nombre confuso ya que defend&iacute;a que la realidad resid&iacute;a en las ideas, en su lugar deber&iacute;a llamarse idealismo) siempre implicaba la tentaci&oacute;n de realizar especulaciones a priori&rdquo;. (Forbes y Dijksterhuis. Op. Cit. Vol 1. p. 117. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>El nominalismo es el germen del materialismo, pero un materialismo parcial y superficial que m&aacute;s tarde, con Berkeley, Hume y los fil&oacute;sofos sem&aacute;nticos modernos, llev&oacute; a un callej&oacute;n sin salida filos&oacute;fico. Occam fue el &uacute;ltimo de los grandes escol&aacute;sticos, pero sus ideas alentaron a una nueva generaci&oacute;n de pensadores, como Nicol&aacute;s de Oresme -su pupilo-, quien investig&oacute; la teor&iacute;a planetaria. Se anticip&oacute; a Cop&eacute;rnico al examinar la teor&iacute;a geoc&eacute;ntrica, que situaba a la tierra en el centro del universo, y la compar&oacute; con la teor&iacute;a helioc&eacute;ntrica, que situaba al sol en el centro del universo, y concluy&oacute; que ninguna de estas teor&iacute;as serv&iacute;an para explicar todos los hechos conocidos, y que por tanto, era imposible elegir entre alguna de ellas. Esta, aparentemente, conclusi&oacute;n cautelosa, en realidad representaba un paso audaz, porque pon&iacute;a un signo de interrogaci&oacute;n sobre la postura ortodoxa de la Iglesia y eso cambiaba toda la perspectiva del mundo.<\/p>\n<p>La cosmolog&iacute;a de la Iglesia medieval era una parte importante de su perspectiva general del mundo. No era un tema secundario, el dibujo del universo se supon&iacute;a que era un espejo del mundo, con el mismo tipo de estaticidad, el mismo car&aacute;cter inalterable y la misma rigidez jer&aacute;rquica. Estas ideas no proced&iacute;an de la observaci&oacute;n, fueron tomadas de la cosmolog&iacute;a de Arist&oacute;teles y los alejandrinos, y se acept&oacute; de una forma dogm&aacute;tica.<\/p>\n<p>&ldquo;La jerarqu&iacute;a de la sociedad quedaba reproducida en la jerarqu&iacute;a del universo mismo; al igual que exist&iacute;an papas, obispos y arzobispos, emperador, reyes y nobles, exist&iacute;a tambi&eacute;n la jerarqu&iacute;a celestial de los nueve coros ang&eacute;licos: serafines, querubines, tronos; demonaciones, virtudes, potestades; principados, arc&aacute;ngeles y &aacute;ngeles (fruto todos ellos de la imaginaci&oacute;n del pseudo-Dionisio). Cada una de ellas ten&iacute;a una determinada funci&oacute;n a desempe&ntilde;ar en el funcionamiento del universo, permaneciendo unidas al correspondiente rango de las esferas planetarias para mantenerlas en movimiento. El orden inferior de los simples &aacute;ngeles que pertenec&iacute;an a la esfera de la luna, ten&iacute;a, como es natural, muchos que ver con el orden de los seres humanos que estaban, precisamente, debajo de ellos. En general exist&iacute;a un orden c&oacute;smico, un orden social, un orden en el cuerpo humano, todos ellos representativos de estados a los que la Naturaleza ten&iacute;a a volver cuando se la apartaba de ellos. Hab&iacute;a un lugar para cada cosa y cada cosa conoc&iacute;a su lugar&rdquo;. (J. D. Bernal. Op. cit. p. 257)<\/p>\n<p>Esta visi&oacute;n del universo no habr&iacute;a cambiado si no se hubiera cuestionado toda la perspectiva eclesi&aacute;stica del mundo y el tipo de sociedad sobre la que se sustentaba. El conflicto entre las ideas de Cop&eacute;rnico y las de Galileo no eran simples debates intelectuales abstractos, era una lucha a muerte entre visiones contrarias del mundo, que en realidad reflejaban la desesperada lucha entre dos &oacute;rdenes sociales que se exclu&iacute;an mutuamente. El futuro de la historia de la humanidad depend&iacute;a del resultado de esta lucha.<\/p>\n<h2>Cap&iacute;tulo IV.&nbsp; El Renacimiento<\/h2>\n<p>&ldquo;Sent&iacute; entonces lo mismo que el vig&iacute;a que observa el firmamento y ve de pronto un nuevo astro; o lo que el gran Cort&eacute;s, cuando con ojos de &aacute;guila por primera vez divis&oacute; el Pac&iacute;fico y todos sus soldados entre s&iacute; se miraron sin dar cr&eacute;dito a aquello callado, all&aacute; en lo alto de un monte del Dari&eacute;n&rdquo; John Kyats<br \/> &ldquo;Eppur si mouve&rdquo;&nbsp; &ldquo;Y sin embargo se mueve&rdquo;&nbsp; Galileo Galilei<\/p>\n<p>El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. La humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos. El mundo volvi&oacute; a descubrir las maravillas de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica griega, a trav&eacute;s de traducciones directas de versiones fidedignas llegadas a Italia despu&eacute;s de la invasi&oacute;n turca de Constantinopla. La perspectiva materialista del mundo de los antiguos jonios y atomistas indicaron a la ciencia cu&aacute;l era el camino correcto.<\/p>\n<p>El Renacimiento fue un per&iacute;odo revolucionario en todo el sentido de la palabra. Lutero no s&oacute;lo inici&oacute; la Reforma religiosa, tambi&eacute;n reform&oacute; la lengua alemana. Al mismo tiempo la Guerra Campesina en Alemania, con sus tintes comunistas, se&ntilde;al&oacute; cual ser&iacute;a la forma de la futura lucha de clases. &ldquo;Qued&oacute; hecha pedazos la dictadura de la Iglesia sobre la mente de los hombres; la rechazaron de manera directa la mayor&iacute;a de los pueblos germ&aacute;nicos, que adoptaron el protestantismo, en tanto que entre los latinos se arraigaba cada vez m&aacute;s un alegre esp&iacute;ritu de libre pensamiento, recibido de los &aacute;rabes y alimentado por la filosof&iacute;a griega, reci&eacute;n descubierta, todo lo cual preparaba el camino para el materialismo del siglo XVIII&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. Madrid. Editorial Akal. 1978. p. 27).<\/p>\n<p>El descubrimiento de Am&eacute;rica y la ruta mar&iacute;tima de las Indias Orientales abrieron nuevos horizontes para el comercio y la exploraci&oacute;n. Pero fue en el terreno del intelecto donde se abrieron los mayores horizontes. Era imposible mantener la antigua y estrecha parcialidad, ahora para llegar a la verdad era necesario derribar las viejas barreras. Como en todas las &eacute;pocas revolucionarias exist&iacute;a un ardiente deseo de saber.<\/p>\n<p>El desarrollo de la ciencia est&aacute; vinculada estrechamente con el crecimiento de la tecnolog&iacute;a, que, a su vez, est&aacute; relacionada con el desarrollo de las fuerzas productivas. Tomemos por ejemplo la astronom&iacute;a. Las especulaciones cosmol&oacute;gicas de los antiguos griegos estaban limitadas debido a la ausencia de telescopios que les ayudaran en sus observaciones. En el a&ntilde;o 137 a. C, los observadores hab&iacute;an establecido la existencia de 1.025 cuerpos planetarios. En 1580 el n&uacute;mero era exactamente el mismo y se utilizaba el mismo instrumento: el simple ojo humano.<\/p>\n<p>Los astr&oacute;nomos de hoy, con poderosos radiotelescopios, pueden observas conjuntos abrumadores de estrellas y galaxias. Esto ha transformado completamente la astronom&iacute;a, desafortunadamente, los avances tecnol&oacute;gicos han llegado m&aacute;s lejos que el desarrollo de las ideas en las mentes de los hombres y mujeres. En muchos aspectos, la visi&oacute;n del mundo de algunos cient&iacute;ficos durante la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX, tiene m&aacute;s en com&uacute;n con la iglesia medieval que con los h&eacute;roes del Renacimiento que con su lucha contra el oscurantismo filos&oacute;fico hicieron posible la ciencia moderna.<\/p>\n<p>Anaximandro y Anax&aacute;goras dijeron que el universo era infinito &ldquo;no ten&iacute;a principio ni fin&rdquo;. La materia no se puede crear ni destruir. Esta idea fue aceptada por otros muchos fil&oacute;sofos de la antig&uuml;edad y se puede resumir en el famoso aforismo Ex nihilo nihil fit (fuera de la nada no hay nada). Es por lo tanto in&uacute;til buscar el principio o la creaci&oacute;n del universo, porque el universo siempre ha existido.<\/p>\n<p>Para la Iglesia, esta opini&oacute;n es una anatema porque deja al Creador fuera de la foto. En un mundo infinito y material no hay lugar para Dios, el demonio, los &aacute;ngeles, el cielo o el infierno. Por lo tanto, se aprovecharon &aacute;vidamente del escrito m&aacute;s d&eacute;bil y pueril de Plat&oacute;n, el Timeo, que en realidad es el mito de la creaci&oacute;n. Por otro lado, ten&iacute;an el sistema tolomeico del cosmos, que, adem&aacute;s correspond&iacute;a con el esquema cosmol&oacute;gico de Arist&oacute;teles, que contaba con una autoridad absoluta en aquella &eacute;poca. Presentaba al universo como un sistema cerrado. La tierra se encontraba en el centro, encerrada en siete esferas de cristal, sobre las que el sol, la luna y los planteas trazaban &oacute;rbitas circulares perfectas alrededor de la tierra. Para nuestra mentalidad moderna este concepto nos parece extra&ntilde;o. Pero para los fen&oacute;menos que se pod&iacute;an observar en la &eacute;poca, esta interpretaci&oacute;n del universo era suficiente. Realmente, desde el punto de vista del simple &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;, parece que el sol gira alrededor de la tierra y no viceversa.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, la visi&oacute;n geoc&eacute;ntrica fue puesta en duda incluso en los tiempos de Tolomeo. La alternativa fue la teor&iacute;a helioc&eacute;ntrica defendida por Aristarco de Samos (310-230 a. C), quien defendi&oacute; la hip&oacute;tesis de Cop&eacute;rnico, &eacute;ste defend&iacute;a que todos los planetas, incluida la tierra, giraban alrededor del sol describiendo &oacute;rbitas c&iacute;rculos y la tierra se mov&iacute;a sobre su eje cada veinticuatro horas. Esta teor&iacute;a brillante fue rechazada en favor de la visi&oacute;n tolomeica, porque la primera teor&iacute;a no era apropiada para la visi&oacute;n eclesi&aacute;stica. La tierra segu&iacute;a en el centro del universo y la Iglesia continuaba en el centro del mundo. <\/p>\n<p>Cop&eacute;rnico, el gran astr&oacute;nomo polaco (1473-1543), viaj&oacute; en su juventud a Italia y all&iacute; se contagi&oacute; del nuevo esp&iacute;ritu de investigaci&oacute;n y libre pensamiento. Pronto acept&oacute; que el sol era el centro del universo, aunque no defendi&oacute; en p&uacute;blico estas ideas por temor a la reacci&oacute;n de la Iglesia. S&oacute;lo cuando se encontraba en su lecho de muerte, decidi&oacute; publicar su libro, De Revolutionibus Orbium Coelestium (De las revoluciones de los orbes celestes), que dedic&oacute; al Papa con la esperanza de escapar a la censura. Temporalmente tuvo &eacute;xito y el libro no fue prohibido hasta los tiempos de Galileo cuando la Inquisici&oacute;n y los jesuitas \u2015las tropas de choque de la contrarreforma\u2015 estaban en pleno auge.<\/p>\n<p>Tycho Brahe, el astr&oacute;nomo dan&eacute;s (1546-1630), adopt&oacute; una posici&oacute;n intermedia, defend&iacute;a que mientras el sol y la luna giraban alrededor de la tierra, los planteas lo hac&iacute;an alrededor del sol. M&aacute;s importante fue el papel del alem&aacute;n Johannes Kepler (1571-1630) que utiliz&oacute; los c&aacute;lculos de Brahe para corregir algunas incorrecciones del modelo de Cop&eacute;rnico y propuso sus tres famosas leyes: el movimiento de los planetas no describe c&iacute;rculos sino elipses; la l&iacute;nea que une un planeta con el sol barre &aacute;reas iguales en tiempos iguales y que el cuadro del per&iacute;odo de revoluci&oacute;n de un planeta es proporcional al cubo de su distancia media al sol.<\/p>\n<p>Estas proposiciones asestaron un duro golpe a las posiciones ortodoxas de la Iglesia. Los planetas ten&iacute;an que moverse en c&iacute;rculo porque era la forma perfecta. Esta fue la idea aceptada por todos los idealistas desde Pit&aacute;goras. La primera ley de Kepler dec&iacute;a que se mov&iacute;an en elipses, &iexcl;muy lejos de ser una forma perfecta! Su segunda ley era a&uacute;n m&aacute;s monstruosa desde el punto de vista &ldquo;oficial&rdquo;, en lugar de un fino y suave movimiento, la velocidad de los planetas en &oacute;rbita variaba, cuanto m&aacute;s cerca estaban del sol mayor era su velocidad. &iquest;C&oacute;mo estas ideas pod&iacute;an ser compatibles con la noci&oacute;n de una armon&iacute;a divina en el universo?<\/p>\n<p>La diferencia est&aacute; en que mientras las teor&iacute;as de Kepler se basaban en las minuciosas observaciones de Brahe, la postura de la Iglesia se basaba en una teor&iacute;a idealista que sencillamente se asum&iacute;a como verdadera. Para el observador de hoy en d&iacute;a parece absurda la posici&oacute;n de aquellos que estaban en contra de Kepler y Cop&eacute;rnico. Todav&iacute;a se pueden escuchar ecos de este m&eacute;todo idealista cuando f&iacute;sicos y matem&aacute;ticos serios, defienden ecuaciones que no se corresponden con hechos conocidos a trav&eacute;s de la observaci&oacute;n, sino que se defienden por su supuesto valor est&eacute;tico. M&aacute;s adelante volveremos sobre esta cuesti&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>Galileo<\/strong><br \/> El cient&iacute;fico m&aacute;s grande del Renacimiento probablemente fue Galileo (1564-1642). Hizo grandes descubrimientos en el campo de los proyectiles y la ca&iacute;da de los objetos, Galileo fue un defensor convencido de la posici&oacute;n de Cop&eacute;rnico y el primer astr&oacute;nomo que utiliz&oacute; el telescopio para la investigaci&oacute;n del cielo. Sus observaciones no dejaron ninguna piedra firme del antiguo universo. La luna no era una esfera perfecta, era una superficie irregular, con monta&ntilde;as y mares. Venus ten&iacute;a fases como el sol y lo m&aacute;s importante de todo, J&uacute;piter ten&iacute;a cuatro lunas. La Iglesia defend&iacute;a la existencia de siete planteas porque para ella el siete era un n&uacute;mero m&iacute;stico. