{"id":3657,"date":"2011-03-14T04:10:13","date_gmt":"2011-03-14T04:10:13","guid":{"rendered":"https:\/\/luchadeclases.org.ve\/wp_temp\/?p=3657"},"modified":"2011-03-14T04:10:13","modified_gmt":"2011-03-14T04:10:13","slug":"alan-woods-50930","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luchadeclases.com\/?p=3657","title":{"rendered":"El marxismo y la emancipaci\u00f3n de la mujer"},"content":{"rendered":"<p><em><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-3656\" src=\"https:\/\/luchadeclases.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/t_mujeres_2_1111.jpg\" alt=\"t_mujeres_2_1111\" width=\"206\" height=\"188\" style=\"float: left;\" \/>&ldquo;Cambiar de ra&iacute;z la situaci&oacute;n de la mujer no ser&aacute; posible hasta que no cambien todas las condiciones de la vida social y dom&eacute;stica&rdquo; <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Trotsky, Escritos sobre la cuesti&oacute;n femenina<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El capitalismo est&aacute; en un callej&oacute;n sin salida. La crisis mundial del capitalismo golpea con mayor dureza a las mujeres y a la juventud. En el siglo XIX Marx ya se&ntilde;al&oacute; la tendencia del capitalismo a conseguir grandes beneficios mediante la explotaci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os.<span style=\"line-height: 1.3em;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>&nbsp;<span style=\"line-height: 1.3em;\">El capitalismo est&aacute; en un callej&oacute;n sin salida. La crisis mundial del capitalismo golpea con mayor dureza a las mujeres y a la juventud. En el siglo XIX Marx ya se&ntilde;al&oacute; la tendencia del capitalismo a conseguir grandes beneficios mediante la explotaci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os. En el primer volumen de El Capital, Marx escribe lo siguiente:<\/span><\/p>\n<p>&ldquo;Por eso, el trabajo de las mujeres y los ni&ntilde;os fue la primera palabra de la aplicaci&oacute;n capitalista de la maquinaria. Este poderoso sustituto de trabajo y de obreros se transform&oacute; inmediatamente en un medio para aumentar el n&uacute;mero de asalariados, colocando a todos los miembros de la familia obrera, sin distinci&oacute;n de sexo ni edad, bajo el dominio inmediato del capital. El trabajo forzado al servicio del capitalista usurp&oacute; no s&oacute;lo el lugar de los juegos infantiles, sino tambi&eacute;n el trabajo libre dentro de la esfera dom&eacute;stica, dentro de los l&iacute;mites morales, para la propia familia&rdquo; (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976, Vol I, Tomo II, p&aacute;g. 110).<br \/>En los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados el cambio de los modos de producci&oacute;n y el constante intento de los capitalistas de aumentar la tasa de beneficios, ha llevado al incremento del empleo de mujeres y j&oacute;venes, que trabajan a cambio de salarios bajos, en malas condiciones laborales y con pocos o ning&uacute;n derecho. S&oacute;lo en Estados Unidos, durante los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os se han incorporado al mundo laboral cuarenta millones de mujeres y en Europa treinta millones. En 1950 aproximadamente un tercio de las mujeres estadounidenses en edad laboral ten&iacute;an un trabajo remunerado; el a&ntilde;o pasado esta proporci&oacute;n casi era de tres cuartas partes. Seg&uacute;n las estad&iacute;sticas, hoy en d&iacute;a el 99% de las mujeres estadounidenses ha trabajado en alg&uacute;n momento de su vida. El empleo de mujeres &mdash;por s&iacute; mismo un acontecimiento progresista&mdash;, es la condici&oacute;n previa para liberar a las mujeres de los estrechos l&iacute;mites del hogar y familia burgueses, y tambi&eacute;n el primer paso para su libre y pleno desarrollo como seres humanos y miembros de la sociedad.<br \/>Pero el sistema capitalista considera a las mujeres s&oacute;lo una fuente conveniente de mano de obra barata y parte del &ldquo;ej&eacute;rcito de reserva de trabajadores&rdquo;, las incorpora al mundo laboral cuando hay escasez de mano de obra en determinados sectores de la producci&oacute;n, y cuando estas necesidades desaparecen, las expulsa de nuevo del mundo laboral. Presenciamos este proceso durante las dos guerras mundiales, entonces las mujeres entraron en las f&aacute;bricas para sustituir a los hombres enviados al frente y despu&eacute;s cuando termin&oacute; la guerra se las oblig&oacute; a regresar al hogar. La mujer volvi&oacute; a incorporarse al trabajo en el periodo de auge capitalista de la posguerra, durante los a&ntilde;os 50 y 60, su papel fue similar al de los trabajadores inmigrantes &mdash;una reserva de mano de obra barata&mdash;. En el periodo m&aacute;s reciente, el n&uacute;mero de trabajadoras ha aumentado para ocupar los huecos existentes en el proceso productivo. A pesar de todo lo que se dice sobre el &ldquo;mundo de la mujer&rdquo; y el &ldquo;poder femenino&rdquo;, a pesar de todas las leyes que supuestamente garantizan su igualdad, las trabajadoras todav&iacute;a son uno de los sectores m&aacute;s explotados y oprimidos del proletariado.<br \/>En el pasado, la sociedad de clases condicionaba a las mujeres a que fuesen pol&iacute;ticamente indiferentes, a no organizarse, y sobre todo, a ser pasivas y por lo tanto proporcionar una base social para la reacci&oacute;n. La burgues&iacute;a utiliz&oacute; los servicios de la Iglesia y la prensa burguesa (revistas femeninas, etc.,) para basarse en esta capa y mantenerse en el poder. Pero esta situaci&oacute;n ha cambiado en la medida que se transforma el papel de las mujeres en la sociedad. Cada vez son menos las mujeres &mdash;al menos en los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados&mdash;, que est&aacute;n dispuestas a mantenerse en la ignorancia y a someterse pasivamente al papel tradicional de kirche, k&uuml;cher and kinder (iglesia, cocina y ni&ntilde;os).<br \/>Este cambio es un fen&oacute;meno progresista que tendr&aacute; consecuencias importantes para el futuro. De la misma forma que la burgues&iacute;a ha perdido su antigua reserva social de masas para la reacci&oacute;n entre el campesinado, en EEUU, Jap&oacute;n y Europa Occidental, las mujeres ya no constituyen esa reserva atrasada de la reacci&oacute;n como ocurr&iacute;a en el pasado. La crisis del capitalismo, sus constantes ataques a la mujer y a la familia, radicalizar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s a amplias capas de las mujeres y las llevar&aacute; en una direcci&oacute;n revolucionaria. Para los marxistas es importante comprender el gran potencial revolucionario que existe entre las mujeres.<br \/>Las mujeres potencialmente llegan a ser incluso m&aacute;s revolucionarias que los hombres, porque a menudo est&aacute;n m&aacute;s oprimidas que los hombres, est&aacute;n frescas y libres de la rutina conservadora que con frecuencia caracteriza la vida sindical &ldquo;normal&rdquo;. Cualquiera que haya presenciado una huelga de mujeres ha podido ver su tremenda determinaci&oacute;n, coraje y empuje. Es un deber para los marxistas, tomar toda las medidas necesarias para animar a las mujeres a que entren y participen en los sindicatos, en igualdad de derechos y condiciones.<\/p>\n<p><strong>La cuesti&oacute;n de la mujer, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del marxismo<\/strong><br \/>La cuesti&oacute;n de la mujer siempre ocup&oacute; un lugar central en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica del marxismo. En 1845 Engels hab&iacute;a escrito La situaci&oacute;n de la clase obrera en Inglaterra. Engels describe detalladamente las condiciones de vida y laborales completa insoportables de los trabajadores brit&aacute;nicos en aquella &eacute;poca. Seg&uacute;n las fuentes citadas por Engels, muchos de los trabajadores industriales eran mujeres. En las hilander&iacute;as las mujeres constitu&iacute;an aproximadamente el 70% de la fuerza laboral total (F. Engels, La situaci&oacute;n de la clase obrera en Inglaterra. Panther Books, 1974, p&aacute;g. 171, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>Engels cita un discurso de Lord Ashley en la C&aacute;mara de los Comunes en 1844: &ldquo;De los 419.560 trabajadores industriales que en 1839 hab&iacute;a en el imperio brit&aacute;nico, 192.887 &mdash;casi la mitad&mdash;, ten&iacute;an menos de dieciocho a&ntilde;os de edad, y 242.296 eran mujeres&#8230;&rdquo;.<br \/>Engels documenta sus vidas como trabajadoras, madres y esposas. &ldquo;El trabajo fabril deja su huella en el f&iacute;sico femenino. Las deformidades creadas por ocho horas largas de trabajo son bastante m&aacute;s serias entre las mujeres. Las largas horas de trabajo a menudo originan deformidades en la pelvis, en parte debido al desarrollo anormal de los huesos de la cadera, y en parte tambi&eacute;n por deformaciones en la parte inferior de la columna vertebral&rdquo; (Op. Cit., p&aacute;g. 188).<br \/>&ldquo;Esas trabajadoras tienen un parto m&aacute;s dif&iacute;cil que otras mujeres, y esto est&aacute; confirmado por varias comadronas y obstetricias, tambi&eacute;n tienen m&aacute;s predisposici&oacute;n al aborto. Adem&aacute;s, sufren el debilitamiento general que es com&uacute;n a todos los trabajadores, y cuando est&aacute;n embarazadas contin&uacute;an trabajando en la f&aacute;brica hasta el momento del parto, de otra forma, perder&iacute;an sus salarios y temen que se las sustituya si dejan de trabajar demasiado pronto. Con frecuenta ocurre que las mujeres est&aacute;n trabajando una noche y a la ma&ntilde;ana siguiente, dan a luz en la f&aacute;brica entre la maquinaria&#8230; Si no se obliga a estas mujeres a regresar al trabajo en dos semanas, est&aacute;n agradecidas y se sienten afortunadas. Muchas regresan a la f&aacute;brica despu&eacute;s de ocho e incluso despu&eacute;s de tres o cuatro d&iacute;as&#8230; Naturalmente, el temor a ser despedidas, el miedo al hambre las lleva a la f&aacute;brica a pesar de su debilidad y desafiando al dolor&rdquo; (Op. Cit., p&aacute;g. 189).<br \/>&ldquo;El empleo de mujeres con frecuencia rompe la familia, porque si la esposa trabaja doce o trece horas diarias en la f&aacute;brica y el marido trabaja el mismo tiempo aqu&iacute; o en otra parte, &iquest;qu&eacute; ocurre con los ni&ntilde;os?&rdquo;.<br \/>Engels tambi&eacute;n responde esta pregunta: &ldquo;Crecen como la maleza salvaje; son puestos al cuidado de una ni&ntilde;era a cambio de un chel&iacute;n o dieciocho peniques semanales, c&oacute;mo les tratan no es dif&iacute;cil de imaginar. Por eso es tan elevado el n&uacute;mero de accidentes que sufren los ni&ntilde;os peque&ntilde;os en los barrios obreros&rdquo; (Op. Cit., p&aacute;g. 171).<br \/>Seg&uacute;n el informe que cita Engels, m&aacute;s del 57% de los ni&ntilde;os de Manchester mor&iacute;an antes de cumplir los cinco a&ntilde;os de edad. Engels escrib&iacute;a sobre la vida familiar del trabajador, casi imposible bajo el sistema social existente, con problemas dom&eacute;sticos interminables y ri&ntilde;as familiares. Y culpaba de esta situaci&oacute;n a las &ldquo;condiciones sociales existentes&rdquo;.<br \/>Engels tambi&eacute;n demuestra que los propietarios de las f&aacute;bricas sol&iacute;an seducir a las trabajadoras bajo amenaza de despido y algunos convert&iacute;an su f&aacute;brica en un har&eacute;n privado. De este modo se extend&iacute;a la prostituci&oacute;n.<br \/>Este libro &mdash;La situaci&oacute;n de la clase obrera en Inglaterra&mdash; demuestra que Marx y Engels conoc&iacute;an perfectamente la situaci&oacute;n en la que se encontraban las mujeres de la clase obrera, y por supuesto estaban preocupados por la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de estas mujeres, como tambi&eacute;n se preocupaban por la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de la clase obrera su conjunto. Engels, en el libro acusa a la clase dominante de Inglaterra de ser la responsable de esta situaci&oacute;n. En el mismo a&ntilde;o &mdash;1845&mdash; Marx public&oacute; La sagrada familia. Aqu&iacute; parafrasea generosamente a Fourier y escribe: &ldquo;Los progresos sociales y los cambios de periodos se operan en raz&oacute;n directa del progreso de las mujeres hacia la libertad y las decadencias de orden social se operan en raz&oacute;n del decrecimiento de la libertad de las mujeres&#8230; porque aqu&iacute;, en la relaci&oacute;n de hombres y mujeres, del d&eacute;bil y el fuerte, la victoria de la naturaleza humana sobre la brutalidad, es m&aacute;s evidente. El grado de emancipaci&oacute;n de la mujer es la medida natural de la emancipaci&oacute;n general&rdquo;(C. Marx y F. Engels, La sagrada familia. Madrid, Akal Editor, 1981, p&aacute;g. 215).<br \/>Marx no estaba en contra de la participaci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os en la producci&oacute;n. Pero s&iacute; se opon&iacute;a a las terribles condiciones en las que ten&iacute;an que trabajar y vivir. En la reuni&oacute;n del Consejo General de la Internacional dijo lo siguiente: &ldquo;No digo que sea un error que mujeres y ni&ntilde;os participen en nuestra producci&oacute;n social&rdquo;, sino &ldquo;la forma en que tienen que trabajar&rdquo; (Actas del Consejo General de la Internacional. Vol. II, p&aacute;g. 232, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>Por esta raz&oacute;n la clase obrera ten&iacute;a el deber de luchar por la protecci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os, a trav&eacute;s de la legislaci&oacute;n, contra la peor clase de explotaci&oacute;n. Y por supuesto para reducir la jornada laboral semanal.<br \/>Marx escribe en El Capital: &ldquo;Los obreros tienen que juntar sus cabezas y, como clase, forzar una ley estatal, una barrera social prepotente, que les impida a ellos mismos venderse y vender a su descendencia para la muerte y la esclavitud mediante un contrato voluntario con el capital&rdquo; (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976. Tomo I, Vol. II, p&aacute;g. 400).<br \/>Marx consideraba que por un lado, sacar a las mujeres y ni&ntilde;os del aislamiento social y de la opresi&oacute;n patriarcal de la familia campesina para que &ldquo;cooperasen en la producci&oacute;n social, es una tendencia leg&iacute;tima, correcta y progresista&rdquo;. Pero por otro lado &ldquo;bajo el capital este proceso se convert&iacute;a en una abominaci&oacute;n&rdquo; (C. Marx, La Primera Internacional, p&aacute;g. 88, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>&ldquo;La mujer se ha convertido en parte activa de nuestra producci&oacute;n social. Alguien que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la agitaci&oacute;n entre las mujeres&rdquo;, (C. Marx, Cartas al Dr. Kugelmann, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>Marx estaba a favor de la incorporaci&oacute;n de las mujeres, como agentes activos, a la actividad pol&iacute;tica y en 1871 promovi&oacute; una norma, y la Internacional la aprob&oacute;, en la que se recomendaba la creaci&oacute;n de secciones de mujeres, sin excluir la posibilidad de que en ellas participasen ambos sexos. En esa &eacute;poca prevalec&iacute;an unas condiciones de atraso donde se miraba con desprecio a las mujeres que participaban activamente en pol&iacute;tica o que asist&iacute;an a las reuniones.