{"id":4046,"date":"2011-10-17T16:21:06","date_gmt":"2011-10-17T16:21:06","guid":{"rendered":"https:\/\/luchadeclases.org.ve\/wp_temp\/?p=4046"},"modified":"2011-10-17T16:21:06","modified_gmt":"2011-10-17T16:21:06","slug":"la-clase-obrera-y-el-socialismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luchadeclases.com\/?p=4046","title":{"rendered":"La clase obrera y el Socialismo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-4006\" src=\"https:\/\/luchadeclases.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/obrero_socialismo.jpg\" alt=\"obrero_socialismo\" width=\"152\" height=\"181\" style=\"margin-right: 7px; float: left;\" \/>Teor&iacute;a Marxista:<\/strong> Presentamos a nuestros lectores este documento que es una respuesta&nbsp;a las posiciones revisionistas y burguesas que tratan de rebajar o negar la importancia actual&nbsp;de la clase obrera en el modo de producci&oacute;n capitalista&nbsp;y en la lucha por la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad. Este trabajo est&aacute;&nbsp;basado en un documento anterior escrito por el mismo autor, que apareci&oacute; publicado el a&ntilde;o 2001 con el t&iacute;tulo <em>La fuerza de la clase obrera hoy. <\/em><\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 1em; font-weight: bold; line-height: 1.3em;\">INTRODUCCI&Oacute;N<\/span><\/p>\n<p>Presentamos a nuestros lectores este trabajo escrito por David Rey, que est&aacute; basado en un documento anterior escrito por el mismo autor en octubre del a&ntilde;o 2000, y que apareci&oacute; publicado impreso en enero del 2001 en Espa&ntilde;a por la revista <em>El Militante<\/em>, con el t&iacute;tulo <em>La fuerza de la clase obrera hoy<\/em>.<\/p>\n<p>La actualidad del tema que aborda este trabajo no ofrece dudas. Cuando apareci&oacute; publicada la primera versi&oacute;n de este documento a comienzos del 2001, asist&iacute;amos a la fase ascendente del &uacute;ltimo gran <em>boom<\/em> de la econom&iacute;a capitalista mundial, que concluy&oacute; de manera catastr&oacute;fica a fines del a&ntilde;o 2008 en lo que todos los economistas burgueses han calificado como la mayor crisis del capitalismo desde los a&ntilde;os 30 del siglo pasado.<\/p>\n<p>Como sucede en los per&iacute;odos prolongados de auge econ&oacute;mico capitalista, el gran fest&iacute;n de negocios de la burgues&iacute;a en aquellos momentos vino acompa&ntilde;ado de una ofensiva ideol&oacute;gica feroz contra las ideas del socialismo y del marxismo, preparada por el derrumbe estrepitoso unos a&ntilde;os antes de la ex-Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y de los antiguos pa&iacute;ses estalinistas del Este de Europa.<\/p>\n<p>El eje central de este ataque era insistir en la decadencia de la clase obrera como sujeto hist&oacute;rico en condiciones de ofrecer una alternativa revolucionaria para la transformaci&oacute;n de la sociedad. Algunos llegaban tan lejos como para negar la propia existencia de los trabajadores como clase. Sus tesis se apoyaban en una vulgarizaci&oacute;n grosera del marxismo, a dos niveles. En primer lugar, negaban el papel central de la industria en la econom&iacute;a capitalista y enfatizaban la importancia creciente del denominado <em>Sector Servicios<\/em>; hablaban de una <em>sociedad postindustrial <\/em>que deven&iacute;a en una <em>sociedad de servicios<\/em>, cualquier cosa que esto signifique. De ah&iacute; se coleg&iacute;a que si la industria pasaba a un segundo plano en la econom&iacute;a capitalista, tanto m&aacute;s lo hac&iacute;an los obreros que aqu&eacute;lla empleaba: la clase obrera industrial, que hist&oacute;ricamente jug&oacute; el papel de vanguardia en todos los movimientos revolucionarios habidos en la historia del capitalismo. En segundo lugar, explicaban que las nuevas t&eacute;cnicas de producci&oacute;n y m&eacute;todos de trabajo en las f&aacute;bricas le hab&iacute;an dado el <em>golpe de gracia<\/em> a la fuerza, a la organizaci&oacute;n y a la cohesi&oacute;n de que gozaba tradicionalmente la clase obrera hasta los a&ntilde;os 70 del siglo pasado, dando lugar a una clase obrera reducida en n&uacute;mero, atomizada, precarizada, con intereses divergentes en el seno de sus diferentes capas y categor&iacute;as.<\/p>\n<p>Estas cr&iacute;ticas de los te&oacute;ricos burgueses fueron aireadas por una variada jaur&iacute;a de filisteos, esc&eacute;pticos y renegados &ldquo;progresistas&rdquo;. Por un lado, estaban los snobs y &ldquo;diletantes&rdquo; procedentes de la Universidad que sienten una predilecci&oacute;n especial por colgarse de &ldquo;nuevas&rdquo; teor&iacute;as con las que darse aires de importancia y pagar tributo para ser admitidos en los salones oficiales de la intelectualidad burguesa; por otro, estaban los ex-izquierdistas &ldquo;setentistas&rdquo; que quer&iacute;an reconciliarse con su escepticismo interior y su falta de confianza en la clase obrera y el socialismo, abrazando con furor estas posiciones revisionistas; y, por &uacute;ltimo, estaban las direcciones reformistas de las organizaciones de izquierda y de los sindicatos obreros que justificaban de esa forma su pr&aacute;ctica de conciliaci&oacute;n de clases cotidiana con los grandes empresarios y los gobiernos capitalistas.<\/p>\n<p>Estas ideas no ca&iacute;an del cielo, se daban en un marco de reacci&oacute;n ideol&oacute;gica y de quietud aparente de la lucha de clases internacional. El fermento revolucionario impetuoso que sacudi&oacute; en la d&eacute;cada pasada a Am&eacute;rica Latina &ndash; y que a&uacute;n lo sigue haciendo &ndash; estaba apenas dando sus primeros escarceos y en un n&uacute;mero reducido de pa&iacute;ses; la crisis de la econom&iacute;a capitalista no parec&iacute;a cosa del futuro, sino del pasado; los esc&eacute;pticos e historiadores auguraban d&eacute;cadas de fundamentalismo religioso y de guerra de civilizaciones en el mundo &aacute;rabe; y la supuesta <em>sociedad postindustrial<\/em> reinante en Europa, EEUU y Jap&oacute;n parec&iacute;a conjurar para siempre cualquier amenaza de revoluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Es sabido que el <em>culto a los hechos<\/em>, tan caracter&iacute;stico de la ideolog&iacute;a burguesa, es la m&aacute;s pobre de las sabidur&iacute;as; el empirismo burgu&eacute;s, como el pato, es un ave de vuelo muy corto. El marxismo, en cambio, es una visi&oacute;n larga de la historia. No se deja impresionar por vaivenes coyunturales de los acontecimientos sino que toma en cuenta&nbsp;los procesos que se desarrollan a medio y largo plazo, sometidos al discurrir de sus contradicciones internas que se desarrollan por debajo de la&nbsp;superficie.&nbsp;La validez del m&eacute;todo&nbsp;de an&aacute;lisis del marxismo&nbsp;est&aacute; enraizado en un estudio cient&iacute;fico consistente de la sociedad burguesa, de las condiciones que la hicieron surgir, desarrollarse, y tambi&eacute;n declinar.<\/p>\n<p>Es por eso que vale la pena echar una mirada atr&aacute;s para ver c&oacute;mo era el mundo hace 10 &oacute; 12 a&ntilde;os y compararlo c&oacute;mo es ahora, y apreciaremos en toda su dimensi&oacute;n el viraje hist&oacute;rico gigantesco que se ha experimentado, transformando toda la situaci&oacute;n en su contrario.<\/p>\n<p>Los marxistas consecuentes siempre hemos colocado en un primer plano la importancia de la lucha ideol&oacute;gica en el combate contra el capitalismo y sus apologistas. S&oacute;lo la lucha ideol&oacute;gica puede dar sost&eacute;n y consistencia plenas a la lucha econ&oacute;mica de la clase obrera por mejores condiciones de vida, y a su lucha pol&iacute;tica por los derechos democr&aacute;ticos y el socialismo.<\/p>\n<p>Este documento toma como punto de partida los fundamentos del socialismo cient&iacute;fico establecidos por Marx y Engels, y responde punto por punto las ideas pseudocient&iacute;ficas mencionadas anteriormente y la falsa interpretaci&oacute;n que hacen del marxismo sus cr&iacute;ticos burgueses.<\/p>\n<p>M&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s de ser escritas, las tesis establecidas en el texto original han confirmado su correcci&oacute;n y el an&aacute;lisis que las sustenta.<\/p>\n<p>Pero esta versi&oacute;n que ahora presentamos no es una reedici&oacute;n del documento original. Adem&aacute;s de correcciones gramaticales y de estilo, hemos introducido cambios y ampliaciones sustanciales en el texto que le dan a esta versi&oacute;n del documento un valor distintivo y superador de la obra original. Hemos acometido una profunda renovaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n de los datos estad&iacute;sticos, y la inclusi&oacute;n de notas aclaratorias a pie de p&aacute;gina. En relaci&oacute;n a determinados aspectos estad&iacute;sticos y de an&aacute;lisis, el texto original estaba muy anclado en la realidad espa&ntilde;ola, de ah&iacute; que hayamos eliminado estas referencias de origen y las hayamos desplazado hacia el contexto general del an&aacute;lisis internacional. Tambi&eacute;n hemos separado el texto en dos partes. La primera se denomina: <em>La clase obrera y la producci&oacute;n capitalista<\/em> y la segunda: <em>La clase obrera y la conciencia de clase<\/em>. A estas correcciones <em>menores<\/em>, hemos a&ntilde;adido ampliaciones y apartados nuevos sobre aspectos que no se tocaban o s&oacute;lo se mencionaban superficialmente en el texto original. As&iacute;, hemos introducido p&aacute;rrafos nuevos para ampliar la explicaci&oacute;n de conceptos b&aacute;sicos de econom&iacute;a marxista. Se ha ampliado la parte que trata el tema de la &ldquo;descentralizaci&oacute;n&rdquo; de la producci&oacute;n capitalista, abordando temas como el &ldquo;toyotismo&rdquo;, la producci&oacute;n &ldquo;Just in Time&rdquo; y otros fen&oacute;menos de la llamada &ldquo;nueva econom&iacute;a&rdquo;. Tambi&eacute;n se han ampliado los importantes apartados: <em>La clase obrera industrial<\/em> y <em>La clase obrera en su conjunto<\/em>, y se ha introducido un apartado nuevo: <em>La influencia de los cambios tecnol&oacute;gicos en la conciencia<\/em>. Incluimos el pr&oacute;logo a la primera versi&oacute;n del documento para situar al&nbsp;lector en el contexto hist&oacute;rico en que aqu&eacute;l fue escrito.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, y no es menos importante, hemos nombrado al documento con el t&iacute;tulo <em>La clase obrera y el socialismo<\/em>, que refleja de manera exacta el contenido de este trabajo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de 30 a&ntilde;os de relativa estabilidad, la sociedad capitalista se agita presa de sus contradicciones. Tras a&ntilde;os de feroz reacci&oacute;n ideol&oacute;gica contra las ideas del marxismo y la revoluci&oacute;n, la realidad se abre paso reivindicando las ideas cient&iacute;ficas del socialismo. En un pa&iacute;s tras otro, en un continente tras otro, las masas de la clase obrera estiran sus m&uacute;sculos y muestran el poder de su acci&oacute;n colectiva, provocando el p&aacute;nico en los poderosos. Discurrimos por una nueva etapa de la historia que se perfila decisiva para el futuro de la humanidad, pero de cuya m&uacute;sica s&oacute;lo se han escuchado los primeros compases.<\/p>\n<p>Con este trabajo pretendemos ofrecer un modesto aporte a la lucha ideol&oacute;gica contra la explotaci&oacute;n capitalista y por el socialismo, y confiamos en que ser&aacute; tan&nbsp;bien recibido en amplios sectores de las capas avanzadas de la clase obrera y de la juventud, como la versi&oacute;n original dle mismo que publicamos hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os&nbsp;.<\/p>\n<p><em>El autor,<\/em><\/p>\n<p>Buenos Aires, 15 de septiembre de 2011<\/p>\n<h4>PR&Oacute;LOGO DE <em>LA FUERZA DE LA CLASE OBRERA HOY<\/em><\/h4>\n<p>Cualquier &eacute;poca de la historia humana tiene su reflejo en el terreno ideol&oacute;gico. Resulta inevitable, por tanto, que en toda &eacute;poca de cierta reacci&oacute;n social el pensamiento pol&iacute;tico tienda a retroceder hacia atr&aacute;s hasta etapas ya superadas desde hace mucho tiempo. Le&oacute;n Trotsky, a prop&oacute;sito de esto, escrib&iacute;a: &ldquo;En estas condiciones la tarea de la vanguardia consiste, ante todo, en no dejarse sugestionar por el reflujo general: es necesario avanzar contra la corriente. Si las desfavorables relaciones de fuerzas no permiten conservar las antiguas posiciones pol&iacute;ticas, por lo menos hay que conservar las posiciones ideol&oacute;gicas, pues la experiencia tan valiosa del pasado se ha concentrado en ellas. Ante los ojos de los mentecatos, tal pol&iacute;tica aparece como &lsquo;sectaria&rsquo;. En realidad no hace m&aacute;s que preparar un salto gigantesco hacia adelante impulsada por la oleada ascendente del nuevo per&iacute;odo hist&oacute;rico&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta frase enormemente inspiradora del gran revolucionario ruso nos traza la tarea fundamental que hemos de encarar los marxistas en el momento actual, para continuar en la lucha por la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad.<\/p>\n<p>La ca&iacute;da del estalinismo, hace ahora una d&eacute;cada, dio paso a una campa&ntilde;a sin precedentes desatada por la burgues&iacute;a y sus ac&oacute;litos en todo el mundo, contra las genuinas ideas del marxismo y del socialismo. Esto, unido a la relativa estabilidad econ&oacute;mica y social vivida por los principales pa&iacute;ses capitalistas avanzados en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, y a la persistencia del actual <em>boom<\/em> econ&oacute;mico, ha sido aprovechado para sentenciar a muerte, una vez m&aacute;s, a toda idea de transformaci&oacute;n social.<\/p>\n<p>Los marxistas no debemos tener miedo de reconocer que se ha producido un reflujo ideol&oacute;gico sin precedentes en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas en el movimiento obrero, aturdido por la desorientaci&oacute;n y la falta de perspectivas ante la desbandada general a la derecha que vemos entre los dirigentes obreros de las organizaciones tradicionales de masas en todos los pa&iacute;ses.<\/p>\n<p>Sin embargo, resulta parad&oacute;jico que en el mismo momento en que el propio FMI se ha visto obligado a reconocer en su &uacute;ltimo informe que jam&aacute;s en la historia de la humanidad se hab&iacute;a alcanzado un nivel de desigualdad econ&oacute;mica y social como el que conocemos en los d&iacute;as de hoy; cuando las conquistas hist&oacute;ricas de bienestar y seguridad en el trabajo de la clase obrera de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados est&aacute;n siendo cercenadas d&iacute;a a d&iacute;a; cuando la incertidumbre entre la juventud trabajadora es la norma a la hora de encarar su lugar en el seno de la sociedad capitalista; cuando las guerras, las enfermedades y la barbarie que sacuden a millones de personas en todo el planeta no disminuyen sino que crecen a&ntilde;o tras a&ntilde;o; cuando la anarqu&iacute;a de la producci&oacute;n capitalista est&aacute; preparando una crisis de enormes proporciones en la econom&iacute;a mundial; resulta parad&oacute;jico, decimos, que todas las tendencias dentro del movimiento obrero, desde las m&aacute;s moderadas hasta las m&aacute;s <em>izquierdistas<\/em>, den como bueno el actual estado de cosas, bien santificando al capitalismo como el sistema &ldquo;menos malo&rdquo; posible, bien escondiendo la cabeza bajo el suelo, a la espera de tiempos mejores.<\/p>\n<p>Como una muestra m&aacute;s de esta postraci&oacute;n ideol&oacute;gica, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sesudos analistas dentro del movimiento obrero est&aacute;n repitiendo como loros las vulgaridades que cocinan en sus despachos algunos economistas burgueses, bombarde&aacute;ndonos con una nueva andanada de &ldquo;pruebas y hechos&rdquo; que demuestran de manera concluyente y definitiva que el an&aacute;lisis marxista est&aacute; seriamente &ldquo;da&ntilde;ado&rdquo;, particularmente a ra&iacute;z de la irrupci&oacute;n de la llamada <em>nueva econom&iacute;a<\/em>. As&iacute; hablan de que ya no existe la clase obrera &ldquo;en sentido tradicional&rdquo; por el cambio producido con la introducci&oacute;n nuevas tecnolog&iacute;as en la producci&oacute;n, de la aparici&oacute;n de las <em>nuevas clases medias<\/em> que hace m&aacute;s compleja la estructura de clases en la sociedad, de la <em>terciarizaci&oacute;n<\/em> de la econom&iacute;a &ndash; la preponderancia aparente del sector servicios &ndash; en detrimento de la industria y, por ende, de la disminuci&oacute;n de la importancia de &eacute;sta y de los obreros industriales en el sistema econ&oacute;mico capitalista.<\/p>\n<p>Lo que sorprende de estos an&aacute;lisis no es lo que dicen; sino que, esencialmente, no hay nada nuevo en ellos. Palabra por palabra, se vuelven a repetir los mismos argumentos contra las ideas fundamentales del marxismo que hemos escuchado en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os. Con este trabajo pretendemos responder estos argumentos y oponer, frente a ellos, la completa validez de las <em>viejas<\/em> ideas del marxismo.<\/p>\n<p>Para nosotros, el conjunto de ideas y de an&aacute;lisis que ofrece el marxismo son la mejor herramienta de que dispone la clase obrera para comprender el presente y la &uacute;nica para ganar el futuro.<\/p>\n<p>Con esta aportaci&oacute;n no pretendemos ni podemos agotar todos los temas en discusi&oacute;n, sino que hemos querido centrarnos en el an&aacute;lisis de tres aspectos vitales hoy para el movimiento obrero, y que est&aacute;n siendo sometidos al fuego graneado de la propaganda de la burgues&iacute;a y de sus voceros en su lucha contra las ideas del marxismo: la definici&oacute;n del concepto de clase obrera, el papel de &eacute;sta en la econom&iacute;a capitalista, y el proceso de formaci&oacute;n de la conciencia de clase como paso ineludible para afrontar la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad.<\/p>\n<p>M&aacute;laga, octubre a&ntilde;o 2000<\/p>\n<h4>La clase obrera y el socialismo<\/h4>\n<h5>1&ordf; Parte: La clase obrera y la producci&oacute;n capitalista<\/h5>\n<h6><strong>Clase obrera y clase capitalista<\/strong><\/h6>\n<p>La sociedad capitalista se apoya en la existencia de dos clases sociales: la clase capitalista o burguesa y la clase obrera o asalariada. Mientras que el resto de clases y capas sociales intermedias (peque&ntilde;os campesinos, comerciantes, artesanos, etc.) son residuos de estructuras econ&oacute;micas antiguas y atrasadas, y oscilan en su desenvolvimiento entre los capitalistas y los asalariados, la clase obrera es el producto m&aacute;s genuino del sistema econ&oacute;mico capitalista. Mientras m&aacute;s desarrollada se encuentra la econom&iacute;a capitalista, mayor es la fuerza num&eacute;rica y el peso social de los asalariados. En todos los pa&iacute;ses capitalistas desarrollados, sin excepci&oacute;n, la clase obrera representa en torno al 75%-85% de la poblaci&oacute;n activa. Y en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses ex coloniales y subdesarrollados adquiere una fuerza creciente, teniendo en muchos de ellos el mismo peso num&eacute;rico y social que en sus antiguas metr&oacute;polis.<\/p>\n<p>La econom&iacute;a capitalista necesita de dos condiciones fundamentales para poder existir:<\/p>\n<p>a) La existencia del trabajador <em>libre<\/em>. Entendiendo aqu&iacute; como <em>libre<\/em> la ausencia de ataduras sociales que impidan al trabajador vender su fuerza de trabajo al propietario de una empresa a cambio de un salario.<\/p>\n<p>b) La separaci&oacute;n del trabajador asalariado de la propiedad de sus medios de trabajo. La propiedad de &eacute;stos (herramientas, m&aacute;quinas, materias primas, etc.) la ostenta el capitalista, el empresario.<\/p>\n<p>As&iacute; pues, el trabajador asalariado se encuentra en una situaci&oacute;n doblemente antag&oacute;nica en relaci&oacute;n a la propiedad: por una parte, no pertenece <em>en propiedad<\/em> a su patr&oacute;n (como s&iacute; ocurr&iacute;a con quienes trabajaban bajo la esclavitud y, hasta cierto punto, bajo la servidumbre feudal), pero tampoco posee <em>en propiedad<\/em> los medios de trabajo que le permitan adquirir por su cuenta sus medios de vida, pues de otro modo ser&iacute;a un peque&ntilde;o propietario: campesino, artesano, tendero, profesional por cuenta propia, etc.<\/p>\n<p>La existencia del trabajador libre as&iacute; entendida es la condici&oacute;n que necesita el burgu&eacute;s para poder disponer de la masa de obreros suficiente para desarrollar su labor productiva en una empresa capitalista.<\/p>\n<p>Una clase social es un grupo humano que tiene una identidad de intereses derivada de su relaci&oacute;n con la producci&oacute;n y la reproducci&oacute;n de sus medios de vida y de trabajo. En cada &eacute;poca, lo que determina la aparici&oacute;n y el car&aacute;cter de dichas clases sociales es la manera en c&oacute;mo se producen y c&oacute;mo se apropian los productos del trabajo social. As&iacute;, la identidad de intereses de las diferentes clases sociales est&aacute; determinada por el papel que juegan en la producci&oacute;n social y la manera en que se apropian de los productos del trabajo social. Bajo el sistema capitalista, los productos del trabajo social asumen la forma de <em>mercanc&iacute;as<\/em>, es decir, la forma de objetos producidos por el trabajo humano destinados a la venta, y que se dividen en medios de consumo (medios de vida) y en medios de producci&oacute;n (medios de trabajo).<\/p>\n<p>Los capitalistas son los propietarios de los medios de producci&oacute;n y, por lo tanto, de las mercanc&iacute;as producidas por &eacute;stos y por los trabajadores asalariados. De esta manera, el conjunto de los capitalistas forman la clase capitalista. No todos los capitalistas individuales se dedican directamente a la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as. Tambi&eacute;n dentro de la clase capitalista existe una divisi&oacute;n del trabajo. Hay capitalistas que se dedican exclusivamente al comercio y distribuci&oacute;n de mercanc&iacute;as (capital comercial), al pr&eacute;stamo de capital y dinero (capital bancario), y a otras actividades, muchas de ellas fusionadas con la propia producci&oacute;n fabril. Todas estas actividades son un complemento indispensable para que el complicado engranaje de la econom&iacute;a capitalista pueda desarrollar su tarea fundamental: la producci&oacute;n y venta de mercanc&iacute;as.<\/p>\n<p>Los trabajadores asalariados s&oacute;lo pueden acceder a sus medios de vida (esto es, a su propia existencia como seres humanos bajo las condiciones que impone la moderna sociedad capitalista) trabajando para los capitalistas por un salario con el que compran a &eacute;stos dichos medios de vida<a name=\"_ftnref1\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn1\"><\/a>[1]. Por esto constituyen la clase obrera (la clase que trabaja), independientemente de la diversidad de oficios y ocupaciones en que se ramifica el trabajo asalariado.<\/p>\n<p>Al obrero no se le retribuye completamente, en salario, todo el valor que incorpora a las mercanc&iacute;as durante el proceso de trabajo. En su obra monumental, <em>El Capital<\/em>, Marx explica detalladamente c&oacute;mo durante una parte de la jornada laboral el obrero incorpora un valor que, convertido en dinero, equivale a su salario (tiempo de trabajo <em>necesario<\/em>); pero otra parte de la jornada laboral trabaja gratis para el capitalista (tiempo de trabajo <em>excedente<\/em>). As&iacute;, el valor del producto del trabajo no retribuido al obrero se lo apropia el capitalista. Este valor recibe el nombre de <strong>Plusval&iacute;a<\/strong>, y es la fuente de donde surge la ganancia del capitalista. Con el dinero obtenido de la venta de las mercanc&iacute;as, el capitalista paga el salario a los obreros y repone los dem&aacute;s elementos materiales que intervienen en la fabricaci&oacute;n de mercanc&iacute;as (materias primas, desgaste de las m&aacute;quinas, energ&iacute;a, etc.); lo que sobra es su ganancia, despu&eacute;s de descontar una parte para el comerciante que le vende las mercanc&iacute;as, los intereses de los cr&eacute;ditos del banco, el alquiler de los terrenos donde se levantan sus instalaciones, los impuestos del Estado, etc. As&iacute; pues, todos los sectores de la clase capitalista (fabricantes y terratenientes, comerciantes, banqueros, etc.) y el Estado, todo ellos viven del trabajo de la clase obrera.<\/p>\n<p>La identidad de intereses de la clase capitalista se manifiesta en su af&aacute;n por perpetuar su propiedad sobre los medios de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as, de cuya venta obtiene sus medios de vida y todos sus privilegios sociales en esta sociedad, medios de vida y privilegios sociales obtenidos mediante la apropiaci&oacute;n del trabajo excedente que deja la clase obrera en dichas mercanc&iacute;as.<\/p>\n<p>La identidad de intereses de la clase obrera se manifiesta en su absoluta dependencia de la clase capitalista para obtener sus medios de vida, independientemente del oficio u ocupaci&oacute;n, y en su lucha constante contra esta misma clase capitalista por mantener y aumentar dichos medios de vida adquiridos con el salario recibido por su trabajo; es decir en su lucha constante contra la clase capitalista por la plusval&iacute;a, por el valor incorporado durante el tiempo de trabajo excedente.<\/p>\n<p>De esta manera, el capitalismo se revela como un sistema de explotaci&oacute;n, opresi&oacute;n y robo, como el feudalismo y el esclavismo. Y al mismo tiempo, la lucha de la clase obrera por mayores salarios y por la reducci&oacute;n de la jornada laboral encuentra su justificaci&oacute;n hist&oacute;rica. Esta lucha por la posesi&oacute;n de la <em>plusval&iacute;a<\/em>, es el motor de la lucha de clases bajo el capitalismo, la justa lucha de la clase obrera por arrebatar a la clase capitalista todo el valor que crea con su trabajo. O, para decirlo de otra manera, la lucha de clases bajo el capitalismo es, en esencia, una lucha por la apropiaci&oacute;n del trabajo excedente de la sociedad.<\/p>\n<p>La tendencia de la econom&iacute;a capitalista a extender el sistema de trabajo asalariado en todos los sectores de la econom&iacute;a no es caprichosa. Este sistema, en una sociedad dividida en clases, es el que de una manera m&aacute;s completa es capaz de desarrollar la productividad del trabajo humano, teniendo su nervio motriz en la obtenci&oacute;n del beneficio capitalista.<\/p>\n<p>Mineros, obreros de f&aacute;brica, maestros y profesores, administrativos, jornaleros del campo, funcionarios, bancarios, inform&aacute;ticos, telefonistas, trabajadores de la salud (enfermeros, m&eacute;dicos, profesionales, conductores de ambulancias, personal de mantenimiento de hospitales, etc.), obreros del transporte (autobuses, ferrocarriles, metro, etc.), comerciales, obreros de artes gr&aacute;ficas, obreros de la construcci&oacute;n (alba&ntilde;iles, peones, alicatadores, encofradores, gru&iacute;stas, fontaneros, electricistas, etc.), empleados de comercio, de la hosteler&iacute;a, etc. Todos sin excepci&oacute;n entran dentro de la clase obrera, por la &uacute;nica y simple raz&oacute;n de que, careciendo de propiedad (entendiendo como tal la posesi&oacute;n de medios de producci&oacute;n) s&oacute;lo pueden acceder a sus medios de vida trabajando a cambio de un salario, correspondi&eacute;ndoles la identidad de intereses a que antes hac&iacute;amos referencia.<\/p>\n<p>Esta definici&oacute;n cient&iacute;fica y consistente de clase social demuestra que nunca antes en la historia la clase social de los trabajadores asalariados ha sido tan fuerte, num&eacute;rica y socialmente, como hoy en d&iacute;a.<\/p>\n<h5>La clase obrera, el producto m&aacute;s genuino de la sociedad capitalista<\/h5>\n<p>A diferencia de lo que suced&iacute;a con los productores de las formaciones econ&oacute;micas precapitalistas (feudalismo, esclavismo, comunismo primitivo), el capitalista no produce para satisfacer sus necesidades personales, sino mercanc&iacute;as para vender en el mercado y obtener un beneficio. Como la obtenci&oacute;n del beneficio capitalista va ligado a la venta de mercanc&iacute;as (ya que el valor de las mismas incluye la plusval&iacute;a, el valor del trabajo excedente no pagado al obrero) cada capitalista particular se ve inclinado, obligado, y estimulado por la competencia, a vender cuanto m&aacute;s mejor. Por eso la producci&oacute;n capitalista tiende irresistiblemente a la producci&oacute;n <em>en masa<\/em>, para as&iacute; obtener el m&aacute;ximo posible de beneficio. Producci&oacute;n que excede claramente el trabajo y el esfuerzo de un solo individuo &ndash; posici&oacute;n que ocupaba el artesano en el feudalismo, requiriendo la necesidad de ocupar a trabajadores a sueldo para hacer factible la producci&oacute;n en dicha empresa. De aqu&iacute; que el obrero resulte ser el producto m&aacute;s genuino y necesario de la producci&oacute;n capitalista.<\/p>\n<p>Cualquier peque&ntilde;a empresa, si tiene &eacute;xito, debe aumentar la escala de su producci&oacute;n, creciendo en tama&ntilde;o, en fuerzas productivas y en obreros asalariados para poder hacer frente a esta producci&oacute;n en masa. As&iacute; es como, hist&oacute;ricamente, han surgido del tendero el hipermercado; del peque&ntilde;o taller, la f&aacute;brica; y del usurero, el banquero moderno.<\/p>\n<p>El sistema capitalista, basado en la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n y en la b&uacute;squeda del m&aacute;ximo beneficio, necesita del trabajo asalariado para existir. Es m&aacute;s, todo nuevo producto, invenci&oacute;n o ingenio mec&aacute;nico que pueda tener un fin pr&aacute;ctico y &uacute;til para la sociedad es adoptado indefectiblemente por la producci&oacute;n capitalista bajo la forma de mercanc&iacute;a para su producci&oacute;n y venta en masa. Ni el autom&oacute;vil, los electrodom&eacute;sticos, el ordenador o el tel&eacute;fono m&oacute;vil exist&iacute;an hace ciento veinte a&ntilde;os, cuando el capitalismo era ya un sistema maduro y plenamente desarrollado. Sin embargo, hoy como ayer, todos estos productos necesitan ser fabricados en grandes instalaciones donde trabajan miles de obreros. Auguramos a los cr&iacute;ticos del marxismo que todo nuevo producto que surja en el mercado con un fin pr&aacute;ctico &uacute;til, tender&aacute; inevitablemente a ser producido en masa y que, para su fabricaci&oacute;n, se precisar&aacute;n grandes plantas industriales con miles de obreros. &ldquo;Al reproducirse el capital, siempre lo hace tambi&eacute;n su instrumento, la fuerza de trabajo. El t&eacute;rmino acumulaci&oacute;n del capital equivale al de aumento del proletariado&rdquo; (Marx, <em>El Capital<\/em>, Vol. 1, p&aacute;g. 558. Ed. Cubana).<\/p>\n<p>El sistema capitalista no es s&oacute;lo un sistema de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as, sino que, adem&aacute;s, es un sistema que tiene que reproducir sus condiciones materiales de existencia: los medios de producci&oacute;n y la fuerza de trabajo, la clase obrera. &ldquo;El proceso de producci&oacute;n capitalista reproduce por s&iacute; mismo una separaci&oacute;n entre el trabajador y sus condiciones de trabajo. Reproduce y eterniza, por ello, las condiciones que fuerzan al obrero a venderse para vivir, al tiempo que permite al capitalista comprarle para enriquecerse (&#8230;) El trabajador, m&aacute;s que venderse a un capitalista individual, pertenece de lleno a toda la clase capitalista. Su servidumbre econ&oacute;mica est&aacute; mediatizada, al tiempo que disfrazada, por la peri&oacute;dica renovaci&oacute;n de este acto de venta, por la ficci&oacute;n del contrato libre, por el cambio de sus patronos individuales y por las oscilaciones del precio del trabajo en el mercado. El proceso de producci&oacute;n capitalista considerado en su continuidad, o como reproducci&oacute;n, no produce solamente mercanc&iacute;a y plusval&iacute;a; produce y eterniza la relaci&oacute;n social entre capitalista y asalariado&rdquo;(Marx, <em>El Capital<\/em>, Vol. I, p&aacute;g. 523. Ed. Cubana).<\/p>\n<p>Bajo el sistema econ&oacute;mico capitalista el desarrollo de las fuerzas productivas adquiere un car&aacute;cter mundial, desconocido en las sociedades humanas anteriores. &ldquo;Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burgues&iacute;a recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear v&iacute;nculos en todas partes&#8230; Mediante la explotaci&oacute;n del mercado mundial, la burgues&iacute;a ha dado un car&aacute;cter cosmopolita a la producci&oacute;n y al consumo de todos los pa&iacute;ses&rdquo; (Marx y Engels, <em>El Manifiesto Comunista<\/em>, p&aacute;g. 42. Fundaci&oacute;n Federico Engels). As&iacute;, este desarrollo mundial de las fuerzas productivas tiene como consecuencia inevitable una divisi&oacute;n del trabajo y tambi&eacute;n una extensi&oacute;n, un desarrollo y un fortalecimiento cada vez mayor de la clase obrera a nivel mundial.<\/p>\n<p><strong>El mito de las clases medias<\/strong><\/p>\n<p>Desde hace d&eacute;cadas, se convirti&oacute; en un lugar com&uacute;n la afirmaci&oacute;n de que en cualquier pa&iacute;s capitalista avanzado o de desarrollo mediano el sector social predominante es la clase media. Arist&oacute;teles afirmaba que la virtud se encontraba en el punto medio de los extremos, de ah&iacute; que nuestros pol&iacute;ticos burgueses y sus corifeos en los medios de comunicaci&oacute;n y las universidades insistan una y otra vez en que lo deseable y virtuoso es ser o aspirar a convertirse en \u00abclase media\u00bb. El t&eacute;rmino \u00abclase media\u00bb no es cient&iacute;fico y se presta a m&uacute;ltiples equ&iacute;vocos. Hasta la mitad del siglo XIX designaba a la naciente burgues&iacute;a, que se situaba as&iacute; en el punto medio entre la aristocracia financiera y terrateniente, denominada \u00abclase alta\u00bb, y los trabajadores asalariados, campesinos y pobres de la ciudad que representaban la llamada \u00abclase baja\u00bb.<\/p>\n<p>Las estad&iacute;sticas m&aacute;s recientes de cualquier pa&iacute;s de las caracter&iacute;sticas mencionadas anteriormente revelan claramente que los trabajadores asalariados componen la abrumadora mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa y, por lo tanto, de la poblaci&oacute;n de esos pa&iacute;ses. Para corroborar nuestro an&aacute;lisis daremos las cifras correspondientes a dos pa&iacute;ses de desarrollo mediano de Europa y Am&eacute;rica Latina, como son Espa&ntilde;a y Argentina. En el caso de Espa&ntilde;a, seg&uacute;n las cifras de la Encuesta de Poblaci&oacute;n Activa elaboradas por el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica (INE), correspondientes al segundo trimestre del 2008, el n&uacute;mero de asalariados activos en el Estado espa&ntilde;ol era de 16.853.000, el n&uacute;mero de empresarios de 3.572.100 y el n&uacute;mero de desempleados de 2.381.500.<\/p>\n<p>Contando s&oacute;lo los ocupados (asalariados y empresarios), obtenemos una cifra total de 20.425.100 personas, con lo que el porcentaje de asalariados resulta ser el 82,5% del total. Si incluy&eacute;ramos a los desempleados entre los asalariados, puesto que aqu&eacute;llos no son otra cosa que obreros sin trabajo, el porcentaje de asalariados se eleva hasta el 84,3 %.<\/p>\n<p>Por otro lado, la cifra de empresarios est&aacute; completamente distorsionada. Los trabajadores que figuran bajo la categor&iacute;a de &ldquo;aut&oacute;nomos&rdquo; y trabajadores por cuenta propia se incluyen dentro de los mismos. Y el n&uacute;mero de aut&oacute;nomos y cuentapropistas, muchos de los cuales son trabajadores asalariados que se ven obligados a pagarse sus cotizaciones a la seguridad social para recibir prestaciones de salud y de jubilaci&oacute;n, representa un porcentaje muy alto de los mismos. Tambi&eacute;n incluyen en estas cifras a las peque&ntilde;as empresas y negocios familiares donde trabajan, a lo sumo, dos o tres miembros de una misma familia.