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an existir once planetas? La imagen de un profesor neg&aacute;ndose a mirar a trav&eacute;s del telescopio de Galileo ha pasado al folklore de historia cient&iacute;fica, y resume el choque entre dos perspectivas antag&oacute;nicas del mundo.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha intentado minimizar la persecuci&oacute;n de la ciencia por parte de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, emprendi&oacute; una investigaci&oacute;n sobre el &ldquo;asunto Galileo&rdquo;, el resultado se public&oacute; en 1992 y revelaba la existencia &ldquo;graves malentendidos rec&iacute;procos&rdquo; y errores por ambas partes. Pero todo eso ocurri&oacute; en &ldquo;un contexto cultural muy diferente al nuestro&rdquo;. En octubre de 1993, el Papa envi&oacute; un mensaje al Congreso sobre Cop&eacute;rnico en la Universidad de Ferrara, con motivo de la conmemoraci&oacute;n del 450 aniversario de la publicaci&oacute;n del libro De Revolutionibus Orbium Coelestium. Seg&uacute;n el Papa, Cop&eacute;rnico era un hombre de ciencia y de fe. En realidad, Cop&eacute;rnico escap&oacute; a la persecuci&oacute;n eclesi&aacute;stica porque su libro no vio la luz del d&iacute;a hasta que &eacute;l se encontr&oacute; en un lugar seguro, &iexcl;el cementerio!.<br \/> La Inquisici&oacute;n someti&oacute; dos veces a juicio a Galileo, uno privado (1616) y otro p&uacute;blico (1633). En el segundo juicio se le oblig&oacute; a retractarse de sus ideas, prometi&oacute; que nunca m&aacute;s defender&iacute;a que la tierra giraba alrededor del sol o que rotaba sobre su propio eje. De esta forma la Iglesia consigui&oacute; silenciar al m&aacute;s grande cient&iacute;fico de la &eacute;poca y en el proceso tambi&eacute;n se sepult&oacute; en Italia durante un largo per&iacute;odo de tiempo a la ciencia. Otros tuvieron un destino peor. Giordano Bruno (1548-1600) fue quemado en la hoguera en Roma despu&eacute;s de ocho a&ntilde;os en prisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Bruno fue un materialista inflexible, estuvo influenciado por Nicol&aacute;s de Cusa, quien defend&iacute;a que el universo no ten&iacute;a principio ni fin, ni espacio ni tiempo. El materialismo de Bruno ten&iacute;a ciertos toques de pante&iacute;smo, la idea de que Dios est&aacute; en todas partes y en ninguna, que Dios y la naturaleza son una y la misma cosa. Un concepto similar al hilozoismo defendido por los antiguos j&oacute;nios, y dec&iacute;a que la materia era una sustancia activa y en movimiento, que el hombre y su conciencia eran parte de la naturaleza, ambos eran un todo. Bruno sigui&oacute; los pasos de Nicol&aacute;s de Cusa, y defend&iacute;a la infinitud del universo.<br \/> Afirm&oacute; que el universo consist&iacute;a en un n&uacute;mero infinito de mundos, algunos de ellos, posiblemente, habitados. Es f&aacute;cil comprender por que la Iglesia consider&oacute; estas ideas subversivas. Bruno no se amilan&oacute; y lo pag&oacute; con su vida.<\/p>\n<p>La Iglesia Romana no tuvo el monopolio de la persecuci&oacute;n de las nuevas ideas. Lutero denunci&oacute; a Copernico por ser &ldquo;un astr&oacute;logo que se esfuerza en demostrar que la tierra da vueltas, ni los cielos o el firmamento, ni la luna o el sol&rdquo;. Como observa Engels: &ldquo;En esa &eacute;poca las ciencias naturales tambi&eacute;n se desarrollaron en el seno de la revoluci&oacute;n general, y a su vez fueron totalmente revolucionarias; en verdad, debieron conquistar con la lucha su derecho a la existencia. Al lado de los grandes italianos de quienes data la filosof&iacute;a moderna, ofrecieron sus m&aacute;rtires a la hoguera y a las mazmorras de la Inquisici&oacute;n. Y es caracter&iacute;stico que los protestantes superasen a los cat&oacute;licos en sus persecuciones contra la libre investigaci&oacute;n de la naturaleza. Calvino hizo quemar a Servet en la hoguera cuando &eacute;ste se hallaba a punto de descubrir la circulaci&oacute;n de la sangre, y por cierto que lo mantuvo vivo, as&aacute;ndose, durante dos horas; a la Inquisici&oacute;n, por lo menos, le bast&oacute; con quemar vivo a Giordano Bruno&rdquo;. (Engels. Op. Cit. p. 28).<\/p>\n<p>A pesar de todas las contrariedades, el nuevo modo de pensamiento gan&oacute; fue ganando terreno sin parar hasta finales del siglo XVII, cuando consigui&oacute; una victoria decisiva. Los mismos cient&iacute;ficos que, en nombre de la ortodoxia, condenaron las ideas de Galileo, en la pr&aacute;ctica y calladamente descartaban la desacreditada cosmolog&iacute;a tolomeica. El descubrimiento de la circulaci&oacute;n sangu&iacute;nea por William Harvey (1578-1657) revolucion&oacute; el estudio del cuerpo humano y acab&oacute; con los viejos mitos. Fueron los descubrimientos de la ciencia, y no la disputa l&oacute;gica de los fil&oacute;sofos, los que hicieron insostenibles las viejas ideas.<br \/> Aunque los m&eacute;todos tradicionales de los escol&aacute;sticos permanecieron a&uacute;n durante mucho tiempo, cada vez m&aacute;s aparec&iacute;an m&aacute;s alejados de la realidad. El auge de la ciencia proced&iacute;a de otra direcci&oacute;n y con otros m&eacute;todos de observaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n. De nuevo Inglaterra se coloc&oacute; a la vanguardia al defender el m&eacute;todo emp&iacute;rico. <\/p>\n<p>El m&aacute;s destacado defensor fue Francis Bacon (1561-1626), que durante un tiempo fue Lord Canciller de Inglaterra con el rey Jaime I, hasta que perdi&oacute; su puesto porque se hab&iacute;a enriquecido aceptando regalos de los litigantes. Despu&eacute;s dedic&oacute; su talento a un mejor uso, a escribir libros.<br \/> Los escritos de Bacon est&aacute;n llenos de un sentido com&uacute;n sensato y pr&aacute;ctico, son materialistas en el sentido que ingl&eacute;s se da a la palabra emp&iacute;rico. El esp&iacute;ritu de su obra es el de un hombre del mundo ingenioso y de buena naturaleza. A diferencia de Tomas Moro, Bacon no estaba hecho de la misma sustancia que los m&aacute;rtires. Acepta la religi&oacute;n ortodoxa s&oacute;lo porque da poca importancia a los principios generales. En su filosof&iacute;a no juega ning&uacute;n papel la religi&oacute;n, su filosof&iacute;a se inspira en la idea del desarrollo del conocimiento como una forma de incrementar el poder del hombre sobre la naturaleza.<\/p>\n<p>Se rebel&oacute; contra el dogmatismo de los escol&aacute;sticos con sus litigios &ldquo;malsanos y vermiculados&rdquo; que acaban en &ldquo;conclusiones equivocadas y altercados&rdquo;. La &uacute;nica vez en que se mostr&oacute; verdaderamente indignado tuvo relaci&oacute;n con esta cuesti&oacute;n:<\/p>\n<p>&ldquo;Esta clase de saber degenerado rein&oacute; principalmente entre los escol&aacute;sticos, &eacute;stos ten&iacute;an un ingenio agudo y profundo, abundante tiempo libre y escasa lectura, su ingenio se limitaba a pocos autores (principalmente Arist&oacute;teles, su dictador), igualmente, sus personas estaban enclaustradas en las celdas de los monasterios y centros de estudio, conoc&iacute;an poca historia o naturaleza, con escasa cantidad de materia y una disposici&oacute;n infinita a prolongar las afanosas redes de aprendizaje presentes en sus libros. Si para la inteligencia y la mente humanas la contemplaci&oacute;n de las criaturas de Dios y trabajar de acuerdo con este material es algo limitado, entonces, trabajar para s&iacute; mismo de la misma forma que la ara&ntilde;a entreteje su telara&ntilde;a, es interminable que les hace caer en las telara&ntilde;as del aprendizaje, admirable por la delicadeza de su trazado y laboriosidad, pero sin esencia o utilidad&rdquo; (F. Bacon. The Advancement of Learning. p. 26. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Aqu&iacute; tenemos la sana reacci&oacute;n ante el m&eacute;todo est&eacute;ril del idealismo que vuelve la espalda al mundo real, que convierte en reales los caprichos de su cabeza s&oacute;lo porque corresponden con prejuicios preconcebidos elevados a la categor&iacute;a de axiomas. En su lugar, Bacon nos anima a &ldquo;imitar la naturaleza que no hace nada en vano&rdquo; (Ib&iacute;d. p. 201). Resulta significativo que prefiera a Dem&oacute;crito, el atomista, antes que a Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. Bacon hablaba ir&oacute;nicamente del Artesano Supremo que se supon&iacute;a hab&iacute;a creado el mundo a partir de la nada, y le hac&iacute;a una pregunta pertinente:<\/p>\n<p>&ldquo;Pero si el gran artesano tuvo car&aacute;cter humano, entonces habr&iacute;a creado las estrellas con formas agradables y maravillosas, las habr&iacute;a ordenado como los desgastados tejados de las casas; es dif&iacute;cil que una encuentre acomodo en el cuadrado, tri&aacute;ngulo o l&iacute;nea recta, porque entre tal n&uacute;mero infinito se diferencia de la armon&iacute;a existente entre el esp&iacute;ritu del hombre y el esp&iacute;ritu de la naturaleza&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 133).<\/p>\n<p>Este es un punto muy importante, y uno que con frecuencia olvidan los cient&iacute;ficos y matem&aacute;ticos, quienes creen que sus ecuaciones representan la verdad &uacute;ltima. En la naturaleza no existen las formas perfectas, ni tri&aacute;ngulos, ni c&iacute;rculos, ni planos perfectos, s&oacute;lo existen objetos materiales y procesos reales, de los que estas representaciones ideales son s&oacute;lo toscas aproximaciones. Bacon comprendi&oacute; esto muy bien:<\/p>\n<p>&ldquo;De aqu&iacute; que los matem&aacute;ticos no puedan estar satisfechos excepto si reducen los movimientos de los cuerpos celestes a c&iacute;rculos perfectos, rechazando las l&iacute;neas espirales e intentando que no se les acuse de exc&eacute;ntricos. De aqu&iacute; que mientras hay muchas cosas en la naturaleza ya que era mon&oacute;dica, sui juris; entonces las reflexiones del hombre les hacen fingir sobre relatividades, paralelas y conjugados, aunque no sean tal cosa&rdquo;. (Ib&iacute;d.).<\/p>\n<p>Las generalizaciones abstractas en la ciencia, incluidas las matem&aacute;ticas, son s&oacute;lo &uacute;tiles en la medida que se corresponden con el mundo real y por lo tanto encuentran una aplicaci&oacute;n en &eacute;l. Incluso la generalizaci&oacute;n m&aacute;s fructuosa e ingeniosa, necesariamente, s&oacute;lo refleja la realidad de una forma parcial e imperfecta. El problema surge cuando los idealistas hacen pretensiones exageradas de sus teor&iacute;as y las elevan al rango de principio absoluto y esperan que la realidad se adapte a sus teor&iacute;as.<\/p>\n<p>La tendencia m&aacute;s reciente en la ciencia es la teor&iacute;a del caos, &eacute;sta representa un regreso, aunque en un nivel mucho m&aacute;s elevado, a la l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n de Bacon y los materialistas del Renacimiento, que volvieron a descubrir una tradici&oacute;n mucho m&aacute;s antigua, la tradici&oacute;n materialista griega de las escuelas j&oacute;nicas y atomistas. Bacon desarroll&oacute; su propia concepci&oacute;n materialista de la naturaleza, se basaba en la idea de que la materia estaba formada por part&iacute;culas dotadas con m&uacute;ltiples propiedades, y una de ellas era el movimiento, no s&oacute;lo se limit&oacute; al movimiento mec&aacute;nico tambi&eacute;n anticip&oacute; una hip&oacute;tesis brillante, que el calor era una forma de movimiento. Se considera el movimiento no s&oacute;lo un impulso externo o una fuerza mec&aacute;nica, se le considera una cualidad inherente de la materia, una forma de esp&iacute;ritu vital o tensi&oacute;n interior. Marx lo comprara con el t&eacute;rmino utilizado por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Jacob B&ouml;hme, &ldquo;Qual&rdquo;, t&eacute;rmino dif&iacute;cil de traducir, significa una tensi&oacute;n interna extrema o &ldquo;tortura&rdquo;. De esta forma, las formas primarias de la materia estar&iacute;an dotadas de movimiento y energ&iacute;a, casi como una fuerza viva. Hoy en d&iacute;a, utilizar&iacute;amos la palabra energ&iacute;a. Si comparamos estas ideas con las concepciones inertes, inexpresivas y mecanicistas que se hicieron durante el siguiente siglo, esta visi&oacute;n de la materia es rotundamente m&aacute;s moderna y se aproxima a la posici&oacute;n del materialismo dial&eacute;ctico.<\/p>\n<p>Esta &uacute;ltima observaci&oacute;n nos lleva al punto central. El verdadero significado de la filosof&iacute;a de Bacon fue se&ntilde;alar el camino hacia delante. Aunque incompleta, s&iacute; conten&iacute;a los g&eacute;rmenes de su futuro desarrollo, como explica Marx en La Sagrada Familia:<\/p>\n<p>&ldquo;En Bacon, su primer creador, el materialismo oculta a&uacute;n ingenuamente los g&eacute;rmenes de su desenvolvimiento universal. La materia sonr&iacute;e al hombre en todo su po&eacute;tico y sensual esplendor. Pero la misma doctrina afor&iacute;stica rebosa a&uacute;n de inconsecuencias teol&oacute;gicas&rdquo;. (Op. Cit. p. 146).