<br \/>Despu&eacute;s del colapso de la Primera Internacional, Marx y Engels participaron como consejeros en los partidos de la clase obrera reci&eacute;n creados y que m&aacute;s tarde conformar&iacute;an la Segunda Internacional. Por ejemplo ayudaron a escribir el programa del Partido Franc&eacute;s de los Trabajadores para las elecciones de 1880. Marx escribi&oacute; la introducci&oacute;n y en ella deja bien claro que &ldquo;la emancipaci&oacute;n de las clases productoras implica a todos los seres humanos sin distinci&oacute;n de sexo o raza&rdquo; (C. Marx, La Primera Internacional, p&aacute;g. 376, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>Adem&aacute;s tenemos el libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado publicado en 1884. El libro en conjunto es un trabajo pionero, incluso los antrop&oacute;logos, arque&oacute;logos e historiadores de hoy en d&iacute;a se ven obligados a mencionarlo.<br \/>Desde su publicaci&oacute;n se han realizado muchos descubrimientos, pero Engels en el libro aborda la cuesti&oacute;n de la mujer desde el punto de vista del materialismo hist&oacute;rico. Y demuestra que el patriarcado no es algo eterno, sino todo lo contrario.<br \/>Lenin sigui&oacute; los pasos Marx y Engels y tambi&eacute;n consideraba muy importante el trabajo de los socialistas entre la mujer (y los hombres). En el ap&eacute;ndice del libro de Lenin La emancipaci&oacute;n de la mujer, podemos encontrar Mis recuerdos de Lenin de Clara Zetkin. Y leemos lo siguiente:<br \/>&ldquo;El camarada Lenin habl&oacute; conmigo repetidas veces acerca de la cuesti&oacute;n femenina. Evidentemente, atribu&iacute;a al movimiento femenino una gran importancia, como parte esencial del movimiento de masas, del que, en determinadas condiciones, puede ser una parte decisiva. De suyo se comprende que conceb&iacute;a la plena igualdad social de la mujer como un principio completamente indiscutible para un comunista&rdquo; (Lenin, La emancipaci&oacute;n de la mujer. Mosc&uacute;, Editorial Progreso, 1979, p&aacute;g. 105). Lenin no consideraba un tema secundario el trabajo de los comunistas entre las mujeres. Incluso expres&oacute; su descontento con aquellas secciones de la Internacional Comunista que no hac&iacute;an lo suficiente en ese terreno y era muy sincero. &ldquo;Saber movilizarlas [las masas femeninas] con una clara comprensi&oacute;n de los principios y sobre una firme base organizativa, es cuesti&oacute;n de la que dependen la vida y victoria del Partido Comunista. Pero no debemos enga&ntilde;arnos. En nuestras secciones nacionales no existe todav&iacute;a una comprensi&oacute;n cabal de este problema&rdquo; (Ib&iacute;d. p&aacute;g. 125).<br \/>&ldquo;Nuestras secciones nacionales conciben la labor de agitaci&oacute;n y propaganda entre las masas femeninas, su despertar y su radicalizaci&oacute;n, como algo secundario, como una tarea que afecta exclusivamente a las mujeres comunistas (&#8230;) &iquest;En qu&eacute; se basa esta posici&oacute;n err&oacute;nea de nuestras secciones nacionales? (No hablo de la Rusia sovi&eacute;tica). En definitiva, esto no es otra cosa que una subestimaci&oacute;n de la mujer y de su trabajo&rdquo; (Ib&iacute;d., p&aacute;gs. 125-126).<br \/>No es muy conocido que la hija de Marx &mdash;Eleanor&mdash;, jug&oacute; un papel activo en el trabajo entre las mujeres obreras en la industria del East End londinense. Eleanor public&oacute; un art&iacute;culo en la prensa en el que defend&iacute;a la formaci&oacute;n de un sindicato de mecan&oacute;grafas, formado por todas las trabajadoras, tanto las que trabajaban en casa como las que escrib&iacute;an en las oficinas de las empresas: &ldquo;si quieres vivir de tu trabajo, tienes que trabajar con una presi&oacute;n enorme, durante ocho horas diarias o m&aacute;s&rdquo; (Ivonne Kapp, Eleanor Marx, The Crowded Years, 1884-98, p&aacute;g. 364, en la edici&oacute;n inglesa). &iexcl;Qu&eacute; relevantes suenan estas palabras cien a&ntilde;os despu&eacute;s!<br \/>Un importante punto de inflexi&oacute;n en la lucha de las mujeres en Gran Breta&ntilde;a, fue la huelga de las cerilleras londinenses en 1888, &eacute;ste era uno de los sectores m&aacute;s explotados y oprimidos de los trabajadores, y se rebelaron contra sus opresores. En la f&aacute;brica Bow en el pobre East End, todos los trabajadores eran mujeres, desde chicas de trece a&ntilde;os a madres de familia. Las b&aacute;rbaras condiciones laborales eran muy similares a las que hoy sufren los trabajadores del Tercer Mundo. El f&oacute;sforo blanco utilizado para fabricar las cerillas produc&iacute;a una espantosa enfermedad que desgastaba los huesos de la mand&iacute;bula; &eacute;ste era el resultado de comer en el centro de trabajo en una atm&oacute;sfera contaminada por el f&oacute;sforo. Los malos salarios empeoraban por el sistema de multas, con frecuencia se impon&iacute;an por errores triviales que eran fruto de la fatiga. Gracias a este sistema los accionistas consegu&iacute;an un dividendo del 22%.<br \/>En julio de 1888, las cerilleras dejaron a un lado sus temores y 672 mujeres iniciaron una huelga. A los quince d&iacute;as, gracias al apoyo de los sindicatos y a una campa&ntilde;a p&uacute;blica de recogida de dinero que consigui&oacute; la considerable suma de 400 libras, las mujeres consiguieron concesiones importantes. Estas trabajadoras no cualificadas organizaron el Sindicato de Manchester, el sindicato femenino m&aacute;s grande de Inglaterra. Esto fue un paso de gigante hacia adelante en la explosi&oacute;n del &ldquo;Nuevo Sindicalismo&rdquo; en Gran Breta&ntilde;a, por primera vez el proletariado no cualificado se organizaba en sindicatos. De esta lucha se pueden extraer lecciones importantes y &uacute;tiles para la situaci&oacute;n actual; hoy, como hace cien a&ntilde;os, muchos trabajadores no cualificados y semicualificados est&aacute;n desorganizados, y una parte importante son mujeres.<br \/><strong><br \/>Los bolcheviques y la mujer<\/strong><br \/>Los bolcheviques siempre dieron mucha seriedad al trabajo revolucionario entre las mujeres obreras. En concreto Lenin daba una enorme importancia esta cuesti&oacute;n, especialmente durante el periodo de insurrecci&oacute;n revolucionaria de 1912-14, y en la Primera Guerra Mundial. Fue en esta &eacute;poca en la que comenz&oacute; a celebrarse el D&iacute;a Internacional de la Mujer (el 8 de marzo) con manifestaciones masivas de trabajadores. No es casualidad que la Revoluci&oacute;n de Febrero (marzo seg&uacute;n el nuevo calendario) comenzara el D&iacute;a de la Mujer, en que las mujeres se manifestaban contra la guerra y por el elevado coste de la vida.<br \/>Los socialdem&oacute;cratas comenzaron a realizar un trabajo constante entre las mujeres obreras en el periodo de 1912-14. Los bolcheviques organizaron en 1913 el primer mitin para conmemorar el d&iacute;a internacional de la mujer trabajadora en Rusia. Ese mismo a&ntilde;o, Pravda comenz&oacute; a publicar una p&aacute;gina regular dedicada a los problemas que afectaban a las mujeres. En 1914 los bolcheviques lanzaron un nuevo peri&oacute;dico &mdash;Rabotnitsa (Mujer Obrera)&mdash;, el primer n&uacute;mero apareci&oacute; el d&iacute;a internacional de la mujer trabajadora, para distribuirlo en las manifestaciones convocadas por el partido. El peri&oacute;dico fue prohibido en julio junto con el resto de la prensa obrera. El peri&oacute;dico bolchevique se financiaba con el dinero que recog&iacute;an las trabajadoras en las f&aacute;bricas y ellas lo distribu&iacute;an en los centros de trabajo. En &eacute;l se informaba de las condiciones y las luchas de las trabajadoras, tanto en Rusia como en el extranjero, y desde sus p&aacute;ginas se animaba a las mujeres a que participaran junto con sus compa&ntilde;eros en la lucha. Tambi&eacute;n se insist&iacute;a en que rechazaran el movimiento femenino iniciado por las mujeres burguesas despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n de 1905.<br \/>El trabajo revolucionario de los socialdem&oacute;cratas rusos durante la Primera Guerra Mundial se enfrent&oacute; a enormes dificultades. El partido y los sindicatos estaban ilegalizados. En 1915 el movimiento empez&oacute; a recuperarse de los golpes recibidos en los primeros meses de la guerra. Un sector donde empezaron r&aacute;pidamente a conseguir importantes avances fue entre las mujeres trabajadoras, muchas de ellas expulsadas del trabajo industrial. Cuando estall&oacute; la guerra, las mujeres eran un tercio de los trabajadores industriales, y esta proporci&oacute;n era a&uacute;n mayor en la industria textil. Durante la guerra aument&oacute; esta proporci&oacute;n en la medida que los hombres eran movilizados para ir al frente. La situaci&oacute;n de las mujeres empeor&oacute; durante la guerra, muchas mujeres ten&iacute;an que hacer frente solas al mantenimiento de sus familias, a las escaseces y al encarecimiento del coste de la vida. Las mujeres obreras participaron en muchas huelgas y manifestaciones para protestar contra los penurias derivadas de la participaci&oacute;n de Rusia en la guerra.<br \/>El partido bolchevique estaba formado fundamentalmente por hombres (en el Sexto Congreso bolchevique celebrado en agosto de 1917, las mujeres eran el 6% de los delegados). El siguiente extracto es del panfleto titulado A las obreras de Kiev, distribuido por los bolcheviques en Kiev (Ucrania) el 8 de marzo en 1915. El panfleto nos da una idea de la forma en que los bolcheviques abordaban la cuesti&oacute;n de la mujer en su agitaci&oacute;n p&uacute;blica. En &eacute;l hacen un llamamiento para vincular la opresi&oacute;n de la mujer con el sufrimiento de los trabajadores, y la defensa de un programa para la liberaci&oacute;n de la clase obrera en su conjunto:<br \/>&ldquo;Es lamentable la suerte del trabajador, la situaci&oacute;n de la mujer es incluso peor. En la f&aacute;brica, en el taller, ella trabaja para un empresario capitalista, en casa lo hace para la familia.<br \/>Miles de mujeres venden su fuerza de trabajo al capital; miles de esclavos alquilan su trabajo; miles y cientos de miles sufren el yugo de la familia y la opresi&oacute;n social. A la gran mayor&iacute;a de las trabajadoras les parece que esto tiene que ser as&iacute;. Pero &iquest;es verdad que las mujeres trabajadoras no pueden esperar un futuro mejor y que el destino las ha deparado una vida de trabajo y s&oacute;lo trabajo sin descansar noche y d&iacute;a?<br \/>&ldquo;&iexcl;Camaradas trabajadoras! Los compa&ntilde;eros trabajan duro junto a nosotras. Su destino y el nuestro es el mismo. Pero hace tiempo que ellos han encontrado el &uacute;nico camino hacia una vida mejor, el camino de la lucha obrera organizada contra el capital, el camino de la lucha contra toda opresi&oacute;n, maldad y violencia. Compa&ntilde;eras, no tenemos otro camino. Los intereses de los trabajadores y las trabajadoras son iguales y son los mismos. S&oacute;lo mediante la lucha unificada con los trabajadores, en las organizaciones de trabajadores &mdash;el Partido Socialdem&oacute;crata, los sindicatos, clubs obreros y cooperativas&mdash; , conseguiremos nuestros derechos y una vida mejor&rdquo; (Lenin&rsquo;s Struggle for a Revolutionary International, p&aacute;g. 268, en la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p><strong>La mujer despu&eacute;s de Octubre<\/strong><br \/>En la Rusia zarista las mujeres eran legalmente esclavas de sus maridos. Seg&uacute;n la ley zarista: &ldquo;La esposa tiene que obedecer a su marido, como jefe de familia, permanecer junto a &eacute;l, amarle, respetarle, obedecerle siempre, hacer todo lo que le favorezca y demostrarle su afecto como esposa&rdquo;. El programa del Partido Comunista en 1919 dec&iacute;a: &ldquo;En el momento actual, la tarea del partido es trabajar en primer lugar, en el reino de las ideas y la educaci&oacute;n, para destruir completamente todos los vestigios de desigualdad o viejos prejuicios, particularmente entre la capa m&aacute;s atrasada del proletariado y el campesinado. Sin limitarse s&oacute;lo a la igualdad formal de las mujeres, el partido tiene que liberarlas de las cargas materiales del obsoleto trabajo familiar y sustituirlo por casas comunales, comedores p&uacute;blicos, lavander&iacute;as, guarder&iacute;as, etc&rdquo;.<br \/>Sin embargo, la puesta en pr&aacute;ctica de este programa depend&iacute;a del nivel de vida general y de la cultura de la sociedad, como explic&oacute; Trotsky en su art&iacute;culo De la vieja familia a la nueva, publicado en Pravda el 13 de julio de 1923: &ldquo;El preparar las condiciones para una nueva vida y una nueva familia no puede aislarse, repito, de las tareas generales de la construcci&oacute;n del socialismo. El Estado obrero debe fortalecerse econ&oacute;micamente para estar en condiciones de encarar seriamente la educaci&oacute;n p&uacute;blica de los ni&ntilde;os y liberar a la mujer de las tareas dom&eacute;sticas. Necesitamos m&aacute;s formas econ&oacute;micas socialistas. S&oacute;lo bajo tales condiciones podremos liberar a la familia de las tareas que en la actualidad la oprimen y la desintegran. Los lavaderos p&uacute;blicos tendr&iacute;an que ocuparse del lavado, los restaurantes p&uacute;blicos de la comida, las tiendas estatales de la costura. Los ni&ntilde;os deber&iacute;an ser educados por buenos maestros con verdadera vocaci&oacute;n para esta tarea. Entonces las relaciones entre las parejas se liberar&iacute;an de todo lo externo y accidental, y dejar&iacute;an de absorberse la vida mutuamente. Entonces se establecer&iacute;a una verdadera igualdad. Las relaciones estar&iacute;an condicionadas s&oacute;lo por el amor. Y sobre estas bases se establecer&iacute;a realmente, no de la misma manera para todos, por supuesto, pero sin imposiciones para nadie&rdquo; (Le&oacute;n Trotsky, Escritos sobre la cuesti&oacute;n femenina. Barcelona, Editorial Anagrama, 1977, p&aacute;gs. 32-33).<br \/>La revoluci&oacute;n bolchevique sent&oacute; las bases para la emancipaci&oacute;n social de las mujeres, y aunque la contrarrevoluci&oacute;n pol&iacute;tica estalinista represent&oacute; un paso atr&aacute;s parcial, es innegable que las mujeres en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica consiguieron enormes pasos adelante en la lucha por la igualdad. Las mujeres ya no ten&iacute;an la obligaci&oacute;n de vivir con sus maridos o acompa&ntilde;arles si se cambiaban de trabajo. Ten&iacute;an los mismos derechos para ser cabeza de familia y disfrutaban de igualdad salarial. Se prestaba mucha atenci&oacute;n a la maternidad y se aprobaron leyes que prohib&iacute;an a las mujeres embarazadas trabajar largas jornadas y tambi&eacute;n estaba prohibido el trabajo nocturno, exist&iacute;a la baja maternal con salario y las familias dispon&iacute;an de guarder&iacute;as. El aborto se legaliz&oacute; en 1920, el divorcio se simplific&oacute; y bastaba con inscribir el matrimonio en el registro civil. El concepto de hijo ileg&iacute;timo tambi&eacute;n fue eliminado. En palabras de Lenin: &ldquo;En el sentido literal, no hemos dejado un solo ladrillo de las despreciables leyes que colocaban a la mujer en una situaci&oacute;n de inferioridad comparada con los hombres&#8230;&rdquo;.