Después de días de intensas especulaciones y evasivas, la presidenta de la Cámara de Representantes de EE. UU., Nancy Pelosi, aterrizó ayer en Taipei, Taiwán, en un avión de la Fuerza Aérea de EE. UU. Esta provocación temeraria y reaccionaria hacia China por parte del imperialismo estadounidense amenaza con desestabilizar toda la región del Indo-Pacífico.

El viernes 8 de julio, unos minutos después de las 17:00 hora local, Shinzo Abe fue declarado muerto. El ex primer ministro de Japón, y uno de los políticos burgueses más influyentes de la última década, no sólo en su país sino en Asia Oriental en general, fue asesinado mientras pronunciaba un discurso electoral a favor de uno de sus compañeros del Partido Liberal Democrático (PLD).

No hace mucho, el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) alardeaba con orgullo de sus éxitos en la contención de la pandemia de COVID-19, en comparación con gran parte del resto del mundo. Ahora, sin embargo, uno de sus principales centros económicos, Shanghai, está sufriendo una oleada de la variante Ómicron, agravada por los errores burocráticos.

El sábado 9 de julio, decenas de miles de ciudadanos superaron el caos del transporte para descender a Colombo, la capital. Las barricadas policiales fueron barridas como cerillos, y las masas se situaron ante las escaleras de la residencia oficial del presidente. Y entonces, avanzaron. Las masas, en la marea de su "aragalaya" (lucha), desbordaron repentinamente las vías seguras que la clase dirigente había establecido para mantenerlas al margen de la política.

En estos momentos se está desarrollando la lucha más espectacular del pueblo de Sri Lanka desde el Hartal de 1953. La fuerza de esta lucha ha forzado la dimisión del gabinete. Los aliados del gobierno han declarado su "independencia" en el parlamento. Mientras tanto, Cabraal, el director del banco central, ha dimitido.

El lunes 9 de mayo, dramáticos acontecimientos sacudieron Sri Lanka. El Primer Ministro Mahinda Rajapaksa hizo una apuesta desesperada para establecer el orden y salvar su propio pellejo político, tras meses de turbulencias económicas y semanas de movilizaciones masivas en las calles. Pero su brutal represión le salió el tiro por la culata de forma estrepitosa.

La prohibición del hiyab por parte del gobierno del BJP (Bharatiya Janata Party, Partido Popular Indio) en el Estado de Karnataka, en el sur de la India, es una continuación de la vil política de la clase dominante de la India de dividir al pueblo en función de la religión.