<\/p>\n<p>La teor&iacute;a del conocimiento de Bacon era estrictamente emp&iacute;rica, como Duns Scotus, tambi&eacute;n negaba la existencia de los &ldquo;universales&rdquo;. Desarroll&oacute; el m&eacute;todo de razonamiento conocido como inducci&oacute;n que ya estaba presente en los trabajos de Arist&oacute;teles. Esta es una forma de estudiar experimentalmente las cosas, partimos de una serie de hechos aislados hasta llegar a las proposiciones generales. Como un ant&iacute;doto al idealismo est&eacute;ril de los escol&aacute;sticos, tambi&eacute;n representaba un paso adelante importante aunque contaba con serias limitaciones, que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;an en un obst&aacute;culo para el desarrollo del pensamiento. Es el principio de la particular aversi&oacute;n anglosajona hacia la teor&iacute;a, una tendencia al empirismo, el culto servil a los &ldquo;hechos&rdquo; y el rechazo a aceptar las generalizaciones que han dominado el pensamiento en Gran Breta&ntilde;a y por extensi&oacute;n en EEUU.<\/p>\n<p>Las limitaciones del m&eacute;todo estrictamente inductivo son evidentes. No importa la cantidad de hechos que se examinen, porque s&oacute;lo toma una excepci&oacute;n para socavar cualquier conclusi&oacute;n general que podamos extraer. Si hemos visto mil cisnes blancos y llegamos a la conclusi&oacute;n de que todos los cisnes son blancos, y despu&eacute;s vemos un cisne negro, entonces nuestra conclusi&oacute;n estar&iacute;a equivocada. Estas conclusiones son hipot&eacute;ticas, porque exigen m&aacute;s pruebas. La inducci&oacute;n, en &uacute;ltima instancia, es la base de todo conocimiento, porque todo lo que conocemos, al final, procede de la observaci&oacute;n del mundo objetivo y de la experiencia. Durante un largo per&iacute;odo de observaci&oacute;n, combinado con una actividad pr&aacute;ctica que nos permita demostrar la correcci&oacute;n o no de nuestras ideas, descubriremos toda una serie de relaciones esenciales que existen entre los fen&oacute;menos, y demuestran que tienen caracter&iacute;sticas comunes y pertenecen a un g&eacute;nero o especie en particular.<\/p>\n<p>Las generalizaciones a las que se llega despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de desarrollo humano, algunas de ellas consideradas axiomas, juegan un papel importante en el desarrollo del pensamiento y no se puede prescindir f&aacute;cilmente de ellas. El m&eacute;todo de pensamiento de la l&oacute;gica tradicional juega un papel importante, porque establece las reglas elementales que nos impiden llegar a contradicciones absurdas y nos permiten seguir una l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n consistente. El materialismo dial&eacute;ctico no considera que la inducci&oacute;n y la deducci&oacute;n sean incompatibles, cree que son aspectos diferentes del proceso de conocimiento dial&eacute;ctico, inseparablemente relacionados y que se condicionan mutuamente. <\/p>\n<p>El m&eacute;todo del conocimiento humano procede de lo particular a lo universal, y tambi&eacute;n de lo universal a lo particular. Por esa raz&oacute;n es incorrecto y unilateral contraponer una a la otra.<\/p>\n<p>A pesar de intentar hacer lo contrario, es imposible partir de los &ldquo;hechos&rdquo; sin tener ninguna concepci&oacute;n previa. Esta te&oacute;rica objetividad nunca ha existido ni existir&aacute;. Cuando nos aproximamos a un hecho, siempre tenemos nuestras concepciones y categor&iacute;as. Pueden ser conscientes o inconscientes, pero siempre est&aacute;n presentes. Aquellos que imaginan poder ser felices sin filosof&iacute;a, como ocurre con muchos cient&iacute;ficos, lo que hacen es repetir inconscientemente la filosof&iacute;a &ldquo;oficial&rdquo; existente y los prejuicios de la sociedad en la que viven. Por eso es indispensable que los cient&iacute;ficos y los pensadores luchen para elaborar un m&eacute;todo consistente de mirar el mundo, una filosof&iacute;a coherente que pueda convertirse en una herramienta adecuada para analizar las cosas y los procesos.<\/p>\n<p>En Introducci&oacute;n a la filosof&iacute;a de la historia, Hegel ridiculiza, correctamente, a todos aquellos historiadores (muy comunes en Gran Breta&ntilde;a) que pretenden limitarse a la realidad y para ello se ocultan tras una falsa fachada de &ldquo;objetividad acad&eacute;mica&rdquo;, mientras que dan rienda suelta a todos sus prejuicios:<\/p>\n<p>&ldquo;Mas la historia hemos de tomarla tal cual es; se impone que procedamos de un modo hist&oacute;rico, emp&iacute;rico. Entre otras cosas, no debemos dejarnos seducir por los historiadores profesionales, pues estos, en especial los alemanes, que gozan de gran autoridad, hacen lo mismo que echan en cara a los fil&oacute;sofos, a saber: introducir apri&oacute;ricas fantas&iacute;as en la historia (&#8230;) Como primera condici&oacute;n, podr&iacute;amos enunciar la de que captemos fielmente lo hist&oacute;rico; es en esas expresiones generales, como &lsquo;fiel&rsquo; y &lsquo;captar&rsquo;, donde se da el equ&iacute;voco. Incluso el historiador habitual y mediocre, que acaso opina tambi&eacute;n y afirma, se comporta s&oacute;lo receptivamente y abandon&aacute;ndose a lo dado; no permanece pasivo en su pensamiento, pues aporta sus categor&iacute;as y ve lo existente a trav&eacute;s de ellas.<\/p>\n<p>Especialmente en todo lo que debe ser cient&iacute;fico, no puede permanecer inactiva la raz&oacute;n y ha de ser empleada la reflexi&oacute;n. A quien considera el mundo como racional, tambi&eacute;n el mundo lo tiene a &eacute;l por racional: ambas cosas est&aacute;n en acci&oacute;n rec&iacute;proca. Pero los diversos modos propios de especulaci&oacute;n, de los criterios y de la apreciaci&oacute;n sobre la importancia o insignificancia de los hechos no son de este lugar&rdquo;. (Hegel. Filosof&iacute;a de la historia. Barcelona. Ediciones Zeus. 1971. pp. 39-40).<br \/> Las ideas de Bertrand Russell eran diametralmente puestas al materialismo dial&eacute;ctico, pero hace una cr&iacute;tica correcta de las limitaciones del empirismo, para ello sigue la misma l&iacute;nea de Hegel:<\/p>\n<p>&ldquo;En general la formaci&oacute;n de hip&oacute;tesis es la parte m&aacute;s dif&iacute;cil de la obra cient&iacute;fica y en la que es indispensable una gran habilidad. Hasta ahora, no se ha hallado ning&uacute;n m&eacute;todo que haga posible la invenci&oacute;n de hip&oacute;tesis por medio de reglas. Habitualmente, una hip&oacute;tesis es un preliminar necesario para la colecci&oacute;n de hechos, puesto que la selecci&oacute;n de &eacute;stos requiere algo previo que determine su importancia. Sin algo de esta clase, la mera multiplicidad de hechos es desconcertante&rdquo;. (B. Russell. Op. Cit. pp. 162-163)<\/p>\n<p>La escuela baconiana de pensamiento ejerci&oacute; una influencia contradictoria en los acontecimientos posteriores. Por un lado, al acentuar la necesidad de la observaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n, impuls&oacute; la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Por otro lado, permiti&oacute; el surgimiento de una estrecha perspectiva empirista que ha tenido un efecto negativo en el desarrollo del pensamiento filos&oacute;fico, sobre todo en Gran Breta&ntilde;a. En La dial&eacute;ctica de la naturaleza, Engels se&ntilde;ala la paradoja de esta escuela emp&iacute;rica que imaginaba haberse deshecho de una vez por todas de la metaf&iacute;sica, cuando en realidad, termin&oacute; aceptando todo tipo de ideas m&iacute;sticas.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;a ganado la batalla inmediata contra la religi&oacute;n. La ciencia se hab&iacute;a liberado de los lazos de la teolog&iacute;a que la hab&iacute;an mantenido esclavizada durante mucho tiempo. Ser&iacute;a la condici&oacute;n previa para que la ciencia diera un salto de gigante, consigui&oacute; m&aacute;s en un siglo que en los mil a&ntilde;os anteriores. Pero esta nueva perspectiva del mundo todav&iacute;a estaba poco desarrollada, y en general, se caracterizaba por un empirismo ingenuo y superficial, que todav&iacute;a no se hab&iacute;a alejado de una vez por todas de la religi&oacute;n y el idealismo. &ldquo;La emancipaci&oacute;n de las ciencias naturales respecto de la teolog&iacute;a comienza a partir de ah&iacute;, aunque la batalla entre determinadas formulaciones de unas y otra se arrastra hasta nuestros d&iacute;as, y en muchos cerebros no ha terminado a&uacute;n&rdquo; (Engels. Op. Cit. p. 29). <\/p>\n<p>Cien a&ntilde;os despu&eacute;s, a pesar de los avances inimaginables realizados por la ciencia y el conocimiento humano, todav&iacute;a no se ha ganado la batalla decisiva.<\/p>\n<p> <strong>La &eacute;poca de la inmutabilidad<\/strong><br \/> En el Renacimiento, como en la antig&uuml;edad, la filosof&iacute;a y la ciencia, que eran la misma cosa, se ve&iacute;a la naturaleza como una sola cosa, un conjunto interdependiente. Adelantaron hip&oacute;tesis brillantes, por ejemplo, sobre la naturaleza del universo, pero estas hip&oacute;tesis no se pod&iacute;an verificar o desarrollar debido a la situaci&oacute;n en la que se encontraban la tecnolog&iacute;a y la producci&oacute;n.<\/p>\n<p>S&oacute;lo con el nacimiento del capitalismo, y en particular con la revoluci&oacute;n industrial, fue posible investigar detalladamente el funcionamiento de la naturaleza en sus distintas manifestaciones. Este acontecimiento alter&oacute; profundamente la forma de mirar al mundo:<\/p>\n<p>&ldquo;Una verdadera ciencia de la naturaleza no data propiamente sino de la segunda mitad del siglo XV, y a partir de entonces ha hecho progresos con velocidad siempre creciente. La descomposici&oacute;n de la naturaleza en sus partes particulares, el aislamiento de los diversos procesos y objetos naturales en determinadas clases especiales, la investigaci&oacute;n del interior de los cuerpos org&aacute;nicos seg&uacute;n sus muy diversas conformaciones anat&oacute;micas, fue la condici&oacute;n fundamental de los progresos gigantescos que nos han aportado los &uacute;ltimos cuatrocientos a&ntilde;os al conocimiento de la naturaleza. Por todo ello nos ha legado tambi&eacute;n la costumbre de concebir las cosas y los procesos naturales en su aislamiento, fuera de la gran conexi&oacute;n de conjunto. No en su movimiento, por tanto, sino en su reposo; no como entidades esencialmente cambiantes, sino como subsistencias firmes; no en su vida, sino en su muerte. Y al pasar ese modo de concepci&oacute;n de la ciencia natural a la filosof&iacute;a, como ocurri&oacute; por obra de Bacon y Locke, cre&oacute; en ella la espec&iacute;fica limitaci&oacute;n de pensamiento de los &uacute;ltimos siglos, el modo metaf&iacute;sico de pensar&rdquo;. (Engels. Anti D&uuml;hring. p. 21)<\/p>\n<p>En los escritos de Thomas Hobbes (1588-1679), el materialismo de Bacon se desarrolla de una forma sistem&aacute;tica. Hobbes vivi&oacute; en un per&iacute;odo de revoluci&oacute;n. Era un mon&aacute;rquico convencido que experiment&oacute; de primera mano el vendaval de la guerra civil inglesa. La inminente victoria del Parlamento le oblig&oacute; a huir a Francia, donde se encontr&oacute; y coincidi&oacute; con Descartes. Sus convicciones mon&aacute;rquicas le llevaron a simpatizar con los mon&aacute;rquicos exiliados entre los que vivi&oacute; (durante un tiempo ense&ntilde;&oacute; matem&aacute;ticas al pr&iacute;ncipe Carlos). Pero como le ocurri&oacute; a Hegel, sus ideas pol&iacute;ticas conservadoras no le impidieron que su filosof&iacute;a fuera considerada sospechosa por las autoridades, la ideas de Hobbes eran demasiado radicales para sus contempor&aacute;neos. El tono materialista que utiliza en el Leviat&aacute;n, publicado en 1651, provoc&oacute; la ira de la Iglesia y del gobierno franc&eacute;s, al mismo tiempo, sus teor&iacute;as sociales ofend&iacute;an a los exiliados brit&aacute;nicos debido a su racionalismo. Hobbes tuvo que huir a Gran Breta&ntilde;a, all&iacute; Cromwell le dio la bienvenida, siempre y cuando se abstuviera de cualquier actividad pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>La restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica despu&eacute;s de la muerte de Cromwell, lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de numerosas restricciones de la libertad intelectual. Se expuls&oacute; a los baconianos Oxford y Cambridge y estos centros perdieron su car&aacute;cter cient&iacute;fico. Desde 1662 a 1695 existi&oacute; una censura f&eacute;rrea. Hobbes tem&iacute;a que los obispos le intentaran quemar en la hoguera por ser sospechoso de ate&iacute;smo, incluso se mencion&oacute; esta cuesti&oacute;n en un informe parlamentario. Su libro Behemont no pudo ver la luz en 1679. Desde ese momento no pudo publicar nada importante en Inglaterra por temor a la represi&oacute;n eclesi&aacute;stica.<\/p>\n<p>No es dif&iacute;cil de entender porqu&eacute; se gan&oacute; esta reputaci&oacute;n. Desde la primera p&aacute;gina de su Leviat&aacute;n, proclama con un esp&iacute;ritu intransigente la doctrina materialista. Para &eacute;l no existe absolutamente nada en la mente humana que no tenga su origen en los sentidos:<\/p>\n<p>&ldquo;Por lo que respecta a los pensamientos del hombre, quiero considerarlos en primer t&eacute;rmino singularmente, y luego en su conjunto, es decir, en su dependencia mutua.<br \/> Singularmente, cada uno de ellos es una representaci&oacute;n o apariencia de cierta cualidad o de otro accidente de un cuerpo exterior a nosotros, de lo que com&uacute;nmente llamados objeto. Dicho objeto act&uacute;a sobre los ojos, o&iacute;dos y otras partes del cuerpo humano, y por su diversidad de actuaci&oacute;n producto diversidad de apariencias.