<\/p>\n<p>El caso de Argentina es parecido. Seg&uacute;n las cifras del Instituto Nacional de Estad&iacute;sticas y Censos (INDEC) proporcionadas por el Ministerio de Trabajo a fines del 2010, el n&uacute;mero de asalariados activos en la Argentina era de 11.808.000, los no asalariados eran 3.571.000, de los cuales 2.928.000 figuraban como cuentapropistas y trabajadores familiares; y los desocupados 1.159.000.<\/p>\n<p>Contando los ocupados obtenemos una cifra total de 15.379.000 personas, siendo el porcentaje de asalariados el 76,8% del total. Si incluy&eacute;ramos a los desocupados entre los asalariados el porcentaje de asalariados sube hasta el 78,4 %.<\/p>\n<p>Con lo cual, utilizando los propios datos que nos proporcionan las estad&iacute;sticas oficiales, se confirma la poderosa correlaci&oacute;n de fuerzas que existe a favor de la clase obrera en cualquier pa&iacute;s capitalista medio. Sin embargo, nuestros cr&iacute;ticos alborotan todo el tiempo hablando de la fuerza de las clases medias, en oposici&oacute;n a la debilidad de la clase obrera.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista cient&iacute;fico, las clases medias comprenden al sector de la poblaci&oacute;n que trabaja manual o intelectualmente, pero es due&ntilde;a de sus medios de trabajo, a diferencia de la clase obrera. Las clases medias son un sector muy heterog&eacute;neo. Tan clase media es el peque&ntilde;o campesino que apenas sobrevive con su pedazo de tierra, como un propietario mediano con 20 &oacute; 40 hect&aacute;reas; o el peque&ntilde;o tendero del barrio y el abogado que dirige un bufete de prestigio. Sus estratos m&aacute;s bajos viven y trabajan en condiciones parecidas a las de muchos trabajadores, mientras que su estrato superior tiene muchos puntos de contacto con la burgues&iacute;a.<\/p>\n<p>No s&oacute;lo num&eacute;rica, sino socialmente las clases medias son mucho m&aacute;s d&eacute;biles que la clase obrera. Debido a sus condiciones de vida y trabajo, son org&aacute;nicamente incapaces de jugar un papel independiente en la sociedad, de ah&iacute; que sus apoyos y simpat&iacute;as oscilen continuamente entre la burgues&iacute;a y los trabajadores.<\/p>\n<p>Bien es verdad que los marxistas s&iacute; diferenciamos entre <em>clase media<\/em> y un sector algo m&aacute;s numeroso de la poblaci&oacute;n: las <em>capas medias<\/em>, es decir un grupo social que engloba a las clases medias, a elementos semiproletarios y a los estratos superiores o perif&eacute;ricos de la clase obrera, que por sus condiciones de vida y sus relaciones sociales pueden, eventualmente, estar m&aacute;s cerca de los sectores medios de la clase media; adoptando, incluso en su psicolog&iacute;a, comportamientos ajenos a los de las amplias masas de la clase obrera. Ser&iacute;a un error tomar esto en un sentido absoluto. La psicolog&iacute;a y la conciencia de estas capas superiores o perif&eacute;ricas de la clase obrera son muy heterog&eacute;neas y cambiantes, y entre ellos tambi&eacute;n se encuentran obreros con conciencia de clase, que no han perdido sus v&iacute;nculos con el resto de la clase trabajadora. Entre estas capas podemos distinguir a sectores del profesorado (muchos de los cuales proceden de las clases medias), el sector asalariado de los m&eacute;dicos y abogados, empleados p&uacute;blicos, o sectores muy recientemente incorporados a la clase obrera, procedentes de diferente extracci&oacute;n social. En cualquier caso, la fuerza social y num&eacute;rica de las amplias masas de la clase obrera contin&uacute;a siendo infinitamente mayor que la de estas capas medias.<\/p>\n<p>Lo que mucha gente confunde es el concepto de <em>clase social<\/em> con el de <em>nivel de vida<\/em>. As&iacute;, si en la mayor&iacute;a de lo pa&iacute;ses los trabajadores no se mueren de hambre y muchos de ellos pueden acceder a condiciones de vida m&aacute;s elevadas, ya han dejado de ser clase obrera y se han convertido en clase media. As&iacute; razonan muchos te&oacute;ricos y soci&oacute;logos, con un esquema que representa una vulgarizaci&oacute;n grosera del marxismo.<\/p>\n<p>El marxismo nunca ha negado, ser&iacute;a est&uacute;pido hacerlo adem&aacute;s, la posibilidad de un aumento en el nivel de vida de amplias capas de la clase obrera. El mismo sistema capitalista se ve obligado a adaptar el salario de los trabajadores a las condiciones sociales cambiantes en que se desenvuelve, para sobrevivir. As&iacute;, por ejemplo, hace 80 a&ntilde;os disponer de un coche era un lujo para la inmensa mayor&iacute;a de los trabajadores, adem&aacute;s de por su elevado precio comparado con el salario de la &eacute;poca, tambi&eacute;n porque no era esencial disponer del mismo para desenvolverse en la sociedad capitalista. Hoy, en cambio, el autom&oacute;vil (como la televisi&oacute;n, la radio y el tel&eacute;fono m&oacute;vil) es vital para desenvolverse en la misma. En concreto, el desplazamiento en coche al lugar de trabajo juega un papel esencial para que el sistema productivo pueda funcionar cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>El sistema se ve obligado a reflejar en el salario de los trabajadores esta realidad si quiere seguir existiendo. Pero lo que ser&iacute;a rid&iacute;culo es deducir de este hecho que los trabajadores se han aburguesado o se han convertido en clase media. El coche es un objeto de consumo, un medio de vida, y no un medio de producci&oacute;n<a name=\"_ftnref2\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn2\"><\/a>[2]. La relaci&oacute;n social obrero-capitalista no desaparece por este hecho. Los capitalistas siguen explotando a estos obreros y extray&eacute;ndoles plusval&iacute;a.<\/p>\n<p>Lo que el marxismo s&iacute; afirma es que, en cada &eacute;poca, los capitalistas intentan mantener el salario de los trabajadores en el m&iacute;nimo necesario para que puedan vivir en las condiciones sociales existentes. El l&iacute;mite m&aacute;ximo de salario que los capitalistas pueden dar a los trabajadores, por supuesto siempre que sus beneficios no se pongan en cuesti&oacute;n, es aqu&eacute;l que no les pueda liberar de vender su fuerza de trabajo a estos mismos capitalistas al final de cada mes.<\/p>\n<p>Y lo que el marxismo tambi&eacute;n afirma es que toda conquista en el nivel de vida y en las condiciones de trabajo de la clase obrera no es eterna. Que cuando cambia la correlaci&oacute;n de fuerzas entre las clases, fruto de una derrota sindical o, en un plano m&aacute;s elevado, de una derrota revolucionaria, o bien fruto de una aguda crisis en la econom&iacute;a capitalista, muchas de estas conquistas se desvanecen. Que s&oacute;lo la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad puede garantizar permanentemente los avances sociales y elevarlos indefinidamente.<\/p>\n<p><strong>El papel de la industria en la econom&iacute;a capitalista<\/strong><\/p>\n<p>Actualmente est&aacute; de moda entre los apologistas del capitalismo despreciar la importancia de la industria en la econom&iacute;a capitalista; lo que demuestra, por un lado, su est&uacute;pida ignorancia y, por otro, su af&aacute;n consciente por tergiversar la realidad para desviar la atenci&oacute;n de la clase obrera de sus objetivos hist&oacute;ricos, pretendiendo debilitar su conciencia. As&iacute;, en un art&iacute;culo aparecido en el diario espa&ntilde;ol <em>El Pa&iacute;s<\/em> (24\/7\/00), titulado <em>La revoluci&oacute;n del siglo XXI se libra en la red<\/em>, Jos&eacute; Cerc&oacute;s, presidente de la empresa de seguros Winterthur, afirmaba aut&eacute;nticos disparates como &eacute;ste: &ldquo;Con la nueva econom&iacute;a no s&oacute;lo cambian los instrumentos de producci&oacute;n, sino el contenido. <em>De fabricar cosas en el siglo XX vamos a pasar a procesar informaci&oacute;n en el siglo XXI.<\/em> &Eacute;sa es la gran transformaci&oacute;n&rdquo; (&eacute;nfasis nuestro).<\/p>\n<p>La producci&oacute;n industrial constituye la base sobre la que se sustenta la moderna sociedad capitalista. Siempre ha sido as&iacute;, y siempre ser&aacute; as&iacute;. Todas las vulgares habladur&iacute;as sobre la <em>sociedad de servicios<\/em>, sobre el declinar de la industria y del papel de los obreros industriales, no resisten la m&aacute;s m&iacute;nima cr&iacute;tica cient&iacute;fica.<\/p>\n<p>Cualquiera puede hacer la prueba, incluido el se&ntilde;or Cerc&oacute;s. La ropa que nos viste, los alimentamos que tomamos, los ladrillos de que est&aacute;n hechos los edificios, los bol&iacute;grafos, el papel, los coches, aviones, televisores, ordenadores, peri&oacute;dicos, los billetes y monedas; en fin, casi todo lo que nos rodea est&aacute; producido en f&aacute;bricas o instalaciones industriales. Sin la producci&oacute;n fabril la sociedad capitalista colapsar&iacute;a en 24 horas. Esto es algo tan elemental que resulta una puerilidad detenerse en explicarlo, pero &iexcl;a tan miserable nivel ha descendido la <em>moderna<\/em> ciencia burguesa propalada por estas <em>lumbreras<\/em> salidas de la universidad!<\/p>\n<p>La importancia de la industria, bajo el capitalismo, no reside s&oacute;lo en su funci&oacute;n de productora de <em>valores de uso<\/em>, de producci&oacute;n de objetos &uacute;tiles, sino tambi&eacute;n como &uacute;nica fuente (junto con la agricultura) creadora de <em>plusval&iacute;a<\/em>, el aut&eacute;ntico motor de la producci&oacute;n capitalista. &ldquo;El capital industrial es el &uacute;nico modo de existencia del capital en que su funci&oacute;n no consiste solamente en apropiaci&oacute;n de plusval&iacute;a o del producto excedente, sino tambi&eacute;n en su creaci&oacute;n. Por eso este capital condiciona el car&aacute;cter capitalista de la producci&oacute;n; su existencia implica la de la contradicci&oacute;n de clase entre capitalistas y obreros asalariados (&#8230;) Las dem&aacute;s variedades de capital que aparecieron antes que &eacute;l en el seno de condiciones sociales de producci&oacute;n acabadas o en decadencia, se subordinan a &eacute;l y sufren modificaciones apropiadas en el mecanismo de sus funciones. M&aacute;s a&uacute;n, no se mueven m&aacute;s que sobre su base; viven y mueren, persisten y sucumben con esta base que &eacute;l les proporciona&rdquo; (Marx, <em>El Capital<\/em>, Vol. II, p&aacute;g. 53, Ed. Cubana).<\/p>\n<p>Como explica Marx, el resto de capitales no vinculados directamente a la producci&oacute;n (capital comercial, capital bancario, y gran parte de lo que se entiende como el sector servicios) est&aacute; supeditado, en cuanto a su propia existencia y en cuanto a la apropiaci&oacute;n de plusval&iacute;a y, por lo tanto, a la obtenci&oacute;n de beneficios, al capital orientado a la producci&oacute;n de <em>valores de uso<\/em> por medio del trabajo asalariado (industria y agricultura), &uacute;nica manera de producir plusval&iacute;a. La realidad diaria demuestra c&oacute;mo toda perturbaci&oacute;n seria en la industria y la agricultura causa efectos inmediatos en el resto de la econom&iacute;a capitalista. En el volumen III de <em>El Capital<\/em>, Marx explica detalladamente el mecanismo mediante el cual se reparte la plusval&iacute;a, originada en la industria y la agricultura, entre todos los sectores que participan en la econom&iacute;a capitalista.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista marxista, el sector industrial abarca no solamente las f&aacute;bricas, instalaciones industriales y minas, sino todos aquellos sectores econ&oacute;micos que rinden una plusval&iacute;a y, por lo tanto, incorporan valor a las mercanc&iacute;as producidas o transportadas, como es el sector de la construcci&oacute;n (aqu&iacute; las mercanc&iacute;as son las casas y edificios que incluyen en su valor la plusval&iacute;a incorporada por los obreros en el proceso de construcci&oacute;n), los transportes de mercanc&iacute;as (a&ntilde;aden un valor y una plusval&iacute;a extra a las mercanc&iacute;as transportadas al requerir trabajo humano asalariado para movilizarlas), el transporte de trabajadores a su lugar de trabajo (que a&ntilde;ade un costo &ndash; un valor extra &ndash; a la mercanc&iacute;a fuerza de trabajo; es decir, al salario del obrero), las telecomunicaciones, el sector energ&eacute;tico (electricidad, petr&oacute;leo, gas), la producci&oacute;n de alimentos y bebidas en establecimientos hosteleros, etc. Tambi&eacute;n incluye la producci&oacute;n de <em>software<\/em> &ndash; programas inform&aacute;ticos &ndash;, a cargo de ingenieros y obreros especializados, que es un tipo especial de tecnolog&iacute;a de aplicaci&oacute;n casi universal en m&aacute;quinas-herramienta, computadoras, y bienes de consumo en general. La divisi&oacute;n del trabajo y la invenci&oacute;n de nuevas t&eacute;cnicas y m&eacute;todos de trabajo, impuestos por la producci&oacute;n capitalista, lejos de reducir la parte industrial de la econom&iacute;a capitalista la ampl&iacute;an cada vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ldquo;La industria moderna nunca considera ni trata como definitiva la forma existente de un proceso de producci&oacute;n. Por consiguiente, su base t&eacute;cnica es revolucionaria, mientras que la de todos los modos de producci&oacute;n anteriores era esencialmente conservadora. Mediante las m&aacute;quinas, los procedimientos qu&iacute;micos y dem&aacute;s m&eacute;todos, la industria moderna revoluciona constantemente la base t&eacute;cnica de la producci&oacute;n, y con ella las funciones de los obreros y las combinaciones sociales del proceso de trabajo. De este modo, revoluciona tambi&eacute;n, no menos incesantemente, la divisi&oacute;n del trabajo dentro de la sociedad, lanzando sin cesar masas de capitales y obreros de una a otra rama de de la producci&oacute;n&rdquo; (Marx, <em>El Capital<\/em>, Vol. I, p&aacute;g. 437. Ed. Cubana).<\/p>\n<p>Resulta curioso que estos abogados <em>desindustrialistas<\/em> de la econom&iacute;a, no tengan tiempo para explicarnos c&oacute;mo se puede entender la irrupci&oacute;n en la econom&iacute;a mundial de pa&iacute;ses como Corea del Sur, China, India o Brasil, sin la enorme fortaleza industrial acumulada por estos pa&iacute;ses en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Por no hablar del liderazgo ejercido en la econom&iacute;a europea por Alemania gracias a su poderosa industria. En sentido contrario, vemos c&oacute;mo antiguas potencias industriales de primer orden, como Gran Breta&ntilde;a, no hacen m&aacute;s que declinar su importancia en la econom&iacute;a mundial en la medida que su burgues&iacute;a ha desmantelado gran parte de la producci&oacute;n industrial.<\/p>\n<p>El hecho de que haya sectores de la econom&iacute;a capitalista que no se dediquen directamente a la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as (una gran parte del famoso <em>sector servicios<\/em>) no significa que dejen de estar, por ello, supeditados a la producci&oacute;n mercantil, como antes indicamos. Y en lo que respecta a sus trabajadores, estos sectores de la econom&iacute;a se ven obligados a transplantar los m&eacute;todos de trabajo de la industria &ndash; el sistema de trabajo asalariado &ndash; para poder funcionar.<\/p>\n<p><strong>La peque&ntilde;a empresa y la gran producci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>Los defensores de la <em>econom&iacute;a de libre mercado<\/em> destacan la pujanza de muchas empresas medianas, lo que contradice, seg&uacute;n ellos, la tendencia a la concentraci&oacute;n de la producci&oacute;n vaticinada por el marxismo.<\/p>\n<p>Como tantas, &eacute;sta no deja de ser una afirmaci&oacute;n gratuita. En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os hemos asistido a una impresionante concentraci&oacute;n de la producci&oacute;n en un n&uacute;mero cada vez menor de empresas multinacionales, en pr&aacute;cticamente todos los sectores productivos: acero, autom&oacute;vil, qu&iacute;mica, papel, aeron&aacute;utica, construcci&oacute;n naval, banca, hidrocarburos, telecomunicaciones, etc. &ldquo;S&oacute;lo en la primera mitad de 1998, las absorciones empresariales en EEUU implicaron la astron&oacute;mica cantidad de 949.000 millones de d&oacute;lares. No menos del 20% de toda la actividad econ&oacute;mica. En la primera mitad de 1999 hubo implicada una cantidad adicional de 570.000 millones de d&oacute;lares en las fusiones. Esto no se limita a EEUU. En el mismo per&iacute;odo, las fusiones en la UE alcanzaron los 346.000 millones de d&oacute;lares. Y esta tendencia no muestra signos de reducirse. El proceso de fusiones en todo el mundo en los tres primeros trimestres de 1999 supuso el 16% m&aacute;s que en el mismo per&iacute;odo del a&ntilde;o anterior, alcanzando un nuevo r&eacute;cord de 2,2 billones de d&oacute;lares, de acuerdo con Thompson Financial Securities&rdquo; (Alan Woods, &lsquo;En el filo de la navaja&rsquo;, publicado en <em>Marxismo Hoy<\/em> n&ordm; 7, Abril 2000. Fundaci&oacute;n Federico Engels). M&aacute;s recientemente, antes de la gran crisis capitalista del 2008, el a&ntilde;o 2006 marc&oacute; un nuevo r&eacute;cord en el volumen de fusiones y adquisiciones de empresas alrededor del mundo al alcanzar la cifra de 3,79 billones de d&oacute;lares, lo que signific&oacute; un aumento del 38 por ciento respecto al a&ntilde;o 2005 y una nueva marca hist&oacute;rica (<em>Gustavo Manrique Salas. <\/em><em>\u00abComunicaciones estrat&eacute;gicas &#8211; Fusiones y Adquisiciones. Apuntes del DIRCOM\u00bb <\/em><em>28 de agosto 2010)<\/em>.<\/p>\n<p>Actualmente son 200 grandes multinacionales, que cubren todos los sectores productivos, las que controlan las palancas fundamentales de la econom&iacute;a mundial, teniendo muchas de ellas un poder econ&oacute;mico, e incluso pol&iacute;tico, superior a los de muchos Estados nacionales.<\/p>\n<p>La plantilla media de estas grandes multinacionales como General Motors, Volkswagen, Glaxo, Boeing, Deutsche Bank, Toyota, General Electric, IBM, Microsoft, Telef&oacute;nica, etc. alcanzan los 100.000, los 200.000 y hasta los 600.000 trabajadores, cifras desconocidas para las grandes empresas capitalistas de hace 80 &oacute; 90 a&ntilde;os, cuando supuestamente el marxismo <em>todav&iacute;a<\/em> ten&iacute;a alguna raz&oacute;n de ser.