El 10 de agosto de 2026, los gobiernos de Venezuela e Israel anunciaron la creación de un mecanismo para restablecer servicios consulares entre ambos países. Este paso no puede leerse como un simple gesto administrativo, sino como una maniobra política de mayor alcance, enmarcada en la crisis de legitimidad internacional del sionismo y el profundo sometimiento del régimen venezolano al imperialismo estadounidense. 

La medida, presentada como una “coordinación técnica limitada”, abrió nuevamente un canal oficial entre Caracas y Tel Aviv después de 17 años de ruptura, y lo hizo sobre la base de una coyuntura humanitaria que Israel supo capitalizar con extraordinaria rapidez.

Antecedentes 

Las relaciones entre Venezuela e Israel estaban rotas desde enero de 2009, cuando Hugo Chávez decidió expulsar de Venezuela al embajador de Israel y romper los vínculos diplomáticos, en respuesta a la ofensiva del Estado sionista contra Gaza desatada a finales de 2008 y comienzos de 2009, que se saldó con la muerte de poco más de 1.400 palestinos. Aquella decisión no fue un gesto aislado, sino la expresión de una repulsa popular y estatal frente a la agresión colonial israelí contra el pueblo palestino, en pleno apogeo de la Revolución Bolivariana.

Es ampliamente conocido el clip grabado el 2 de junio de 2010, donde Hugo Chávez condenó de forma tajante al Estado de Israel, que poco antes había atacado la flotilla humanitaria hacia Gaza y dejado 10 muertos. Sus palabras fueron: “Aprovecho para condenar de nuevo, desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, al Estado de Israel ¡Maldito seas, Estado de Israel!”. 

El actual descongelamiento de relaciones, por tanto, representa un nuevo episodio del retroceso político del gobierno venezolano que, bajo la tutela yanqui, ha ido desmontando una a una cualquier apariencia de política antiimperialista e internacionalista de otrora. Supone, además, un nuevo balde de agua fría para el chavismo de base, que observa cómo la dirección del movimiento bolivariano se sumerge cada vez más en un foso de vergüenza, traición, claudicación y cobardía.

La catástrofe como oportunidad

El telón de fondo que ha posibilitado este acercamiento no es otro que la tragedia del doble terremoto del pasado 24 de junio. Esta terrible catástrofe ha arrojado hasta ahora una cifra oficial de 6.509 fallecidos, mientras que la plataforma Venezuela Te Busca (fuente no oficial) registra un total de 17.797 personas desaparecidas, además de daños masivos en infraestructuras, principalmente en el estado La Guaira, con barrios enteros devastados, edificios colapsados y una emergencia humanitaria de enormes proporciones. Pronto, la tragedia fue utilizada como puerta de entrada por el Estado israelí para volver a desplegarse políticamente en Venezuela.

El primer contacto para facilitar el arribo de “asistencia” israelí se hizo a través de la comunidad judía en Venezuela, con la coordinación del rabino jefe Yitzhak Cohen. Este rabino, desde hace varios años, venía manteniendo contactos con Delcy Rodríguez para el restablecimiento de relaciones entre ambos países. 

Poco después, una misión conjunta del Ministerio de Exteriores y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) fue enviada a Venezuela, incluyendo especialistas del Comando del Frente Interno, ingenieros y personal diplomático. Desde entonces pudieron verse en territorio venezolano militares, voceros y funcionarios israelíes inspeccionando edificios, coordinando evaluaciones de daños, participando en operaciones de rescate y diseñando planes de reconstrucción. Bibi Netanyahu llegó a alardear públicamente de que la delegación israelí no solo reconstruía ruinas, sino también relaciones con Caracas.