<br \/> El origen de todo ello es lo que llamamos sensaci&oacute;n (en efecto: no existe ninguna concepci&oacute;n en el intelecto humano que antes no haya sido recibida, totalmente o en parte, por los &oacute;rganos de los sentidos). Todo lo dem&aacute;s deriva de este elemento primordial&rdquo;. (T. Hobbes. Del ciudadano y Leviat&aacute;n. Madrid. Editorial Tecnos. 1999. P. 49).<br \/> En otra parte, llega a atribuir los or&iacute;genes de la religi&oacute;n a las supersticiones primitivas que surgen de fen&oacute;menos como los sue&ntilde;os, aunque, por razones obvias, limita la aplicaci&oacute;n de esta idea a las &iexcl;religiones no cristianas!<\/p>\n<p>&ldquo;De esta ignorancia para distinguir los ensue&ntilde;os y otras fantas&iacute;as, de la visi&oacute;n y de las sensaciones, surgieron en su mayor parte de las creencias religiosas de los gentiles, en los tiempos pasados, cuando se adora a s&aacute;tiros, faunos, ninfas y otras ficciones por el estilo; tal es, tambi&eacute;n, ahora, el origen del concepto que la gente vulgar tiene hadas, fantasmas y duendes, as&iacute; como del poder de las brujas&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 56).<\/p>\n<p>Siguiendo los pasos de Bacon, Hobbes apela directamente a la naturalezacomo la fuente de todo conocimiento:<\/p>\n<p>&ldquo;La Naturaleza misma no puede equivocarse: pero como los hombres abundan en copiosas palabras, pueden hacerse m&aacute;s sabios o m&aacute;s malvados que de ordinario. Tampoco es posible sin letras, para ning&uacute;n hombre, llegar a ser extraordinariamente sabio o extraordinariamente loco (a menos que su memoria est&eacute; atacada por la enfermedad, o por defectos de constituci&oacute;n de los &oacute;rganos). Usan los hombres sabios las palabras para sus propios c&aacute;lculos, y razonan con ellas: pero hay multitud de locos que las eval&uacute;an por la autoridad de un Arist&oacute;teles, de un Cicer&oacute;n o de un Tom&aacute;s, o de otro doctor cualquiera, hombre en definitiva&rdquo;. (Ib&iacute;d. pp. 69- 70).<br \/> Y como Bacon y Duns Scotus, sigue la tradici&oacute;n del nominalismo, negando la existencia de los universales excepto en el lenguaje.<\/p>\n<p>&ldquo;De todos los nombres, algunos son propios y peculiares de una sola cosa, como Pedro, Juan, este hombre, este &aacute;rbol: algunos, comunes a diversas cosas, como hombres, caballo, animal. A&uacute;n cuando cada uno de estos sea un nombre, es, no obstante nombre de diversas cosas particulares; consideradas todas en conjunto constituyen lo que se llama un universal. Nada hay universal en el mundo m&aacute;s que los hombres, porque cada una de las cosas denominadas es individual y singular&rdquo; (Ib&iacute;d. p. 66).<\/p>\n<p>En comparaci&oacute;n con Bacon, el m&eacute;todo de Hobbes es m&aacute;s elaborado, aunque al mismo tiempo, es parcial, r&iacute;gido, en una palabra, mecanicista. Esto no era casualidad, por que la ciencia, que hab&iacute;a avanzado m&aacute;s r&aacute;pidamente que la &eacute;poca, era una ciencia mec&aacute;nica. Cada vez m&aacute;s, todo el funcionamiento del mundo se ve&iacute;a de una forma mec&aacute;nica. Para Hobbes la sociedad era como el cuerpo humano, y &eacute;ste, a su vez, era s&oacute;lo una m&aacute;quina.<\/p>\n<p>&ldquo;La naturaleza (el arte con que Dios ha hecho y gobierna el mundo) est&aacute; imitada de tal modo, como en otras muchas cosas, por el arte del hombre que &eacute;ste puede crear un animal artificial. Y siendo la vida un movimiento de miembros cuya iniciaci&oacute;n se halla en alguna parte principal de los mismos, &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;amos decir que todos los aut&oacute;matas (artefactos que mueven a s&iacute; mismos por medio de resortes y ruedas, como lo hace el reloj) tienen una vida artificial? &iquest;Qu&eacute; es en realidad el coraz&oacute;n sino un resorte; y los nervios, que son sino diversas fibras; y las articulaciones, sino varias ruedas que dan movimiento al cuerpo entero tal como el Art&iacute;fice se lo propuso? El arte va a&uacute;n m&aacute;s lejos, imitando esta obra racional que es la m&aacute;s excelsa de la naturaleza: el hombre. En efecto: gracias al arte se crea ese gran Leviat&aacute;n que llamamos rep&uacute;blica o Estado (en lat&iacute;n, civitas) que no es sino un hombre artificial&rdquo;. (Ib&iacute;d. pp. 45-46)<\/p>\n<p>Marx resume la contribuci&oacute;n de Hobbes en el siguiente pasaje de La sagrada familia:<br \/> &ldquo;Partiendo de Bacon, Hobbes formula el razonamiento siguiente: Si la materialidad proporciona al hombre todos sus conocimientos, entonces la intuici&oacute;n, la idea, la representaci&oacute;n, etc., no son m&aacute;s que fantasmas del mundo material m&aacute;s o menos despojados de su forma sensible. La ciencia s&oacute;lo puede dar un nombre a estos fen&oacute;menos. Un solo y mismo nombre puede aplicarse a varios fantasmas. Incluso puede haber nombre de nombres. Pero ser&iacute;a contradictorio afirmar por una parte que todas las ideas tienen su origen en el mundo material y sostener por otra parte que una palabra es m&aacute;s que una palabra y que, adem&aacute;s de los seres representados, siempre individuales, existen tambi&eacute;n seres generales. Una substancia inmaterial es no menos contradictoria que un cuerpo inmaterial. Cuerpo, ser, substancia, con una sola y misma idea real. No puede separase el pensamiento de una materia que piensa. Ella es el sujeto de todos los cambios. La palabra infinito no tiene sentido, a no ser que signifique la capacidad de nuestro esp&iacute;ritu de adicionar sin fin. Como s&oacute;lo lo material puede ser objeto de la percepci&oacute;n y del saber, nada sabemos de la existencia de Dios. S&oacute;lo es cierto mi propia existencia. Toda pasi&oacute;n humana es un movimiento mec&aacute;nico que empieza o termina. Los objetos de los impulsos son el bien. El hombre est&aacute; sometido a las mismas leyes que la naturaleza. Poder y libertad son id&eacute;nticos&rdquo;. (Marx y Engels. Op. Cit. p. 146).<\/p>\n<p>La visi&oacute;n mecanicista del mundo, en un sentido, representa un paso atr&aacute;s con relaci&oacute;n a Bacon. &ldquo;La materialidad pierde su flor y se convierte en la materialidad abstracta del ge&oacute;metra. El movimiento f&iacute;sico es sacrificado al movimiento mec&aacute;nico o matem&aacute;tico; la geometr&iacute;a es proclamada la ciencia fundamental. El materialismo se torna mis&aacute;ntropo a fin de poder vencer en su propio terreno al esp&iacute;ritu mis&aacute;ntropo e inmaterial, el materialismo ha de martirizar su propia carne y volverse asceta. As&iacute; se presenta como un ente de raz&oacute;n, pero desarrolla igualmente la l&oacute;gica inexorable de la inteligencia&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 146). Este tipo de materialismo mec&aacute;nico fue el que predomin&oacute; durante el pr&oacute;ximo siglo y medio en Gran Breta&ntilde;a y Francia.<\/p>\n<p>John Locke (1632-1704) sigui&oacute; el mismo camino que Hobbes, cre&iacute;a que la experiencia es la &uacute;nica fuente de ideas. A &eacute;l pertenece la c&eacute;lebre m&aacute;xima: nihil est in intellectu, quod non prius fuit in sensu (no hay nada en el intelecto que no se derive de los sentidos). Fue Locke, con su Ensayo sobre el entendimiento humano, quien suministr&oacute; la raz&oacute;n para el principio fundamental de Bacon, el origen de todo el conocimiento y las ideas humanas se encontraba en el mundo material que nos llega a trav&eacute;s de nuestra percepci&oacute;n sensorial. Es el filosofo del razonable sentido com&uacute;n: &ldquo;Locke hab&iacute;a fundado la filosof&iacute;a del buen sentido, es decir, estableci&oacute; por un rodeo que no exist&iacute;a una filosof&iacute;a distinta del buen sentido y de la raz&oacute;n descansando en el sentido com&uacute;n&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 147). La &ldquo;Raz&oacute;n&rdquo; dec&iacute;a, &ldquo;debe ser nuestro juez y gu&iacute;a en todo&rdquo;. La obra de Locke fue traducida al franc&eacute;s, e inspir&oacute; a Condillac y otros para lanzar la escuela francesa de filosof&iacute;a materialista, que prepar&oacute; intelectualmente, el terreno para la revoluci&oacute;n de 1789-93.<\/p>\n<p> <strong>El avance de la ciencia<\/strong><br \/> Desde el final del siglo XVII hasta principios del siglo XVIII, el mundo de la ciencia experiment&oacute; una transformaci&oacute;n total, gracias a las conquistas del per&iacute;odo anterior. En Inglaterra, la victoria de la burgues&iacute;a en la Guerra Civil y el posterior compromiso de una monarqu&iacute;a constitucional despu&eacute;s de 1688, crearon unas condiciones relativamente m&aacute;s libres para el desarrollo de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Al mismo tiempo, el crecimiento del comercio y la manufactura crearon la necesidad de desarrollar una tecnolog&iacute;a m&aacute;s avanzada y el capital necesario para pagarla. Fue un per&iacute;odo sin precedentes de innovaci&oacute;n y progreso cient&iacute;fico.<\/p>\n<p>Los pasos delante de la &oacute;ptica hicieron posible la invenci&oacute;n del microscopio. En Francia, Gassendi recuper&oacute; las teor&iacute;as at&oacute;micas de Dem&oacute;crito y Epicuro. En Alemania, Von Guericke invent&oacute; la bomba de aire. Robert Boyle consigui&oacute; grandes avances en qu&iacute;mica. Los descubrimientos de Cop&eacute;rnico, Brahe, Kepler, Galileo y Huygens prepararon el terreno para la revoluci&oacute;n newtoniana en la astronom&iacute;a, por otra parte necesaria porque la navegaci&oacute;n exig&iacute;a m&aacute;s seguridad. En esa &eacute;poca, la ciencia estaba dominada por el m&eacute;todo mecanicista, es decir, hab&iacute;a que interpretar los fen&oacute;menos naturales con relaci&oacute;n a su forma, tama&ntilde;o, posici&oacute;n, medidas y movimiento de corp&uacute;sculos, y hab&iacute;a que explicar su comportamiento, exclusivamente, en cuanto a su contacto con otras part&iacute;culas.<\/p>\n<p>El principal exponente de la nueva ciencia fue Isaac Newton (1643-1727), que se convertir&iacute;a en presidente de la Royal Society en 1703, y ejerci&oacute; una influencia colosal no s&oacute;lo en la ciencia, tambi&eacute;n en la filosof&iacute;a y en la forma de pensar de todo el per&iacute;odo en el que vivi&oacute; y mucho tiempo despu&eacute;s. El poeta Alexander Poppe resume en un poema la actitud aduladora que ten&iacute;an los ingleses contempor&aacute;neos hacia Newton:<\/p>\n<p>&ldquo;La naturaleza y sus leyes estaban en la oscuridad: Dios dijo &lsquo;que sea Newton&rsquo;, y se hizo la luz&rdquo;<\/p>\n<p>Newton naci&oacute; en 1642 el d&iacute;a de Navidad, el mismo a&ntilde;o en que muri&oacute; Galileo y estall&oacute; la guerra civil entre Carlos I y el Parlamento. En 1867, public&oacute; su famoso Principia Mathematica, donde inclu&iacute;a las leyes del movimiento: ley de la inercia, ley de la proporcionalidad de la fuerza y el movimiento, ley de la igualdad de acci&oacute;n y reacci&oacute;n, de las que se derivan los principios b&aacute;sicos de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica. Tambi&eacute;n propuso y demostr&oacute; su teor&iacute;a de la gravitaci&oacute;n universal. Esta teor&iacute;a representa la ruptura definitiva con el viejo dibujo del mundo de Arist&oacute;teles y Tolomeo. En lugar de esferas celestes dirigidas por &aacute;ngeles, Newton propuso un esquema del universo que funcionaba seg&uacute;n las leyes de la mec&aacute;nica, sin la necesidad de una interpretaci&oacute;n divina, excepto, por el impulso inicial necesario para poner todo el conjunto en movimiento.<\/p>\n<p>Newton era un producto t&iacute;pico de la escuela emp&iacute;rica inglesa y prefiri&oacute; no hacer preguntas sobre el papel del Todopoderoso en su universo mec&aacute;nico. Por su parte, el establishment religioso, personificado en el Obispo Sprat, tuvo que reconocer lo inevitable y propuso un compromiso con la ciencia, igual que el acuerdo entre el rey Guillermo y el Parlamento, el compromiso dur&oacute; aproximadamente un siglo, hasta que llegaron los descubrimientos de Darwin. La necesidades del capitalismo garantizaron que se dejara en paz a la ciencia y que &eacute;sta pudiera continuar con su trabajo.<\/p>\n<p> Igual que los grandes pensadores del Renacimiento, los cient&iacute;ficos de la &eacute;poca de Newton en su mayor&iacute;a eran hombres dotados de amplia visi&oacute;n cient&iacute;fica. El propio Newton no fue s&oacute;lo astr&oacute;nomo, tambi&eacute;n fue matem&aacute;tico, &oacute;ptico, mec&aacute;nico e incluso qu&iacute;mico. Su contempor&aacute;neo y amigo, Robert Hook, no solo fue el f&iacute;sico experimental m&aacute;s grande antes de Faraday, tambi&eacute;n fue qu&iacute;mico, matem&aacute;tico, bi&oacute;logo e inventor, comparti&oacute; con Papin el honor de preparar el camino para la m&aacute;quina de vapor.<\/p>\n<p> <strong>La invenci&oacute;n del c&aacute;lculo<\/strong><br \/> El descubrimiento del c&aacute;lculo infinitesimal, que revolucion&oacute; las matem&aacute;ticas, fue atribuido a Newton y a Leibniz. Es posible que ambos llegaran por separado a la misma conclusi&oacute;n. Newton, en su M&eacute;todo de las fluxiones, concibe la l&iacute;nea como una &ldquo;cantidad en movimiento&rdquo; (el &ldquo;fluente&rdquo;), la velocidad por medio de la cual &ldquo;fluye&rdquo; es descrita como su fluxi&oacute;n. Newton hace referencia a un &ldquo;momento&rdquo;, de una duraci&oacute;n infinitamente peque&ntilde;a, en el cual, el fluente aumentar&aacute; en un tiempo infinitamente peque&ntilde;o. Esta idea represent&oacute; una ruptura total con el m&eacute;todo tradicional de las matem&aacute;ticas, que exclu&iacute;a completamente los conceptos infinito e infinitesimal, se supon&iacute;a que no exist&iacute;an.