<br \/>Los avances materiales facilitaron la plena incorporaci&oacute;n de las mujeres a todas las esferas de la vida social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica &mdash;comida gratuita en las escuelas, leche gratis para los ni&ntilde;os, comida, ropa, centros de maternidad, guarder&iacute;as y otras facilidades&mdash;.<br \/>En La revoluci&oacute;n traicionada Trotsky escribe: &ldquo;La Revoluci&oacute;n de Octubre cumpli&oacute; honradamente su palabra en lo que respecta a la mujer. El nuevo r&eacute;gimen no se content&oacute; con darle los mismos derechos jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos que al hombre, sino que hizo &mdash;lo que es mucho m&aacute;s&mdash; todo lo que pod&iacute;a y, en todo caso, infinitamente m&aacute;s que cualquier otro r&eacute;gimen para darle realmente acceso a todos los dominios culturales y econ&oacute;micos. Pero ni el &ldquo;todopoderoso&rdquo; parlamento brit&aacute;nico, ni la m&aacute;s poderosa re&shy;voluci&oacute;n pueden hacer de la mujer un ser id&eacute;ntico al hombre, o ha&shy;blando m&aacute;s claramente, repartir por igual entre ella y su compa&ntilde;e&shy;ro las cargas del embarazo, del parto, de la lactancia y de la educa&shy;ci&oacute;n de los hijos. La revoluci&oacute;n trat&oacute; heroicamente de destruir el antiguo &ldquo;hogar familiar&rdquo; corrompido, instituci&oacute;n arcaica, rutina&shy;ria, asfixiante, que condena a la mujer de la clase trabajadora a los trabajos forzados desde la infancia hasta su muerte. La familia, considerada como una peque&ntilde;a empresa cerrada, deb&iacute;a ser susti&shy;tuida, seg&uacute;n la intenci&oacute;n de los revolucionarios, por un sistema aca&shy;bado de servicios sociales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavander&iacute;as, dispensarios, hospitales, sana&shy;torios, organizaciones deportivas, cines, teatros, etc. La absorci&oacute;n completa de las funciones econ&oacute;micas de la familia por la socie&shy;dad socialista, al unir a toda una generaci&oacute;n por la solidaridad y la asistencia mutua, deb&iacute;a proporcionar a la mujer y, en consecuen&shy;cia, a la pareja, una verdadera emancipaci&oacute;n del yugo secular&rdquo; (Le&oacute;n Trotsky, La revoluci&oacute;n traicionada. Madrid, Fundaci&oacute;n Federico Engels, 1991, p&aacute;g. 147).<\/p>\n<p><strong>La Internacional Comunista<\/strong><br \/>La Internacional Comunista (IC) sigui&oacute; las tradiciones del partido bolchevique, prest&oacute; gran importancia al trabajo entre las mujeres y dio instrucciones a los partidos comunistas para &ldquo;que extendieran su influencia entre las m&aacute;s amplias capas de la poblaci&oacute;n femenina, mediante la creaci&oacute;n de organismos especiales dentro del partido y utilizar m&eacute;todos especiales para llegar a las mujeres, con el objetivo de liberarlas de la influencia de las ideas de la burgues&iacute;a o la influencia de los partidos conciliadores, adem&aacute;s de educarlas como luchadoras decididas por el comunismo y consecuentemente por el pleno desarrollo de las mujeres&rdquo;.<br \/>Para la IC la creaci&oacute;n de &ldquo;organismos especiales&rdquo; para trabajar entre las mujeres, no significaba la creaci&oacute;n de organizaciones femeninas separadas. Esta idea por s&iacute; sola habr&iacute;a sido una abominaci&oacute;n, de la misma forma que la creaci&oacute;n de organizaciones revolucionarias separadas para las naciones oprimidas, los jud&iacute;os, negros, etc.; Lenin y Trotsky siempre se opusieron a esta idea. Las tesis dicen claramente que &ldquo;el Tercer Congreso de la Internacional Comunista se opone firmemente a cualquier clase de asociaciones femeninas separadas en el seno de los partidos y sindicatos o a las organizaciones especiales de mujeres..&rdquo; (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p&aacute;g. 217, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>La IC defend&iacute;a la necesidad de crear grupos especiales formados por compa&ntilde;eros especializados y cualificados para este tipo de trabajo, para las tareas t&eacute;cnicas de la edici&oacute;n de propaganda, panfletos, etc. y en general para organizar el trabajo. Y tambi&eacute;n dejaba claro que este grupo no pod&iacute;a trabajar al margen del partido, y estaban bajo el control de los &oacute;rganos electos del partido. Los principales objetivos de este trabajo eran los siguientes:<br \/>&ldquo;1) Educar a las mujeres en las ideas comunistas y atraerlas a las filas del partido.<br \/>2) Luchar contra los prejuicios existentes entre el proletariado masculino hacia las mujeres, e incrementar la conciencia de los trabajadores y trabajadoras para hacerles comprender que tienen intereses comunes.<br \/>3) Fortalecer la voluntad de las trabajadoras implic&aacute;ndolas en todas las formas de conflicto civil, animar a las mujeres de los pa&iacute;ses burgueses a participar en la lucha contra la explotaci&oacute;n capitalista, en la acci&oacute;n de masas contra la carest&iacute;a de la vida, contra la escasez de vivienda, el desempleo y otros problemas sociales, y las mujeres de las rep&uacute;blicas sovi&eacute;ticas deben participar en la formaci&oacute;n de la personalidad y estilo de vida comunistas.<br \/>4) Poner el tema en el orden del d&iacute;a del partido e incluir propuestas legislativas relacionadas directamente con la emancipaci&oacute;n de la mujer, confirmar su liberaci&oacute;n, y defender sus intereses como madres.<br \/>5) Llevar adelante una lucha organizada contra el poder de la tradici&oacute;n, las costumbres burguesas y las ideas religiosas, preparar el camino para unas relaciones entre los sexos m&aacute;s sanas y armoniosas, garantizando la vitalidad f&iacute;sica y moral de la clase obrera&rdquo; (Ibid., p&aacute;g, 218).<br \/>La Internacional Comunista con Lenin y Trotsky nunca habr&iacute;a aceptado una actitud negligente o descuidada en este &aacute;rea vital del trabajo. En el Tercer Congreso de la Internacional Comunista se dec&iacute;a que &ldquo;sin la participaci&oacute;n activa de amplias masas de mujeres proletarias y semiproletarias, el proletariado nunca podr&aacute; tomar el poder ni llegar al comunismo.<br \/>Al mismo tiempo, el Congreso una vez m&aacute;s llama la atenci&oacute;n de toda las mujeres, porque sin el apoyo del Partido Comunista en todos los proyectos de liberaci&oacute;n de la mujer, no se podr&aacute; conseguir el reconocimiento de los derechos de las mujeres como seres humanos iguales ni tampoco su verdadera emancipaci&oacute;n&rdquo; (Ib&iacute;d., p&aacute;gs, 213-214).<br \/>Desde el principio la Internacional Comunista con Lenin y Trotsky, explic&oacute; el papel central de la cuesti&oacute;n de la mujer, pero a) lo abordaron desde un punto de vista exclusivamente de clase y revolucionario y b) explic&oacute; que la verdadera emancipaci&oacute;n de la mujer s&oacute;lo se podr&iacute;a conseguir bajo el socialismo. La Internacional Comunista insist&iacute;a en la necesidad de integrar el trabajo de las mujeres en el trabajo general del partido, y nunca deber&iacute;a ir segregado:<br \/>&ldquo;Para fortalecer la camarader&iacute;a entre las trabajadoras y los trabajadores, ser&iacute;a deseable no organizar cursos y escuelas especiales para las mujeres comunistas, sino escuelas generales del partido, en las que no debemos olvidar discutir los m&eacute;todos de trabajo entre las mujeres&rdquo; (Ibid., p&aacute;g. 227).<br \/>En el Cuarto Congreso &mdash;el &uacute;ltimo congreso genuinamente leninista de la IC&mdash; se public&oacute; un breve balance; en &eacute;l se destacaba la gran importancia que este trabajo ten&iacute;a para una Internacional revolucionaria (e inclu&iacute;a referencias especiales al problema de la mujer en los pa&iacute;ses atrasados y coloniales de Oriente), pero tambi&eacute;n dec&iacute;a que las secciones no hab&iacute;an dedicado todo el esfuerzo que se merec&iacute;a este trabajo:<br \/>&ldquo;La necesidad e importancia de organizaciones especiales para el trabajo comunista entre las mujeres, han quedado demostradas por la actividad del Secretariado de la Mujer en Oriente, que ha realizado un trabajo importante y fruct&iacute;fero en unas condiciones nuevas y poco comunes. Desafortunadamente, el Cuarto Congreso Mundial de la Internacional Comunista tiene que admitir que algunas secciones no han cumplido total o parcialmente con la responsabilidad de realizar un trabajo comunista consistente entre las mujeres. Al d&iacute;a de hoy, todav&iacute;a no se han tomado las medidas necesarias para organizar a las mujeres comunistas dentro del partido, y no se han creado organizaciones vitales del partido para el trabajo entre las masas femeninas y para establecer v&iacute;nculos con ellas.<br \/>El Cuarto Congreso exige a los partidos interesados a que solucionen estos fallos urgentemente y con la mayor rapidez posible. Adem&aacute;s pedimos a toda las secciones de la Internacional Comunista que hagan todo lo posible para promover el trabajo comunista entre las mujeres, en vista de la gran importancia que tiene este trabajo. No se podr&aacute; conseguir un frente unido del proletariado sin la participaci&oacute;n activa de las mujeres. En condiciones concretas, con la existencia de v&iacute;nculos correctos y cercanos entre los partidos comunistas y las mujeres obreras, las mujeres se pueden convertir en las pioneras de la unidad del proletariado y de los movimientos revolucionarios de masas&rdquo; (Ibid., p&aacute;g. 326).<\/p>\n<p><strong>El papel del estalinismo<\/strong><br \/>El gran socialista ut&oacute;pico franc&eacute;s Fourier, dijo &mdash;sabiamente&mdash; que la situaci&oacute;n de la mujer era la expresi&oacute;n m&aacute;s clara de la verdadera naturaleza de un r&eacute;gimen social. La revoluci&oacute;n socialista comenz&oacute; a establecer las bases materiales y legales para la verdadera liberaci&oacute;n de la mujer, pero la contrarrevoluci&oacute;n estalinista dio un giro dram&aacute;tico a la situaci&oacute;n. Desaparecieron muchas de las conquistas conseguidas con la revoluci&oacute;n. Se ilegaliz&oacute; el aborto, el divorcio se convirti&oacute; en algo dif&iacute;cil de conseguir y costoso econ&oacute;micamente. Se arrestaba a las prostitutas, a diferencia de la pol&iacute;tica bolchevique que arrestaba s&oacute;lo a los propietarios de los burdeles, intentaba desenmascarar a los hombres que utilizaban a las prostitutas y promov&iacute;a la formaci&oacute;n laboral voluntaria de las prostitutas. Durante el estalinismo tambi&eacute;n se redujeron los horarios de las guarder&iacute;as para que coincidieran con las horas de la jornada laboral. A las ni&ntilde;as se les ense&ntilde;aba en las escuelas materias especiales y las preparaban para su papel de madres y esposas.<br \/>En 1938 Trotsky describi&oacute; la situaci&oacute;n con las siguientes palabras: &ldquo;La posici&oacute;n de la mujer es el indicador m&aacute;s gr&aacute;fico y elocuente para evaluar un r&eacute;gimen social y una pol&iacute;tica estatal. La Revoluci&oacute;n de Octubre escribi&oacute; en su bandera la emancipaci&oacute;n femenina y cre&oacute; la legislaci&oacute;n m&aacute;s progresista de la historia sobre el matrimonio y la familia. Esto no significa por supuesto que una &lsquo;vida feliz&rsquo; estaba disponible inmediatamente para la mujer sovi&eacute;tica. La genuina emancipaci&oacute;n de las mujeres es inconcebible sin un adelanto general de la econom&iacute;a y la cultura, sin la destrucci&oacute;n de la unidad familiar econ&oacute;mica peque&ntilde;oburguesa, sin la introducci&oacute;n de la preparaci&oacute;n socializada de los alimentos y la educaci&oacute;n. Mientras tanto, guiada por su instinto conservador, la burocracia se ha alarmado ante la &lsquo;desintegraci&oacute;n de la familia&rsquo;. Comenz&oacute; cantando paneg&iacute;ricos a la cena y la lavander&iacute;a familiares, es decir a la esclavitud dom&eacute;stica de la mujer. Para rematar, la burocracia ha restaurado el castigo criminal por los abortos, regresando oficialmente a las mujeres al estado de animales de carga. En completa contradicci&oacute;n con el abec&eacute; del comunismo, la casta gobernante ha restaurado as&iacute; el n&uacute;cleo m&aacute;s reaccionario e ignorante del r&eacute;gimen de clase, es decir, la familia peque&ntilde;oburguesa&rdquo; (Le&oacute;n Trotsky. Escritos. Nueva York, Pathfinder Press, 1976, Tomo IX, Vol. I, p&aacute;g. 193).<br \/>Despu&eacute;s de la muerte de Stalin en 1953, se implantaron algunas reformas como por ejemplo el aborto legal, pero la situaci&oacute;n de las mujeres en la Uni&oacute;n sovi&eacute;tica nunca recuper&oacute; los niveles alcanzados con Lenin y Trotsky. A&uacute;n as&iacute;, ten&iacute;an muchas ventajas con respecto a las mujeres de Occidente. El crecimiento econ&oacute;mico de la posguerra &mdash;conseguido gracias a la econom&iacute;a planificada y nacionalizada&mdash;, permiti&oacute; una mejora general: jubilaci&oacute;n a los 55 a&ntilde;os, derecho de las mujeres embarazadas a reducir la jornada laboral con todo el salario, 56 d&iacute;as libres antes y otros 56 d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento del ni&ntilde;o. En 1970 se prohibi&oacute; el trabajo nocturno y subterr&aacute;neo para las mujeres. En 1927 el 28% de las mujeres cursaban estudios superiores, en 1960 el 43% y en 1970 el 49%. Los &uacute;nicos pa&iacute;ses del mundo en donde las mujeres constitu&iacute;an m&aacute;s del 40% del total de estudiantes en la educaci&oacute;n superior, eran Finlandia, Francia y EEUU. En 1950 hab&iacute;a seiscientas doctoras en ciencias en la Uni&oacute;n sovi&eacute;tica y en 1984 hab&iacute;a 5.600.<br \/>Tambi&eacute;n se introdujeron reformas en el cuidado de los ni&ntilde;os de edad preescolar: en 1960 hab&iacute;a 500.000 plazas de guarder&iacute;a y en 1971 hab&iacute;a m&aacute;s de cinco millones. Los tremendos avances conseguidos gracias a la econom&iacute;a planificada, con los consiguientes mejoras en la sanidad, se reflejaron en el aumento de la esperanza de vida femenina, que se dobl&oacute; y lleg&oacute; a los 74 a&ntilde;os, y tambi&eacute;n en el descenso en un 90% de la mortalidad infantil.<\/p>\n<p><strong>La contrarrevoluci&oacute;n capitalista<\/strong><br \/>El movimiento de regreso al capitalismo r&aacute;pidamente conllev&oacute; la p&eacute;rdida de todas las conquistas del pasado, y de nuevo llev&oacute; a las mujeres a una situaci&oacute;n de miserable esclavitud en el nombre hip&oacute;crita de la familia. Las mujeres han soportado la mayor parte de la carga de la crisis. Fueron las primeras en perder su empleo, las mujeres hace unos a&ntilde;os representaban el 51% de la fuerza laboral rusa y el 90% de las mujeres trabajaban, por eso el aumento del desempleo ha hecho que m&aacute;s de 70% de los parados rusos sean mujeres, en algunas zonas la cifra alcanza el 90%.