Propaganda y lavado de imagen

Pero desde el primer momento resultó claro que no se trataba solo de asistencia humanitaria. Tan pronto como le fue posible, el personal sionista desplegó banderas, cámaras y propaganda cuidadosamente construida para presentarse como fuerza salvadora en un país devastado, justamente cuando la atención internacional está puesta sobre la ofensiva criminal de las FDI en el Líbano, cuando el genocidio sobre el pueblo de Gaza continúa, cuando colonos sionistas de ultraderecha siguen irrumpiendo en Cisjordania para violentar y expulsar de sus viviendas a familias palestinas, cuando se preparan instalaciones para la ejecución formal de prisioneros palestinos condenados a la horca por tribunales militares, y un interminable etcétera.

La ironía es brutal: el mismo Estado que ha masacrado a decenas de miles de palestinos bombardeando viviendas, edificios residenciales, hospitales, escuelas y campamentos de refugiados, mientras impone un bloqueo hambreador sobre los sobrevivientes, se exhibía en Venezuela (y también en Colombia) como fuerza indispensable para rescatar sobrevivientes bajo los escombros de los cientos de edificios derrumbados. Claramente, el objetivo comunicacional no fue otro que lavar su imagen ante la creciente indignación mundial por el genocidio de la población gazatí desde 2023, que es una continuación de su política de ocupación colonial y apartheid, llevada adelante desde la fundación de Israel en 1948.

La reacción contra esta operación de propaganda, en distintos niveles, no se hizo esperar. Sectores antiimperialistas y solidarios con Palestina repudiamos la presencia israelí con manifestaciones de calle, pero también lo hicieron sectores más amplios que no necesariamente se inscriben en la izquierda, pero que identificaron el cinismo de una misión que pretendía convertir la tragedia venezolana en plataforma de relaciones públicas. Cada publicación, video o entrevista emitida por los medios de comunicación donde aparecía personal israelí en Venezuela fue recibida con una avalancha de comentarios de rechazo y crítica, prueba de que el repudio al sionismo atraviesa capas sociales más amplias que las del activismo organizado.

Entre las figuras israelíes más visibles de esta misión estuvieron Yoed Magen, Elad Edri y Roni Kaplan. Magen, funcionario diplomático de alto nivel y embajador designado de Israel en México, encabezó el componente civil de la delegación; Edri, brigadier general y jefe del Estado Mayor del Comando del Frente Interno de las FDI, dirigió el componente militar y técnico; y Kaplan, mayor de reserva y vocero en español de las FDI, operó como rostro mediático de la misión israelí. En el engranaje de los intereses del sionismo, cada uno cumplió una función complementaria: diplomacia para recomponer relaciones y romper el aislamiento, y propaganda para blanquear ante la opinión pública latinoamericana la actuación de la misma maquinaria de guerra que todos los días tritura vidas palestinas y libanesas.

El gobierno venezolano se presta a la propaganda sionista

Bajo este marco, se sostuvieron varios encuentros entre la misión israelí y autoridades venezolanas, incluida la presidenta encargada Delcy Rodríguez, la misma que incluso llegó a solicitar la extensión de la presencia de la misión sionista en Venezuela. 

El 8 de julio se celebró una primera reunión, vendida a la opinión pública con los objetivos de evaluar daños y desplegar el apoyo técnico en las zonas afectadas. Seguidamente, el 21 de julio, hubo un segundo encuentro de alto nivel con carácter de reconocimiento, agradecimiento y cierre político de la misión israelí por parte del gobierno colaboracionista.

El descongelamiento de relaciones con Israel solo puede entenderse, además, como parte del sometimiento absoluto del régimen de Delcy Rodríguez al imperialismo estadounidense. Tras la invasión militar a Venezuela del 3 de enero de 2026 y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, la cúpula del PSUV optó por entregar sin resistencia la soberanía nacional y el control de los recursos petroleros y mineros a Washington, a cambio de su supervivencia política y personal. Esta cúpula cobarde sometió al país a una existencia colonial ante el imperialismo yanqui, donde Venezuela ya no dispone soberanamente de sus recursos y riquezas, y las principales decisiones sobre el rumbo de las instituciones estatales se toman en Washington y no en Caracas. 