<\/p>\n<p>Ahora, el m&eacute;todo de Newton permit&iacute;a a los matem&aacute;ticos ocuparse por primera vez del movimiento. Newton habla de las &ldquo;matem&aacute;ticas del movimiento y el crecimiento&rdquo;. Este instrumento le permiti&oacute; formular las leyes del movimiento planetario descubiertas por Kepler como las leyes generales del movimiento y la materia.<br \/> El descubrimiento del c&aacute;lculo infinitesimal result&oacute; fundamental para el desarrollo de la ciencia. En la medida que implicaba una contradicci&oacute;n, r&aacute;pidamente provoc&oacute; una controversia que durar&iacute;a mucho tiempo. El primer detractor del c&aacute;lculo no fue otro que el obispo Berkeley, quien rechaz&oacute; el uso de cantidades infinitesimalmente peque&ntilde;as. Para &eacute;l, el c&aacute;lculo entraba en contradicci&oacute;n con la l&oacute;gica y por lo tanto, era inaceptable. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; son estas fluxiones?&rdquo;, se preguntaba, &ldquo;Las velocidades de aumentos ef&iacute;meros. Y, &iquest;qu&eacute; son estos aumentos ef&iacute;meros? No son cantidades finitas y tampoco son cantidades infinitamente peque&ntilde;as, por lo tanto, no son nada. <br \/>Quiz&aacute; podr&iacute;amos llamarles fantasmas de cantidades pasadas&rdquo;. (Citado por Hooper. Op. Cit. p. 322. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>De nuevo nos encontramos con la principal limitaci&oacute;n del m&eacute;todo de la l&oacute;gica formal. Su premisa b&aacute;sica es la supresi&oacute;n de toda contradicci&oacute;n. Pero el movimiento es una contradicci&oacute;n, es estar y no estar en el mismo lugar y al mismo tiempo. Hegel, en el primer volumen de Ciencia de la L&oacute;gica, trata en detalle el c&aacute;lculo diferencial y el integral, y demuestra que se ocupa de magnitudes en proceso de desaparici&oacute;n, no antes, cuando son magnitudes infinitas y no despu&eacute;s, cuando son nada, se trata de magnitudes que est&aacute;n y no est&aacute;n. Evidentemente estas ideas entran en contradicci&oacute;n con las leyes de la l&oacute;gica formal y l&oacute;gicamente, provocaron la indignaci&oacute;n de los l&oacute;gicos y matem&aacute;ticos ortodoxos. A pesar de los obst&aacute;culos, los nuevos matem&aacute;ticos consiguieron resultados brillantes y lograron resolver problemas que hasta ese momento no hab&iacute;an conseguido solucionar los m&eacute;todos tradicionales. Cuando Newton public&oacute; el Principia, lo tuvo que rehacer y darle la forma de la geometr&iacute;a cl&aacute;sica griega, y as&iacute; encubrir que hab&iacute;a utilizado para sus c&aacute;lculos este nuevo m&eacute;todo.<\/p>\n<p>Newton tambi&eacute;n adelant&oacute; la teor&iacute;a corpuscular de la luz, en ella dec&iacute;a que la luz se descompon&iacute;a en min&uacute;sculos corp&uacute;sculos proyectados a trav&eacute;s del espacio por los cuerpos luminosos. A principios del siglo XIX, esta teor&iacute;a se abandon&oacute; en favor de la teor&iacute;a ondulatoria de Huygen, vinculada a la idea del &ldquo;&eacute;ter&rdquo;, un hipot&eacute;tico medio sin peso e invisible, que como ocurre con la &ldquo;materia oscura&rdquo; de nuestros astr&oacute;nomos modernos, no pod&iacute;a ser detectado por nuestros sentidos, supuestamente trascend&iacute;a por el espacio y llenaba los huecos existentes entre el aire y el resto de materia.<\/p>\n<p>Esta teor&iacute;a, hasta 1900 parec&iacute;a explicar todo lo que se conoc&iacute;a sobre el fen&oacute;meno de la luz, entonces, Max Planck propuso la idea de que la luz se transmit&iacute;a en peque&ntilde;os paquetes de energ&iacute;a o &ldquo;cuantos&rdquo;. As&iacute;, se revitaliz&oacute; la antigua teor&iacute;a newtoniana de las part&iacute;culas, aunque con una gran diferencia. Se descubri&oacute; que las part&iacute;culas subat&oacute;micas se comportaban como ondas y tambi&eacute;n como part&iacute;culas. Este concepto en s&iacute; tan contradictorio e &ldquo;il&oacute;gico&rdquo;, escandaliz&oacute; a los l&oacute;gicos formales, como ocurri&oacute; en el pasado con el c&aacute;lculo diferencial e integral. Finalmente, tuvieron que aceptarla de mala gana, sencillamente, porque como ocurri&oacute; con el c&aacute;lculo, la teor&iacute;a cont&oacute; con el respaldo de los resultados pr&aacute;cticos. En cada giro decisivo vemos el mismo choque entre los avances reales de la ciencia y los obst&aacute;culos que encuentra en su camino debido a formas anticuadas del pensamiento.<\/p>\n<p>No existe duda alguna de la contribuci&oacute;n revolucionaria de Newton a la ciencia, aunque su legado tenga sus ventajas e inconvenientes. La adulaci&oacute;n acr&iacute;tica que en vida recibi&oacute; en Inglaterra, oscureci&oacute; el papel tan importante de sus contempor&aacute;neos, como Hooke, que public&oacute; su Principia siete a&ntilde;os antes, aunque sin el respaldo matem&aacute;tico necesario, o Leibniz, el fil&oacute;sofo alem&aacute;n que probablemente fue el aut&eacute;ntico descubridor del c&aacute;lculo. Algunas de las teor&iacute;as newtonianas ya fueron propuestas mucho antes por Galileo y Kepler. Su contribuci&oacute;n m&aacute;s importante fue la sistematizaci&oacute;n y resumen de los descubrimientos del per&iacute;odo anterior, darles una forma general y respaldarlos con c&aacute;lculos matem&aacute;ticos.<\/p>\n<p>El aspecto negativo de la enorme autoridad de Newton, es que permiti&oacute; el surgimiento de una nueva ortodoxia que inhibi&oacute; durante mucho tiempo el pensamiento cient&iacute;fico. &ldquo;Su capacidad era tan grande y su sistema tan perfecto que desalent&oacute; de un modo positivo el progreso cient&iacute;fico durante un siglo, o lo permiti&oacute; &uacute;nicamente en terrenos que &eacute;l no hab&iacute;a explorado&rdquo;. (J. D. Bernal. Op. Cit. p. 372). Los l&iacute;mites de la escuela empirista inglesa se resumen en su c&eacute;lebre frase: hypothesis non fingo (yo no hago hip&oacute;tesis). Esta m&aacute;xima se convertir&iacute;a en el grito de batalla del empirismo, y que no tiene nada que ver con el m&eacute;todo cient&iacute;fico actual, ni siquiera con el m&eacute;todo de Newton, por ejemplo, en el campo de la &oacute;ptica realiz&oacute; &ldquo;numerosas conjeturas como son las causas f&iacute;sicas de la &oacute;ptica y otros fen&oacute;menos, e incluso, en parte, llego a proponerlas como hechos&rdquo; (Forbes y Dijksterhaus. Op. cit. Vol. 1. P. 247. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Los avances de la ciencia fueron enormes. Este per&iacute;odo leg&oacute; una visi&oacute;n general del mundo conservadora. La perspectiva est&aacute;tica y mec&aacute;nica domin&oacute; la mente de los hombres durante generaciones, como se&ntilde;ala Engels:<\/p>\n<p>&ldquo;Pero lo que caracteriza en particular a ese per&iacute;odo es la elaboraci&oacute;n de una peculiar concepci&oacute;n general, cuyo punto central es la noci&oacute;n de la absoluta inmutabilidad de la naturaleza. Sea cual fuere la manera en que lleg&oacute; a existir esta &uacute;ltima, una vez existente se manten&iacute;a tal como era mientras continuase existiendo. Los planetas y los sat&eacute;lites, despu&eacute;s de ser puestos en movimiento por el misterioso &lsquo;primer impulso&rsquo;, segu&iacute;an girando en sus elipses predeterminadas para toda la eternidad, i por lo menos hasta el final de todas las cosas. Las estrellas se manten&iacute;an fijas e inm&oacute;viles para siempre en sus lugares, y unas a otras se conservaban en la eternidad, o desde el primer d&iacute;a de su creaci&oacute;n, como se quiera. Los &lsquo;cinco continentes&rsquo; de la actualidad existieron siempre, y siempre tuvieron las mismas monta&ntilde;as, valles y r&iacute;os, el mismo clima, la misma flora y fauna, salvo en los casos en que se hubiera producido cambios o transplantes por mano del hombre. Cuando nacieron, las especies de plantas y animales quedaron establecidas para siempre; lo igual produc&iacute;a continuamente lo igual, y ya era mucho para Linneo el admitir la posibilidad de que aqu&iacute; y all&aacute; hubiesen surgido nuevas especies por cruzamiento. En contraste con la historia de la humanidad, que se desarrolla en el tiempo, a la naturaleza se le asignaba s&oacute;lo un despliegue en el espacio. Se le negaba todo cambio, todo desarrollo. Las ciencias naturales, tan revolucionarias al principio, se vieron de pronto ante una naturaleza desde todo punto d vista conservadora, en la cual todo era hoy como hab&iacute;a sido al comienzo y en la que -hasta el fin del mundo, o por toda la eternidad- todo seguir&iacute;a siendo como fue antes&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. pp. 29-30).<\/p>\n<p><strong>La decadencia del empirismo<\/strong><br \/> Mientras que el materialismo de Bacon reflejaba la esperanza, una mirada hacia delante del Renacimiento y la reforma, la filosof&iacute;a de finales del siglo XVII y principios del XVIII se form&oacute; en un clima diferente. En Inglaterra, los ricos y poderosos quedaron conmocionados durante la guerra civil y sus &ldquo;excesos&rdquo;.<br \/> Despu&eacute;s de quebrantar el poder de la monarqu&iacute;a absolutista, la burgues&iacute;a ya no necesitaba los servicios de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a revolucionaria y de las capas m&aacute;s bajas de la sociedad, las tropas de choque de Cromwell que hab&iacute;an comenzado a reivindicar sus propias demandas independientes, no s&oacute;lo en el terreno de la religi&oacute;n, tambi&eacute;n con relaci&oacute;n a la existencia de la propiedad privada.<\/p>\n<p>El propio Cromwell aplast&oacute; a la izquierda, representada por levellers y diggers, pero los ricos comerciantes presbiterianos de Londres no se sintieron seguros hasta despu&eacute;s de la muerte de Cromwell, ellos hab&iacute;an invitado al pr&iacute;ncipe Carlos a que regresara de Francia. El compromiso con los Estuardo no dur&oacute; mucho tiempo y la burgues&iacute;a tuvo que echar del trono a Jaime, el sucesor de Carlos. Pero esta vez no hubo llamamiento a las masas, recurrieron a los servicios del protestante holand&eacute;s Guillermo de Orange, &eacute;ste tom&oacute; posesi&oacute;n del trono ingl&eacute;s con la condici&oacute;n de que aceptara el poder del parlamento. Este acuerdo es conocido como la &ldquo;Revoluci&oacute;n Gloriosa&rdquo; (aunque no tuvo nada que ver con el nombre) y estableci&oacute; de una vez por todas el poder de la burgues&iacute;a en Inglaterra.<\/p>\n<p>La &eacute;poca estuvo caracterizada por un r&aacute;pido crecimiento del comercio y la industria, acompa&ntilde;ado de gigantescos avances en la ciencia. Sin embargo, en el reino de la filosof&iacute;a no se consiguieron grandes resultados. Estos per&iacute;odos no son conducentes a amplias generalizaciones filos&oacute;ficas. &ldquo;Los nuevos tiempos&rdquo;, escrib&iacute;a Plej&aacute;nov, &ldquo;van acompa&ntilde;ados de nuevas aspiraciones y &eacute;stas provocan la aparici&oacute;n de nuevas filosof&iacute;as&rdquo;. La &eacute;poca revolucionaria heroica hab&iacute;a pasado, la nueva clase dirigente ya no quer&iacute;a o&iacute;r hablar de este tipo de cosas.<\/p>\n<p>Incluso bautiz&oacute; la aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n que hab&iacute;a quebrantado el poder de sus enemigos, ahora se llamaba &ldquo;la gran rebeli&oacute;n&rdquo;. Los ricos se guiaban por estrechas consideraciones pr&aacute;cticas y miraban con recelo la teor&iacute;a, a pesar de todo impulsaron la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que tuvo consecuencias pr&aacute;cticas, traducibles en libras, chelines y peniques. Este esp&iacute;ritu ego&iacute;sta impregn&oacute; todo el pensamiento filos&oacute;fico de la &eacute;poca, al menos en Inglaterra, animada s&oacute;lo por las obras sat&iacute;ricas de Swift y Sheridan.<\/p>\n<p>La nueva evoluci&oacute;n del empirismo revelaba su car&aacute;cter limitado que termin&oacute; llevando a la filosof&iacute;a anglosajona a un cul-de-sac del que todav&iacute;a no ha conseguido salir. Este aspecto negativo del &ldquo;sensacionalismo&rdquo; ya era evidente en los escritos de David Hume (1711-1776) y George Berkeley (1685- 1753). Este &uacute;ltimo fue obispo de Cloyne en Irlanda y vivi&oacute; al final de un per&iacute;odo tormentoso cuando Irlanda hab&iacute;a entrado en el torbellino de la guerra civil de Inglaterra y los subsiguientes alzamientos religiosos y din&aacute;sticos que terminaron en la &ldquo;revoluci&oacute;n gloriosa&rdquo; y la batalla de Boyne, la lucha entre un pretendiente ingl&eacute;s y otro holand&eacute;s termin&oacute; con una traici&oacute;n a los intereses del pueblo irland&eacute;s.<\/p>\n<p>Berkeley reflejaba el ambiente dominante de conservadurismo filos&oacute;fico, estaba obsesionado con la necesidad de luchar contra las que consideraba tendencias subversivas en la ciencia contempor&aacute;nea y que representaban una amenaza para la religi&oacute;n. Era un pensador astuto, aunque no original, y pronto comprendi&oacute; que era posible aprovechar el aspecto d&eacute;bil del materialismo de la &eacute;poca para transformarlo exactamente en su contrario. Esta tarea la realiz&oacute; con bastante efectividad en su obra m&aacute;s importante, Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1734).