<\/p>\n<p>El an&aacute;lisis m&aacute;s elemental demuestra que el predominio de la peque&ntilde;a empresa en un pa&iacute;s no significa m&aacute;s desarrollo, sino todo lo contrario. Los pa&iacute;ses capitalistas m&aacute;s desarrollados tienen una proporci&oacute;n mayor de grandes empresas que aquellos que representan un tipo de capitalismo m&aacute;s d&eacute;bil y atrasado. Esto se ve claramente, incluso en Europa, si comparamos el desarrollo industrial, por ejemplo, de Grecia, Portugal o Espa&ntilde;a con el de los Estados Unidos, Jap&oacute;n o Alemania. O en Am&eacute;rica Latina, si comparamos Argentina con Brasil.<\/p>\n<p>En realidad, nuestros cr&iacute;ticos se dejaron deslumbrar por el <em>boom<\/em> econ&oacute;mico del per&iacute;odo anterior, cuando irrumpieron nuevas ramas de la producci&oacute;n donde, inicialmente, los peque&ntilde;os capitales parec&iacute;an tomar la delantera. Es la ilusi&oacute;n de todas las &eacute;pocas de crecimiento acelerado de la producci&oacute;n capitalista. Pero como se&ntilde;ala Marx: &ldquo;Al desarrollarse la producci&oacute;n capitalista, aumenta el m&iacute;nimo del capital individual necesario para explotar un negocio en condiciones normales. Los peque&ntilde;os capitales afluyen a las esferas de producci&oacute;n de las que la gran industria no se ha adue&ntilde;ado a&uacute;n o s&oacute;lo lo ha hecho de manera imperfecta (&#8230;) Se produce la competencia en raz&oacute;n directa del n&uacute;mero y en raz&oacute;n inversa del volumen de los capitales que rivalizan entre s&iacute;. La competencia termina siempre con la ruina de los peque&ntilde;os capitalistas, cuyos capitales desaparecen o van a parar a las manos de los vencedores&rdquo; (Marx, <em>El Capital<\/em>, Vol. I, p&aacute;g. 570. Ed. Cubana).<\/p>\n<p>La existencia de peque&ntilde;os y medianos capitales siempre van a acompa&ntilde;ar a la gran producci&oacute;n capitalista mientras dure este sistema, pero condicionados y comprimidos en su desarrollo por las grandes empresas y multinacionales. Como afirma Rosa Luxemburgo: &ldquo;De acuerdo con Marx, en la marcha general de la evoluci&oacute;n capitalista, los peque&ntilde;os capitales cumplen la funci&oacute;n de ser los adelantados de la revoluci&oacute;n t&eacute;cnica y ello en un sentido doble: tanto en lo relativo a la introducci&oacute;n de nuevos m&eacute;todos de producci&oacute;n en ramas antiguas, establecidas y ya arraigadas, como en lo relativo a la creaci&oacute;n de nuevas ramas productivas que a&uacute;n no han sido explotadas por los grandes capitales (&#8230;) No hay que imaginarse la lucha entre la empresa mediana y el gran capital como una batalla peri&oacute;dica en la que se desvanece de modo directo y cuantitativo el destacamento de la parte m&aacute;s d&eacute;bil, sino, m&aacute;s bien, como una siega peri&oacute;dica de peque&ntilde;os capitales, que vuelven a surgir r&aacute;pidamente para ser segados de nuevo por la guada&ntilde;a de la gran industria&rdquo; (Rosa Luxemburgo, <em>Reforma o Revoluci&oacute;n,<\/em> p&aacute;g. 57, <em>Obras escogidas,<\/em> Vol. I. Ed. Ayuso, Madrid 1977).<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se han desarrollado nuevas ramas de producci&oacute;n que han adquirido una influencia de primer orden en la econom&iacute;a capitalista, como es el caso del sector inform&aacute;tico y de las computadoras. As&iacute;, Microsoft, surgi&oacute; en el interior de un peque&ntilde;o garaje en Seattle, de la mano de un <em>joven emprendedor<\/em> como Bill Gates. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, de todas las peque&ntilde;as empresas innovadoras en este campo de la producci&oacute;n capitalista, s&oacute;lo Microsoft y unas pocas m&aacute;s han sobrevivido, transform&aacute;ndose en multinacionales que emplean a decenas de miles de trabajadores. Es una prueba m&aacute;s de la tendencia inevitable a la gran producci&oacute;n y del papel dirigente de &eacute;sta en la econom&iacute;a capitalista.<\/p>\n<p><strong>La &lsquo;descentralizaci&oacute;n&rsquo; de la producci&oacute;n y la &lsquo;disminuci&oacute;n&rsquo; de la clase obrera industrial<\/strong><\/p>\n<p>Est&aacute; de moda entre los detractores del marxismo sostener la afirmaci&oacute;n de que, poco a poco, la gran producci&oacute;n est&aacute; dejando paso a unidades de producci&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;as, con lo que la concentraci&oacute;n industrial de los trabajadores se reduce de tama&ntilde;o y por lo tanto tambi&eacute;n lo hace su conciencia de clase.<\/p>\n<p>Sobre el tema de la <em>conciencia<\/em> volveremos m&aacute;s adelante. En cuanto a lo dem&aacute;s, reafirmamos lo que hemos explicado en el anterior apartado, que deja a las claras la tendencia a la gran producci&oacute;n y a la concentraci&oacute;n del capital en todas las esferas productivas.<\/p>\n<p>Aqu&iacute;, de nuevo, nuestros cr&iacute;ticos incurren en una gran confusi&oacute;n e ignorancia. Esta gente identifica la disminuci&oacute;n de trabajadores empleados en una f&aacute;brica, como consecuencia de la sustituci&oacute;n de obreros por m&aacute;quinas cada vez m&aacute;s perfeccionadas, con un paso atr&aacute;s en las tendencias de la econom&iacute;a capitalista antes descritas. Al contrario, la sustituci&oacute;n de trabajadores por m&aacute;quinas &ndash; algo que forma parte inseparable de la historia del capitalismo &ndash; lleva siempre aparejado un aumento de la escala de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as de esa f&aacute;brica particular. No hay nada nuevo en este fen&oacute;meno. Marx analiza en <em>El Capital,<\/em> con todo detalle, c&oacute;mo el aumento de la fuerza productiva del capital se consigue aumentando la parte <em>constante<\/em> del capital (las m&aacute;quinas, instalaciones, materias primas), a costa de disminuir su parte <em>variable <\/em>(trabajadores). Esta disminuci&oacute;n del capital <em>variable<\/em> puede ser relativa (con el mismo n&uacute;mero de trabajadores, o incluso con m&aacute;s trabajadores, producir una cantidad mayor de mercanc&iacute;as por obrero empleado), o absoluta (disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de obreros empleados produciendo una cantidad mayor de mercanc&iacute;as). En cualquier caso la potencia productiva del capital siempre aumenta.<\/p>\n<p>De cualquier manera, el n&uacute;mero de obreros es un elemento muy flexible en una empresa, que est&aacute; ligado a la coyuntura econ&oacute;mica. En &eacute;pocas de crisis econ&oacute;mica se observa una ca&iacute;da en el n&uacute;mero de obreros empleados en una f&aacute;brica, pero cuando cambia el ciclo econ&oacute;mico el proceso se invierte.<\/p>\n<p>Aunque, en promedio, ha habido una disminuci&oacute;n relativa, porcentual, del n&uacute;mero de obreros industriales en los pa&iacute;ses capitalistas avanzados y de desarrollo mediano, la cifra apenas ha variado en n&uacute;meros absolutos. La disminuci&oacute;n relativa de obreros industriales es debida a la enorme productividad alcanzada por la tecnolog&iacute;a industrial que impone l&iacute;mites a la absorci&oacute;n de mano de obra en cada f&aacute;brica. En Espa&ntilde;a, por ejemplo, el n&uacute;mero de obreros industriales era de 3,27 millones en 2008, frente a los 3,5 millones en 1975 (Fuente: INE). En Argentina, la clase obrera industrial alcanza los 1,9 millones en 2011, comparado con los 1,5 millones de 1975 (Fuente: INDEC-M&ordm; Trabajo). En los EEUU hay poco m&aacute;s de 20 millones de obreros empleados en la industria (los mismos que en los a&ntilde;os 60), un poco menos que el pico m&aacute;ximo alcanzado a fines de los 70, estimado en 22 millones de obreros industriales (Fuente: Departamento de Estad&iacute;sticas Comerciales). Una situaci&oacute;n diferente se da en las zonas relativamente nuevas que concentran una parte creciente de las inversiones internacionales. En China, el n&uacute;mero de obreros industriales pas&oacute; de 152 millones en 1990 a cerca de 200 millones en 2008, seg&uacute;n diversas fuentes (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas-IAEF). Y en la India hay se estiman en 59 millones. En Brasil, el n&uacute;mero de obreros industriales alcanza los 3,7 millones (Encuesta Mensual de Empleo, Marzo 2011).<\/p>\n<p>La disminuci&oacute;n de trabajadores en una f&aacute;brica choca con dos limitaciones. Por un lado, siempre se necesitar&aacute; un n&uacute;mero m&iacute;nimo de trabajadores para mantener en funcionamiento la producci&oacute;n. Y en segundo lugar, en la medida que el beneficio capitalista proviene de la plusval&iacute;a extra&iacute;da a los trabajadores, siempre necesitar&aacute; la cantidad m&iacute;nima indispensable de &eacute;stos para mantener la tasa y la masa de beneficios (por supuesto, a costa de aumentar la sobreexplotaci&oacute;n de estos trabajadores) pues, como explica Marx, la m&aacute;quina no crea plusval&iacute;a, se limita a transferir a las mercanc&iacute;as su propio valor.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; el sistema capitalista se enfrenta a una nueva contradicci&oacute;n. Un aumento prolongado de la fuerza productiva en una rama industrial, sustituyendo a trabajadores por m&aacute;quinas, lleva a un descenso paulatino en la extracci&oacute;n de plusval&iacute;a y de la tasa de beneficios (la relaci&oacute;n entre la plusval&iacute;a y el capital invertido, p\/C) lo que, tarde o temprano, provoca un descenso de la masa de beneficios. En el caso hipot&eacute;tico de un incremento indefinido de la fuerza productiva de una f&aacute;brica que condujera a la casi completa sustituci&oacute;n de trabajadores por m&aacute;quinas, levar&iacute;a a la casi total desaparici&oacute;n de la ganancia capitalista, al no haber apenas obreros a quienes extraer plusval&iacute;a. Pero esto ir&iacute;a contra el motor mismo de la producci&oacute;n capitalista, que es la obtenci&oacute;n y el incremento del beneficio privado. Por eso, los capitalistas, llegado a un punto, tienen que limitar las innovaciones t&eacute;cnicas en el proceso de trabajo para contrarrestar esta contradicci&oacute;n, lo que demuestra el papel de freno que juega el r&eacute;gimen capitalista en el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo. El desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo entra as&iacute; en contradicci&oacute;n con el beneficio capitalista. Por otro lado, si en un caso hipot&eacute;tico la mayor parte de la clase obrera quedara apeada del trabajo productivo, las contradicciones sociales resultantes s&oacute;lo podr&iacute;an conducir a una revoluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Por eso el capital, so pena de perecer, y espoleado por la b&uacute;squeda del beneficio, debe encontrar incesantemente nuevos campos de producci&oacute;n, crear nuevas ramas productivas donde explotar a nuevos trabajadores para producir nueva plusval&iacute;a. As&iacute;, mientras que por un lado, desciende el n&uacute;mero de obreros en determinadas ramas industriales, y algunas otras decaen o desaparecen, por el otro lado se crean otras nuevas con la ocupaci&oacute;n de una masa creciente de obreros asalariados.<\/p>\n<p>Esta es la raz&oacute;n de que, peri&oacute;dicamente, los productos y valores de uso comunes vayan incorporando nuevas utilidades, lo que implica que al producto o mercanc&iacute;a la fuerza de trabajo (el obrero) le incorpora m&aacute;s valor durante el proceso de trabajo. De esta manera, los capitalistas tratan de sortear las contradicciones que mencionamos antes, y sostener y acrecentar sus ganancias. As&iacute; fue c&oacute;mo la televisi&oacute;n en blanco y negro dej&oacute; paso a la televisi&oacute;n en color y, recientemente, a la llamada televisi&oacute;n digital. La utilidad b&aacute;sica del tel&eacute;fono m&oacute;vil &ndash;realizar y recibir llamadas- ha sido ampliada a una variedad enorme de prestaciones y utilidades que cambian a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Lo mismo se aplica a las computadoras y programas inform&aacute;ticos, al transporte (autom&oacute;vil, aviones, trenes, etc.), y a todo el universo de la producci&oacute;n capitalista.<\/p>\n<p>Hace veinte a&ntilde;os el n&uacute;mero de obreros del autom&oacute;vil era much&iacute;simo mayor que el n&uacute;mero de obreros ocupados en el sector de las llamadas tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n (inform&aacute;tica), que era una rama industrial relativamente reciente. Hoy en cambio, en los Estados Unidos trabajan en este sector m&aacute;s de nueve millones de personas, muchas m&aacute;s que en la industria del autom&oacute;vil.<\/p>\n<p>&ldquo;La composici&oacute;n de la clase obrera cambia constantemente con cada modificaci&oacute;n del proceso productivo. La actual generaci&oacute;n de trabajadores de la industria de ordenadores trabaja de un modo diferente al de los trabajadores de una cadena de montaje de la Ford. Pero la diferencia es s&oacute;lo relativa. No han dejado de ser trabajadores que venden su fuerza de trabajo para poder vivir. M&aacute;s a&uacute;n, la diferencia entre las diferentes ramas de la producci&oacute;n se est&aacute; estrechando continuamente. Las condiciones de trabajo en las grandes oficinas y centrales telef&oacute;nicas, donde un gran n&uacute;mero de trabajadores est&aacute;n concentrados trabajando con ordenadores, se asemejan a las de las grandes f&aacute;bricas. De hecho, las condiciones entre los primeros son, frecuentemente, mucho peor&rdquo; (Alan Woods y Ted Grant, <em>La lucha de clases y el ciclo econ&oacute;mico<\/em>).<\/p>\n<p>La llamada <em>descentralizaci&oacute;n<\/em>, <em>externalizaci&oacute;n o tercerizaci&oacute;n<\/em> de la producci&oacute;n en determinadas ramas industriales, que se manifiesta en fen&oacute;menos como la subcontrataci&oacute;n de diversas tareas productivas fuera de la empresa o industria matriz, es un instrumento que &eacute;stas utilizan para reducir costos y aumentar sus m&aacute;rgenes de beneficio, mediante el abaratamiento de las mercanc&iacute;as producidas por estas subcontratas a trav&eacute;s de la sobreexplotaci&oacute;n de los obreros que trabajan en ellas. En muchas ocasiones los propios obreros de las subcontratas trabajan, codo con codo, con los obreros de la empresa contratante, formando en realidad una misma masa obrera<a name=\"_ftnref3\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn3\"><\/a>[3].<\/p>\n<p>En cualquier caso, la independencia de estas empresas subcontratistas es completamente ficticia. Dependen absolutamente de la gran empresa a la que prestan su servicio, sin la cual no podr&iacute;an existir. La subcontrataci&oacute;n es un disfraz que oculta el dominio absoluto de la gran producci&oacute;n. Si ech&aacute;ramos un vistazo a la composici&oacute;n accionarial de muchas de estas subcontratas ver&iacute;amos c&oacute;mo, incluso, el control decisivo lo tienen las grandes empresas para las que trabajan.<\/p>\n<p>Aunque superficialmente parece que este tipo de estructura productiva debilita la respuesta de conjunto de los trabajadores, tambi&eacute;n deja expuesta la debilidad de los capitalistas. Y es que al llevar la relaci&oacute;n de dependencia entre la empresa matriz y sus proveedoras a un punto extremo &ndash; a llamada producci&oacute;n <em>Just in Time<\/em>, producci&oacute;n <em>en el tiempo justo<\/em> &ndash; basta una huelga en cualquiera de estas subcontratas para que la labor de la empresa matriz se vea duramente afectada. Esto ha ocurrido repetidas veces en las f&aacute;bricas de autom&oacute;viles de la Ford y General Motors de EEUU, donde la huelga en una o dos f&aacute;bricas de componentes de autom&oacute;viles obligaba a paralizar las plantas de ensamblado por la falta de piezas.<\/p>\n<p>La viabilidad de cualquier cambio introducido en la producci&oacute;n capitalista est&aacute; determinada por su capacidad para incrementar la productividad del trabajo humano, de ahorrar tiempo de trabajo, y abaratar las mercanc&iacute;as, si quiere sobrevivir ante la competencia.<\/p>\n<p>Pese a los cambios introducidos en la producci&oacute;n fabril y en el transporte, la producci&oacute;n &ldquo;en masa&rdquo; que es inherente a cualquier empresa requerir&aacute; siempre una concentraci&oacute;n importante de obreros en un mismo espacio f&iacute;sico para hacerla viable y para extraerles a &eacute;stos la plusval&iacute;a (el valor creado por el obrero durante el proceso de trabajo que se apropia el capitalista) que es la fuente de donde surge la ganancia. El obrero asalariado, su concentraci&oacute;n compacta en un mismo espacio f&iacute;sico y su acci&oacute;n colectiva para hacer valer sus intereses son por lo tanto el producto genuino, e inevitable, de la producci&oacute;n capitalista.<\/p>\n<p><strong>2&ordf; parte: La clase obrera y la conciencia de clase<\/strong><\/p>\n<p><strong><strong>La conciencia de clase<\/strong><\/strong><\/p>\n<p>El proceso de adquisici&oacute;n de la toma de conciencia de clase de los trabajadores no es un proceso inmediato ni autom&aacute;tico, ni en la industria ni en el resto de los sectores productivos. En su libro <em>Miseria de la Filosof&iacute;a<\/em>, Marx, analizando la situaci&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a en la d&eacute;cada de los 40 del siglo XIX, se&ntilde;ala: &ldquo;En principio, las condiciones econ&oacute;micas hab&iacute;an transformado la masa del pa&iacute;s en trabajadores. La dominaci&oacute;n del capital ha creado en esta masa una situaci&oacute;n com&uacute;n, intereses comunes. As&iacute;, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todav&iacute;a no para s&iacute; misma. En la lucha, de la cual hemos se&ntilde;alado algunas fases, esta masa se re&uacute;ne, constituy&eacute;ndose en clase para s&iacute; misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase&rdquo; (Marx, <em>Miseria de la Filosof&iacute;a<\/em>, p&aacute;g. 257. Ed. J&uacute;car).