<br \/>El colapso de los servicios sociales y el aumento del desempleo, ha hecho desaparecer sistem&aacute;ticamente para la mujer todos los beneficios de la econom&iacute;a planificada. El incremento del paro condenar&aacute; a muchas m&aacute;s personas a la pobreza en Rusia que en Occidente, porque muchos de los beneficios sociales en Rusia los proporcionaban directamente las empresas: &ldquo;El desempleo todav&iacute;a implica un profundo estigma en Rusia. S&oacute;lo dej&oacute; de ser un crimen en 1991. Aquellos que no tiene un empleo se enfrentan a la amenaza de la pobreza absoluta. El subsidio de paro equivale al salario m&iacute;nimo &mdash;14.620 rublos mensuales&mdash;, un tercio del nivel oficial de subsistencia y una s&eacute;ptima parte aproximadamente del salario medio. Los parados normalmente se encuentran en una situaci&oacute;n bastante peor de lo que dicen las cifras, porque son las empresas y no los ayuntamientos, las que proporcionan la mayor&iacute;a de los servicios b&aacute;sicos &mdash;sanidad, educaci&oacute;n y transporte&mdash;, y por lo tanto estos servicios s&oacute;lo est&aacute;n disponibles para los que tienen un empleo&rdquo; (The Economist, 11\/12\/93).<br \/>Durante el r&eacute;gimen zarista el salario de las mujeres era un 70% inferior al de los hombres, ahora es un 40% inferior. Si mantener a la familia con un salario ya era bastante dif&iacute;cil en la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, ahora, con el aumento de la pobreza, es pr&aacute;cticamente imposible. Las mujeres son las principales v&iacute;ctimas de este r&eacute;gimen reaccionario. La prostituci&oacute;n ha aumentado, las mujeres venden su cuerpo para sobrevivir y conseguir dinero, sobre todo se venden a los &ldquo;nuevos ricos&rdquo; y a los extranjeros. En muchos casos la mafia las exige un 20% de lo que ganan. En las revistas occidentales, las mujeres rusas se anuncian junto a las mujeres del Tercer Mundo y se ofrecen como esposas a los extranjeros. La esclavitud humillante que sufren las mujeres rusas, las ha reducido a una simple mercanc&iacute;a.<br \/>El 10 de febrero de 1993, el entonces Ministro de Trabajo, J. Melikyan, anunci&oacute; la soluci&oacute;n del gobierno para el problema del desempleo. En un lenguaje similar al de los pol&iacute;ticos burgueses occidentales de derechas, se&ntilde;al&oacute; que no ve&iacute;a la necesidad de implantar programas especiales para ayudar a que las mujeres regresaran al mundo laboral. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;amos dar un empleo a las mujeres, si los hombres est&aacute;n parados o se benefician del subsidio de desempleo?. Dejemos que los hombres trabajen y que las mujeres cuiden el hogar y los hijos&rdquo;. En el pasado este lenguaje habr&iacute;a sido impensable y ahora es algo normal y aceptable. En esta cuesti&oacute;n es donde se puede ver con mayor claridad la verdadera cara de la contrarrevoluci&oacute;n capitalista, un retroceso monstruoso a los d&iacute;as de la esclavitud zarista en los que todo esclavo deb&iacute;a permitir que el &lsquo;se&ntilde;or&rsquo; disfrutara de su esposa e hijas.<br \/>Esta situaci&oacute;n no s&oacute;lo ocurre en Rusia. En la antigua Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana (RDA), nueve de cada diez mujeres trabajaban a tiempo completo. El trabajo para la mujer era un derecho. Para que las mujeres pudieran combinar el trabajo y la familia, el Estado proporcionaba guarder&iacute;as y escuelas gratuitas para todos los ni&ntilde;os. En la actualidad han desaparecido todas estas conquistas de la econom&iacute;a nacional planificada. Ya no existen las guarder&iacute;as gratuitas. Despu&eacute;s de la unificaci&oacute;n alemana, desapareci&oacute; un tercio del empleo femenino, sobre todo en el sector p&uacute;blico, textil y agricultura. &ldquo;Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os la tasa de paro femenina en Alemania Oriental ha estado en torno al 20%, cinco puntos por encima de la tasa masculina, y dos veces por encima de la tasa, tanto de hombres como de mujeres, de Alemania Occidental. La mujeres de Alemania Oriental privadas de su capacidad de ganar dinero (y del sistema p&uacute;blico de guarder&iacute;as), han reducido el n&uacute;mero de hijos. En 1989 la tasa de nacimientos en el Este era de 1,56 hijos por mujeres, ahora es inferior, menos de un hijo por mujer&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>El &lsquo;Tercer Mundo&rsquo;<\/strong><br \/>En los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados ha mejorado la situaci&oacute;n de la mujer. Al menos formalmente las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. Tienen el mismo derecho a la educaci&oacute;n, y hasta cierto punto, ha mejorado su acceso al trabajo. Sin embargo, en el mundo ex colonial, donde vive dos tercios de la humanidad, no ocurre lo mismo. La esclavitud de la mujer es hoy peor que en cualquier otro momento de la historia. Cada a&ntilde;o mueren 500.000 mujeres debido a las complicaciones surgidas durante el embarazo y otras 200.000 mueren v&iacute;ctimas de los abortos. Los pa&iacute;ses ex coloniales gastan en sanidad s&oacute;lo el 4% del PIB, una media de 41 d&oacute;lares por habitante, comparados con los 1.900 d&oacute;lares que gastan los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados. Se calcula que cien millones de ni&ntilde;os en una edad comprendida entre los seis y once a&ntilde;os, no reciben ning&uacute;n tipo de educaci&oacute;n. Dos tercios son ni&ntilde;as. La principal causa de la espantosa pobreza que padece el Tercer Mundo es el saqueo econ&oacute;mico que sufren a trav&eacute;s del comercio, adem&aacute;s de una deuda externa de dos billones de d&oacute;lares.<br \/>El dominio absoluto que ejerce el imperialismo y las grandes multinacionales, garantiza la extracci&oacute;n despiadada de la &uacute;ltima gota de plusval&iacute;a de hombres, mujeres y ni&ntilde;os sin distinci&oacute;n. El trabajo infantil existe incluso en los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados, pero es la norma en Asia, &Aacute;frica y Am&eacute;rica latina. A los padres que viven en la pobreza no les queda otra alternativa que vender a sus hijos, incluida la peor clase de esclavitud, la prostituci&oacute;n. La plusval&iacute;a extra&iacute;da por esos representantes de la civilizaci&oacute;n humana, cristiana y occidental, contiene la sangre, sudor y l&aacute;grimas de millones de mujeres y ni&ntilde;os explotados, como ocurr&iacute;a en los tiempos de Marx. La burgues&iacute;a nos intenta convencer de que est&aacute; horrorizada ante este sufrimiento, pero mientras se llenan los bolsillos de dinero.<br \/>Los grandes monopolios &mdash;como Disney o Nike&mdash;, consiguen los beneficios del trabajo esclavista en pa&iacute;ses como Hait&iacute;. El capital ha destruido las viejas relaciones patriarcales, como bien se&ntilde;alaron Marx y Engels en las p&aacute;ginas de El Manifiesto Comunista. La explotaci&oacute;n capitalista del Tercer Mundo ha adquirido un car&aacute;cter particularmente feroz. La antigua protecci&oacute;n de la que disfrutaban mujeres y ni&ntilde;os en el pasado, trasmitidas a trav&eacute;s de la familia y las normas de la sociedad tribal, han desaparecido y en su lugar no hay nada. En el subcontinente indio las mujeres todav&iacute;a sufren los antiguos tormentos, sobrepuestos en la b&aacute;rbara explotaci&oacute;n econ&oacute;mica del sistema capitalista. La burgues&iacute;a india despu&eacute;s de medio siglo de &ldquo;independencia&rdquo; no ha conseguido eliminar el sistema de castas. Todav&iacute;a existe el terrible sutte, que consiste en obligar a las mujeres a lanzarse a la pira funeraria de su marido muerto. Cada a&ntilde;o se producen cientos de casos. Y aquellas viudas que consiguen escapar de este destino, se las trata como parias y no tienen derecho a la vida. Se las golpea, se las obliga a pasar hambre y los parientes las humillan hasta que no les queda otra salida que el suicidio.<br \/>En las comunidades agr&iacute;colas de Asia el nacimiento de una ni&ntilde;a es considerado una desgracia. El infanticidio femenino es algo com&uacute;n. En los orfanatos p&uacute;blicos chinos, la mayor&iacute;a son ni&ntilde;as. El motivo es que en Asia, en pa&iacute;ses donde no existen las pensiones de jubilaci&oacute;n los campesinos pobres de Asia necesitan familias grandes para que les mantengan cuando lleguen a la vejez. Por eso los ni&ntilde;os son m&aacute;s valiosos que las ni&ntilde;as, porque &eacute;stas adem&aacute;s necesitan una dote para casarse. En la India si la dote es considerada insuficiente, la familia del novio puede asesinar a la novia. Esta es la situaci&oacute;n de la India a principios del siglo XXI. Pero la situaci&oacute;n en Pakist&aacute;n no es mucho mejor, all&iacute; la sharia (la ley isl&aacute;mica) es la norma. Las mujeres pr&aacute;cticamente no tienen ning&uacute;n derecho y tienen que casarse con quien elija su familia. Pero Pakist&aacute;n es un para&iacute;so liberal comparado con Afganist&aacute;n bajo el dominio de los talibanes. Antes de la revoluci&oacute;n de 1979, la principal actividad econ&oacute;mica en Afganist&aacute;n era la venta de novias. Los estalinistas afganos aprobaron leyes en las que se conced&iacute;an derechos de las mujeres. Hoy nada de eso existe. Las mujeres no tienen derechos y est&aacute;n confinadas en el hogar. Como no pueden trabajar, est&aacute;n obligadas a pasar hambre. Esta ley b&aacute;rbara se aplica estrictamente, incluso aunque hay escasez de mano de obra debido al elevado n&uacute;mero de hombres que murieron en la guerra. No importa que muchas de estas mujeres sean profesoras o enfermeras y que sean necesarias. Les est&aacute; prohibido trabajar. Esta es la verdadera cara de la reacci&oacute;n isl&aacute;mica. Pero los verdaderamente responsables son los imperialistas de Washington y sus t&iacute;teres de Pakist&aacute;n que armaron y financiaron a estos monstruos para luchar contra el &ldquo;comunismo&rdquo;.<br \/>En Afganist&aacute;n la lucha por los derechos de la mujer est&aacute; unida inseparablemente a la lucha revolucionaria por la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad, y al derrocamiento de este r&eacute;gimen horrible de reacci&oacute;n religiosa. Las mujeres en Afganist&aacute;n constituyen una poderosa reserva para la revoluci&oacute;n. Esto se pudo comprobar en Ir&aacute;n. Despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de reacci&oacute;n isl&aacute;mica las masas est&aacute;n cansadas del dominio de los mul&aacute;s. La carga del fundamentalismo es m&aacute;s onerosa para las mujeres, y ahora comienzan a desafiarla, lo pudimos comprobar cuando Ir&aacute;n gan&oacute; a Estados Unidos en un partido de f&uacute;tbol, las mujeres desafiaron la ley y salieron a la calle a cantar y bailar junto con los hombres, sin el chaddor (velo), y los mul&aacute;s no pudieron hacer nada para evitarlo. En la pr&oacute;xima revoluci&oacute;n en Ir&aacute;n, tambi&eacute;n las mujeres jugar&aacute;n un papel fundamental.<br \/>Lenin dijo en una ocasi&oacute;n que &ldquo;el capitalismo es horror sin fin&rdquo;. Ese horror afecta sobre todo a las mujeres y de forma m&aacute;s cruel a las del Tercer Mundo. El fracaso del &ldquo;socialista&rdquo; FLN en la revoluci&oacute;n de Argelia, tambi&eacute;n ha terminado en el actual callej&oacute;n sin salida sangriento. Las horrorosas masacres de hombres, mujeres y ni&ntilde;os, pueblos enteros literalmente cortados a trozos con navajas y hachas, se producen continuamente con el silencio c&oacute;mplice de Occidente. Es evidente que estas atrocidades no son s&oacute;lo monopolio de los terroristas isl&aacute;micos, tambi&eacute;n es, y principalmente, obra del r&eacute;gimen militar y sus escuadrones de la muerte. Adem&aacute;s de estos horrores, las mujeres tienen que sufrir las violaciones y los raptos. Muchas de estas mujeres se suicidan despu&eacute;s. El uso de la violaci&oacute;n como un arma de la reacci&oacute;n lo vimos tambi&eacute;n en Indonesia, cuando el r&eacute;gimen de Suharto organiz&oacute; pogromos contra los ciudadanos chinos, lo mismo hizo el r&eacute;gimen zarista contra los jud&iacute;os. Estos horrores nos demuestran de lo que es capaz la clase dominante. En el futuro si los trabajadores no toman el poder, tambi&eacute;n veremos hechos similares en los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados.<br \/>La principal carga de la opresi&oacute;n siempre recae en las mujeres de las capas m&aacute;s pobres de la sociedad. Sin embargo, sobre todo en el Tercer Mundo, muchas mujeres de otras clases tambi&eacute;n sufren tratos brutales e inhumanos. Los marxistas debemos luchar contra todo tipo de injusticia social, pero siempre debemos basarnos en la clase obrera, la &uacute;nica que puede sacar a la sociedad de este callej&oacute;n sin salida, pero tambi&eacute;n debemos denunciar las injusticias que se cometen contra las mujeres.<br \/>Sin molestar la sensibilidad religiosa, con la utilizaci&oacute;n de un lenguaje cuidadoso, debemos exponer el papel de la religi&oacute;n. La lucha revolucionaria en Asia y Oriente Medio exige una lucha despiadada contra toda clase de oscurantismo y fundamentalismo religioso, que independientemente de su demagogia &ldquo;antiimperialista&rdquo;, siempre juega el papel m&aacute;s reaccionario en la sociedad. La emancipaci&oacute;n de las mujeres ser&aacute; una utop&iacute;a si no va acompa&ntilde;ada de la lucha contra toda religi&oacute;n, que sostiene y perpet&uacute;a la esclavizaci&oacute;n de las mujeres.<\/p>\n<p><strong><br \/>La mujer y el desempleo<\/strong><br \/>La crisis del capitalismo se manifiesta en la existencia de altas tasas de desempleo incluso en periodos de auge econ&oacute;mico. El paro afecta a las mujeres y a los j&oacute;venes m&aacute;s seriamente que a otros sectores de la sociedad. Las tasas oficiales de desempleo femenino en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses est&aacute;n por encima de la media.<br \/>Estas cifras subestiman la verdadera situaci&oacute;n ya que excluyen a un gran n&uacute;mero de mujeres que han perdido toda esperanza de encontrar un empleo y por lo tanto no visitan las oficinas de desempleo. La &ldquo;flexibilizaci&oacute;n del empleo&rdquo; afecta m&aacute;s a las mujeres. La mayor&iacute;a de las mujeres est&aacute;n condenadas a ganar un salario inferior y a trabajar en unas condiciones laborales peores. Su situaci&oacute;n ha ido de mal en peor. La extensi&oacute;n incontrolada del trabajo a tiempo parcial y temporal, en teor&iacute;a m&aacute;s conveniente para las mujeres, es la excusa ideal para aplicar estas condiciones laborales a los sectores m&aacute;s indefensos de la sociedad:<br \/>&ldquo;En EEUU, que disfruta de un auge econ&oacute;mico y tiene un mercado laboral ajustado, las mujeres, para muchos empresarios, son un regalo del cielo. Es m&aacute;s barato emplear a mujeres, est&aacute;n m&aacute;s dispuestas a ser flexibles y suelen protestar menos por las malas condiciones de trabajo. Muy pocas est&aacute;n afiliadas a un sindicato. Pero la &uacute;nica sorpresa es que a pesar de todo esto, la tasa de paro femenino en EEUU no es inferior a la masculina&rdquo; (The Economist, 18\/7\/98).