<\/p>\n<p>Tom&oacute; como punto de partida las premisas filos&oacute;ficas de Locke e intent&oacute; demostrar que el mundo material no exist&iacute;a. La teor&iacute;a empirista del conocimiento de Locke empieza con una proposici&oacute;n evidente: &ldquo;Interpreto el mundo a trav&eacute;s de mis sentidos&rdquo;. Adem&aacute;s hay que a&ntilde;adir la tambi&eacute;n evidente proposici&oacute;n: el mundo existe independientemente de mis sentidos y las impresiones que me proporcionan mis sentidos proceden del mundo material externo a mi. Si no aceptamos esta proposici&oacute;n, entonces r&aacute;pidamente entraremos en el grotesco terreno del misticismo e idealismo subjetivo.<\/p>\n<p>Berkeley era consciente de que una posici&oacute;n materialista consistente terminar&iacute;a derrotando a la religi&oacute;n. Recelaba profundamente de la nueva ciencia porque parec&iacute;a no dejar lugar para el Creador. Newton se consideraba creyente, pero su concepci&oacute;n del universo como un vasto sistema de cuerpos en movimiento actuando de acuerdo con las leyes de la mec&aacute;nica, disgustaba profundamente al obispo. &iquest;D&oacute;nde quedaba Dios? La realidad es que Newton asign&oacute; al Todopoderoso la tarea de dar el empuj&oacute;n inicial a partir del cual todo comenz&oacute;, pero despu&eacute;s &iexcl;parece que Dios no ten&iacute;a mucho que hacer!<\/p>\n<p>Locke, como Newton, nunca renunci&oacute; a la religi&oacute;n, pero la simple declaraci&oacute;n de la existencia de Dios (de&iacute;smo), mientras que no le dejaban ning&uacute;n papel en los asuntos del hombre y la naturaleza, era s&oacute;lo una hoja de parra que ocultaba convenientemente su incredulidad. &ldquo;Al menos para el materialista, el te&iacute;smo no es sino el medio c&oacute;mo e indolente de librarse de la religi&oacute;n&rdquo;. (Marx y Engels. La sagrada familia. p. 147). Siguiendo los pasos de Newton, Locke se content&oacute; con dar por sentado la existencia de una deidad que, despu&eacute;s de dar un peque&ntilde;o empuj&oacute;n al universo, se retir&oacute; a los m&aacute;rgenes del universo para el resto de la eternidad permitiendo al hombre de ciencia continuar con su obra. Era el equivalente filos&oacute;fico de la monarqu&iacute;a constitucional establecida, mediante un compromiso, entre el parlamento y Guillermo III despu&eacute;s de Revoluci&oacute;n Gloriosa de 1688, que, a prop&oacute;sito, era el ideal pol&iacute;tico de Locke.<\/p>\n<p> El disfraz de&iacute;sta no enga&ntilde;&oacute; a Berkeley. Evidentemente hab&iacute;a un punto d&eacute;bil. &iquest;Qu&eacute; sucede si el universo no comenz&oacute; de esta forma? &iquest;Qu&eacute; sucede si siempre hab&iacute;a existido? Locke y Newton aceptaron que, siguiendo las leyes de la mec&aacute;nica elemental, el universo deber&iacute;a haber comenzado con un impulso externo. Pero tampoco se pod&iacute;a rechazar la afirmaci&oacute;n contraria, que el universo hubiera existido eternamente. Si este es el caso, la &uacute;ltima posibilidad de que el Creador tuviera un papel en el universo, habr&iacute;a desaparecido completamente. Locke tambi&eacute;n supon&iacute;a que adem&aacute;s de la materia, el universo conten&iacute;a sustancias &ldquo;inmateriales&rdquo;, mentes y almas. Pero como &eacute;l mismo confes&oacute;, esta conclusi&oacute;n no proced&iacute;a necesariamente de su sistema. El conocimiento deb&iacute;a ser s&oacute;lo otra propiedad de la materia (como es en realidad), una propiedad de la materia organizada de una forma determinada. Aqu&iacute; tambi&eacute;n se pueden ver como de sus premisas materialistas aparecen las concesiones de Locke a la religi&oacute;n, como si hubieran aparecido por casualidad.<\/p>\n<p>La filosof&iacute;a de Berkeley, y la de Hume, es la expresi&oacute;n de una reacci&oacute;n contra el per&iacute;odo anterior, un per&iacute;odo tormentoso y revolucionario, en su mente identificado con el materialismo, la ra&iacute;z del ate&iacute;smo. Berkeley, conscientemente, se dispuso a erradicar el materialismo de una vez por todas y para ello estaba dispuesto a utilizar los medios m&aacute;s radicales, por ejemplo, negando la existencia de la propia materia. Empez&oacute; con la afirmaci&oacute;n incuestionable, &ldquo;interpreto el mundo a trav&eacute;s de mis sentidos&rdquo;, a partir de aqu&iacute;, llega a la conclusi&oacute;n de que el mundo s&oacute;lo existe cuando lo percibo, esse est percipi, (Ser es ser percibido).<br \/> &ldquo;Si digo que la mesa en la que estoy escribiendo existe, eso significa que yo la veo y la siento; y si yo estuviera fuera de mi estudio podr&iacute;a afirmar su existencia en el sentido de que si estuviera en mi estudio la podr&iacute;a percibir o que cualquier otro esp&iacute;ritu la est&aacute; percibiendo en este momento.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; son los objetos arriba mencionados sino cosas que percibimos a trav&eacute;s de los sentidos? &iquest;Y qu&eacute; percibimos adem&aacute;s de nuestras propias ideas o sensaciones? Y, francamente, no resulta repugnante que cualquiera de estas cosas o combinaci&oacute;n de ellas, existan sin ser percibidas?&rdquo; (Berkeley. Tratado sobre los principios del conocimiento humano. pp. 66- 67. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p> Aqu&iacute; es donde el empirismo, materialismo inconsistente, nos consigue llevar a su l&oacute;gica o m&aacute;s bien, a sus conclusiones il&oacute;gicas. El mundo no puede existir si no lo observo. Esto es lo que quiere decir exactamente Berkeley. En realidad considera extra&ntilde;o a todo aquel que opine de otra forma. &ldquo;Resulta extra&ntilde;o que la opini&oacute;n dominante entre los hombres sea que las casas, las monta&ntilde;as, los r&iacute;os y en una palabra todos los objetos sensibles, tengan una existencia natural o real distinta del ser que percibe el entendimiento&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 66). La duda surge en que convierte al mundo en real por el simple hecho de percibirlo. Berkeley responde: &ldquo;El perceptor o ser activo es lo que llamo MENTE, ESPIRITU, ALMA o YO MISMO&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 65).<\/p>\n<p>Todo es claro y di&aacute;fano. Estamos ante la doctrina del idealismo subjetivo, sin tener que recurrir a &ldquo;si&rdquo; o &ldquo;pero&rdquo;. Los fil&oacute;sofos modernos de las diferentes escuelas del positivismo l&oacute;gico siguen la misma l&iacute;nea, aunque carecen del estilo y honestidad de Berkeley. La consecuencia de este m&eacute;todo de pensamiento es un misticismo extremo y la irracionalidad. En &uacute;ltima instancia, defiende la noci&oacute;n de que s&oacute;lo yo existo y el mundo s&oacute;lo existe en la medida que yo estoy para observarlo. Si salgo de la habitaci&oacute;n entonces &eacute;sta deja de existir. &iquest;C&oacute;mo trat&oacute; Berkeley este inconveniente? F&aacute;cilmente. Habr&iacute;a objetos que mi mente no percibe, pero s&iacute; son percibidos por la &ldquo;mente c&oacute;smica&rdquo; de Dios y por lo tanto existen. De esta forma, el Todopoderoso, hasta entonces reducido a una existencia precaria en los m&aacute;rgenes de un universo mec&aacute;nico, ahora regresaba a un mundo completamente libre de materia. As&iacute;, Berkeley cre&iacute;a haber conseguido &ldquo;un triunfo f&aacute;cil y total sobre todas las miserables sectas de ate&iacute;stas&rdquo;.<\/p>\n<p>En t&eacute;rminos puramente filos&oacute;ficos, la filosof&iacute;a de Berkeley est&aacute; abierta a muchas objeciones. En primer lugar, su cr&iacute;tica principal de Locke era que duplicaba el mundo, es decir, supon&iacute;a que detr&aacute;s de las percepciones sensoriales que, de acuerdo con el empirismo, son las &uacute;nicas cosas que podemos conocer, exist&iacute;a un mundo externo de cosas materiales. Para acabar con esta dualidad, Berkeley sencillamente neg&oacute; la existencia del mundo objetivo. Pero esta negaci&oacute;n en absoluto resuelve el problema. Nosotros, percibimos algo a parte de nuestras percepciones sensoriales. La &uacute;nica diferencia es que este &ldquo;algo&rdquo; no es el mundo real y material, para Berkeley es el mundo inmaterial de los esp&iacute;ritus creado por la &ldquo;mente c&oacute;smica&rdquo; de Dios. En otras palabras, tomando nuestras percepciones sensoriales como algo independiente, separadas y aparte del mundo material objetivo que existe fuera de nosotros, r&aacute;pidamente entramos en el reino del espiritualismo, la peor clase de misticismo.<\/p>\n<p>Los argumentos de Berkeley s&oacute;lo tienen cierto grado de consistencia si aceptamos su premisa inicial, s&oacute;lo podemos conocer las impresiones sensoriales pero nunca el mundo real que existe fuera de nosotros. Esta idea la plantea de una forma dogm&aacute;tica al principio y lo dem&aacute;s, deriva de esta primera proposici&oacute;n. En otras palabras, presupone que debemos demostrar que nuestras sensaciones e ideas no son el reflejo del mundo externo a nosotros. Las sensaciones y las ideas no son una propiedad de la materia pensante, de un cerebro y sistema nervioso humanos, que se pueden investigar y comprender cient&iacute;ficamente, en su lugar, son cosas misteriosas pertenecientes al mundo de los esp&iacute;ritus y emanan de la mente de Dios. No nos sirven para conectar con el mundo, en realidad son una barrera impenetrable, m&aacute;s all&aacute; de ella no podemos conocer con certeza nada.<\/p>\n<p>Berkeley llev&oacute; los argumentos del empirismo al limite y consigui&oacute; convertirlos en su contrario. Engels se&ntilde;ala que Bacon en su historia natural incluso describe formas para convertir las cosas en oro. &ldquo;De la misma manera, en su vejez Isaac Newton se afan&oacute; por exponer la Revelaci&oacute;n de San Juan. De manera que no debe sorprender que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el empirismo ingl&eacute;s en la persona de algunos de sus representantes \u2015y no los peores\u2015, parezca haber ca&iacute;do v&iacute;ctima, sin remedio, de la invocaci&oacute;n y visi&oacute;n de esp&iacute;ritus, importadas de Norteam&eacute;rica&rdquo;. (Engels. La dial&eacute;ctica de la naturaleza. p. 49).<\/p>\n<p>Como podremos ver la propensi&oacute;n al pensamiento m&iacute;stico no ha desaparecido, sino m&aacute;s bien parece aumentar en proporci&oacute;n geom&eacute;trica a los avances de la ciencia. Este es el a pagar por la actitud arrogante de los cient&iacute;ficos que imaginan, equivocadamente, que pueden trabajar actuar sin principios filos&oacute;ficos. Expulsada por la puerta principal, la filosof&iacute;a, inmediatamente, vuelve a entrar por ventana e invariablemente vuelve con su forma m&aacute;s m&iacute;stica y retr&oacute;grada.<\/p>\n<p>En &uacute;ltima instancia, todas las ideas proceden de este mundo material objetivo, que seg&uacute;n Berkeley no existe, y al final, su validez o no, viene determinada por la pr&aacute;ctica, a trav&eacute;s de la experimentaci&oacute;n, de m&uacute;ltiples observaciones y sobre todo, de la actividad pr&aacute;ctica del ser humano en la sociedad. Berkeley vivi&oacute; en una &eacute;poca en que la ciencia consigui&oacute;, con gran &eacute;xito, liberarse del abrazo mortal de la religi&oacute;n y por lo tanto, pudo dar grandes pasos adelante. &iquest;C&oacute;mo se adaptaron las ideas de Berkeley a la situaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo explican las ideas de Berkeley el mundo material? &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n guardan con los descubrimientos de Galileo, Newton y Boyle? Por ejemplo, seg&uacute;n Berkeley, la teor&iacute;a corpuscular de la materia es incorrecta.<\/p>\n<p>Berkeley rechaz&oacute; la teor&iacute;a gravitatoria de Newton porque &eacute;sta intentaba explicar las cosas mediante &ldquo;causas corp&oacute;reas&rdquo;. Aunque el sol y la luna, seres materiales, tienen masa, la &uacute;nica fuerza gravitatoria que pueden ejercer est&aacute; s&oacute;lo en mi imaginaci&oacute;n. Tambi&eacute;n desaprob&oacute; el descubrimiento matem&aacute;tico m&aacute;s importante, el c&aacute;lculo diferencial e integral, si &eacute;l habr&iacute;an sido imposibles los logros conseguidos por la ciencia moderna. Pero no importa, porque el concepto de divisibilidad infinita del &ldquo;espacio real&rdquo; va en contra de los postulados b&aacute;sicos de su filosof&iacute;a, y por eso se opuso a ella. Despu&eacute;s de oponerse a los principales descubrimientos cient&iacute;ficos de su &eacute;poca, Berkeley termin&oacute; sus d&iacute;as ensalzando las propiedades del agua de brea como un elixir para curar todas las enfermedades. Uno se podr&iacute;a justificar pensando esta filosof&iacute;a exc&eacute;ntrica se desvanecer&iacute;a sin dejar rastro. Pero las ideas del obispo Berkeley continuaron ejerciendo una extra&ntilde;a fascinaci&oacute;n sobre los fil&oacute;sofos burgueses, incluso hoy en d&iacute;a, son el origen y la base de la teor&iacute;a del conocimiento (&ldquo;epistemolog&iacute;a&rdquo;) del positivismo l&oacute;gico y la filosof&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica.<br \/> Lenin trat&oacute; este tema brillantemente en su libro Materialismo y empirocriticismo, al que volveremos m&aacute;s tarde. Por incre&iacute;ble que parezca, esta filosof&iacute;a profundamente irracional y anticient&iacute;fica, ha impregnado el pensamiento de muchos cient&iacute;ficos, por medio del positivismo l&oacute;gico y con diferentes apariencias. En la &eacute;poca de Berkeley sus ideas no encontraron mucho eco. Hubo que esperar a un clima intelectual como el actual, contradictorio y donde los avances m&aacute;s impresionantes del pensamiento humano conviven con los retrocesos culturales m&aacute;s primitivos.