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; significa adquirir <em>una conciencia de clase para s&iacute; misma<\/em>? Significa la conciencia de pertenecer a una <em>comunidad<\/em> particular de la sociedad, con sus propios intereses sociales y sus propios objetivos hist&oacute;ricos, fruto de su condici&oacute;n de trabajadores asalariados; intereses y objetivos que s&oacute;lo pueden lograrse con la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad mediante la expropiaci&oacute;n de la propiedad de la clase capitalista, y su control y gesti&oacute;n planificada por el conjunto de la sociedad bajo la direcci&oacute;n de la clase obrera.<\/p>\n<p>La conciencia de clase se adquiere a trav&eacute;s de la experiencia, no s&oacute;lo del obrero en su empresa, sino tambi&eacute;n asimilando la experiencia de los obreros de otras empresas, de su localidad, de su pa&iacute;s e, incluso, a nivel internacional.<\/p>\n<p>El proceso de formaci&oacute;n de la conciencia de clase no se da solamente con la experiencia de los obreros en el marco de la <em>estructura<\/em> econ&oacute;mica de la sociedad capitalista, sino tambi&eacute;n en la <em>superestructura<\/em> del sistema a trav&eacute;s de la experiencia de los obreros en sus organizaciones (sindicatos, partidos), en las instituciones pol&iacute;ticas burguesas (ayuntamientos, parlamentos, etc.); y, particularmente, con las grandes conmociones pol&iacute;ticas y sociales: la represi&oacute;n del Estado burgu&eacute;s, las guerras, estallidos sociales, etc.<\/p>\n<p>La propia experiencia hist&oacute;rica de la clase obrera de un pa&iacute;s, sus tradiciones, y la calidad de la direcci&oacute;n de las organizaciones obreras son tambi&eacute;n factores que pueden estimular el proceso de toma de conciencia de los trabajadores o, seg&uacute;n el caso, entorpecerlo y retrasarlo.<\/p>\n<p>Debido a todos estos factores los procesos revolucionarios resultan ser hechos muy excepcionales en la sociedad, pero como ocurre con otros hechos naturales de la fisiolog&iacute;a animal, o de la geolog&iacute;a terrestre (terremotos), no por infrecuentes son inevitables, y as&iacute; lo atestigua la historia del capitalismo en los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Es por todas estas razones que en una &eacute;poca normal del capitalismo la conciencia &ldquo;media&rdquo; de la clase obrera no pase de la lucha cotidiana por mejoras econ&oacute;micas en sus condiciones de vida y de trabajo, o la defensa de las mismas.<\/p>\n<p>A pesar de lo que creen algunos ultraizquierdistas &ndash; que piensan que los trabajadores deben ir a las empresas a hacer huelgas, y s&oacute;lo trabajar de vez en cuando, la realidad es que los trabajadores van a su empresa a trabajar y, cuando no tienen m&aacute;s remedio y han agotado toda otra v&iacute;a para que se atiendan sus demandas, es cuando hacen huelgas. Contra lo que pueda parecer, las huelgas son fen&oacute;menos anormales, excepcionales, en la vida normal de un obrero.<\/p>\n<p>Siempre ha sucedido que sea una minor&iacute;a de la clase obrera quien se eleve hasta una conciencia socialista en esas &eacute;pocas <em>normales<\/em> del capitalismo. Esto ocurre en estos momentos igual que ocurr&iacute;a hace 40 &oacute; 90 a&ntilde;os, lo que no impidi&oacute; que todos estos per&iacute;odos fueran cortados bruscamente por &eacute;pocas revolucionarias que hicieron tambalear y peligrar la continuidad del sistema capitalista. Cortes bruscos que comprend&iacute;an un intervalo de pocos a&ntilde;os, meses, o incluso d&iacute;as, y donde millones de trabajadores, antes ap&aacute;ticos y apartados de la lucha pol&iacute;tica, tomaban conciencia de sus tareas hist&oacute;ricas y se lanzaban a la lucha consciente por transformar la sociedad.<\/p>\n<p>As&iacute; tuvimos, por hablar s&oacute;lo de Europa, los movimientos revolucionarios de 1917 a 1923, los a&ntilde;os treinta o los setenta, por citar algunos. Por qu&eacute; fracasaron todos ellos no es materia de este trabajo, pero en todo caso no se debi&oacute; a la falta de una conciencia de clase y socialista de los trabajadores o a su insuficiente combatividad, sino m&aacute;s bien por la ausencia de una direcci&oacute;n aut&eacute;nticamente revolucionaria en las organizaciones obreras, que estuviera a la altura de sus tareas hist&oacute;ricas, o por la traici&oacute;n consciente de esa misma direcci&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>C&oacute;mo surge la conciencia y la oposici&oacute;n obrero-capitalista<\/strong><\/p>\n<p>El proceso de toma de conciencia de los obreros, es decir la comprensi&oacute;n de los intereses opuestos que existen entre ellos y el capitalista, comienza en el puesto de trabajo. Mientras que el artesano, al ser propietario de sus herramientas y del producto final de su trabajo, s&iacute; tiene un inter&eacute;s directo en el proceso de producci&oacute;n; el obrero, en cambio, no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s personal en el mismo, al no pertenecerle el producto final de su trabajo, la mercanc&iacute;a producida para la venta. El trabajo asalariado aparece ante el obrero como una condici&oacute;n impuesta, como la &uacute;nica manera de obtener sus medios de vida.<\/p>\n<p>En sus <em>Manuscritos econ&oacute;micos-filos&oacute;ficos <\/em>(1844), Marx analiza detalladamente el proceso de <em>enajenaci&oacute;n <\/em>(o alienaci&oacute;n) que sufre el obrero en la f&aacute;brica: &ldquo;&iquest;En qu&eacute; consiste, entonces, la enajenaci&oacute;n del trabajo? Primeramente en que el trabajo es &lsquo;externo&rsquo; al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energ&iacute;a f&iacute;sica y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su esp&iacute;ritu. Por eso el trabajador s&oacute;lo se siente en s&iacute; fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de s&iacute;. Est&aacute; en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no est&aacute; en lo suyo. Su trabajo no es, as&iacute;, voluntario, sino forzado, &lsquo;trabajo forzado&rsquo; (&#8230;) En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que &eacute;ste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando est&aacute; en &eacute;l no se pertenece a s&iacute; mismo, sino a otro&rdquo;(Marx, <em>Manuscritos econ&oacute;mico-filos&oacute;ficos<\/em>, p&aacute;gs. 108-109, Ed. Alianza Editorial).<\/p>\n<p>Seguidamente, hace aparecer la oposici&oacute;n obrero-capitalista: &ldquo;Si &eacute;l, pues, se relaciona con el producto de su trabajo, con su trabajo objetivado [la mercanc&iacute;a producida], como con un objeto poderoso, independiente de &eacute;l, hostil, extra&ntilde;o, se est&aacute; relacionando con &eacute;l de forma que otro hombre independiente de &eacute;l, poderoso, hostil, extra&ntilde;o a &eacute;l, es el due&ntilde;o de este objeto. Si &eacute;l se relaciona con su actividad como con una actividad no libre, se est&aacute; relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las &oacute;rdenes, la compulsi&oacute;n y el yugo de otro&rdquo; (Marx, <em>Manuscritos econ&oacute;mico-filos&oacute;ficos<\/em>, p&aacute;g. 109, Ed. Alianza Editorial).<\/p>\n<p>Finalmente, Marx revela c&oacute;mo surge la identidad de intereses de clase, independientemente del oficio: &ldquo;En la relaci&oacute;n del trabajo enajenado, cada hombre considera, pues, a los dem&aacute;s seg&uacute;n la medida y la relaci&oacute;n en la que &eacute;l se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador&rdquo; (Marx, <em>Manuscritos econ&oacute;mico-filos&oacute;ficos<\/em>, p&aacute;g. 113, Ed. Alianza Editorial).<\/p>\n<p>Conforme m&aacute;s se desarrolla la t&eacute;cnica en la producci&oacute;n capitalista y se perfeccionan las m&aacute;quinas y los instrumentos de trabajo, menos <em>especializada<\/em> se hace la labor del obrero, m&aacute;s se <em>descualifica<\/em> su trabajo, menos importancia tienen sus facultades individuales, y por lo tanto m&aacute;s rutinario, aburrido y despojado de inter&eacute;s resulta, apareciendo el trabajador como un mero ap&eacute;ndice de la m&aacute;quina, lo que acent&uacute;a su <em>enajenaci&oacute;n<\/em> del trabajo. Este car&aacute;cter del trabajo, desprovisto de creatividad, estimula la reflexi&oacute;n del obrero sobre sus condiciones de vida y trabajo, le ayuda a generalizar su experiencia al comprobar la identidad de intereses que existen entre &eacute;l y sus compa&ntilde;eros de trabajo, acrecienta su malestar e insatisfacci&oacute;n, y le permite tomar conciencia de su situaci&oacute;n de explotaci&oacute;n y opresi&oacute;n. Las propias condiciones de trabajo crean as&iacute;, necesariamente, las premisas para el proceso de toma de conciencia de los trabajadores.<\/p>\n<p>Estas consideraciones se aplican a todos los sectores y capas que forman la clase obrera, independientemente de que las condiciones particulares de trabajo hagan avanzar m&aacute;s r&aacute;pidamente en su conciencia a determinadas capas antes que a otras.<\/p>\n<p><strong>La clase obrera industrial<\/strong><\/p>\n<p>Los profesores vulgares de la Universidad creen haber hecho un gran da&ntilde;o en el arsenal te&oacute;rico del marxismo al pretender demostrar &ldquo;irrefutablemente&rdquo; la imposibilidad de la revoluci&oacute;n socialista cuando niegan la capacidad de la clase obrera de adquirir una conciencia revolucionaria por el peso cada vez menor que, seg&uacute;n ellos, tienen la industria y el n&uacute;mero de obreros industriales en la econom&iacute;a capitalista. Para estos <em>te&oacute;ricos<\/em>, el trabajo industrial, en s&iacute; y por s&iacute; mismo, parece ejercer alg&uacute;n tipo de embrujo o efecto magn&eacute;tico especial sobre la conciencia de los obreros industriales que los convierte, a ellos y s&oacute;lo a ellos, en temibles revolucionarios. De ah&iacute; su insistencia en afirmar de manera arbitraria y anticient&iacute;fica la decadencia de la industria en la econom&iacute;a capitalista para sentenciar la imposibilidad del desarrollo de la <em>conciencia revolucionaria<\/em> en el conjunto de la clase obrera; o, en todo caso, su existencia se reducir&iacute;a a ser el sue&ntilde;o ut&oacute;pico de un estamento condenado a desaparecer o a vivir en la marginalidad de la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>Ya hemos explicado en el apartado anterior la falsedad y la simplificaci&oacute;n de este an&aacute;lisis sobre el papel de la industria en la econom&iacute;a capitalista. A pesar de todas las reconversiones industriales habidas en los pa&iacute;ses capitalistas m&aacute;s desarrollados, el n&uacute;mero de obreros industriales es mayor que hace 60 &oacute; 70 a&ntilde;os, cuando la revoluci&oacute;n estaba a la orden del d&iacute;a en toda Europa. S&oacute;lo nos basta repetir que son las condiciones de vida y trabajo de los obreros asalariados las que crean las premisas para que surja la conciencia de clase, independientemente del sector donde se trabaje.<\/p>\n<p>Dicho esto, los obreros industriales, en cuanto al desarrollo de la conciencia de clase, siempre han constituido la vanguardia de los trabajadores asalariados, ya que el trabajo en la industria crea las condiciones m&aacute;s propicias para que este desarrollo de la conciencia se d&eacute; de una manera m&aacute;s profunda.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;les son estas condiciones? En primer lugar, la concentraci&oacute;n de trabajadores necesarios para producir mercanc&iacute;as <em>en masa<\/em> es mucho mayor en la industria que en cualquier otro tipo de empresa. De ah&iacute; que, a mayor n&uacute;mero de trabajadores, el sentimiento de fuerza y de poder en la empresa, como se pone de manifiesto en cada huelga, tiene los efectos m&aacute;s profundos en su conciencia.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el desarrollo del maquinismo es mayor en la industria que en cualquier otro sector de la econom&iacute;a capitalista y la sensaci&oacute;n del trabajador de sentirse un simple ap&eacute;ndice m&aacute;s de la m&aacute;quina con la que trabaja se manifiesta m&aacute;s claramente, quit&aacute;ndole a su trabajo todo atractivo. Pr&aacute;cticamente, la cualificaci&oacute;n de los trabajadores industriales es la misma entre ellos en cada l&iacute;nea de producci&oacute;n de la empresa, y muchas de las categor&iacute;as que existen son creadas artificialmente, o han perdido su significaci&oacute;n original, pero son mantenidas para dividir a los obreros o para estimularles y aumentar as&iacute; la productividad de su trabajo.<\/p>\n<p>En tercer lugar, los obreros industriales (particularmente los metal&uacute;rgicos) suelen ser, dentro de la clase obrera, los que se encuentran mejor pagados, est&aacute;n entre los m&aacute;s cultos y los que tienen mayores inquietudes, fruto de mejores condiciones conquistadas con a&ntilde;os de lucha. De ah&iacute; el sentimiento de confianza y de orgullo de su condici&oacute;n obrera.<\/p>\n<p>Por otro lado, la ausencia de cualquier tipo de contacto personal con el patr&oacute;n en una gran o mediana industria, hace ver a los obreros de f&aacute;brica m&aacute;s f&aacute;cilmente que a otros que todo el funcionamiento de la empresa es obra suya, que para que todo funcione son ellos los &uacute;nicos necesarios, estando m&aacute;s arraigado por tanto el sentimiento com&uacute;n de explotaci&oacute;n. La ausencia de contacto personal con el patr&oacute;n impide, por lo dem&aacute;s, la creaci&oacute;n de lazos de paternalismo tan comunes en la peque&ntilde;a empresa, donde a veces, hasta el patr&oacute;n &ldquo;echa una mano&rdquo; en algunas tareas.<\/p>\n<p>En este sentido, es una caracter&iacute;stica com&uacute;n a todos los obreros industriales el orgullo que exteriorizan al sentirse creadores de productos &uacute;tiles para la sociedad. La adquisici&oacute;n de esa conciencia particular es desconocida entre los campesinos o entre los trabajadores del sector servicios, el sentirse los autores materiales de los medios de producci&oacute;n y de vida indispensables que hacen funcionar la sociedad.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, existe otra caracter&iacute;stica que, aunque comparten todos los trabajadores asalariados, se manifiesta de manera m&aacute;s desarrollada en los obreros industriales. La empresa capitalista, con su sistema de trabajo reglamentado y desp&oacute;tico, impone un horario inamovible de entrada y salida del lugar de trabajo, una interdependencia en todo el proceso de trabajo que no admite demoras ni rupturas, a lo que se a&ntilde;ade una amenaza permanentemente a los trabajadores con sanciones de todo tipo ante la m&aacute;s m&iacute;nima falta, bajo el ojo vigilante del capataz o del encargado. Esto tiene el efecto de disciplinar y dar una fuerza de car&aacute;cter al obrero de f&aacute;brica que, aunque resulta muy &uacute;til a los capitalistas para integrar sin fisuras a una masa considerable de trabajadores para la producci&oacute;n fabril, se convierte en su contrario cuando estos mismos trabajadores deciden salir a luchar, con un nivel de combatividad, determinaci&oacute;n y unidad muy superiores al nivel medio del trabajador asalariado.<\/p>\n<p>Obviamente, cuanto m&aacute;s grande sea la empresa, cuanto m&aacute;s concentrados est&eacute;n los trabajadores en un mismo lugar de trabajo, m&aacute;s f&aacute;cil y r&aacute;pidamente se desarrollar&aacute; su conciencia de clase.<\/p>\n<p>Le&oacute;n Trotsky, en su libro sobre la Revoluci&oacute;n Rusa de 1905 analiza el papel del proletariado y su fuerza social: &ldquo;La importancia del proletariado se deriva principalmente de su papel en la gran producci&oacute;n (&#8230;) Su poder social resulta del hecho de que los medios de producci&oacute;n, encontr&aacute;ndose en manos de la burgues&iacute;a, s&oacute;lo pueden ser puestos en movimiento por &eacute;l, por el proletariado&#8230; De ello resulta que la importancia del proletariado &ndash;en igualdad de circunstancias en cuanto a fuerza num&eacute;rica&ndash; es tanto m&aacute;s grande cuanto mayor es la masa de fuerzas productivas que pone en movimiento: el proletariado de una gran f&aacute;brica &ndash;en igualdad de circunstancias&ndash; tiene una importancia social mayor que un artesano, y un proletario urbano, mayor que un proletario del campo. En otras palabras: el papel pol&iacute;tico del proletariado es tanto m&aacute;s importante cuanto m&aacute;s domina la gran producci&oacute;n sobre la peque&ntilde;a, la industria sobre la agricultura y la ciudad sobre el campo&rdquo; (Le&oacute;n Trotsky: <em>1905. Resultados y Perspectivas,<\/em> Vol. II, &lsquo;Las condiciones previas del socialismo&rsquo;, p&aacute;g. 198. Ed. Ruedo Ib&eacute;rico).<\/p>\n<p>A diferencia de los sectores perif&eacute;ricos de la clase obrera, los obreros industriales soportan la columna vertebral del sistema econ&oacute;mico capitalista. Sin el funcionamiento diario de la industria y los transportes, la sociedad capitalista no durar&iacute;a ni una semana. La clase obrera industrial es la fuerza m&aacute;s poderosa que existe en la sociedad capitalista, independientemente de que sean tres o diez millones en un pa&iacute;s determinado. Su peso espec&iacute;fico en la sociedad y la econom&iacute;a es muy superior a su peso num&eacute;rico. Y este sentimiento de poder y de fuerza se pone de manifiesto en cada huelga importante.<\/p>\n<p>La Revoluci&oacute;n Rusa confirma brillantemente este an&aacute;lisis. La clase obrera rusa estaba formada s&oacute;lo por diez millones de trabajadores de una poblaci&oacute;n de 150 millones. Los obreros industriales eran unos cuatro millones. Pero, como explica Trotsky, su fuerza y su peso espec&iacute;fico social en la econom&iacute;a capitalista rusa centuplicaban su n&uacute;mero, convirti&eacute;ndolos en la fuerza de combate de vanguardia que arrastraba a la lucha revolucionaria no s&oacute;lo a los sectores de trabajadores m&aacute;s atrasados, sino al resto de capas oprimidas de la sociedad. Y si esto era verdad para la Rusia de 1917, es mil veces m&aacute;s verdad para cualquier pa&iacute;s capitalista desarrollado hoy en d&iacute;a.