<br \/>&ldquo;Muchas se encuentran en lo que llaman los economistas laborales &lsquo;empleo at&iacute;pico&rsquo;, el que mejor se ajusta a la industria de servicios: tiempo parcial, contrato temporal, horarios irregulares o poco comunes y con contratos base. Algunas est&aacute;n sin asegurar y muchas tienen salarios muy bajos. Las mujeres, ansiosas por encontrar una forma de combinar el trabajo con la familia, est&aacute;n dispuestas a ser m&aacute;s flexibles y se adaptan mejor que los hombres a esta nueva forma de trabajar&rdquo; (Ibid.).<br \/>Los trabajos a tiempo parcial se extienden por todas partes. Para muchas mujeres, esta es la &uacute;nica forma que las permite combinar el trabajo y la familia. Esto les va bien a los empresarios porque pueden tratar a sus empleados como les gusta, pueden presionarlos para obtener un mayor rendimiento laboral a cambio de un salario de miseria. Ahora han aparecido nuevas variantes. La &uacute;ltima es el trabajador &ldquo;contingente&rdquo;: en esencia, alguien que no espera que le dure mucho el empleo. Estos trabajadores trabajan en una amplia gama de industrias, o se les contrata temporalmente o est&aacute;n a disposici&oacute;n de la empresa para cuando &eacute;sta les llame. En EEUU las cifras &uacute;ltimas del Departamento del Trabajo sit&uacute;an la cifra en torno a los 5,5 millones de trabajadores, m&aacute;s de la mitad son mujeres. Estos trabajadores ganan menos que el resto de trabajadores y a menudo no tienen ning&uacute;n derecho social.<br \/>La versi&oacute;n alemana se llama &ldquo;empleo secundario&rdquo; y muchos economista reconocen que crece a pasos de gigante. El gobierno exime a estos trabajadores que ganan menos de 340 d&oacute;lares mensuales de pagar impuestos, pero a cambio, no tienen derecho a pensi&oacute;n ni subsidio de desempleo. Se calcula que cuatro millones de trabajadores trabajan en los &ldquo;empleos secundarios&rdquo;.<br \/>&ldquo;Debido a las responsabilidades familiares, las mujeres por regla general hacen menos horas en sus empleos que los hombres, por eso ganan bastante menos que los hombres. En el conjunto de la Uni&oacute;n Europea, aproximadamente un tercio de todas las mujeres asalariadas trabajan menos de 35-40 horas semanales, (aunque esa media encubre grandes diferencias ver tabla), entre los hombres la proporci&oacute;n de trabajadores a tiempo parcial es del 5%, y la mayor&iacute;a son estudiantes o jubilados. En EEUU, la proporci&oacute;n de mujeres trabajando a tiempo parcial es m&aacute;s peque&ntilde;a que en Europa. Pero mayor en proporci&oacute;n con los hombres. Las cifras japonesas son similares a las europeas, pero muchas de las trabajadoras a &lsquo;tiempo parcial&rsquo;, en la pr&aacute;ctica trabajan las mismas horas que a tiempo completo; aunque ganan menos que los trabajadores a tiempo completo. En todas partes, el tiempo parcial a menudo equivale a una &lsquo;segunda clase&rdquo; (The Economist, 18\/7\/98).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El sobretrabajo y la familia<\/strong><br \/>The Economist public&oacute; recientemente una encuesta, en ella se presentaba un dibujo horrible del tipo de sobretrabajo que aflige a los estadounidenses, no s&oacute;lo a los trabajadores de cuello azul, sino tambi&eacute;n a los de cuello blanco y tiene efectos corrosivos en la vida familiar y en las relaciones personales:<br \/>&ldquo;Donde trabajan los dos padres (antes era la norma para los ejecutivos m&aacute;s viejos de la empresa), un d&iacute;a t&iacute;pico comenzar&iacute;a al amanecer, preparan a los ni&ntilde;os y los llevan a la guarder&iacute;a de la empresa. Los padres pasar&aacute;n entonces una larga jornada de trabajo y recoger&aacute;n a los ni&ntilde;os en la guarder&iacute;a diez horas despu&eacute;s, comprar&aacute;n algo de camino a casa, cocinar&aacute;n, pondr&aacute;n la ropa sucia en la lavadora, recoger&aacute;n la casa, leer&aacute;n a los ni&ntilde;os un cuento para dormir y despu&eacute;s se ir&aacute;n a la cama completamente derrotados. Y estos son los d&iacute;as en que no ocurre nada fuera de lo normal.<br \/>&ldquo;Esos empleados que raramente piden un permiso paternal, ten&iacute;an un horario laboral m&aacute;s flexible y se aprovechaban del ofrecimiento de alg&uacute;n familiar o amigo. Ahora pasan m&aacute;s horas en el trabajo, con frecuencia su horario es m&aacute;s largo del habitual. Algunas veces s&iacute; necesitaban los ingresos extras, pero en la mayor&iacute;a de las ocasiones, se enfrentan a la elecci&oacute;n entre el estr&eacute;s en el trabajo y el estr&eacute;s en el hogar, hombres y mujeres eligen el trabajo, all&iacute; al menos est&aacute;n en contacto con sus colegas, se les toma en serio y cobran por sus penas, mientras que en el hogar se sienten aislados, y tienen que hacer frente a exigencias interminables. El trabajo se ha convertido en el hogar y el hogar se ha convertido en un trabajo duro&#8230;<br \/>&ldquo;Muchas familias estadounidenses con hijos en edad escolar llevan este tipo de vida&rdquo; (Ib&iacute;d.)<br \/>L&oacute;gicamente estos trabajadores no est&aacute;n satisfechos con su suerte. M&aacute;s de la mitad considera que su principal problema es la &ldquo;falta de tiempo&rdquo;. &Eacute;sta es otra de las contradicciones del capitalismo moderno. En un momento en que los avances de la ciencia y la tecnolog&iacute;a han proporcionado lo necesario para revolucionar la vida de las personas, que permitir&iacute;an tener un trabajo mejor y una jornada laboral m&aacute;s corta, millones est&aacute;n condenados a la miseria y al paro, mientras, otros millones de &ldquo;afortunados&rdquo; que tienen un empleo, est&aacute;n condenados a vivir de medicamentos, y a pasar largas horas bajo la presi&oacute;n inexorable del trabajo. Est&aacute;n condenados a sacrificar su salud y bienestar f&iacute;sico, igual que su vida familiar e hijos.<br \/>El empresario utiliza los avances de la tecnolog&iacute;a para aumentar la esclavitud del trabajador, los convierte en esclavos de la oficina y los somete a una jornada laboral inacabable. Inventos como los tel&eacute;fonos port&aacute;tiles, los buscas, etc., permiten a los empresarios un nivel de control sobre el trabajador sin precedentes, sin la supervisi&oacute;n directa del empresario. La distinci&oacute;n entre el centro de trabajo y el hogar, entre la jornada laboral y el tiempo de ocio ha dejado de tener significado. La tiran&iacute;a del capital, su absoluto dominio de los trabajadores y sus familias, ya es algo absoluto. A principios del siglo XXI no deber&iacute;amos preguntarnos si &ldquo;hay vida despu&eacute;s de la muerte&rdquo;, sino m&aacute;s bien &ldquo;&iquest;hay vida antes de la muerte?&rdquo;. <br \/><strong><br \/>&lsquo;El segundo turno&rsquo; <\/strong><br \/>Las mujeres con hijos, si quieren trabajar, deben encontrar alguna forma de cuidarlos. En una sociedad justa la educaci&oacute;n universal y gratuita deber&iacute;a extenderse a todos los ni&ntilde;os, adem&aacute;s de implantar mejores condiciones laborales y garantizar una remuneraci&oacute;n para que los padres puedan cuidar a sus hijos de corta edad. En lugar de esto, los padres trabajadores tienen que dejar a sus hijos al &ldquo;cuidado&rdquo; de personas que en la mayor&iacute;a de los casos est&aacute;n escasamente cualificadas y sin experiencia. Esta situaci&oacute;n provoca muchas tragedias. La prensa sensacionalista encuentra en estos casos la oportunidad para atacar a estas mujeres desafortunadas, pero se cuida mucho de no acusar a la sociedad que crea las condiciones para que se produzcan estas monstruosidades.<br \/>De acuerdo con un reciente estudio del Instituto Nacional de Cuidado Infantil y Desarrollo Humano, el 80% de los ni&ntilde;os estadounidenses en el primer a&ntilde;o de vida est&aacute;n al cuidado de alguien que no es su madre, la mayor&iacute;a se quedan al cuidado de otra persona a partir de los cuatro meses de edad, y estos ni&ntilde;os suelen estar una media de treinta horas semanales al cuidado de otra persona que no es su madre. Adem&aacute;s: &ldquo;La mayor&iacute;a de estos casos est&aacute;n en una situaci&oacute;n por debajo de la que considerar&iacute;amos&#8230; &oacute;ptima. Apenas adecuado es el t&eacute;rmino t&eacute;cnico que podr&iacute;a describir el cuidado infantil t&iacute;pico en este pa&iacute;s (&#8230;) aproximadamente entre el 15-20% son sombr&iacute;os e incluso peligrosos&rdquo; (Ibid., el subrayado es nuestro).<br \/>Incluso estas condiciones primitivas son demasiado costosas para muchas mujeres a las que no les queda otro remedio que trabajar. A pesar de todas las palabras sobre la emancipaci&oacute;n de la mujer, empleo femenino y cosas por el estilo, muchas todav&iacute;a est&aacute;n atrapadas entre las cuatro paredes del hogar. En Europa aproximadamente un tercio de las mujeres en edad laboral, se describen como amas de casa, entre &eacute;stas probablemente algunas tendr&aacute;n un empleo a tiempo parcial. Cuantos m&aacute;s hijos tienen, m&aacute;s probable es que se queden confinadas en casa. &ldquo;Esa no es necesariamente una receta para la felicidad. Casi en todos los pa&iacute;ses de la UE, las mujeres que trabajan fuera del hogar parecen m&aacute;s sanas y satisfechas con la vida que las amas de casa. Pero las que trabajan no se libran del &lsquo;segundo turno&rsquo;: una jornada laboral en el hogar despu&eacute;s de trabajar para su empresario&rdquo; (Ibid.).<br \/>La mujer sufre una doble esclavitud: la esclavitud en el trabajo y adem&aacute;s el &ldquo;segundo turno&rdquo; en el hogar. Las trabajadoras japonesas, por ejemplo, pasan tres horas y media diarias en las tareas dom&eacute;sticas, adem&aacute;s de su jornada de trabajo remunerado habitual. Esta situaci&oacute;n es la misma en el resto de sociedades occidentales llamadas civilizadas.<\/p>\n<p><strong>Las mujeres y los sindicatos<\/strong><br \/>La transformaci&oacute;n socialista de la sociedad ser&iacute;a impensable sin la lucha cotidiana para conseguir dar pasos adelante bajo el capitalismo. No somos indiferentes a la lucha por las reformas. Pero para los marxistas lo m&aacute;s importante es que los trabajadores aprendan a trav&eacute;s de la lucha. Nuestra principal tarea es &ldquo;explicar pacientemente&rdquo; a las mujeres m&aacute;s activas y conscientes que se encuentran en los sindicatos y partidos obreros, la necesidad de la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad, no s&oacute;lo nacional sino tambi&eacute;n internacionalmente. Debemos tener cuidado de no caer en la trampa de muchos reformistas, de la mir&iacute;ada de sectas, y tambi&eacute;n de algunas feministas burguesas, que piensan que a las mujeres s&oacute;lo les interesan los &ldquo;temas femeninos&rdquo;. Aunque muchos de estos temas son importantes, ser&iacute;a un error subestimar los intereses de las mujeres en otras cuestiones m&aacute;s amplias y cotidianas que son fundamentales. Hay que atraer a las mejores luchadoras a la teor&iacute;a y al programa revolucionario del marxismo.<br \/>La lucha de la mujer por sus intereses, comienza en el centro de trabajo. La lucha para organizar a las trabajadoras en los sindicatos, la lucha para conseguir salarios decentes y condiciones laborales dignas, y la lucha por su completa igualdad con los trabajadores, es el primer deber de los marxistas. Las trabajadoras son un colosal potencial revolucionario para el movimiento obrero, y la burocracia sindical conservadora es incapaz de desarrollar ese potencial. Las nuevas condiciones de producci&oacute;n, la expansi&oacute;n de la llamada industria de servicios, ha incrementado el n&uacute;mero de trabajadoras, a la vez que la gran mayor&iacute;a no est&aacute;n organizadas en los sindicatos. &Eacute;stos deben tomar la iniciativa para organizar a las capas desorganizadas, en particular a las mujeres y los j&oacute;venes.<br \/>La primera cuesti&oacute;n es la descarada discriminaci&oacute;n que sufre la mujer en el centro trabajo. Las mujeres de todo el mundo, en general, ganan menos que los hombres &mdash;un 20-30% menos&mdash;, por el mismo trabajo. Un salario m&aacute;s bajo normalmente supone menos o ning&uacute;n beneficio y una pensi&oacute;n de jubilaci&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a. Esto no s&oacute;lo perjudica a las mujeres, tambi&eacute;n a los trabajadores. Si un grupo de trabajadores acepta salarios m&aacute;s bajos esto tiene un efecto depresor sobre los salarios y condiciones laborales en general. Aceptar que las mujeres y los j&oacute;venes ganen salarios m&aacute;s bajos que el resto de los trabajadores es reaccionario, divide al movimiento obrero y es contraproducente. Eso tambi&eacute;n explica la indiferencia de muchas mujeres hacia los sindicatos porque no hacen nada por ellas. Organizar a los desorganizados es el deber fundamental de los sindicatos, especialmente en la &eacute;poca actual. Es importante luchar para conseguir que &ldquo;a igual trabajo igual salario&rdquo;. Los empresarios pueden eludir f&aacute;cilmente este principio de &ldquo;a igual trabajo igual salario&rdquo; porque a veces es dif&iacute;cil e imposible comparar los diferentes tipos de trabajos que hacen hombres y mujeres en diferentes ramas de la producci&oacute;n.<br \/>&ldquo;Hoy oportunamente, han encontrado el trabajo que esperaban. Con la reestructuraci&oacute;n de las econom&iacute;as desarrolladas, se han creado muchos empleos en el nuevo sector servicios diferente al empleo tradicional: seguro, a tiempo completo, en la industria manufacturera formada fundamentalmente por hombres. Muchos de estos nuevos empleos son a tiempo parcial o con horarios extra&ntilde;os, ofrecen y requieren un grado de flexibilidad que a menudo conviene a las mujeres. Muchos de los empleos, demasiados, est&aacute;n en la escala m&aacute;s baja, sectores peor pagados como el comercio, alimentaci&oacute;n y limpieza, que ayudan muy poco al sostenimiento de la familia&rdquo; (Ibid.).<br \/>En aquellos sectores donde hay m&aacute;s mujeres que hombres, los salarios suelen ser inferiores. Esto es lo que ocurre en el comercio, limpieza y alimentaci&oacute;n, y menos en empleos como la enfermer&iacute;a o la ense&ntilde;anza, porque fundamentalmente pertenecen al sector p&uacute;blico. Con tantas mujeres concentradas en sectores con salarios muy bajos, no es sorprendente que, a pesar de toda la legislaci&oacute;n de igualdad salarial, exista un abismo en todos los pa&iacute;ses entre los salarios de los hombres y las mujeres. Gracias a la presi&oacute;n de las trabajadoras y los sindicatos, se ha acortado algo esta diferencia: en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os en EEUU, el salario por hora de las mujeres ha pasado del 64% al 80% con relaci&oacute;n al de los hombres. Pero todav&iacute;a existe diferencia, y cuanto m&aacute;s bajamos en la escala salarial, mayor es la diferencia. Mientras que los j&oacute;venes, los profesionales del cuidado infantil y otros trabajos a tiempo completo en EEUU, tienen igualdad salarial, en las industrias las mujeres ganan menos que los trabajadores.