<\/p>\n<p>Como se&ntilde;ala G. J. Warnock en su introducci&oacute;n a Los principios del conocimiento humano, la filosof&iacute;a de Berkeley &ldquo;hoy en d&iacute;a, ha conseguido, en general, m&aacute;s apoyo que antes (&#8230;) Hoy algunos f&iacute;sicos, se inclinan por mantener lo que &eacute;l defendi&oacute;, y defienden que en la teor&iacute;a f&iacute;sica no tiene importancia la verdad basada en los hechos, lo que importa es la conveniencia predecible y matem&aacute;tica&rdquo;. (G. J. Warnock. Introducci&oacute;n a Los principios del conocimiento humano, p. 25. En la edici&oacute;n inglesa). El fil&oacute;sofo y cient&iacute;fico idealista,<\/p>\n<p>Eddington dijo que &ldquo;tenemos derecho a creer que hay, por ejemplo, colores vistos por otras personas, pero no por nosotros, dolores de muelas sentidos por otras personas, placeres gozados y penas soportadas por otras personas, y as&iacute; sucesivamente, pero que no tenemos derecho a inferir acontecimientos no experimentados por nadie y que no forman parte de ninguna mente&rdquo;. (Russell. Op. cit. p. 274). Los positivistas l&oacute;gicos como A. J. Ayer, aceptan la idea de que s&oacute;lo podemos conocer los &ldquo;contenidos sensoriales&rdquo; y por lo tanto, cuestiones como la existencia del mundo material &ldquo;carecen de sentido&rdquo; y as&iacute; sucesivamente. &iexcl;El viejo Berkeley se debe estar riendo en su tumba!<\/p>\n<p>El valor de cualquier teor&iacute;a o hip&oacute;tesis, en &uacute;ltima instancia, viene&nbsp; determinado por su capacidad de ser aplicada con &eacute;xito en la realidad, si es capaz de incrementar nuestros conocimientos del mundo y el control sobre nuestras vidas. Una hip&oacute;tesis que no re&uacute;na ninguna de estas caracter&iacute;sticas no vale para nada, es producto de la especulaci&oacute;n fr&iacute;vola, igual que las discusiones que ten&iacute;an los escol&aacute;sticos medievales sobre cuantos &aacute;ngeles pod&iacute;an bailar sobre la cabeza de un alfiler. En las universidades se ha malgastado una cantidad de tiempo colosal en debates interminables sobre esta clase de cosas. Incluso Bertrand Russell admite que una teor&iacute;a como la de Berkeley, &ldquo;nos prohibir&iacute;a hablar de nada que no hubi&eacute;ramos advertido de modo expl&iacute;cito. Si es as&iacute;, es este un criterio que nadie puede sostener en la pr&aacute;ctica, lo cual es un defecto en una teor&iacute;a defendida bas&aacute;ndose en motivos pr&aacute;cticos&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 275).<\/p>\n<p>Aunque en la pr&oacute;xima frase se siente obligado a a&ntilde;adir que &ldquo;toda la cuesti&oacute;n de la comprobaci&oacute;n y su relaci&oacute;n con el conocimiento, es dif&iacute;cil y compleja; por lo tanto, la dejar&eacute; a un lado por ahora&rdquo;. (Ib&iacute;d.). Estas cuestiones son s&oacute;lo &ldquo;complejas y dif&iacute;ciles&rdquo; para alguien que acepte la premisa de que s&oacute;lo podemos disponer de datos sensoriales, separados y apartados del mundo material.<\/p>\n<p>Como este es el punto de partida para un gran n&uacute;mero de fil&oacute;sofos modernos, no importa las vueltas que den, porque no pueden salir de la trampa creada por el obispo Berkeley.<\/p>\n<p> <strong>El final del camino<\/strong><br \/> La filosof&iacute;a del empirismo inici&oacute; su vida con grandes expectativas y al final lleg&oacute; a un punto muerto con Dave Hume (1711-76). Hume fue un tory que sigui&oacute; fielmente la senda de Berkeley aunque con algo m&aacute;s de cautela. Su trabajo m&aacute;s famoso es El tratado de la naturaleza humana, publicado en 1739 en Francia donde fue un fracaso. Para Hume la realidad es s&oacute;lo una serie de impresiones, el porqu&eacute; es desconocido y no se puede conocer. Se ocup&oacute; de la existencia o no existencia del mundo que para &eacute;l era un problema indescifrable, fue uno de los primeros fil&oacute;sofos en traducir su ignorancia al griego y llamarla agnosticismo. En esencia esta filosof&iacute;a representa el regreso a las ideas de los esc&eacute;pticos griegos quienes defend&iacute;an que el mundo es incognoscible.<\/p>\n<p>Su principal objetivo se puede encontrar en la secci&oacute;n de su obra titulada Del conocimiento y la probabilidad. Tampoco en esto fue original, simplemente desarroll&oacute; una idea ya presente en Berkeley, la no existencia de la causalidad.<\/p>\n<p>Argumentando contra los descubrimientos de la reci&eacute;n desarrollada ciencia de la mec&aacute;nica, intent&oacute; demostrar que la causalidad mec&aacute;nica no exist&iacute;a, que no se puede decir que un hecho concreto sea la causa de otro, porque s&oacute;lo se trata de un encadenamiento de sucesos. Por ejemplo, si hervimos agua a cien grados cent&iacute;grados, no podemos decir que el agua hierve a causa de haber alcanzado esta temperatura, en su lugar debemos decir que el agua hirvi&oacute; despu&eacute;s de calentarla. O si un hombre es atropellado por un cami&oacute;n, tampoco podemos afirmar que su muerte est&eacute; provocada por esta acci&oacute;n, lo correcto es decir que s&oacute;lo sucedi&oacute; en el mismo momento.<\/p>\n<p>&iquest;No resulta incre&iacute;ble? Pero es el resultado inevitable de la aplicaci&oacute;n estricta de esta clase de empirismo que nos exige atenernos a &ldquo;los hechos y nada m&aacute;s que los hechos&rdquo;. Lo &uacute;nico que debemos decir es que un suceso sigue a otro.<br \/> No tenemos derecho a afirmar que una cosa es la causa de otra, porque ser&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; de lo que registran nuestros ojos y o&iacute;dos en un momento determinado. Todo esto nos trae a la mente el consejo del viejo Her&aacute;clito: &ldquo;Los ojos y los o&iacute;dos son malos testigos para los hombres que tienen almas incapaces de comprender su lenguaje&rdquo;.<\/p>\n<p>Una vez m&aacute;s resulta asombroso observar que a pesar de las maravillosas ideas filos&oacute;ficas desarrolladas durante los dos &uacute;ltimos siglos, los fil&oacute;sofos y cient&iacute;ficos modernos hayan elegido como punto de partida e inspiraci&oacute;n precisamente los escritos de Hume. Se ha aprovechado de una forma entusiasta su negaci&oacute;n de la causalidad y ha servido de apoyo ideol&oacute;gico para que cient&iacute;ficos como Heisenberg y otros llegaran a conclusiones filos&oacute;ficas incorrectas en mec&aacute;nica cu&aacute;ntica. De esto hablaremos m&aacute;s tarde. En esencia, Hume afirma que cuando decimos que &ldquo;A&rdquo; causa &ldquo;B&rdquo;, s&oacute;lo queremos decir que estos dos hechos ya se han presentado unidos en muchas ocasiones en el pasado y por lo tanto creemos que se volver&aacute; a repetir en el futuro. Esta afirmaci&oacute;n no es una certeza sino una creencia. No es una necesidad sino un probabilidad. As&iacute; que &ldquo;la necesidad es algo que existe en la mente, pero no en los objetos&rdquo;.<\/p>\n<p>Ante todo, negar la causalidad conduce a la negaci&oacute;n en general del pensamiento cient&iacute;fico y racional. Toda la base y &ldquo;raz&oacute;n de ser&rdquo; de la ciencia es el intento de dar una explicaci&oacute;n racional a lo fen&oacute;menos observados en la naturaleza. A partir de la observaci&oacute;n de una gran n&uacute;mero de hechos extraemos conclusiones generales, que si son lo suficientemente examinadas y demuestran tener una aplicaci&oacute;n amplia, entonces adquieren la condici&oacute;n de leyes cient&iacute;ficas. Por supuesto estas leyes reflejan en que situaci&oacute;n se encuentra nuestro conocimiento en una etapa determinada del desarrollo humano, y por consiguiente, posteriormente son sobrepasadas por otras teor&iacute;as e hip&oacute;tesis que explican mejor de los fen&oacute;menos. En este proceso poco a poco llegamos a adquirir una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda, tanto de la naturaleza como de nosotros mismos. Este proceso es tan ilimitado como la propia naturaleza. Por eso la b&uacute;squeda de la verdad absoluta que capaz de explicar todo o por utilizar una expresi&oacute;n de moda, una Gran Teor&iacute;a Universal (GTU), es tan &uacute;til como la b&uacute;squeda de la piedra filosofal.<\/p>\n<p>Que una generalizaci&oacute;n concreta en un momento dado pueda ser falsificada, no nos autoriza a prescindir totalmente de las generalizaciones. Ni eso significa la renuncia a la b&uacute;squeda de la verdad objetiva o el refugio en actitudes esc&eacute;pticas, como las de Hume, que debido a su total y completa irrelevancia para nuestra pr&aacute;ctica actual, sea en la ciencia como en nuestra vida cotidiana, s&oacute;lo es una postura pretenciosa como la de aquellos que niegan la existencia del mundo material pero se olvidan abstenerse de beber y comer, y que mientras sostienen con firmeza la no existencia de la causalidad, tienen bastante cuidado en evitar los inoportunos encuentros f&iacute;sicos con los camiones.<\/p>\n<p>Todas las leyes naturales se basan en la causalidad. Las mareas oce&aacute;nicas est&aacute;n provocadas por la influencia gravitatoria del sol y la luna. La divisi&oacute;n del &aacute;tomo es el origen de la explosi&oacute;n nuclear, la privaci&oacute;n de comida y bebida durante un mucho tiempo provoca la muerte por inanici&oacute;n. La existencia de la causalidad es tan cierta como todo lo que existe en este pecaminoso mundo material nuestro. Pero para los disc&iacute;pulos de Hume no estaba tan claro. Al aceptar esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n, todo predicci&oacute;n futura se vuelve irracional porque siempre existe la posibilidad de que las cosas se presenten de una forma diferente. Bertrand Russel explica: &ldquo;Quiero decir que, tomando incluso nuestras esperanzas m&aacute;s firmes, tales como la de que el sol saldr&aacute; ma&ntilde;ana, no hay ni una pizca de raz&oacute;n para suponer que es m&aacute;s veros&iacute;mil que se produzcan, que no&rdquo;. (Op. cit. p. 285). M&aacute;s adelante dice: &ldquo;Por ejemplo: cundo (para repetir un ejemplo anterior) veo una manzana, la experiencia pasada me hace esperar que sabr&aacute; como una manzana y no como carne asada. Pero no hay ninguna justificaci&oacute;n racional para esta esperanza&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 287).<\/p>\n<p>De acuerdo con Hume no podemos conocer nada y por lo tanto concluye: &ldquo;todos nuestros razonamientos relacionados con las causas y efectos s&oacute;lo puede proceder de la costumbre; y la fe es m&aacute;s un acto propio de lo sensitivo que de la parte cognitiva de nuestra naturaleza&rdquo; (Hume, Book 1, part. 3, sect. 4. En la edici&oacute;n inglesa). En otras palabras, se abandona el conocimiento en favor de la fe.<\/p>\n<p>Habr&iacute;a que tener en cuenta que la intenci&oacute;n declarada de todo esto es eliminar la metaf&iacute;sica del pensamiento, que de esta forma se limitar&iacute;a a una enumeraci&oacute;n desnuda y cient&iacute;fica de los &ldquo;hechos&rdquo;. Alg&uacute;n ingenuo defini&oacute; en una ocasi&oacute;n la metaf&iacute;sica como &ldquo;un hombre ciego en una habitaci&oacute;n oscura buscando un sombrero negro que no est&aacute; all&iacute;&rdquo;. Esta frase describe acertadamente la dubitativa metaf&iacute;sica de aquellos que al negar la causalidad abren la puerta a la irracionalidad. Con Hume la filosof&iacute;a emp&iacute;rica completa el c&iacute;rculo. Como observa correctamente Russell:<\/p>\n<p>&ldquo;El &uacute;nico resultado de la investigaci&oacute;n de Hume de lo que pasa por conocimiento, no es el que debemos suponer que hubiera deseado. El subt&iacute;tulo de su libro es: &lsquo;Un intento de introducir el m&eacute;todo experimental de razonamiento en las cuestiones morales&rsquo;. Es evidente que empez&oacute; con una creencia de que el m&eacute;todo cient&iacute;fico produce la verdad, toda la verdad y nada m&aacute;s que la verdad; termin&oacute;, sin embargo, con la convicci&oacute;n de que la creencia no es nunca racional, puesto que no sabemos nada. Despu&eacute;s de exponer los argumentos para el escepticismo (lib. I, parte IV, sec. 1), contin&uacute;a, no refutando los argumentos, sino recurriendo a la credibilidad natural&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 288)<\/p>\n<p>Se puede tener la tentaci&oacute;n de preguntar cu&aacute;l es el valor pr&aacute;ctico de esta filosof&iacute;a. Es evidente que la respuesta no puede venir de Hume, que comenta la mayor frivolidad y con cierto matiz de cinismo: &ldquo;&rsquo;Esta duda esc&eacute;ptica, con respecto a la raz&oacute;n y a los sentidos, es una enfermedad que nunca puede curarse radicalmente, sino que ha de recaer sobre nosotros en cada momento, por m&aacute;s que la expulsemos y parezca a veces que estamos enteramente libre de ella&#8230; La despreocupaci&oacute;n y la distracci&oacute;n es lo &uacute;nico que puede proporcionarnos alg&uacute;n remedio. Por esta raz&oacute;n, me conf&iacute;o completamente a ellas; y doy por sentado, cualquiera que sea la opini&oacute;n del lector en este momento, que de aqu&iacute; a una hora estar&aacute; persuadido de que existen el mundo exterior y el interior&rsquo;&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 289). Esta no es una verdadera filosof&iacute;a, es s&oacute;lo metaf&iacute;sica muerta. No nos dice nada sobre el mundo y no conduce a ninguna parte. Como lo que se puede esperar del hombre que piensa que no existe raz&oacute;n para el estudio de la filosof&iacute;a excepto como una forma de pasar el tiempo. En realidad, evidentemente no existe raz&oacute;n alguna para estudiar la filosof&iacute;a de Hume, excepto como una forma est&uacute;pida de pasar el tiempo.