<\/p>\n<p>Aun cuando en una determinada rama industrial disminuya el n&uacute;mero de obreros, su fuerza y poder se mantienen intactos, pues sigue descansando en ellos y s&oacute;lo en ellos la capacidad para hacer funcionar la producci&oacute;n en dicha rama. M&aacute;s a&uacute;n, el poder y la fuerza de cada obrero particular aumentan, al producirse una cantidad igual o mayor de mercanc&iacute;as con menos trabajadores.<\/p>\n<p>Por eso resultan rid&iacute;culos todos los lugares comunes y lloriqueos lamentables sobre la <em>debilidad<\/em> de los obreros industriales en la etapa actual de desarrollo capitalista. Incluso en las &eacute;pocas <em>normales<\/em>, hemos visto c&oacute;mo la lucha decidida de los obreros de una sola f&aacute;brica o factor&iacute;a ha puesto en pie a comarcas, regiones, y hasta pa&iacute;ses enteros. Se puede elaborar una lista largu&iacute;sima de ejemplos de esto en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, sean de desarrollo capitalista avanzado o retrasado. L&oacute;gicamente, mientras mayor importancia tenga la rama industrial en la estructura econ&oacute;mica del pa&iacute;s, mayor impacto tendr&aacute;n esas luchas particulares y mayor ser&aacute; su capacidad de arrastre sobre el resto de la clase obrera y las capas de la poblaci&oacute;n m&aacute;s cercanas a la misma, los estratos inferiores de la clase media y dem&aacute;s sectores populares de la ciudad y del campo. De esta manera, la clase obrera industrial hace honor a su papel de vanguardia, al agrupar a los sectores m&aacute;s conscientes y avanzados de la clase trabajadora. No es dif&iacute;cil imaginarse, entonces, la fuerza que ser&iacute;a capaz de desplegar la clase obrera industrial en una situaci&oacute;n revolucionaria.<\/p>\n<p><strong>La clase obrera en su conjunto<\/strong><\/p>\n<p>Los capitalistas y sus plum&iacute;feros han construido todo un mito sobre la naturaleza de la clase obrera, volviendo del rev&eacute;s los aut&eacute;nticos procesos que se dan en la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>As&iacute;, machacan una y otra vez la idea falsa de que la clase obrera se ha debilitado. Tratan de justificar esto diciendo que los intereses de las diferentes capas de asalariados, lejos de converger, divergen en distintas direcciones al haberse hecho m&aacute;s <em>compleja <\/em>la composici&oacute;n de la clase trabajadora con respecto a d&eacute;cadas atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Lo que esta gente hace es identificar, de manera arbitraria e interesada, el concepto de clase obrera con el de clase obrera industrial; sin comprender que, lejos de debilitarse, la clase obrera se ha fortalecido enormemente, atrayendo a sectores que hace d&eacute;cadas no se encontraban entre los trabajadores asalariados o, simplemente, no exist&iacute;an.<\/p>\n<p>Aunque el trabajo asalariado y la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as se han dado en todas las sociedades humanas desde el sistema esclavista, antes del capitalismo s&oacute;lo ten&iacute;an un car&aacute;cter marginal, secundario y complementario a los m&eacute;todos de trabajo y de producci&oacute;n en que se basaban dichas sociedades. S&oacute;lo con el sistema capitalista, el sistema de trabajo asalariado y la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as a gran escala se establecen como sistemas de trabajo y de producci&oacute;n dominantes, barriendo a los que exist&iacute;an antes y que ten&iacute;an como base al peque&ntilde;o productor aislado.<\/p>\n<p>El sistema de trabajo asalariado tal y como lo conocemos y, por lo tanto, la clase obrera, aparecieron por primera vez en s&oacute;lo dos sectores de la incipiente econom&iacute;a capitalista: la industria textil y la miner&iacute;a. Paulatinamente comenz&oacute; a crecer en otros sectores, conforme la econom&iacute;a capitalista absorb&iacute;a y se extend&iacute;a a otras ramas de la producci&oacute;n artesanal y agr&iacute;cola. La industria metal&uacute;rgica y la siderurgia extienden su desarrollo con la introducci&oacute;n del ferrocarril, el cual crea adem&aacute;s un ej&eacute;rcito de obreros ferroviarios. Toda nueva invenci&oacute;n en la econom&iacute;a capitalista, provoca una nueva divisi&oacute;n del trabajo que da lugar al nacimiento de nuevos sectores productivos y nuevos destacamentos de trabajadores asalariados. El autom&oacute;vil, la electricidad, los hidrocarburos, el pl&aacute;stico y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n crearon, cada una en su etapa de desarrollo, nuevas ramas industriales y dieron nacimiento a nuevas hornadas de obreros. Cada &eacute;poca del capitalismo crea su <em>nueva econom&iacute;a<\/em> y una nueva divisi&oacute;n del trabajo.<\/p>\n<p>Sectores que pertenec&iacute;an originariamente a las clases medias, al artesanado o a la econom&iacute;a familiar, no pueden resistirse a las tendencias que impone el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, y se ven obligados a encuadrarse en el sistema de trabajo asalariado: la ense&ntilde;anza, bares y restaurantes, los grandes hospitales con su legi&oacute;n de celadores, personal de mantenimiento (electricistas, fontaneros, etc), auxiliares de cl&iacute;nica, profesionales de diverso tipo, m&eacute;dicos y cirujanos de hospitales y centros de salud; la ferreter&iacute;a, la carpinter&iacute;a, la alimentaci&oacute;n&#8230;, y as&iacute; podr&iacute;amos continuar casi hasta el infinito.<\/p>\n<p>Ya hemos explicado que en todos estos sectores, son las propias condiciones de trabajo las que, necesariamente, crean las premisas para que se desarrolle la conciencia de clase. Esto se demuestra, adem&aacute;s, en la propia organizaci&oacute;n de los trabajadores. Son los grandes sindicatos de clase, en todos los pa&iacute;ses, quienes encuadran a la inmensa mayor&iacute;a de los trabajadores, a pesar de la disparidad de oficios y de condiciones de trabajo, mientras que los sindicatos &ldquo;corporativos&rdquo; o &ldquo;independientes&rdquo;, que carecen de un perfil de clase, s&oacute;lo han arraigado en sectores muy espec&iacute;ficos y minoritarios (en capas de empleados p&uacute;blicos, de os trabajadores de la salud, maquinistas de tren, pilotos de l&iacute;neas a&eacute;reas, etc.), en general situados en condiciones laborales y salariales privilegiadas con respecto a la gran masa obrera.<\/p>\n<p>Los m&eacute;todos de lucha son los mismos en todos los sectores de la clase obrera, y se caracterizan por ser acciones de masas: huelgas, manifestaciones, ocupaciones de los centros de trabajo, etc. La influencia y la fuerza aplastante de la clase obrera en la sociedad capitalista se demuestra en que sectores no pertenecientes a ella, tienden a adoptar similares m&eacute;todos de lucha: los estudiantes, los peque&ntilde;os propietarios agr&iacute;colas, del transporte y del comercio, etc., denominando a sus acciones con una palabra de inequ&iacute;voco sabor proletario: huelga.<\/p>\n<p>Uno de los argumentos favoritos y <em>novedosos<\/em> de los detractores del marxismo que, curiosamente, ha encontrado un eco mayor entre algunos sectores de la izquierda, es que la ofensiva del capitalismo contra las condiciones de vida y trabajo de amplios sectores de trabajadores, particularmente entre la juventud trabajadora, con el empleo precario, temporal y a tiempo parcial, la p&eacute;rdida de derechos sindicales y conquistas hist&oacute;ricas, etc., es un obst&aacute;culo objetivo para que puedan desarrollar una conciencia de clase como la de los trabajadores que trabajan en los sectores <em>cl&aacute;sicos<\/em> de la econom&iacute;a capitalista<a name=\"_ftnref4\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn4\"><\/a>[4].<\/p>\n<p>Este an&aacute;lisis, en realidad, se vuelve completamente contra ellos. El sistema capitalista s&oacute;lo puede conjurar temporalmente la lucha de clases y una revoluci&oacute;n si, en lugar de aumentar las contradicciones de clase entre obreros y capitalistas, las amortigua y suaviza. La &uacute;nica manera de hacerlo es creando condiciones que permitan a la clase trabajadora vivir y trabajar de una manera digna en la perspectiva de que su nivel de vida mejore continuamente, creando ilusiones y confianza en el propio sistema capitalista. Este fue el per&iacute;odo que vimos, particularmente, despu&eacute;s de la II Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Resulta, cuando menos incomprensible, que cuando el capitalismo, lejos de amortiguar las contradicciones sociales est&aacute; exacerb&aacute;ndolas, empeorando las condiciones de vida y trabajo de millones de trabajadores, se pueda pensar en un relajamiento de la lucha de clases futura. Al contrario. Estas nuevas condiciones de trabajo: precariedad, sobreexplotaci&oacute;n, incertidumbre ante lo que depara el futuro, est&aacute; preparando una aut&eacute;ntica explosi&oacute;n de la lucha de clases que se pondr&aacute; de manifiesto cuando cambie el ciclo de la econom&iacute;a capitalista, y todos estos sectores, que est&aacute;n apretando los dientes en espera de un futuro mejor y que acabar&aacute;n muy mal parados con la futura crisis econ&oacute;mica capitalista, jugar&aacute;n un papel determinante en las inevitables luchas que tendr&aacute;n lugar.<a name=\"_ftnref5\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn5\"><\/a>[5]\n<p>Lo que nuestros cr&iacute;ticos olvidan es que las condiciones sociales que ellos reclaman con nostalgia (las creadas por el famoso Estado del Bienestar) s&oacute;lo tienen una historia de cincuenta o sesenta a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;les eran las condiciones de vida y trabajo de las masas de la clase obrera en Europa y Am&eacute;rica en los a&ntilde;os veinte o treinta del siglo pasado, por no hablar de mucho antes? Se asemejan mucho a las nuevas condiciones que se est&aacute;n creando actualmente entre amplios sectores, fundamentalmente de la juventud. Y fueron precisamente esas condiciones de vida y de trabajo las que dieron lugar, en aquellos a&ntilde;os, a extraordinarios movimientos revolucionarios de la clase obrera para transformar la sociedad.<\/p>\n<p>Este crudo &ldquo;determinismo econ&oacute;mico&rdquo; aplicado a la conciencia de los trabajadores (que nos dice que cuando las condiciones de trabajo son malas la clase obrera no puede luchar, pero que cuando son buenas tampoco) es ajeno a la realidad viva y a la dial&eacute;ctica de la lucha de clases. Al tratar a la clase obrera como un factor pasivo, v&iacute;ctima fatalista de una realidad objetiva desp&oacute;tica, lo que se nos ofrece es una receta acabada para la inactividad, el desaliento, el pesimismo y la complacencia &ldquo;con lo que hay&rdquo;.<\/p>\n<p>Creemos que mucha gente comete el error de dar por est&aacute;tica y fija una realidad que es siempre cambiante. Como dec&iacute;amos, los trabajadores no son un factor muerto (como las m&aacute;quinas) en la estructura econ&oacute;mica capitalista, sino un factor vivo: tienen sangre, nervios, m&uacute;sculos y cerebro; sufren, piensan, reflexionan, y aprenden de la experiencia. Los trabajadores pueden tolerar durante un tiempo (particularmente en las situaciones m&aacute;s desfavorables) retrocesos en sus condiciones de trabajo. Pero esa \u00abtolerancia\u00bb tiene el efecto de ir acumulando bronca, rabia y frustraci&oacute;n hasta que llega un punto en que los trabajadores dicen que ya es suficiente y toda la situaci&oacute;n se convierte en su contrario.<\/p>\n<p><strong>La influencia de los cambios tecnol&oacute;gicos en la conciencia<\/strong><\/p>\n<p>La introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as y cambios en la forma de producci&oacute;n por los capitalistas con el objetivo de disciplinar a la clase obrera, incrementar su participaci&oacute;n en el mercado y aumentar sus ganancias, no es ninguna novedad. Siempre fue as&iacute;. Por lo tanto, consideramos que la generalizaci&oacute;n de fen&oacute;menos como el <em>toyotismo<\/em> que abarca fen&oacute;menos como la subcontrataci&oacute;n, la producci&oacute;n <em>Just in Time<\/em> &ndash; <em>en el tiempo justo<\/em> &ndash; y otras, no nos debe llevar a reconsiderar los postulados b&aacute;sicos del marxismo sobre la lucha de clases.<\/p>\n<p>Por ejemplo, la introducci&oacute;n del maquinismo a gran escala en la primera mitad del siglo XIX fue utilizado, en gran medida, para despedir a los trabajadores como represalia contra las huelgas; y tambi&eacute;n para recomponer las ganancias capitalistas tras la reducci&oacute;n de la jornada legal de trabajo, como consecuencia de la presi&oacute;n de los trabajadores; de esa manera pod&iacute;an producir m&aacute;s mercanc&iacute;as con igual o menor cantidad de obreros.<\/p>\n<p>En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX tuvo lugar el desplazamiento de los obreros altamente especializados de los procesos de trabajo anticuados y artesanales, que requer&iacute;an un largo per&iacute;odo de aprendizaje. Estos obreros eran dif&iacute;ciles de sustituir y se colocaban f&aacute;cilmente en una posici&oacute;n de fuerza a la hora de exigir mejores condiciones laborales. Por eso fueron desplazados por los obreros de la cadena de montaje <em>fordista<\/em> cuyas operaciones eran sencillas y no requer&iacute;an una gran especializaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero todos estos cambios en la estructura productiva no impidieron las huelgas ni estallidos revolucionarios en diferentes momentos, por la sencilla raz&oacute;n de que el capitalismo no puede resolver sus contradicciones b&aacute;sicas: la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n y las fronteras nacionales, que encorsetan el desarrollo de las fuerzas productivas y conducen peri&oacute;dicamente a las crisis de sobreproducci&oacute;n, y a cargar sobre la clase trabajadora los efectos de dichas crisis.<\/p>\n<p>Ning&uacute;n cambio de la estructura productiva puede impedir el proceso de toma de conciencia de los trabajadores. Puede retardarlo u obstaculizarlo, pero al final &eacute;ste termina imponi&eacute;ndose.<\/p>\n<p>Cualquier obrero es consciente de lo imprescindible que resulta su trabajo y el de sus compa&ntilde;eros para producir cosas &uacute;tiles para la sociedad. Y esto no afecta solamente a los obreros industriales o del transporte. El trabajador de la salud, el bancario, el oficinista, el docente, el dependiente de comercio, el portero de un edificio, etc.; todos ellos se ven, siquiera parcial y localmente, como eslabones imprescindibles de la organizaci&oacute;n y administraci&oacute;n de la sociedad. Esta percepci&oacute;n sobre su papel en la sociedad es exclusiva de la clase obrera y no la comparte con ninguna otra clase social (burgues&iacute;a y peque&ntilde;a burgues&iacute;a).<\/p>\n<p>La clase trabajadora constituye la mayor&iacute;a aplastante de la sociedad. Es la columna vertebral sobre la que descansa la estructura econ&oacute;mica capitalista, haciendo que todo el sistema productivo, de transporte y administrativo de la sociedad funcione (o no) cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>Las relaciones sociales de producci&oacute;n capitalistas siguen siendo las mismas que hace 40 &oacute; 100 a&ntilde;os: los trabajadores se ven obligados a vender su fuerza de trabajo, a trabajar para un patr&oacute;n por un salario, se les extrae plusval&iacute;a y son explotados.<\/p>\n<p>El trabajo asalariado es una condici&oacute;n impuesta al obrero para poder vivir. El obrero no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s personal en su trabajo. Su trabajo es &ldquo;forzado&rdquo; y lo que produce se lo apropia otro, su patr&oacute;n. El obrero debe trabajar <em>forzadamente <\/em>para otro si quiere vivir. Y este es precisamente, como explicamos en un apartado anterior, el punto de arranque de la oposici&oacute;n obrero-patr&oacute;n y del proceso de toma de conciencia que permite a los trabajadores comprender los intereses de clase opuestos que existen entre ellos y sus patrones, trabajen en empresas grandes o peque&ntilde;as, &ldquo;en blanco&rdquo; o &ldquo;en negro&rdquo;, sean subcontratados o trabajen en la empresa matriz.<\/p>\n<p>Es cierto que durante un tiempo hubo un bajo nivel de lucha sindical en casi todos los pa&iacute;ses, pero eso ya cambi&oacute; en muchos de ellos, y en los dem&aacute;s tambi&eacute;n cambiar&aacute;: &ldquo;&#8230; [este bajo nivel de luchas] se puede explicar por diferentes causas. El miedo al desempleo jug&oacute; un importante papel, especialmente en los primeros a&ntilde;os del <em>boom<\/em> que, como ya hemos se&ntilde;alado, fue m&aacute;s parecido a una recesi&oacute;n. La amplia introducci&oacute;n del trabajo a tiempo parcial y de todo tipo de &lsquo;flexibilizaci&oacute;n laboral&rsquo; ha mantenido viva la sensaci&oacute;n de inseguridad y ha ejercido un deprimente efecto sobre la militancia y la organizaci&oacute;n sindical hasta ahora. Por otro lado, los cambios en la fuerza de trabajo han significado una gran p&eacute;rdida de empleos en la vieja industria pesada que anteriormente eran los bastiones de los sindicatos. La capa de viejos activistas sindicales ha sido duramente golpeada y est&aacute; descorazonada. Miran hacia atr&aacute;s y no ven sino derrotas, careciendo de la capacidad de los marxistas de tener una visi&oacute;n m&aacute;s amplia sobre las perspectivas futuras y la comprensi&oacute;n de la naturaleza de la tormenta que se est&aacute; acumulando. Careciendo de cualquier comprensi&oacute;n real de la situaci&oacute;n, tienden a culpar a la clase obrera de sus problemas. Era justo lo que pasaba antes de Mayo del 68, que vino a ser como un rayo en un cielo despejado, en el pico m&aacute;s alto de un <em>boom<\/em>.<\/p>\n<p>&ldquo;Mientras que los activistas m&aacute;s veteranos est&aacute;n desorientados y desganados, las nuevas capas de la juventud, que est&aacute;n destinadas a jugar un papel clave en las luchas futuras, carecen de experiencia y a&uacute;n no han encontrado su sitio. Ellos sufrir&aacute;n la peor explotaci&oacute;n a manos de los patronos y tienen una reserva inagotable de energ&iacute;a y de esp&iacute;ritu combativo. Se organizar&aacute;n en el curso de las batallas venideras y estar&aacute;n muy abiertos a las ideas revolucionarias&rdquo; (Alan Woods y Ted Grant, <em>El ciclo econ&oacute;mico y la lucha de clases<\/em> Abril 1999).