<br \/>Las mujeres tambi&eacute;n sufren discriminaci&oacute;n por la maternidad. Tener un hijo deber&iacute;a ser un motivo de regocijo, en esta sociedad con frecuencia es una calamidad, especialmente para la madre. A menudo significa la p&eacute;rdida del empleo, la pobreza y la humillante dependencia de las ayudas p&uacute;blicas. La prensa burguesa &mdash;especialmente en Gran Breta&ntilde;a y EEUU&mdash;, califican c&iacute;nicamente a las madres solteras de par&aacute;sitos &ldquo;que viven a costa del estado&rdquo;, pero no explica que a estas mujeres se les niega el acceso al mercado laboral y que se las margina la sociedad de la forma m&aacute;s brutal e inhumana. Incluso si consiguen mantener el empleo, la maternidad supondr&aacute; el descenso de sus ingresos. &ldquo;Si la mujer decide tener un hijo, su salario caer&aacute; y cuanto m&aacute;s hijos tenga, m&aacute;s caer&aacute; su salario&rdquo; (Ibid., el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p><strong>&iquest;Marxismo o feminismo?<\/strong><br \/>Los marxistas debemos defender en&eacute;rgicamente la causa de la mujer, debemos luchar contra la desigualdad y contra todas las manifestaciones de opresi&oacute;n, discriminaci&oacute;n e injusticia. Pero siempre debemos hacerlo desde un punto de vista de clase. Mientras luchamos decididamente para conseguir todas aquellas reformas que representen un paso adelante real para la mujer, tambi&eacute;n debemos explicar que la &uacute;nica salida para conseguir realmente la completa emancipaci&oacute;n de la mujer &mdash;y de las otras capas oprimidas de la sociedad&mdash;, es mediante la abolici&oacute;n del sistema capitalista. Esta lucha requiere la m&aacute;xima unidad entre los trabajadores y las trabajadoras en su lucha contra el capitalismo. Cualquier tendencia que se califique de feminista, que intente enfrentar a la mujer contra el hombre, que divida o segregue a las mujeres del resto del movimiento obrero en nombre de &ldquo;la liberaci&oacute;n de la mujer&rdquo; u otra cosa por el estilo, es reaccionaria y debemos combatirla en&eacute;rgicamente.<br \/>Nosotros luchamos por la unidad del proletariado, independientemente de su sexo, raza, color, religi&oacute;n o nacionalidad. Nuestra lucha por la causa de la mujer necesariamente presupone la lucha implacable contra todo tipo de feminismo burgu&eacute;s y peque&ntilde;o burgu&eacute;s (contra la idea de que la lucha por la emancipaci&oacute;n de la mujer s&oacute;lo es posible separada de la lucha de la clase obrera por el socialismo y especialmente contra cualquier intento de enfrentar a la mujer contra el hombre). Estas tendencias, all&iacute; donde consiguen influencia en el movimiento obrero, siempre caen en manos de los elementos m&aacute;s reaccionarios, juegan un papel divisorio y arrojan confusi&oacute;n entre aquellas mujeres que se dirigen hacia el socialismo. En esta cuesti&oacute;n es necesario mantener siempre una postura de clase firme. El Partido Bolchevique y la Internacional Comunista en sus resoluciones siempre hablaban de &ldquo;mujeres trabajadoras&rdquo; y no de la mujer en general. Sobra decir que la lucha por los derechos de la mujer incluye a todas las mujeres proletarias, incluidas las esposas, paradas, estudiantes, etc&eacute;tera. Pero el elemento clave son las mujeres trabajadoras que representan a un sector cada vez m&aacute;s grande de la clase obrera.<br \/>La conquista de &ldquo;derechos iguales&rdquo; formales sin la transformaci&oacute;n de las relaciones sociales, es una conquista muy limitada y deja inalterables las ra&iacute;ces de la opresi&oacute;n de la mujer en la sociedad capitalista. En el &uacute;ltimo periodo la mayor&iacute;a de las &ldquo;mejoras&rdquo; relacionadas con &ldquo;la discriminaci&oacute;n positiva&rdquo; han servido de veh&iacute;culo para el ascenso de una capa de arribistas de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a. En la &uacute;ltima d&eacute;cada la voz del feminismo peque&ntilde;o burgu&eacute;s, antiguamente tan estridente con sus reivindicaciones de &ldquo;igualdad&rdquo; (el derecho de la mujer a ser sacerdote, directores de empresa y otras cosas por el estilo), cada vez tiene menos audiencia. &iquest;Por qu&eacute;? Porque las feministas de clase media hace mucho tiempo que han conseguido lo que quer&iacute;an.<br \/>La burgues&iacute;a ha dejado un hueco para las directores de empresa, juezas, banqueras, bur&oacute;cratas y sacerdotisas. El ascenso de la mujer a los puestos medios de direcci&oacute;n en EEUU ha pasado del 4 al 40% en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. Hoy d&iacute;a, 419 empresas de las incluidas en la lista Fortune 500 cuentan con al menos una mujer en sus consejos de direcci&oacute;n, y un tercio de estas empresas tienen dos o m&aacute;s mujeres. Las empresas m&aacute;s grandes promocionan m&aacute;s a la mujer que las del final de la lista de Fortune 500. Para algunas mujeres las cosas les van muy bien. Estas arribistas burguesas y peque&ntilde;o burguesas siempre estuvieron a favor de la emancipaci&oacute;n de la mujer, &ldquo;una a una, comenzando por s&iacute; misma&rdquo;.<br \/>Por esa raz&oacute;n, siempre hemos mantenido una lucha implacable contra el feminismo burgu&eacute;s y peque&ntilde;o burgu&eacute;s. &Eacute;ste no tiene nada en com&uacute;n con la lucha real por la emancipaci&oacute;n de la mujer. Estas mujeres una vez han solucionado su &ldquo;problema&rdquo; personal dentro de los confines del capitalismo, ya son felices y se olvidan del 99% de las mujeres que sufren la opresi&oacute;n y explotaci&oacute;n m&aacute;s espantosa, mientras que las antiguas &ldquo;feministas &ldquo; se unen a las filas de los explotadores. Un fen&oacute;meno similar ha ocurrido con los negros de clase media en EEUU que han conseguido hacer fortuna en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La clase dominante siempre se puede permitir hacer este tipo de &ldquo;concesiones&rdquo; que no amenazan su dominio como clase.<br \/>No estamos a favor de la &ldquo;discriminaci&oacute;n positiva&rdquo;, sea de mujeres, negros o de cualquier otro sector. Es una reivindicaci&oacute;n peque&ntilde;o burguesa que sirve para desviar la atenci&oacute;n de las verdaderas ra&iacute;ces de la desigualdad. Por su propia naturaleza, la imposici&oacute;n de cuotas arbitrarias para mujeres, negros, etc&eacute;tera, sirve como veh&iacute;culo para la avance de una minor&iacute;a de arribistas y da la impresi&oacute;n de que &ldquo;se est&aacute; haciendo algo&rdquo;, mientras los problemas fundamental es siguen inalterables. Este m&eacute;todo no responde al problema de la discriminaci&oacute;n, desv&iacute;a la atenci&oacute;n de lo verdaderamente importante y es un ejercicio de simbolismo. Es el m&eacute;todo utilizado con frecuencia por la burocracia para bloquear el avance de la izquierda en los &oacute;rganos de direcci&oacute;n de los partidos y sindicatos obreros, en ayuntamientos y parlamentos. El caso m&aacute;s evidente ocurre en Estados Unidos, all&iacute; la burgues&iacute;a utiliza h&aacute;bilmente este m&eacute;todo para calmar el tema racial creando una peque&ntilde;a capa de arribistas negros. Los negros de clase media han utilizado la lucha contra el racismo para acceder a los mejores empleos, con buenos salarios y despu&eacute;s deciden que lo mejor para ellos es ser m&aacute;s &ldquo;moderados&rdquo; y &ldquo;razonables&rdquo;.<br \/>Algunas veces trabajadoras y j&oacute;venes honestas se pueden calificar a s&iacute; mismas de feministas, sin que comprendan claramente lo que significa eso. Debemos tener una actitud flexible y positiva con ellas. Lo mismo ocurre con aquellos que pertenecen a las minor&iacute;as oprimidas. De la misma forma que nos oponemos al nacionalismo, debemos oponernos el feminismo. Y esta postura no afecta a nuestra lucha contra la discriminaci&oacute;n. Siempre abordamos la cuesti&oacute;n de la desigualdad desde el punto de vista de la clase obrera y del socialismo, nunca desde otro punto de vista. Una cosa es que las trabajadoras expresen su preocupaci&oacute;n por los problemas a los que se enfrentan debido a su sexo (desigualdad salarial, el trabajo en el hogar, los problemas del cuidado de los hijos, el acoso sexual y la violencia contra la mujer) y luchar contra estos problemas, y otra cosa muy distinta es cuando las tendencias burguesas y peque&ntilde;o burguesas intentan explotar los problemas de las mujeres para librar una guerra entre los sexos. La preocupaci&oacute;n natural de las trabajadoras es la desigualdad que padecen y luchan contra ella. Este debe ser el punto de partida en la lucha para cambiar la sociedad en l&iacute;neas socialistas, el feminismo burgu&eacute;s y peque&ntilde;o burgu&eacute;s trata la cuesti&oacute;n de la mujer de una forma aislada y busca la soluci&oacute;n dentro de los confines del sistema capitalista. Esto invariablemente conduce a conclusiones reaccionarias.<\/p>\n<p><strong>La amenaza cultural<\/strong><br \/>Las mujeres tienen problemas concretos a los que hay que prestar atenci&oacute;n. No s&oacute;lo la discriminaci&oacute;n en el trabajo, la discriminaci&oacute;n salarial por raz&oacute;n de sexo, la ausencia de derechos, etc., sino tambi&eacute;n cuestiones relacionadas con la maternidad, el embarazo, etc.. El papel de la mujer como madre tambi&eacute;n plantea necesidad de derechos especiales para la protecci&oacute;n de las mujeres embarazadas y las madres. La introducci&oacute;n de la igualdad formal, sin duda es un paso adelante, pero no soluciona el problema fundamental de la mujer:<br \/>&ldquo;La reivindicaci&oacute;n feminista m&aacute;s radical &mdash;la extensi&oacute;n del sufragio a las mujeres en el marco del parlamentarismo burgu&eacute;s&mdash; no resuelve la cuesti&oacute;n de la igualdad real para las mujeres, especialmente de las que pertenecen a las clases despose&iacute;das. La experiencia de las trabajadoras en aquellos pa&iacute;ses capitalistas en los que durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os la burgues&iacute;a ha introducido la igualdad formal entre los sexos es bastante di&aacute;fana. El voto no acaba con la primera causa de esclavitud de la mujer en la familia y en la sociedad. Algunos Estados burgueses han sustituido el matrimonio civil por el matrimonio indisoluble. Pero mientras las mujeres proletarias dependan econ&oacute;micamente del empresario capitalista y de su marido, el sost&eacute;n familiar y la ausencia de medidas generales que protejan la maternidad y la infancia, que socialicen la educaci&oacute;n y el cuidado infantil, no se igualar&aacute; la situaci&oacute;n de la mujer en el matrimonio ni resolver&aacute; el problema de las relaciones entre los sexos&rdquo; (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p&aacute;g. 215, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>Toda la historia de las reformas sociales relacionadas con las mujeres durante el siglo pasado, demuestra que esto es completamente correcto.<br \/>Los problemas de la mujer no se terminan en la f&aacute;brica u oficina, se extienden al hogar y a la sociedad. Debemos luchar por la eliminaci&oacute;n de toda legislaci&oacute;n discriminatoria; por la completa igualdad de la mujer y el hombre ante la ley; por el pleno derecho al divorcio y al aborto; por el libre acceso a los anticonceptivos y a la sanidad; por guarder&iacute;as universales, gratuitas y de calidad para todos los ni&ntilde;os. Debemos elaborar un programa de reivindicaciones transicionales, el punto de partida deben ser las necesidades m&aacute;s inmediatas y perentorias de las mujeres, no son el centro trabajo sino tambi&eacute;n el hogar, cuidado infantil, educaci&oacute;n, vivienda, transporte p&uacute;blico, pensiones, ocio, derechos legales, etc.. Mientras luchamos por cada una de estas reivindicaciones progresistas que tienden a mejorar la situaci&oacute;n de la mujer, es imperativo que demos a todas estas demandas un contenido de clase. Por ejemplo, debemos exigir la creaci&oacute;n de guarder&iacute;as diurnas de calidad financiadas por el Estado. Pero la lucha cotidiana por los derechos de las trabajadoras no se termina aqu&iacute;, adem&aacute;s hay que concienciar a estas mujeres de su situaci&oacute;n como miembros de una clase explotada, de la necesidad de luchar por un tipo diferente sociedad en la que se garanticen sus derechos como seres humanos.<br \/>La decadencia de este sistema amenaza todos los cimientos de la civilizaci&oacute;n. Junto a los problemas sociales y econ&oacute;micos creados por la pobreza, los bajos salarios y el desempleo, el proletariado adem&aacute;s tiene que enfrentarse al problema de la droga, el crimen y los abusos de todo tipo que amenazan sobre todo a las mujeres, ni&ntilde;os y j&oacute;venes. Los reaccionarios y los curas gimen por los s&iacute;ntomas de &ldquo;decadencia moral&rdquo;, pero son incapaces de relacionarla con la crisis del sistema en el que viven. El deber del movimiento obrero es luchar para defender los elementos de la cultura y la civilizaci&oacute;n que existen y que son amenazados por la decadencia del capitalismo. La vieja familia comienza a desaparecer, pero nada ocupa su lugar. El resultado de este vac&iacute;o es que millones de mujeres &mdash;muchas de ellas j&oacute;venes y vulnerables&mdash;, se enfrentan una vida de miseria al convertirse en madres solteras sin otra alternativa que la dependencia de la misericordia y las migajas de la burocracia estatal. Como si no fuera suficiente su sufrimiento, los hip&oacute;critas de la burgues&iacute;a liberal han iniciado una campa&ntilde;a despiadada contra ellas, las insultan, humillan, criminalizan, las presentan como parias sociales, &ldquo;viviendo a expensas de la sociedad&rdquo; (que es exactamente lo que hace la burgues&iacute;a).<br \/>En Gran Breta&ntilde;a, una de las primeras medidas del gobierno Blair fue atacar las ayudas que recib&iacute;an las madres solteras. Por ejemplo en Australia hay 360.000 madres solteras que reciben un total de 2.900 millones de d&oacute;lares anuales, el presupuestos para gastos sociales es de 42.000 millones de d&oacute;lares. Estas mujeres tienen una edad media de 33 a&ntilde;os, consiguen 107 d&oacute;lares a la semana, con ellos tienen que alimentarse, pagar la vivienda y vestir a su familia, si el Estado quiere ahorrarse esta suma tendr&iacute;a que llevar a estos ni&ntilde;os a los orfanatos. En el resto de pa&iacute;ses se repiten este tipo de ataques a este sector tan vulnerable de la sociedad con la excusa de atacar la llamada cultura de dependencia. Es un ejemplo de las virtudes de la &ldquo;moralidad cristiana&rdquo; e hipocres&iacute;a al servicio del capitalismo. Tambi&eacute;n dice mucho sobre la actitud de la sociedad burguesa hacia las mujeres y los ni&ntilde;os.<br \/>La situaci&oacute;n de las mujeres divorciadas tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de clase. Los efectos del divorcio y la soledad son muy diferentes, dependiendo de a qu&eacute; clase social pertenezca la mujer. Un juez americano concedi&oacute; el divorcio a la esposa del millonario Robert I. Goldman, presidente del Congreso Financiero, y recibi&oacute; el 50% de sus cien millones de d&oacute;lares. &lsquo;Bienvenido al divorcio del nuevo ejecutivo&rdquo; (Business Week, 5\/8\/98).