<\/p>\n<p>Algo en lo que podemos estar de acuerdo con Bertrand Russell, es que la filosof&iacute;a de Hume representa &ldquo;la bancarrota de la racionalidad del siglo XVIII&rdquo;. Las ideas de Hume, como las de Berkeley, representan un giro hacia el idealismo subjetivo. Es el empirismo al rev&eacute;s. Del punto de partida que todo se aprende a trav&eacute;s de la experiencia, ahora llegamos a la conclusi&oacute;n de que nada se puede aprender a trav&eacute;s de la experiencia y la observaci&oacute;n. Es la ant&iacute;tesis del esp&iacute;ritu cient&iacute;fico progresista con el que se inici&oacute; el per&iacute;odo. De estas ideas no se puede obtener nada positivo. Por lo tanto, dejemos a aquellos que no pueden estar seguros de que el sol saldr&aacute; ma&ntilde;ana en la oscuridad en la que se encuentran, donde puedan encontrar alg&uacute;n consuelo a sus dificultades y a la espera del d&iacute;a en que coman una manzana con sabor a carne asada.<br \/> <strong><br \/> El nacimiento del materialismo franc&eacute;s<\/strong><br \/> Desde ese momento qued&oacute; bloqueado el camino para un nuevo avance de la filosof&iacute;a en Gran Breta&ntilde;a, aunque con la Ilustraci&oacute;n francesa consigui&oacute; dar un impulso poderoso. La diferencia entre el empirismo ingl&eacute;s y el materialismo franc&eacute;s algunas veces se atribuye a la diferencia del temperamento nacional. Por ejemplo:<br \/> &ldquo;Llevar el empirismo de Locke hasta su &uacute;ltimas consecuencias, hasta el sensualismo y el materialismo, fue la tarea que asumieron los franceses. Aunque el punto de partida son los principios ingleses, entre &eacute;stos el empirismo no pod&iacute;a alcanzar la forma extrema que adquiri&oacute; entre los franceses que implicaba la destrucci&oacute;n total de todas las bases de la vida religiosa y moral. Esta &uacute;ltima consecuencia no resultaba agradable para el car&aacute;cter nacional de los ingleses&rdquo;. (Schwegler, op. Cit. P. 184).<\/p>\n<p>La existencia de diferentes temperamentos nacionales y tradiciones sin duda juega un papel importante, como Marx y Engels se&ntilde;alaron en La Sagrada Familia: &ldquo;La diferencia entre el materialismo franc&eacute;s y el materialismo ingl&eacute;s es la diferencia que existe entre ambas nacionalidades. Los franceses dan al materialismo ingl&eacute;s el espirit, la carne y los huesos, la elocuencia. Le dotan del temperamento que le faltaba y de la gracia. Lo civilizan&rdquo;. (Op. cit. p. 147).<br \/> Sin embargo, para explicar los grandes movimientos hist&oacute;ricos no basta s&oacute;lo con apelar a las caracter&iacute;sticas nacionales. El car&aacute;cter del ingl&eacute;s y el franc&eacute;s tambi&eacute;n eran diferentes cien a&ntilde;os antes, sin la existencia de Hume o Voltaire, ambos fueron producto de su propio tiempo o, para ser m&aacute;s exactos, producto de una concatenaci&oacute;n de circunstancias sociales, econ&oacute;micas y culturales concretas. La filosof&iacute;a de Berkeley y Hume emerge en un per&iacute;odo en el que la burgues&iacute;a ya hab&iacute;a triunfado e intentaba poner freno a la revoluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Concordet, Diderot y Voltaire pertenecen a un per&iacute;odo completamente diferente, un per&iacute;odo de fermento social e intelectual que llev&oacute; a la revoluci&oacute;n de 1789-93. En cierto sentido la lucha de los &ldquo;fil&oacute;sofos&rdquo; contra la religi&oacute;n y la ortodoxia sirvi&oacute; de preparaci&oacute;n para la toma de la Bastilla. Antes de derrocar el antiguo orden era necesario, en primer lugar, desterrarlo de las mentes de hombres y mujeres.<\/p>\n<p>En su excelente ensayo sobre Holbach y Helvitius, Plej&aacute;nov dice lo siguiente sobre la filosof&iacute;a francesa del siglo XVIII:<br \/> &ldquo;La filosof&iacute;a materialista del siglo XVIII era una filosof&iacute;a revolucionaria. Era sencillamente la expresi&oacute;n ideol&oacute;gica de la lucha de la burgues&iacute;a revolucionaria contra el clero, la nobleza y la monarqu&iacute;a absolutista. En su lucha contra un sistema obsoleto, la burgues&iacute;a no pod&iacute;a respetar una visi&oacute;n del mundo que era inherente al pasado y santificaba ese despreciable sistema. &lsquo;A tiempos diferentes, circunstancias diferentes y una filosof&iacute;a diferente&rsquo;, se&ntilde;ala Diderot brillantemente en su art&iacute;culo sobre Hobbes en la Enciclopedia&rdquo;. (Pl&eacute;janov. Selected Philosophical Works. Vol 2. p. 45. En la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p>Las ideas de Locke tuvieron gran impacto sobre Abbe de Condillac (1715- 80). Condillac aceptaba, como Locke, que el conocimiento proviene de los sentidos, pero fue m&aacute;s all&aacute; al decir que todos los procesos mentales, incluida la voluntad, s&oacute;lo son sensaciones modificadas. Realmente, nunca neg&oacute; la existencia de Dios pero s&oacute;lo defend&iacute;a la existencia de la materia. Una conclusi&oacute;n extraordinaria por parte de alguien que era cura. Otro disc&iacute;pulo de Locke fue Claude Adrien Helvetius (1715-71), de quien Marx dijo que con &eacute;l &ldquo;el materialismo adquiri&oacute; un car&aacute;cter verdaderamente franc&eacute;s&rdquo;. Helvetius fue tan sincero que incluso desconcert&oacute; a sus seguidores materialistas y fueron incapaces de seguirlo en todas sus audaces conclusiones.<\/p>\n<p>Baron Holbach (1723-89), aunque alem&aacute;n, pas&oacute; la mayor parte de su vida en Francia donde jug&oacute; un papel importante en el movimiento materialista. Al igual que Helvetius sufri&oacute; la persecuci&oacute;n de la Iglesia y su libro Le Systeme de la Nature fue quemado en p&uacute;blico por orden del parlamento del Par&iacute;s. Un materialista decidido, Holbach atac&oacute; la religi&oacute;n y el idealismo, especialmente las ideas de Berkeley. Locke ya cre&iacute;a posible que la materia pudiera tener la facultad de pensar y Holbach estaba de acuerdo, pero a diferencia de Locke estaba dispuesto para extraer todas las conclusiones y lanz&oacute; por la venta a la religi&oacute;n y la Iglesia.<\/p>\n<p>&ldquo;Si consultamos la experiencia, veremos que son ilusiones y opiniones religiosas que buscan la verdadera fuente de la hueste de demonios que la humanidad ve en todas partes, la ignorancia de las causas naturales ha llevado a la creaci&oacute;n de dioses; el enga&ntilde;o ha convertido a los &uacute;ltimos en algo terrible; el concepto de amargura de ellos ha perseguido al hombre sin hacerle algo mejor, le ha hecho estremecerse en vano, ha llenado su mente de quimeras, le ha opuesto al progreso de la raz&oacute;n e impedido la b&uacute;squeda de la felicidad. Estos temores le han convertido en esclavo de aquellos que le han enga&ntilde;ado con el pretexto de cuidar a sus dioses o cerrar sus grilletes, le presionaba esa estupidez, la renuncia a la raz&oacute;n, el letargo espiritual y la degradaci&oacute;n del alma eran los mejores medios de conseguir la felicidad eterna&rdquo;. (Citado por Plejanov. Op. cit. p. 72).<\/p>\n<p>La Mettrie (1709-51) fue a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; al reconocer que todas las formas de vida, vegetales y animales (incluido el hombre), consist&iacute;an en materia organizada de diferentes maneras. Sus principales trabajos fueron el famoso L&rsquo;Homme Machine (El hombre m&aacute;quina) y Le systeme d&rsquo;Epicure (El sistema de Epicuro). La Mettrie fue en parte seguidor de Descartes, quien dijo que los animales eran m&aacute;quinas en la medida que no pod&iacute;an pensar. La Mettrie aplic&oacute; esto literalmente y dijo que el hombre tambi&eacute;n deb&iacute;a ser una m&aacute;quina porque no exist&iacute;a una diferencia cualitativa entre el hombre y los animales. Esta idea es un reflejo de la influencia que la mec&aacute;nica ten&iacute;a en el pensamiento cient&iacute;fico de la &eacute;poca.<\/p>\n<p>La intenci&oacute;n de La Mettrie era combatir la idea de que el hombre era una creaci&oacute;n especial de Dios, como algo completamente al margen de la naturaleza debido al privilegio especial que supon&iacute;a tener un alma inmortal. Esta idea ya fue planteada por el materialista y cient&iacute;fico ingl&eacute;s Joseph Prietsley hoy en d&iacute;a recordado principalmente por ser el descubridor del ox&iacute;geno.<\/p>\n<p>&ldquo;El poder de corte en una navaja depende de cierta cohesi&oacute;n de sus partes constituyentes. Supongamos que esta navaja se disuelve completamente en un l&iacute;quido &aacute;cido, entonces perder&aacute; su capacidad de corte o dejar&aacute; de existir, sin embargo, en el proceso no se ha eliminado ninguna part&iacute;cula constituyente de la navaja y se puede recuperar su antigua forma, su capacidad de corte, etc., si se precipita el metal. De esta forma cuando el cuerpo se disuelve a causa de la putrefacci&oacute;n, cesa completamente su poder pensante&rdquo;. (Citado por Plejanov. Op. cit. p. 82. Nota al pie de p&aacute;gina. En la edici&oacute;n inglesa).<br \/> La Mettrie consideraba el pensamiento una de las propiedades de la materia:<\/p>\n<p>&ldquo;Creo que el pensamiento es tan compatible con la materia organizada que parece ser una propiedad de esta &uacute;ltima, igual que la electricidad, la facultad de movimiento, la impenetrabilidad, la extensi&oacute;n, etc.,&rdquo;. (Ib&iacute;d. p. 333)<\/p>\n<p>A partir del materialismo radical y el racionalismo de la Ilustraci&oacute;n, era f&aacute;cil extraer conclusiones revolucionarias y esto es lo que hizo Voltaire (1694-1778), aunque realmente no era un fil&oacute;sofo, jug&oacute; un papel prominente en este movimiento, como escritor, historiador y propagandista. Fue arrestado en dos ocasiones por sus s&aacute;tiras pol&iacute;ticas y pas&oacute; la mayor parte de su vida fuera de Francia. La contribuci&oacute;n m&aacute;s grande Voltaire fue su colaboraci&oacute;n con Diderot en la gran Enciclopedia (1751-80), una ambiciosa empresa que resum&iacute;a todo el conocimiento cient&iacute;fico de la &eacute;poca. Rousseau, Voltaire, Holbach, Helvetius y otros fil&oacute;sofos materialistas y progresistas, se unieron para elaborar un trabajo militante dirigido contra la base del orden social existente, contra su filosof&iacute;a y moralidad.<\/p>\n<p>Si se comparan con los escritos de los materialistas franceses, las opiniones filos&oacute;ficas de Jean Jacques Rousseau representan un paso atr&aacute;s. Sin embargo, en el terreno de la cr&iacute;tica social elabor&oacute; varias obras maestras, Engels alaba especialmente su obra: Los or&iacute;genes de la desigualdad entre los hombres.<br \/> Rousseau no es realmente un fil&oacute;sofo en el sentido estricto de la palabra y por lo tanto, no trataremos aqu&iacute; sus ideas. En general, estos escritores prepararon el terreno para la revoluci&oacute;n burguesa de 1789-93. Sus denuncias feroces iban dirigidas contra los males del feudalismo y la Iglesia. El ideal para la mayor&iacute;a de estos pensadores era la monarqu&iacute;a constitucional. Sin embargo, m&aacute;s tarde el pueblo empez&oacute; a sacar conclusiones comunistas y socialistas de sus escritos.<\/p>\n<p> &ldquo;Cuando se estudia las teor&iacute;as del materialismo sobre la bondad natural y la igual inteligencia de los hombres, sobre la omnipotencia de la educaci&oacute;n, de la experiencia, de la costumbre, sobre la influencia de las circunstancias exteriores en los hombres, sobre la alta importancia de la industria, sobre la justicia del placer, etc., no hace falta una sagacidad extraordinaria para descubrir lo que las une necesariamente al comunismo y al socialismo. Si el hombre obtiene del mundo sensible y de la experiencia sobre el mundo sensible todo conocimiento, sensaci&oacute;n, etc., conviene entonces organizar el mundo emp&iacute;rico de tal manera que el hombre se asimile cuanto encuentre en &eacute;l de verdaderamente humano, que &eacute;l mismo se conozca como hombre. Si el inter&eacute;s bien entendido es el principio de toda moral, conviene que el inter&eacute;s particular del hombre se confunda con el inter&eacute;s humano. Si el hombre no es libre en el sentido materialista de la palabra, esto es, si es libre no por la fuerza negativa de evitar esto o aquello, sino por la fuerza positiva de hacer valer su verdadera individualidad, no conviene castigar los cr&iacute;menes en el individuo, sino destruir los focos antisociales donde nacen los cr&iacute;menes y dar a cada cual es espacio social necesario para el desenvolvimiento esencial de su vida. Si el hombre es formado por las circunstancias, se deben formar humanamente las circunstancias. Si el hombre es sociable por naturaleza, es en la sociedad donde desarrolla su verdadera naturaleza, y la fuerza de su naturaleza debe medirse por la fuerza de la sociedad y no por la fuerza del individuo particular&rdquo;. (Marx y Engels. Op. cit. p. 149).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguimos con la importante serie de art&iacute;culos del camarada Alan Woods sobre&nbsp; la Historia de la Filosof&iacute;a: El punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese per&iacute;odo tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de a&ntilde;os de reinado de la ignorancia y la superstici&oacute;n. 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