<\/p>\n<p><strong>El marxismo y la lucha por reformas<\/strong><\/p>\n<p>Durante d&eacute;cadas, los reformistas dentro del movimiento obrero nos han acusado a los marxistas de despreciar la lucha por reformas en la sociedad capitalista en favor de la clase obrera.<\/p>\n<p>Esto es una falsedad evidente que es lanzada conscientemente para presentar a los marxistas como lun&aacute;ticos y sectarios despreocupados de los problemas cotidianos que sufren las familias trabajadoras. Los marxistas no nos diferenciamos de los reformistas porque rechacemos las reformas. Al contrario, nosotros somos los luchadores m&aacute;s consecuentes por las reformas, pero damos a esta lucha un contenido de clase y socialista, a diferencia de aquellos.<\/p>\n<p>Hemos explicado que la sociedad capitalista se basa en la explotaci&oacute;n de la clase obrera y del resto de clases y capas oprimidas de la sociedad a manos de la clase capitalista. &Eacute;sta s&oacute;lo puede tolerar aquellas reformas que no cuestionen su dominaci&oacute;n y sus privilegios en esta sociedad. Los marxistas utilizamos la lucha por reformas como una palanca para impulsar la lucha de clases hasta su conclusi&oacute;n final, para fortalecer la conciencia de clase de los trabajadores, su confianza en su fuerza y en ellos mismos. Los reformistas, en cambio, autolimitan su actividad y la de las masas trabajadoras a lo que el capitalismo puede dar de s&iacute; en cada momento, sin cuestionarlo bajo ninguna circunstancia; es decir, sin cuestionar la propiedad de los capitalistas ni sus beneficios.<\/p>\n<p>Es verdad que, en una &eacute;poca de <em>boom<\/em> econ&oacute;mico donde sus beneficios crecen a espuertas, los capitalistas se pueden permitir conceder algunas migajas a los trabajadores; migajas que nunca son gratuitas, y que son obtenidas a trav&eacute;s de la lucha, trabajando duro, echando horas extras, arruinando la salud y sacrificando parte de la vida familiar.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando los negocios les van mal a los capitalistas, o &eacute;stos ya no pueden mantener ciertas reformas concedidas anteriormente a los trabajadores? En esa situaci&oacute;n, los dirigentes reformistas en los sindicatos y partidos obreros se limitan a servir de correa de transmisi&oacute;n de los intereses capitalistas. Al no cuestionarse los intereses de los capitalistas se ven obligados a abandonar la lucha por reformas y a justificar la puesta en vigor de contrarreformas contra los intereses de la clase obrera. &iquest;No ha sido acaso &eacute;sta la realidad que hemos presenciado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en todo el mundo?<\/p>\n<p>Todo esto ha venido acompa&ntilde;ado, adem&aacute;s, de una pol&iacute;tica consciente de desmovilizaci&oacute;n de los trabajadores, de aceptaci&oacute;n de la p&eacute;rdida de poder adquisitivo de las familias trabajadoras en a&ntilde;os anteriores, dinamitando aquellas luchas que cuestionaban su pol&iacute;tica de pactos y consensos con los gobiernos y las patronales. Aqu&iacute; es ad&oacute;nde conduce la pol&iacute;tica reformista: a aceptar lo que hay, a frustrar las aspiraciones de los trabajadores, a disminuir su confianza en s&iacute; mismos y en su fuerza, a debilitar su conciencia de clase. Esta es una de las causas principales que explica la desmovilizaci&oacute;n social en a&ntilde;os anteriores en muchos pa&iacute;ses, el bajo nivel de luchas habidas, y el que la clase obrera hubiera pasado a un segundo plano en el protagonismo social; y no los cambios operados en la composici&oacute;n social de los trabajadores.<\/p>\n<p>Para los marxistas las luchas cotidianas por reformas son imprescindibles para lanzar a la movilizaci&oacute;n al conjunto de la clase obrera, no s&oacute;lo a los sectores m&aacute;s conscientes y avanzados de la misma, sino precisamente a los m&aacute;s atrasados e inertes. De esta manera, la clase trabajadora se une en la lucha y, a trav&eacute;s de la experiencia, el conjunto de la clase eleva su nivel de conciencia. La lucha exitosa por reformas sirve para dar confianza a los trabajadores en sus propias fuerzas, para hacerles comprender que son fuertes, que sin su amable permiso no se mueve una rueda ni se enciende una luz; y, al mismo tiempo todo avance en las condiciones de vida y trabajo, en sus barrios, en las leyes, etc., act&uacute;an favorablemente en su conciencia y dignidad al hacerlos sentir algo m&aacute;s que meras m&aacute;quinas de trabajo al servicio de un patr&oacute;n, para elevarlos a la categor&iacute;a de hombres y mujeres que piensan y act&uacute;an por s&iacute; mismos, haci&eacute;ndoles comprender mejor los objetivos finales por los que luchan.<\/p>\n<p>Lo que nos diferencia realmente a los marxistas de los reformistas es que explicamos sin tapujos a la clase obrera que lo que hoy nos da el capitalismo con una mano, ma&ntilde;ana nos lo quitar&aacute; con la otra, que toda conquista es temporal cuando eventualmente cambia la correlaci&oacute;n de fuerzas entre las clases, y que la &uacute;nica manera de disfrutar permanentemente de nuestros avances sociales y de mejorarlos indefinidamente es cambiando radicalmente la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>Es precisamente la experiencia acumulada en a&ntilde;os de permanente tr&aacute;nsito de <em>boom<\/em> econ&oacute;mico a crisis, y viceversa, lo que genera incertidumbre ante el futuro, lo que estimula el proceso de toma de conciencia de los trabajadores y lo que, tarde o temprano, hace disminuir en su mente las ilusiones depositadas en este sistema.<\/p>\n<p>Explicamos que, adem&aacute;s de la lucha econ&oacute;mica o sindical por reformas, hay que luchar pol&iacute;ticamente, en las instituciones y en la calle, hasta alcanzar la fuerza necesaria entre los trabajadores y resto de capas oprimidas para expropiar a los grandes capitalistas, y poner los colosales recursos de la sociedad bajo el control democr&aacute;tico de los trabajadores. As&iacute; establecer&iacute;amos las bases para organizar una aut&eacute;ntica y genuina sociedad socialista, libre de la opresi&oacute;n, miseria, guerras, y destrucci&oacute;n del medio ambiente.<\/p>\n<p>En este sentido, no despreciamos las posiciones que se puedan alcanzar en el Parlamento y en otras instituciones, la utilizaci&oacute;n de las mismas para defender nuestro programa es de enorme utilidad para tener una mayor resonancia que nos permita agrupar a m&aacute;s capas de la poblaci&oacute;n detr&aacute;s de nuestras ideas. Pero el trabajo en las instituciones debe ser s&oacute;lo un complemento &uacute;til a la lucha de masas que es la &uacute;nica que har&aacute; posible la transformaci&oacute;n radical de la sociedad a la que aspiramos.<\/p>\n<p>Todo joven o trabajador sabe por su propia experiencia que s&oacute;lo mediante la lucha en la calle y la organizaci&oacute;n de miles y miles en los sindicatos y partidos obreros es c&oacute;mo se cambian las cosas importantes. Ah&iacute; tenemos la experiencia de luchas contra dictaduras en muchos pa&iacute;ses, las huelgas generales, las movilizaciones sociales de masas contra las guerras, luchas estudiantiles, etc.; y esto es m&aacute;s cierto a&uacute;n cuando se trata de transformar la sociedad desde arriba hasta abajo.<\/p>\n<p>Es verdad, que pueden pasar d&eacute;cadas sin que las masas de la clase obrera se cuestionen el orden social existente, lo que permite a los dirigentes reformistas y a la burgues&iacute;a mantener sus puntos de apoyo en una <em>situaci&oacute;n normal<\/em> del capitalismo, bas&aacute;ndose en la rutina y la inercia de la sociedad.<\/p>\n<p>Pero igualmente la historia tambi&eacute;n demuestra que hay momentos en que la sociedad capitalista entra en crisis, bajo el peso de sus contradicciones en el terreno econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social que rompen la rutina y la inercia instalada por todas partes, y entonces la mayor&iacute;a de la gente comienza a cuestionarse el orden establecido abandonando las viejas creencias y prejuicios de toda la vida, buscando organizarse y luchar por cambiar la sociedad.<\/p>\n<p>Es pura ilusi&oacute;n pensar que poco a poco, gradualmente al cabo de muchos a&ntilde;os, se podr&aacute; conseguir una mayor&iacute;a suficiente en un parlamento burgu&eacute;s para, a partir de ah&iacute;, poder afrontar cambios revolucionarios en la sociedad capitalista. Ni la historia ni la conciencia humana se comportan de esta manera gradualista. Al contrario, s&oacute;lo en una situaci&oacute;n de fermento revolucionario es posible que una organizaci&oacute;n marxista y revolucionaria que se propone servir de instrumento para transformar la sociedad pueda obtener una mayor&iacute;a suficiente en las instituciones pol&iacute;ticas burguesas, ayudar a la clase obrera a crear paralelamente sus propios &oacute;rganos de poder obrero (comit&eacute;s de lucha en cada f&aacute;brica y empresa, en los barrios y ciudades, etc.) y, junto con la presi&oacute;n en la calle, instaurar un gobierno de la clase obrera que lleve a cabo la expropiaci&oacute;n de los monopolios, la Banca y los latifundios para iniciar la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad.<\/p>\n<p><strong>Socialismo o barbarie<\/strong><\/p>\n<p>El marxismo tiene el m&eacute;rito de haber aportado al conocimiento humano un m&eacute;todo de an&aacute;lisis cient&iacute;fico para comprender la historia y, muy particularmente, de haber elevado a un nivel consciente la lucha de la clase obrera contra la explotaci&oacute;n capitalista.<\/p>\n<p>La historia de los &uacute;ltimos 200 a&ntilde;os ha conocido innumerables panaceas pol&iacute;ticas que han tratado, cada cual a su modo, de <em>salvar<\/em> a la clase obrera sin comprender la naturaleza de la misma ni del propio sistema capitalista, al que condenan como una maldici&oacute;n producto del &ldquo;ego&iacute;smo humano y del deseo de acumular dinero&rdquo;. Para el marxismo, en cambio, la existencia del capitalismo ha sido una etapa necesaria e inevitable &ndash; a&uacute;n con todos sus cr&iacute;menes y horrores &ndash; en el largo y espinoso camino de la humanidad hacia su aut&eacute;ntica liberaci&oacute;n. S&oacute;lo con un alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y de la cultura podr&aacute; erigirse una nueva sociedad digna de ser llamada humana.<\/p>\n<p>El capitalismo, utilizando los eslabones dejados por las sociedades humanas que quedaron atr&aacute;s, ha creado las bases para erigir esta sociedad. Sin estas bases, que comprenden el extraordinario desarrollo alcanzado por la industria, la agricultura, los descubrimientos cient&iacute;ficos, las comunicaciones y la cultura, la humanidad continuar&iacute;a vegetando en la escasez y la mezquindad. &ldquo;Este desarrollo de las fuerzas productivas (&#8230;) constituye tambi&eacute;n una premisa pr&aacute;ctica absolutamente necesaria, porque sin ella s&oacute;lo se generalizar&iacute;a la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzar&iacute;a de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaer&iacute;a necesariamente en toda la inmundicia anterior&rdquo; (Carlos Marx y Federico Engels, <em>La ideolog&iacute;a alemana<\/em>, p&aacute;g. 36. Ed. Grijalbo).<\/p>\n<p>Mientras que en las sociedades anteriores al capitalismo se pod&iacute;a justificar la existencia de una capa minoritaria y ociosa de la poblaci&oacute;n,que viv&iacute;a del trabajo excedente producido por la mayor&iacute;a, para que dispusiera de tiempo para hacer ciencia, tecnolog&iacute;a, filosof&iacute;a, cultivar las diversas artes, y as&iacute; hacer avanzar la sociedad sobre las espaldas de millones de hombres y mujeres explotados y oprimidos, bajo la moderna sociedad capitalista ya no existe ninguna justificaci&oacute;n para que esto contin&uacute;e as&iacute;. Al igual que ocurri&oacute; con el sistema esclavista y con el sistema feudal, el sistema capitalista, si bien ha jugado un papel tremendamente revolucionario, se ha convertido ya en un sistema agotado, caduco y obsoleto que amenaza con conducir a la humanidad hacia la barbarie, y al que es preciso sustituir por un sistema social superior, el socialismo.<\/p>\n<p>El control asfixiante que ejercen a nivel mundial un pu&ntilde;ado de grandes monopolios, multinacionales y bancos para mantener los beneficios y privilegios de unos cuantos grandes capitalistas se ha convertido en una pesadilla que asola la vida de millones de seres humanos en todo el mundo. El 80% de la humanidad vive en condiciones de pobreza y miseria crecientes. Si entre 1960 y 1970 la poblaci&oacute;n que viv&iacute;a con menos de un d&oacute;lar al d&iacute;a era de 200 millones de personas, hoy son 1.500 millones<a name=\"_ftnref6\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn6\"><\/a>[6], y 2.800 millones sobreviven con 3 d&oacute;lares diarios. M&aacute;s de 1.000 millones de personas padecen subalimentaci&oacute;n cr&oacute;nica y cada d&iacute;a mueren 25.000 de hambre, seg&uacute;n datos del Fondo para la Agricultura y la Alimentaci&oacute;n (FAO), dependiente de la ONU. Estas cifras contrastan con el dato de mismo organismo de que en el mundo se producen cada a&ntilde;o alimentos para dar de comer a 12.000 millones de personas, es decir, al doble de habitantes con que cuenta el planeta. En el polo opuesto, y seg&uacute;n la propia ONU, poco m&aacute;s de 200 personas en todo el mundo tienen en conjunto los mismos ingresos que 3.000 millones de seres humanos. Entre 1960 y 1993 la parte de la riqueza del 20% de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos del planeta pas&oacute; del 70% al 85%. Seg&uacute;n los datos del FMI<a name=\"_ftnref7\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn7\"><\/a>[7], este porcentaje alcanz&oacute; un asombroso 92% en el 2010. Mientras, la parte de la riqueza del 20% m&aacute;s pobre retroced&iacute;a del 2,3% en 1960 al 1,4% en 1993, para caer hasta un pavoroso 0,09% en el 2010, seg&uacute;n los datos de la misma fuente. 150 millones de ni&ntilde;os viven en la calle y hay m&aacute;s de 350 millones de ni&ntilde;os a los que se obliga a trabajar<a name=\"_ftnref8\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn8\"><\/a>[8].<\/p>\n<p>En 1980 la deuda total de los pa&iacute;ses subdesarrollados era de 600.000 millones de d&oacute;lares, en 1990 era de 1,4 billones y en 1997 era de 2,17 billones de d&oacute;lares. Las &uacute;ltimas cifras publicadas por el Banco Mundial en 2006 la situaban en 2,85 billones de d&oacute;lares. En apenas 15 a&ntilde;os la deuda de estos pa&iacute;ses &iexcl;se duplic&oacute;! S&oacute;lo en 2005 estos pa&iacute;ses pagaron 510.832 millones de d&oacute;lares de deuda pero s&oacute;lo recibieron 106.000 millones de las llamadas &ldquo;pol&iacute;ticas de desarrollo&rdquo; de las que tanto se enorgullecen los gobiernos occidentales. Estos pa&iacute;ses han reembolsado catorce veces el monto de 1980 y a&uacute;n as&iacute; se encuentran cinco veces m&aacute;s endeudados.<\/p>\n<p>Los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os se han caracterizado no s&oacute;lo por la polarizaci&oacute;n de la riqueza entre los pa&iacute;ses desarrollados y los subdesarrollados (Norte y Sur), sino tambi&eacute;n por la enorme brecha abierta entre ricos y pobres. La pobreza ya no es exclusividad del mundo subdesarrollado: en Europa hay 84 millones de pobres, el 17% de la poblaci&oacute;n (Comisi&oacute;n de Salud y Bienestar de la UE, 2010) y en EEUU 47,4 millones, el 15,8% de la poblaci&oacute;n (Oficina del Censo de EEUU, Octubre 2009). 400 individuos en los EEUU poseen ahora m&aacute;s ingresos que el 50% m&aacute;s pobre del pa&iacute;s; esto significa que 400 personas tienen m&aacute;s riqueza que 160 millones de personas juntas<a name=\"_ftnref9\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn9\"><\/a>[9].<\/p>\n<p>Por otro lado, la aparici&oacute;n del desempleo masivo est&aacute; minando las bases estables, las reservas sociales que se crearon tras la II Guerra Mundial en los pa&iacute;ses capitalistas. Seg&uacute;n las cifras oficiales de la ONU, el desempleo mundial alcanza a 200 millones de personas, pero otras estimaciones independientes lo sit&uacute;an realmente en cerca de 1.200 millones. Pero este desempleo no es desempleo c&iacute;clico, ni se puede definir como el ej&eacute;rcito de reserva que en tiempos de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica es absorbido. Se trata de desempleo estructural, que permanece en las &eacute;pocas de <em>boom<\/em> y aumentar&aacute; en la pr&oacute;xima recesi&oacute;n de la econom&iacute;a.<\/p>\n<p>En la &eacute;poca actual, el retroceso de las condiciones laborales de la clase obrera en todo el mundo, s&oacute;lo puede compararse a una aut&eacute;ntica contrarrevoluci&oacute;n. En los EEUU los salarios, ajustados por la inflaci&oacute;n, han permanecido congelados desde 1975; mientras que la productividad de los trabajadores norteamericanos se ha incrementado cerca de un 100% desde 1973<a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#[10]\" rel=\"nofollow\">[10]<\/a><\/p>\n<p>El obrero de EEUU trabaja actualmente una media de 350 horas extras al a&ntilde;o, lo que corresponde a casi dos meses de trabajo adicional al a&ntilde;o. Mientras que a principios de los 90 de siglo pasado un obrero estadounidense trabajaba 41 horas semanales, actualmente trabaja 47. La precariedad laboral ha llevado a un aumento pavoroso de los accidentes y muertes laborales. Cada d&iacute;a en el mundo mueren 6.300 trabajadores por accidentes y enfermedades laborales, lo cual representa 2,3 millones de trabajadores fallecidos al a&ntilde;o, seg&uacute;n la Oficina Internacional del Trabajo (OIT)<a name=\"_ftnref11\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn11\"><\/a>[11]. S&oacute;lo en la <em>avanzada<\/em> Uni&oacute;n Europea mueren 167.000 trabajadores, seg&uacute;n la misma fuente.