<br \/>Los soci&oacute;logos burgueses presentan la familia monoparental &ldquo;moderna&rdquo; como un ejemplo perfecto del progreso social y la emancipaci&oacute;n. Seg&uacute;n la Oficina del Censo de Estados Unidos en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os se ha doblado el n&uacute;mero de mujeres que viven solas y alcanza los quince millones. En un reciente libro titulado The Improvised Woman, Reinventing Women in a Single Life, se presenta un cuadro ideal de estas mujeres despreocupadas: &ldquo;Mujeres solteras que se compran coches, se quedan embarazadas o adoptan un ni&ntilde;o, y elevan su posici&oacute;n e influencia&rdquo;. Pero las estad&iacute;sticas generales revelan el abismo que separa a la gran mayor&iacute;a de madres solteras, muchas de ellas negras, que viven en los guetos urbanos de las ciudades en el pa&iacute;s m&aacute;s rico del planeta, en condiciones tercermundistas, sometidas a la pesadilla de la pobreza, las drogas, el crimen y la violencia.<br \/>La crisis del capitalismo se manifiesta en el intento universal de reducir el gasto p&uacute;blico. El ataque al empleo, los niveles de vida, la sanidad y la educaci&oacute;n afecta a la clase obrera en general, pero tiene su efecto m&aacute;s pernicioso sobre la mujer, que se encuentra al final de la cadena de explotaci&oacute;n, los peores empleos, con la peor protecci&oacute;n y seguridad. Adem&aacute;s, la mujer est&aacute; sometida a una doble opresi&oacute;n. Son oprimidas como miembros de la clase obrera y tambi&eacute;n como mujeres. La &uacute;nica forma de solucionar los problemas de la mujer es luchando por el derrocamiento del capitalismo y su sustituci&oacute;n por el socialismo, un sistema que pueda garantizar la verdadera libertad tanto a hombres como a mujeres, la libertad de desarrollarse personal e intelectualmente.<br \/>Conscientes de que s&oacute;lo una sociedad socialista terminar&aacute; con la esclavitud que sufren hombres y mujeres, tambi&eacute;n debemos luchar, en la media de la posible, contra el atraso y las actitudes reaccionarias, especialmente en el movimiento obrero, que perjudican la unidad de los trabajadores y retrasan la causa de la emancipaci&oacute;n de la clase obrera. Debemos luchar por una verdadera moral proletaria que trate a todos los trabajadores: hombre o mujer, blanco o negro, como iguales, unidos en la causa com&uacute;n de la lucha contra el capital.<\/p>\n<p><strong>La mujeres en la lucha<\/strong><br \/>Es necesario llegar a las mujeres obreras all&iacute; donde est&eacute;n. Esto significa llegar a los centros de trabajo y a los sindicatos. Pero muchas mujeres tambi&eacute;n pueden entrar en la lucha contra el capitalismo por otras cuestiones &mdash;mala vivienda, carest&iacute;a de la vida, alquileres elevados&#8230;&mdash;. Esto se pudo comprobar en la lucha contra el poll tax en Gran Breta&ntilde;a. En una huelga donde predomina la fuerza laboral masculina, es vital implicar activamente a las esposas de los huelguistas. Ellas pueden proporcionar unas reservas de fuerza colosales, pero esto frecuentemente es pasado por alto por los trabajadores. Durante la huelga minera de 1984-85, las esposas de los huelguistas organizaron comit&eacute;s de apoyo, vinculados a los sindicatos y comit&eacute;s de huelga, jugando un papel inestimable en la lucha, y al mismo tiempo ellas aprendieron muy r&aacute;pidamente. Tambi&eacute;n es necesario asegurar que los maridos de las trabajadoras las apoyen plenamente en la lucha. Los maridos tambi&eacute;n pueden aprender mucho de la lucha de sus esposas.<br \/>Una vez que la mujer se convierta en parte activa de la lucha, r&aacute;pidamente transformar&aacute;n sus puntos de vista. Incluso mujeres antiguamente atrasadas pol&iacute;ticamente, conservadoras y religiosas pueden desarrollar r&aacute;pidamente conciencia revolucionaria. Es obvio que esto se debe hacer en estrecho contacto con los sindicatos y comit&eacute;s de huelga, no se debe contraponer al movimiento oficial, como hacen las sectas y los anarquistas. Estos comit&eacute;s no pueden tener una actividad independiente y desaparecen cuando el movimiento termina. Cualquier intento de mantenerlos de una forma superficial, terminar&aacute; por burocratizarlos y ser&aacute;n monopolizados por los elementos menos representativos, peque&ntilde;o burgueses, sectarios, y cuando el movimiento comienza de nuevo se convierten en un obst&aacute;culo. El objetivo de participar en estos comit&eacute;s no es para ponerlos en contra de los sindicatos, sino asegurar que las mujeres comienzan a participar de una forma activa en las organizaciones obreras para transformarlas. Seg&uacute;n se transforma la naturaleza de la producci&oacute;n y las viejas industrias pesadas son sustituidas por modos de producci&oacute;n m&aacute;s modernos, basados en la tecnolog&iacute;a de la informaci&oacute;n, las mujeres se convierten en una parte decisiva de la fuerza laboral, incluso en la mayor&iacute;a.<br \/>Sin embargo, en &uacute;ltima instancia la emancipaci&oacute;n de la mujer s&oacute;lo se conseguir&aacute; con la emancipaci&oacute;n del conjunto de la clase obrera: &ldquo;Al mismo tiempo que mejoramos el trabajo del partido entre las proletarias &mdash;una tarea inmediata tanto para los partidos comunistas de Occidente como para los de Oriente&mdash;, el Tercer Congreso de la Internacional Comunista debe al mismo tiempo se&ntilde;alar a las mujeres trabajadoras de todo el mundo que su liberaci&oacute;n de siglos de esclavitud, ausencia de derechos y desigualdad, s&oacute;lo es posible con la victoria del comunismo, y que los movimientos de las mujeres burguesas son completamente incapaces de garantizar a las mujeres lo que el comunismo las garantiza. Mientras exista la propiedad privada y el poder del capital, la liberaci&oacute;n de la mujer de la dependencia del marido no puede ir m&aacute;s all&aacute; del derecho a disponer de su propiedad y salario, y decidir en t&eacute;rminos de igualdad con su marido el futuro de sus hijos&rdquo; (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p&aacute;gs. 214-215, en la edici&oacute;n inglesa).<\/p>\n<p><strong>El comunismo y la familia<\/strong><br \/>Desde los inicios del marxismo, la cuesti&oacute;n de la emancipaci&oacute;n de la mujer ha ocupado un lugar central en su pensamiento. En El Manifiesto Comunista podemos leer: &ldquo;Las declamaciones burguesas sobre la familia y la educaci&oacute;n, sobre los dulces lazos que unen a los padres con sus hijos, resultan m&aacute;s repugnantes a medida que la gran industria destruye todo v&iacute;nculo de familia para el proletario y transforma a los ni&ntilde;os en simples art&iacute;culos de comercio, en simples instrumentos de trabajo.<br \/>&ldquo;&iexcl;Pero es que vosotros, los comunistas, quer&eacute;is establecer la comunidad de las mujeres! &mdash;nos grita a coro toda la burgues&iacute;a.<br \/>&ldquo;Para el burgu&eacute;s, su mujer no es otra cosa que un instrumento de producci&oacute;n. Oye decir que los instrumentos de producci&oacute;n deben ser de utilizaci&oacute;n com&uacute;n, y, naturalmente, no puede por menos de pensar que las mujeres correr&aacute;n la misma suerte con la socializaci&oacute;n.<br \/>&ldquo;No sospecha que se tata precisamente de acabar con esa situaci&oacute;n de la mujer como simple instrumento de producci&oacute;n.<br \/>&ldquo;Nada m&aacute;s grotesco, por otra parte, que el horror ultramoral que inspira a nuestros burgueses la pretendida comunidad oficial de mujeres que atribuyen a los comunistas. Los comunistas no tiene la necesidad de introducir la comunidad de mujeres: casi siempre ha existido.<br \/>&ldquo;Nuestros burgueses, no satisfechos con tener a su disposici&oacute;n las mujeres y las hijas de sus obreros, sin hablar de la prostituci&oacute;n oficial, encuentran un placer singular en seducir mutuamente las esposas.<br \/>&ldquo;El matrimonio burgu&eacute;s es, en realidad, la comunidad de las esposas. A lo sumo, se podr&iacute;a acusar a los comunistas de querer sustituir una comunidad de las mujeres hip&oacute;critamente disimulada, por una comunidad franca y oficial. Es evidente, por otra parte, que con la abolici&oacute;n de las relaciones de producci&oacute;n actuales desaparecer&aacute; la comunidad de las mujeres que de ellas se deriva, es decir, la prostituci&oacute;n oficial y no oficial&rdquo; (C. Marx y F. Engels, El Manifiesto Comunista. Madrid, Fundaci&oacute;n Federico Engels, 1996, p&aacute;g. 56).<br \/>Los or&iacute;genes de la esclavitud de la mujer &mdash;como explic&oacute; Engels&mdash;, se encuentran en la propiedad privada, y s&oacute;lo se podr&aacute;n superar con la abolici&oacute;n radical de la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n y de la divisi&oacute;n del trabajo. Engels escribe en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: &ldquo;Hemos visto c&oacute;mo en un grado bastante primitivo del desarrollo de la producci&oacute;n la fuerza &lsquo;trabajo del hombre&rsquo; llega a ser apta para suministrar un producto mucho m&aacute;s cuantioso de lo que exige el sustento de los productores, y c&oacute;mo este grado de desarrollo es en lo esencial el mismo donde nacen la divisi&oacute;n del trabajo y el cambio entre individuos. De esto no hubo sino un paso para descubrir la gran &lsquo;verdad&rsquo; de que el hombre mismo puede servir de mercanc&iacute;a, que la fuerza &lsquo;trabajo humano&rsquo; puede llegar a ser un objeto de cambio haciendo del hombre un esclavo.<br \/>&ldquo;Apenas comenzaron los hombres a practicar el cambio, cuando ellos mismos fueron cambiados. El activo se convirti&oacute; en pasivo, quisieran o no los hombres&rdquo; (F. Engels, El origen de la familia, la propiedad, privada y el Estado. M&eacute;xico, Editores Mexicanos Unidos, 1980, p&aacute;g. 202).<br \/>Vemos c&oacute;mo la opresi&oacute;n de la mujer ya estaba presente en el periodo precapitalista, en las primeras formas de organizaci&oacute;n social, la familia de la antig&uuml;edad. Con el desarrollo de la familia patriarcal y de la familia mon&oacute;gama se consolid&oacute; junto con una econom&iacute;a familiar separada, vinculada a la propiedad privada.<br \/>En la familia, vemos que la primera divisi&oacute;n original del trabajo tiene una base psicol&oacute;gica, si se hubieran administrado los recursos de una forma comunista, no se habr&iacute;a producido el sometimiento de la mujer al marido. Con la llegada de la monogamia y el desarrollo de los medios de producci&oacute;n, la divisi&oacute;n del trabajo sigui&oacute; igual, pero el hombre adquiri&oacute; un peso mayor, s&oacute;lo &eacute;l participaba en la producci&oacute;n social y el plusproducto. Engels explica que la opresi&oacute;n de la mujer aparece con el surgimiento de la propiedad privada y la divisi&oacute;n del trabajo, y con ello la separaci&oacute;n de papeles entre hombres y mujeres.<br \/>&ldquo;Con arreglo a la divisi&oacute;n del trabajo en la familia de entonces, el papel del hombre consist&iacute;a en proporcionar la alimentaci&oacute;n y los instrumentos de trabajo necesarios para ello, y, por consiguiente, era propietario de estos &uacute;ltimos&rdquo; (F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. M&eacute;xico, Editores Mexicanos Unidos, 1980, p&aacute;g. 61).<br \/>En La ideolog&iacute;a alemana, Marx y Engels escriben: &ldquo;Con la divisi&oacute;n del trabajo, que lleva impl&iacute;citas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la divisi&oacute;n natural del trabajo en el seno de la familia y en la divisi&oacute;n de la sociedad en diversas familias opuestas, se da, al mismo tiempo, la distribuci&oacute;n y, concretamente, la distribuci&oacute;n desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todav&iacute;a muy rudimentaria, latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que se corresponde perfectamente con la definici&oacute;n de los modernos economistas, seg&uacute;n la cual el derecho del trabajo y la propiedad privada son t&eacute;rminos id&eacute;nticos: uno de ellos, dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de &eacute;sta&rdquo; (C. Marx y F. Engels, La ideolog&iacute;a alemana. Barcelona, L&rsquo;Eina Editorial, 1988, p&aacute;gs. 28-29).<br \/>En la etapa de la divisi&oacute;n del trabajo, despu&eacute;s del abandono de la organizaci&oacute;n comunista tribal, cada individuo estaba fijo a la actividad concreta que se le asignaba: &eacute;l ya no es responsable junto a los dem&aacute;s de la producci&oacute;n y el consumo de la comunidad, ahora est&aacute; &lsquo;prisionero&rsquo; en un papel, en una actividad concreta que realiza para el propietario de la fuerza de trabajo, y de acuerdo con la voluntad del propietario. M&aacute;s tarde, en la medida que la sociedad se organiza de una forma m&aacute;s compleja, esta relaci&oacute;n que surge dentro de la familia, se convierte en la norma de las relaciones de la comunidad dividida en clases, clases que se encuentra en antagonismo mutuo debido a la posici&oacute;n diferente que ocupan con respecto a la propiedad de los medios de producci&oacute;n.<br \/>No es casualidad que Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, haga referencia al antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio mon&oacute;gamo, como el primer contraste de clase que aparece en la historia e identifica la opresi&oacute;n del sexo femenino por el masculino, como el primer episodio de la opresi&oacute;n de clase. En este texto podemos leer: &ldquo;en la familia &eacute;l (el hombre) es el burgu&eacute;s, la mujer representa al proletario&rdquo;.<br \/>En la transici&oacute;n del feudalismo al capitalismo el orden social, y por lo tanto tambi&eacute;n la familia, sufre cambios que para la mujer abre enormes posibilidades de emancipaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n conlleva un aumento de su opresi&oacute;n. Mientras en el periodo precapitalista la familia era la unidad de producci&oacute;n dentro de la que a&uacute;n se encuentran los medios para su subsistencia, bajo el capitalismo se convierte sencillamente en una unidad de consumo. Esto cre&oacute; las condiciones para que la inacabada relaci&oacute;n matrimonial de cada miembro de la familia ya no est&eacute; sujeta formalmente a la jerarqu&iacute;a basada en las capacidades productivas directas, sino que &eacute;l o ella se vean como un individuo con aspiraciones democr&aacute;ticas e igualitarias. Las m&aacute;quinas y la nueva tecnolog&iacute;a sit&uacute;an en segundo lugar la relativa debilidad f&iacute;sica de la mujer, la permite acceder al mundo laboral y salir del estrecho marco familiar. Esta situaci&oacute;n sienta las bases para la superaci&oacute;n de la vieja divisi&oacute;n psicol&oacute;gica del trabajo entre hombre y mujer. En este contexto, la abolici&oacute;n del matrimonio basado en la violencia, el reconocimiento del derecho pol&iacute;tico de la mujer, el divorcio, la eliminaci&oacute;n formal de la discriminaci&oacute;n entre sexos, son obra del papel positivo que ha jugado la industrializaci&oacute;n. Al mismo tiempo cada vez es m&aacute;s necesario adecuar la familia a la explotaci&oacute;n de la fuerza laboral masculina y femenina bajo el capitalismo. Los empresarios est&aacute;n contentos ante la posibilidad de utilizar gran cantidad de mano de obra, porque esto les permite reducir los costes de producci&oacute;n. Si en la familia precapitalista el hombre ten&iacute;a que obtener por s&iacute; mismo y por su trabajo los art&iacute;culos de primera necesidad para mantener a toda la familia, ahora esa remuneraci&oacute;n se puede repartir entre los salarios de todos los miembros de la familia que entran al mundo laboral.