Las imagenes que siguen llegando de Venezuela después de los terremotos son terribles. Un acontecimiento bien inusual: un terremoto de 7.2 seguido en apenas 39 segundos por otro de 7.5 con epicentro cerca de Morón, Carabobo, a unos 170km al oeste de la capital. Posteriormente en la madrugada hubo una fuerte réplica de 6.5.

Los daños fueron fuertes en el este de Caracas, particularlmente en Los Palos Grandes, pero también en otras partes de la capital, con caida de edificios y varias decenas de muertos.

Incluso muchos edificios que resistieron el doble sacudón tienen daños exteriores, muchos con boquetes en las paredes, y grietas visibles, que habrá que determinar si son superficiales o reflejan daños estructurales. Miles de personas se vieron obligadas a dormir fuera de sus edificios por miedo a nuevos colapsos y réplicas.

Pero el efecto más devastador fue en La Guaira, el estado costero, al norte de la capital que ya sufrió el terrible deslave de Vargas (así se llamaba entonces) en 1999, justo al inicio del mandato de Chávez, dejando miles de muertos y damnificados.

Allí el espectáculo es dantesco, decenas de edificios totalmente colapsados, otros caídos de lado, codo con codo con edificios que se mantienen en pie pero que claramente han sufrido daños estructurales graves.

En un primer momento toda la atención de los medios se concentró en el impacto en la capital Caracas, pero realmente la mayor cantidad de daños, de muertos y desaparecidos es en este estado, dónde los esfuerzos de rescaste se llevan a cabo principalmente por brigadas de voluntarios y con escasos medios.

Los propios vecinos y organismos de rescate tratan de rescatar supervivientes en bloques de viviendas colapsados, con las manos y con palas, sin acceso todavía a maquinaria pesada que permita remover los grandes bloques de concreto que los han sepultado. Es una situación angustiante ya que todo el mundo sabe que las primeras horas son cruciales.

La Guaira además alberga el aeropuerto internacional de Maiquetía que sirve a la capital Caracas, cuya torre de control quedó dañada y por lo tanto dificulta, por lo menos en las primeras horas, la llegada de equipos de rescate del extranjero.

¿Por qué La Guaira? El estado se encuentra justo al frente de la Falla de San Sebastián, donde se encuentran dos importantes placas tectónicas, la del Caribe y la Suramericana, en constante movimiento. Las dos placas son de desplazamiento lateral, no de subducción, la del Caribe se desplaza hacia el este, la suramericana en dirección contraria, provocando una acumulación de fuerzas tremendas que finalmente requieren un reacomodo violento, liberando fuerzas enormes.

La falla de San Sebastián recorre el litoral venezolano, siguiento la cordillera de la costa, principalmente bajo el mar, pero sale a la superfície justo dónde el aeropuerto de Maiquetía en La Guaira. Además de esto, el terremoto fue muy superficial, con el epicentro a apenas 10 km de profundidad.

Se habla en estos momentos de miles (incluso hasta 20.000) desaparecidos en el estado de La Guaira. Esperemos que muchos de ellos sean simplemente casos de gente cuyas familias no han logrado contactar con ellos – hay también fallas eléctricas, del suministro de agua y de la telefonía celular.

Las cifras oficiales son de 188 muertos, 1500 heridos y 150 desaparecidos, pero el propio Diosdado Cabello habló de 70.000 familias afectadas en La Guaira.

Sin duda la terrible crisis económica que ha azotado el país por más de diez años ha debilitado los mecanismos de protección civil y la preparación de las instituciones para hacer frente a desastres naturales de esta envergadura.

Como siempre en los desastres naturales, sale a relucir lo mejor de la naturaleza humana, el sentido de la solidaridad y la empatía, el impulso natural de la clase obrera de juntar fuerzas ante la adversidad y hacer frente al desastre, la organización espontanea de la población, cada cual ofreciendo sus conocimientos y medios materiales.

También sale a relucir el aspecto más putrefacto de la naturaleza de algunos, que tratan de sacar rédito político del sufrimiento colectivo de la manera más repugnante.

Sin duda una organización revolucionaria debe apoyarse en el primer aspecto, con un programa de acción que incluya, por lo menos:

– potenciar y dar un carácter más organizado a los esfuerzos voluntarios,
– exigiendo la requisa sin indemnización de los medios materiales necesarios para hacer frente a la tragedia (víveres, tiendas, insumos sanitarios, maquinaria pesadas),
– la condonación de las deudas hipotecarias de todos los afectados si las tuvieren,
– un plan de choque de emergencia para atender a todas las necesidades de los damnificados (cuando las inundaciones de 2010, Chávez puso a disposición de los damnificados para su refugio instalaciones militares y el propio Palacio de Miraflores),
– para sufragar todos los gastos derivados del esfuerzo de rescate y posterior reconstrucción es necesario repudiar la deuda externa y exigir la devolución de los activos secuestrados por el imperialismo (incluyendo los 4.800 millones de dólares en oro en el Banco de Inglaterra)
– repudiar cualquier intento del imperialismo ianqui de aprovechar esta situación para desplegar efectivos de manera permanente en Venezuela