<\/p>\n<p>Precisamente, las desregulaciones del mercado laboral, el abaratamiento del despido, la precariedad laboral, persiguen s&oacute;lo un objetivo, obtener m&aacute;s plusval&iacute;a absoluta y relativa de la clase obrera, y hacer m&aacute;s competitiva la producci&oacute;n reduciendo los costes laborales y aumentando los beneficios.<\/p>\n<p>El hambre insaciable por los beneficios ha llevado a un aumento creciente de la econom&iacute;a especulativa, a costa de la econom&iacute;a productiva. Si en 1971 el 90% de las transacciones internacionales estaban relacionadas con la econom&iacute;a productiva, actualmente el 98,7% de las transacciones son especulativas (compra-venta de divisas, apuestas para adivinar los precios futuros de las materias primas y de las divisas, compra-venta de acciones de empresas, pr&eacute;stamos usurarios para inversiones de alto riesgo, etc.), y todo esto sin crear un solo &aacute;tomo de riqueza real<a name=\"_ftnref12\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn12%E2%80%9D%3E%3Cspan%20style=\"><\/a>[12].Diariamente se mueven m&aacute;s de 4 billones de d&oacute;lares en los mercados de divisas<a name=\"_ftnref13\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn13\"><\/a>[13], setenta y seis veces el intercambio de mercanc&iacute;as<a name=\"_ftnref14\" href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftn14\"><\/a>[14], equivalente al 43% de la suma de las reservas de todos los bancos centrales del mundo, estimadas en 9,3 billones de d&oacute;lares seg&uacute;n el FMI.<\/p>\n<p>El capitalismo es un sistema social condenado por la historia. Las guerras, las enfermedades que asolan pa&iacute;ses enteros, el hambre o los desastres ecol&oacute;gicos no s&oacute;lo no disminuyen sino que aumentan a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Incluso en los pa&iacute;ses capitalistas m&aacute;s desarrollados estamos viendo c&oacute;mo desaparecen conquistas hist&oacute;ricas de las familias trabajadoras que costaron a&ntilde;os conseguir, instal&aacute;ndose por todas partes la precariedad en el empleo, largas jornadas de trabajo y una sensaci&oacute;n de incertidumbre ante lo que nos depara el futuro.<\/p>\n<p>Hace veinte a&ntilde;os la burgues&iacute;a mundial, sus agentes en los gobiernos capitalistas y sus plum&iacute;feros en los peri&oacute;dicos burgueses, anunciaban como a un mes&iacute;as la llegada de un &ldquo;Nuevo Orden Mundial&rdquo;, que traer&iacute;a la paz, la prosperidad y la fraternidad universales, tras la ca&iacute;da del estalinismo. Hoy, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, hemos podido presenciar en qu&eacute; se han quedado todos esos fuegos artificiales. S&oacute;lo en ese lapso (por no remontarnos m&aacute;s atr&aacute;s en el tiempo) hemos sido testigos de dos b&aacute;rbaras guerras imperialistas en el Golfo P&eacute;rsico que se han cobrado la vida de cientos de miles de personas; la brutal desmembraci&oacute;n de Yugoslavia por el imperialismo; la devastaci&oacute;n de Afganist&aacute;n, la masacre de millones de personas desatada por las bandas de matones en Ruanda, Burundi, Congo, Liberia, Costa de Marfil, Angola, etc., armadas y financiadas por las diferentes multinacionales para controlar los recursos productivos de estos pa&iacute;ses africanos; las masacres perpetradas por la burgues&iacute;a indonesia en Timor oriental, la pesadilla de sangre y el horror con que la podrida camarilla gobernante en Rusia ha anegado al pueblo checheno y la burgues&iacute;a sionista al pueblo palestino; por citar s&oacute;lo algunas de las <em>heroicidades<\/em> que los imperialistas y sus agentes en todo el mundo han perpetrado contra millones de seres humanos, en aras de salvaguardar <em>su<\/em> civilizaci&oacute;n y <em>su<\/em> &ldquo;Nuevo Orden Mundial&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>La clase obrera y el socialismo<\/strong><\/p>\n<p>Como hizo la burgues&iacute;a en su juventud contra el feudalismo, corresponde ahora a la clase obrera dirigir la lucha contra este sistema y sus sostenedores.<\/p>\n<p>La clase obrera est&aacute; llamada a ser la sepulturera del sistema capitalista. Su papel en la producci&oacute;n capitalista y sus particulares condiciones de vida y de trabajo hacen que ninguna otra clase o capa oprimida de la sociedad pueda sustituirla en esa tarea.<\/p>\n<p>Las clases medias, por su heterogeneidad, modo de vida y papel en la producci&oacute;n, est&aacute;n org&aacute;nicamente incapacitadas para comprender la aut&eacute;ntica naturaleza del sistema capitalista. Debido a su posici&oacute;n en la sociedad y su trabajo aislado, no se enfrentan a un enemigo de clase directo. Todos sus <em>males<\/em> parecen provenir de la incapacidad o de la mala voluntad de los gobernantes, o de la <em>c&oacute;lera divina<\/em>.<\/p>\n<p>Los obreros, en cambio, ven la fuente de sus males en su patr&oacute;n, que es el que les baja el salario, el que les obliga a echar horas extras, el que les explota y el que les despide. Para defenderse necesitan de la m&aacute;xima uni&oacute;n entre todos los compa&ntilde;eros de trabajo, de ah&iacute; su mentalidad solidaria, colectiva y antiindividualista. Sus propias condiciones de trabajo refuerzan esta mentalidad. Todo proceso productivo necesita, para funcionar, la implicaci&oacute;n de todos los obreros de la empresa. Cada uno de ellos es un eslab&oacute;n necesario en el proceso productivo. Esa interdependencia mutua en el proceso de trabajo refuerza dicha mentalidad colectiva.<\/p>\n<p>La lucha de los trabajadores de cualquier empresa pone de manifiesto una ley muy importante de la dial&eacute;ctica: el todo es mayor que la suma de las partes. La fuerza combinada de los obreros en una empresa luchando por los mismos intereses es much&iacute;simo mayor que la presi&oacute;n aislada de cada uno de ellos, que es la situaci&oacute;n en que se coloca el peque&ntilde;o burgu&eacute;s de clase media.<\/p>\n<p>El socialismo es la ideolog&iacute;a natural de la clase obrera. Cuando la lucha de los obreros contra el patr&oacute;n de su empresa llega a su punto m&aacute;s agudo, se producen ocupaciones de empresas o se retienen a los directivos en su interior. En esos momentos es cuando se pone de manifiesto &ldquo;qui&eacute;n manda aqu&iacute;&rdquo;. La idea de expropiar al patr&oacute;n y el sentimiento de que la empresa debe ser de propiedad com&uacute;n entre los trabajadores nace, en un momento determinado, como un desarrollo natural de su conciencia. La idea de la propiedad com&uacute;n nace de su condici&oacute;n obrera. Para que la empresa pueda seguir funcionando, no se puede dividir en trozos y repartir entre los trabajadores, sino que debe mantenerse unida trabajando todos en com&uacute;n.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n toda huelga general pone sobre la mesa, pero a un nivel superior, &ldquo;qui&eacute;n manda aqu&iacute;&rdquo;, y la identidad de intereses de clase entre todos los sectores de la clase obrera. M&aacute;s a&uacute;n en una situaci&oacute;n revolucionaria.<\/p>\n<p>La propia divisi&oacute;n del trabajo en la econom&iacute;a capitalista, y la interrelaci&oacute;n de todos los sectores econ&oacute;micos entre s&iacute;, hace extender esta misma idea para el conjunto de las fuerzas productivas. De ah&iacute; que la expropiaci&oacute;n de toda la clase capitalista, y su control y direcci&oacute;n en com&uacute;n por toda la clase obrera, representa s&oacute;lo una generalizaci&oacute;n sacada de la experiencia de los obreros con cada empresa particular.<\/p>\n<p>Las condiciones de vida que crea el capitalismo, establecen las bases para la futura sociedad socialista. Mientras que en la vieja econom&iacute;a agraria cada familia ten&iacute;a su casa, su pozo, sus propios medios de alumbrarse, de alimentarse y vestirse, y sus condiciones de vida particulares, hoy las familias obreras viven en com&uacute;n (ciudades, barrios), con un sistema de electrificaci&oacute;n, de conducci&oacute;n de aguas, de telefon&iacute;a, de transporte p&uacute;blico, y de adquisici&oacute;n de medios de consumo, comunes. Todo esto refuerza a&uacute;n m&aacute;s esa mentalidad colectiva y socialista en la conciencia de las familias obreras.<\/p>\n<p>El capitalismo es un sistema mundial. La divisi&oacute;n del trabajo establecida por la econom&iacute;a capitalista a lo largo y ancho del planeta liga indisolublemente los pa&iacute;ses y los continentes unos con otros. Ning&uacute;n pa&iacute;s, ni siquiera los m&aacute;s poderosos y desarrollados pueden escapar al dominio aplastante del mercado mundial. Los Estados nacionales, igual que la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n, se han convertido en obst&aacute;culos formidables que estorban el desarrollo de las fuerzas productivas. Ambos son los causantes de las crisis econ&oacute;micas, de las guerras y de los odios nacionales entre los diferentes pueblos. Su eliminaci&oacute;n es la condici&oacute;n b&aacute;sica para comenzar a solucionar los problemas y las calamidades que la humanidad tiene ante s&iacute;.<\/p>\n<p>La clase obrera es una clase mundial. El mismo tipo de explotaci&oacute;n, los mismos problemas y los mismos intereses ligan a la clase obrera en todo el mundo. El internacionalismo proletario, que se ha puesto de manifiesto incontables veces en m&aacute;s de 170 a&ntilde;os de explotaci&oacute;n capitalista &ndash; con la construcci&oacute;n en diferentes momentos de organizaciones obreras internacionales y revolucionarias, as&iacute; como en la solidaridad con la lucha contra la explotaci&oacute;n capitalista en innumerables pa&iacute;ses, no es una mera consigna de agitaci&oacute;n sino la base imprescindible para unificar la lucha de la clase obrera mundial, para luchar por la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad en todo el planeta, pues s&oacute;lo a nivel mundial se dan las condiciones para construir el socialismo.<\/p>\n<p>Las grandes empresas multinacionales y los modernos medios de transporte y de comunicaci&oacute;n unifican las fuerzas productivas y relacionan a los seres humanos de una manera nunca vista antes en la historia y permiten, por primera vez, planificar de manera arm&oacute;nica y democr&aacute;tica los recursos productivos en inter&eacute;s de toda la humanidad, y no de un pu&ntilde;ado de par&aacute;sitos y privilegiados como ha ocurrido hasta ahora.<\/p>\n<p>Una revoluci&oacute;n socialista triunfante en un solo pa&iacute;s tendr&iacute;a efectos electrizantes en la conciencia y en las perspectivas de los trabajadores de todo el mundo, particularmente si se tratara de un pa&iacute;s importante, y ser&iacute;a la antesala de la revoluci&oacute;n socialista mundial.<\/p>\n<p>Es verdad que en una &eacute;poca <em>normal<\/em> de la sociedad capitalista no est&aacute;n todas estas ideas presentes en la conciencia de la mayor&iacute;a de la clase obrera. Para ello hace falta experiencia, una situaci&oacute;n revolucionaria que rompa la rutina y la inercia de la sociedad, y un partido marxista con influencia entre las masas que ayude al conjunto de los trabajadores a sacar las &uacute;ltimas conclusiones de dichas experiencias revolucionarias.<\/p>\n<p>La enorme contribuci&oacute;n de Marx y Engels a la causa de la clase obrera no fue haber inventado una panacea social para acabar con la injusticia en este mundo, sino haber comprendido y sacado a la luz los intereses inconscientes que revelaba la lucha de la clase obrera contra la explotaci&oacute;n capitalista, para hacer as&iacute; consciente a la clase obrera de los objetivos hist&oacute;ricos que se derivaban de esta lucha, los cuales s&oacute;lo pueden concluir con la transformaci&oacute;n total de las relaciones de producci&oacute;n capitalistas y su sustituci&oacute;n por unas nuevas relaciones de producci&oacute;n sin explotadores ni explotados en el marco de una sociedad socialista.<\/p>\n<p>S&oacute;lo con la desaparici&oacute;n de la propiedad privada y la planificaci&oacute;n en com&uacute;n de las fuerzas productivas creadas por el ser humano, podr&aacute; avanzar la humanidad hacia su aut&eacute;ntica liberaci&oacute;n, preservando las conquistas que ha atesorado durante toda su historia en el terreno de la tecnolog&iacute;a, la ciencia, el pensamiento y la cultura, para elevarlas indefinidamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref1\">[1]<\/a> Es importante se&ntilde;alar que el capitalista no paga el &ldquo;trabajo&rdquo; del obrero, sino su &ldquo;fuerza de trabajo&rdquo;, su capacidad f&iacute;sica e intelectual para desarrollar un trabajo en las condiciones sociales dadas. En cualquier empresa, el trabajador asalariado desarrolla una labor productiva. El trabajador, con su esfuerzo manual e intelectual, gasta energ&iacute;a, m&uacute;sculos, nervios, etc. que deben ser repuestos diariamente. Para reponer sus energ&iacute;as gastadas, y mantener a su familia en las condiciones de vida media fijadas en cada &eacute;poca, al trabajador se le retribuye con dinero; es decir, mediante un salario, con el que puede adquirir sus medios de vida y as&iacute; estar en condiciones de seguir trabajando.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref2\">[2]<\/a> Con la excepci&oacute;n de ocupaciones tales como el servicio de taxi, ch&oacute;feres, y similares<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref3\">[3]<\/a> Es interesante observar la tendencia que est&aacute; desarroll&aacute;ndose en los obreros de muchas empresas tercerizadas, que tratan de sumar fuerzas a los obreros de las empresas matrices para conseguir convenios colectivos de trabajo comunes. Los ejemplos m&aacute;s relevantes est&aacute;n d&aacute;ndose en Am&eacute;rica Latina, lo cual no es una casualidad, dado el auge de la movilizaci&oacute;n de masas que vive este continente. As&iacute; ocurri&oacute; en la principal empresa minera del cobre del mundo, la estatal Codelco de Chile, en el Metro de Buenos Aires o, m&aacute;s recientemente, en la principal empresa sider&uacute;rgica de Venezuela, Sidor (Nota del Autor, 2008).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref4\">[4]<\/a> Es una paradoja que hace 30 &oacute; 40 a&ntilde;os, en este mismo tipo de c&iacute;rculos, se dec&iacute;a expresamente lo contrario: que las condiciones de empleo estable y salarios decentes, m&aacute;s las creadas por el Estado del Bienestar, hab&iacute;an &ldquo;aburguesado&rdquo; a los trabajadores, porque ten&iacute;an coche, vivienda propia, TV, vacaciones pagadas, etc. Igual que ahora, esta gente hablaba de la crisis del &ldquo;sujeto revolucionario&rdquo;, busc&aacute;ndolo en la periferia de la clase obrera: el movimiento estudiantil, el movimiento feminista, etc, e incluso en el lumpen, pero descartando a aqu&eacute;lla &ldquo;por su bajo nivel de conciencia&rdquo;.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref5\">[5]<\/a> Esta es justamente la situaci&oacute;n que est&aacute; desarroll&aacute;ndose ante nuestros ojos en la revoluci&oacute;n &aacute;rabe y en las numerosas luchas sociales que vemos actualmente en el discurrir de la grav&iacute;sima crisis que est&aacute; sacudiendo a Europa<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref6\">[6]<\/a> Cifras del Banco Mundial, 2010<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref7\">[7]<\/a> <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/FMI\">http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/FMI<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref8\">[8]<\/a> Informe UNICEF 2008<\/p>\n<p><em><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref9\">[9]<\/a> John Peterson. <em>Notes on the Class Struggle in the USA<\/em>, Junio 2011 <\/em><\/p>\n<p><em><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref10\">[10]<\/a> <em>&Iacute;bidem<\/em><\/em><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref11\">[11]<\/a> <em>Accidentes laborales ocasionan miles de muertes en pa&iacute;ses europeos<\/em> (<a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref11\">[11]<\/a> <em>Accidentes laborales ocasionan miles de muertes en pa&iacute;ses europeos<\/em> (<a href=\"http:\/\/www.cadenagramonte.cu\/\">www.cadenagramonte.cu<\/a> 28 abril, 2010)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref12\">[12]<\/a> Datos elaborados a partir de las estad&iacute;sticas de la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio (Comunicado de prensa de la OMC del 7 de abril de 2011)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref13\">[13]<\/a> www.divisasfx.com<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.marxist.com\/la-clase-obrera-y-el-socialismo.htm#_ftnref14\">[14]<\/a> <em>&Iacute;bidem nota 2<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Teor&iacute;a Marxista: Presentamos a nuestros lectores este documento que es una respuesta&nbsp;a las posiciones revisionistas y burguesas que tratan de rebajar o negar la importancia actual&nbsp;de la clase obrera en el modo de producci&oacute;n capitalista&nbsp;y en la lucha por la transformaci&oacute;n socialista de la sociedad. Este trabajo est&aacute;&nbsp;basado en un documento anterior escrito por el &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4006,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"post_format":[],"flags":[],"class_list":["post-4046","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-teoria-marxista"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/luchadeclases.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/obrero_socialismo.jpg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4046","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4046"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4046\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4006"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4046"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4046"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4046"},{"taxonomy":"post_format","embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fpost_format&post=4046"},{"taxonomy":"flags","embeddable":true,"href":"https:\/\/luchadeclases.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fflags&post=4046"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}