<br \/>En el primer volumen de El Capital leemos: &ldquo;El valor de la fuerza de trabajo no se determinaba ya por el tiempo de trabajo necesario para el sustento del obrero adulto individual, sino por el requerido para mantener a la familia obrera. Al lanzar la maquinaria a todos los miembros de la familia obrera sobre el mercado de trabajo, reparte el valor de la fuerza de trabajo del hombre entre toda su familia. De ah&iacute; que desvalorice su fuerza de trabajo. La compra de la familia fraccionada, por ejemplo, en cuatro fuerzas de trabajo, tal vez cueste m&aacute;s que costaba antes la adquisici&oacute;n de la fuerza de trabajo del cabeza de familia, pero en cambio se tienen cuatro jornadas de trabajo en lugar de una, y su precio disminuye en proporci&oacute;n al excedente de plustrabajo de los cuatro sobre el plustrabajo de uno. Los cuatro tienen que suministrar no s&oacute;lo trabajo, sino tambi&eacute;n plustrabajo para el capital, a fin de que la familia viva. De esta manera, la maquinaria ampl&iacute;a desde un principio, junto con el material de explotaci&oacute;n humano, el verdadero campo de explotaci&oacute;n de capital, tambi&eacute;n el grado de explotaci&oacute;n&rdquo; (C. Marx, El Capital. Madrid, Akal Editor, 1976, Vol. I, Tomo II, p&aacute;g. 110).<br \/>Cuando marido y mujer trabajan en el presupuesto familiar aumentan los ingresos, pero al mismo tiempo tambi&eacute;n aumentan los gastos, la reducci&oacute;n del tiempo dedicado a las &ldquo;tareas del hogar&rdquo; conlleva m&aacute;s gastos, por ejemplo, hay que comprar un congelador adecuado a las nuevas necesidades alimenticias, pagar a alguien para que cuide a los hijos, etc., Esto ocurre porque el capitalismo no proporciona los servicios sociales necesarios, incluidas las guarder&iacute;as que liberen a la mujer de la carga de sostener la econom&iacute;a familiar y que la situar&iacute;a al mismo nivel que el hombre. La situaci&oacute;n actual favorece a los intereses de los empresarios que pueden crear una categor&iacute;a laboral m&aacute;s barata.<br \/>Por lo tanto es incorrecto y es un error hacer referencia al trabajo dom&eacute;stico como un remanente del pasado o un resto de la producci&oacute;n precapitalista, tambi&eacute;n es incorrecto creer que &eacute;ste se puede eliminar bajo el capitalismo, porque el trabajo dom&eacute;stico es un elemento necesario para la reproducci&oacute;n de la fuerza laboral y para el debilitamiento de la fuerza laboral femenina dentro del mercado laboral.<br \/>Aqu&iacute; llegamos a una de las diferencias fundamentales entre la esclavizaci&oacute;n del proletariado masculino y el femenino. Cuando el trabajador masculino entr&oacute; el primero en la f&aacute;brica, formalmente se emancip&oacute; como trabajador asalariado libre. Se liber&oacute; de la relaci&oacute;n de servidumbre feudal que dominaba la producci&oacute;n precapitalista. Este no fue el caso de la mujer. La relaci&oacute;n entre la mujer y el capital se mide por la relaci&oacute;n con el hombre y por consiguiente, a diferencia del trabajador masculino, la situaci&oacute;n de la mujer no nace o desaparece en la divisi&oacute;n social del trabajo bajo el capitalismo. La mujer antes de ser trabajadora es esposa: el lugar original y concreto de su opresi&oacute;n es el hogar, y las relaciones que se establecen en &eacute;l. La mujer tiene la obligaci&oacute;n de cumplir con todas las &lsquo;obligaciones&rsquo; familiares, mientras que su papel productivo en la sociedad es secundario: en la mayor&iacute;a de los casos el salario del hombre es m&aacute;s elevado y el salario de la mujer tiene un car&aacute;cter marginal en el ingreso global de la familia. Como el poder de un individuo bajo el capitalismo viene dictado por la posesi&oacute;n de dinero, la mujer tiene menos poder y por lo tanto continua esclavizada al hombre.<br \/>La producci&oacute;n familiar se convierte en un sector privado y el trabajo de la mujer se convierte en la propiedad del padre o el marido. Este modo de producci&oacute;n &mdash;aunque necesario&mdash;, tambi&eacute;n entra en contradicci&oacute;n con la producci&oacute;n capitalista que impone a la mujer, el tiempo, la velocidad y la opresi&oacute;n del modo capitalista de producci&oacute;n. Un ejemplo cl&aacute;sico es cuando los empresarios exigen a las trabajadoras firmar una cl&aacute;usula en la que se comprometen a no tener hijos, si no ser&aacute;n despedidas. Esta contradicci&oacute;n se produce porque la producci&oacute;n capitalista es la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as o servicios para vender, mientras que el trabajo familiar produce mercanc&iacute;as y servicios que no se venden y que son simplemente para el uso familiar. Por esta raz&oacute;n las tareas de la esposa en el hogar tiene unas caracter&iacute;sticas similares al trabajo real, en una sociedad basada en el intercambio de mercanc&iacute;as el trabajo dom&eacute;stico no tiene ning&uacute;n valor. Y la persona que realiza este trabajo (la mujer) tampoco tiene valor porque no obtiene dinero por &eacute;l.<br \/>Para superar esta contradicci&oacute;n algunos sectores de la burgues&iacute;a defienden el salario del ama de casa. Nosotros nos oponemos a esta demanda que pretende reconocer el car&aacute;cter social del trabajo en el hogar, condenando a las mujeres &mdash;por una miseria&mdash;, a permanecer dentro de las cuatro paredes del hogar. No es casualidad que el salario para el ama de casa sea una bandera de las fuerzas conservadoras &mdash;las cat&oacute;licas en primer lugar&mdash;, que sit&uacute;an en el centro de su pol&iacute;tica la &ldquo;defensa del n&uacute;cleo familiar&rdquo;. Esta situaci&oacute;n obligar&iacute;a a la mujer a cambiar su trabajo en el hogar por una parte del salario del padre o el marido, que est&aacute; integrado en la producci&oacute;n social real.<br \/>La &uacute;nica forma de socializar el trabajo dom&eacute;stico es transferir las tareas de las amas de casa a trabajadores asalariados fuera de la familia, a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de guarder&iacute;as p&uacute;blicas, comedores p&uacute;blicos, etc., y en general con la extensi&oacute;n del estado del bienestar. Estas medidas ser&iacute;an el primer paso necesario para la verdadera socializaci&oacute;n del trabajo dom&eacute;stico, que ser&iacute;a un aspecto decisivo de la econom&iacute;a comunista.<br \/>A la consigna del salario para el ama de casa, nosotros contraponemos la reivindicaci&oacute;n de un salario para todos los parados. Esta reivindicaci&oacute;n significa reconocer plenamente a las amas de casa como parte de la clase obrera y pedir su inclusi&oacute;n en el mundo laboral en condiciones de igualdad, con el objetivo de integrarlas en la lucha general del movimiento obrero por el pleno empleo, y nos oponemos a la pol&iacute;tica de la burgues&iacute;a que utiliza a las amas de casa como una reserva de fuerza laboral para ser utilizada en momentos de producci&oacute;n m&aacute;xima y en condiciones de superexplotaci&oacute;n (trabajo en el hogar, trabajo eventual, etc&#8230;).<br \/>Las relaciones entre hombres y mujeres bajo el capitalismo son inhumanas y est&aacute;n distorsionadas porque el sistema universal de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as reduce las personas a cosas. No s&oacute;lo la relaci&oacute;n entre los sexos, sino que todas las relaciones en general se deshumanizan bajo lo que Marx y Engels calificaron como el &ldquo;nexo del dinero&rdquo;. Esta sociedad no es natural, est&aacute; dominada por relaciones artificiales. &iquest;Acaso no nos asombra que a veces las personas en lugar de comportarse como seres humanos inteligentes se comportan como monstruos? Los padres consideran a los hijos su propiedad privada. Los maridos consideran a sus esposas de la misma forma. Debido a las implacables presiones de la vida en la &ldquo;econom&iacute;a de mercado&rdquo;, donde el dinero es el dios, las relaciones se distorsionan de tal forma que no se reconocen. Como explica Engels: &ldquo;Hoy, el producto domina a&uacute;n al productor; hoy, est&aacute; regulada la producci&oacute;n total de la sociedad, no conforme a un plan elaborado en com&uacute;n, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, en las tempestades peri&oacute;dicas de las crisis comerciales&rdquo; (Ibid., p&aacute;g. 202).<br \/>Bajo el capitalismo las relaciones personales adquieren valor en la medida que reproducen o se subordinan a las relaciones de explotaci&oacute;n, con el objetivo de incrementar el poder de los individuos que participan en ellas, por ejemplo, conseguir m&aacute;s dinero. El trabajador vende su trabajo al patr&oacute;n a cambio de un salario, la mujer vende su servicio, cuida a los ni&ntilde;os y al productor, a cambio de una parte del salario obtenido por su compa&ntilde;ero. La alienaci&oacute;n del trabajo se basa en que el trabajador no es directamente responsable de la planificaci&oacute;n y consumo de su producto social, s&oacute;lo es un vendedor de su fuerza de trabajo y crea las condiciones objetivas para la alienaci&oacute;n de la mujer dentro de la familia. El trabajador en la familia se comporta seg&uacute;n este modelo de relaciones. Consiguientemente, la desalienaci&oacute;n de la relaci&oacute;n hombre-mujer es posible s&oacute;lo con la desalienaci&oacute;n de las relaciones sociales y viceversa. Marx en los Manuscritos econ&oacute;micos y filos&oacute;ficos, se&ntilde;ala que a trav&eacute;s del car&aacute;cter de la relaci&oacute;n entre los sexos &ldquo;podemos juzgar el grado de civilizaci&oacute;n alcanzado por el hombre&rdquo;.<br \/>Si tratamos seriamente la cuesti&oacute;n de la esclavitud de la mujer, no basta con tratar sus manifestaciones m&aacute;s obvias. Como ya hemos dicho es necesario luchar contra todo tipo de desigualdad y discriminaci&oacute;n. Pero hasta que no se erradique el origen de la opresi&oacute;n femenina, la esencia del problema seguir&aacute; sin resolver. La mujer s&oacute;lo se liberar&aacute; cuando el hombre sea libre. Es decir, cuando la humanidad comience a vivir una existencia verdaderamente humana.<br \/>Engels explica: &ldquo;Pero lo que seguramente desaparecer&aacute; de la monogamia son todos los caracteres que le han impreso las condiciones de la propiedad a las cuales deben su origen; estos caracteres son, en primer t&eacute;rmino, la preponderancia del hombre, y luego la indisolubilidad. La preponderancia del hombre en el matrimonio es consecuencia, sencillamente, de su preponderancia econ&oacute;mica y caer&aacute; por s&iacute; sola con &eacute;sta. La indisolubilidad del matrimonio es consecuencia, en parte de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de donde sali&oacute; la monogamia, y en parte es una tradici&oacute;n de la &eacute;poca en que, mal comprendido a&uacute;n el enlace de esa situaci&oacute;n econ&oacute;mica con la monogamia, fue exagerado hasta el extremo por la religi&oacute;n. Actualmente est&aacute; desportillada ya por mil lados. Si el matrimonio fundado en el amor es el &uacute;nico moral, s&oacute;lo podr&aacute; serlo donde el amor persista. Pero la duraci&oacute;n del acceso del amor sexual es muy variable seg&uacute;n los individuos, particularmente entre los hombres; y la desaparici&oacute;n del afecto ante un amor apasionado nuevo hace de la desaparici&oacute;n un beneficio, lo mismo para ambas partes que para la sociedad (Ibid., p&aacute;g. 92).<br \/>El programa de la Internacional Comunista para la transici&oacute;n al socialismo defend&iacute;a: &ldquo;Comedores p&uacute;blicos, lavander&iacute;as, talleres de reparaciones, instituciones de bienestar social, viviendas, etc., que transformen la vida cotidiana en l&iacute;neas comunistas completamente nuevas y alivien a las mujeres de las dificultades del periodo transicional. Estas instituciones sociales que ayudan a emancipar la vida cotidiana de las mujeres, convierten a la esclava del hogar y la familia en miembros libres de la clase obrera, la clase que es su propio patr&oacute;n y el creador de nuevas formas de vida&rdquo; (Tesis, resoluciones y manifiestos de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional, p&aacute;g. 220, en la edici&oacute;n inglesa).<br \/>La familia y el Estado no pueden desaparecer de la noche a la ma&ntilde;ana. La desaparici&oacute;n gradual de ambos en la transici&oacute;n a una sociedad sin clases, depende de la transformaci&oacute;n de las condiciones materiales de existencia, y por lo tanto, de la transformaci&oacute;n de la manera de pensar de las personas y de relacionarse entre ellas. Finalmente, con la conquista de la superabundancia y la elevaci&oacute;n del nivel cultural, las antiguas costumbres y la psicolog&iacute;a esclavista se transformar&aacute;n y con ellas las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la condici&oacute;n previa es la transformaci&oacute;n de las condiciones de vida. La reducci&oacute;n de la jornada laboral a su m&iacute;nima expresi&oacute;n es una condici&oacute;n indispensable para la emancipaci&oacute;n social. Los avances tecnol&oacute;gicos har&aacute;n posible la virtual desaparici&oacute;n del trabajo dom&eacute;stico: la base para la esclavitud de la mujer. Lo poco que quede del trabajo dom&eacute;stico lo podr&aacute;n compartir f&aacute;cilmente todos los componentes de la familia.<br \/>La ra&iacute;z de toda opresi&oacute;n, sea de mujeres, negros u otros grupos oprimidos, en &uacute;ltima instancia se basa en la esclavizaci&oacute;n y alienaci&oacute;n unida a la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as. S&oacute;lo cuando esta desaparezca y las condiciones de vida de toda la sociedad se transformen, la familia y el Estado &mdash;dos restos de la barbarie&mdash; dejar&aacute;n de existir. Cuando la vieja psicolog&iacute;a primitiva e inhumana, fruto de la miseria, sea cosa del pasado, se crear&aacute;n las condiciones materiales para la existencia de un nuevo orden social en el que desaparecer&aacute;n los &uacute;ltimos vestigios de la coerci&oacute;n social, y finalmente, hombres y mujeres podr&aacute;n relacionarse entre s&iacute; como seres humanos libres.<\/p>\n<p>2001<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Cambiar de ra&iacute;z la situaci&oacute;n de la mujer no ser&aacute; posible hasta que no cambien todas las condiciones de la vida social y dom&eacute;stica&rdquo; Trotsky, Escritos sobre la cuesti&oacute;n femenina El capitalismo est&aacute; en un callej&oacute;n sin salida. La crisis mundial del capitalismo golpea con mayor dureza a las mujeres y a la juventud. 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