Antes de la agresión imperialista del 3 de enero, la cúpula termidoriana del PSUV fue responsable de encadenar una serie de esfuerzos para asfixiar todas las instancias de participación obrera y popular, agotando la energía revolucionaria de las masas y asesinando la Revolución Bolivariana en el proceso. Todo esto lo hizo mientras ensuciaba ante las masas la imagen del socialismo. De esta manera han condenado el futuro de los trabajadores venezolanos, quienes en adelante no solo deben combatir para recuperar las conquistas económicas, políticas y sociales que les fueron arrebatadas por la contrarrevolución madurista, sino que ahora también deben luchar por la liberación nacional y la recuperación de la soberanía.

Todo parece indicar que el penoso ejercicio de hincar las rodillas ante el imperialismo yanqui acostumbró a la cúpula del PSUV a hacer lo mismo con los aliados de Washington, sea por presiones o probablemente sin necesidad de ellas. Pero incluso antes del 3 de enero, Maduro siempre se mostró timorato a dirigir críticas fuertes y sostenidas contra Israel y el genocidio en Gaza. La razón de ello fue la alianza reaccionaria que el PSUV estableció con iglesias cristianas (adheridas al sionismo cristiano) para fines electorales. A partir de esta alianza, el Estado canalizó incontables recursos a diversas iglesias para reparación de infraestructuras, actos y movilizaciones, donde con frecuencia la bandera israelí siempre salía a relucir.

Adicto a su condición subordinada, el régimen venezolano incluso ha llegado a protagonizar cruces diplomáticos con Irán, país que antes del 3 de enero era un aliado estratégico del más alto nivel. El pasado 28 de febrero, la cancillería venezolana emitió una declaración vergonzosa tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, condenando la “ruta militar” pero al mismo tiempo fustigando las represalias iraníes como “indebidas” y “condenables”, palabras que, en los hechos, terminaban moralizando la respuesta legítima de un país agredido por el imperialismo. 

Más recientemente, el choque diplomático se produjo cuando el canciller iraní Abbas Araghchi afirmó en una entrevista que “esto no es Venezuela, donde se toma a una persona y todos los demás se asustan y retroceden”. La respuesta de Caracas fue convocar al embajador iraní, Ali Chegini, para entregarle una nota de protesta (un llamado de atención formal). Pero hasta la queja diplomática más histérica es incapaz de tapar la realidad desbordada ante los ojos del mundo. 

¿Qué busca Israel en Latinoamérica?

Volviendo al tema central, para Israel, la reactivación de vínculos con Caracas responde, como dijimos, a una estrategia de blanqueo de imagen, pero también a su intento de expandir su influencia en la región. De la mano del ascenso de numerosos gobiernos de derecha en Latinoamérica, el Estado sionista busca romper su aislamiento internacional y sumar aliados en foros internacionales que ayuden a contrarrestar la condena mundial frente a su accionar criminal y genocida. Asimismo, las alianzas e influencias que Israel busca ganar en Latinoamérica proyectan abrir mercados para su industria militar, tecnológica y de vigilancia, mientras refuerza su alineamiento con su amo y principal financista: el imperialismo estadounidense.

Para el sionismo, las recientes tragedias sísmicas en Venezuela y Colombia han supuesto oportunidades para usar la ayuda humanitaria como palanca geopolítica. Vergonzosamente, el colaboracionismo del régimen venezolano y el nuevo gobierno colombiano con tales objetivos sirven de puente para normalizar lo que debería ser políticamente inaceptable: el relacionamiento con un gobierno genocida, supremacista, expansionista y promotor del apartheid contra el pueblo palestino, que es también plataforma de los intereses del imperialismo yanqui en Oriente Medio.

Nuestra posición 

Desde la sección venezolana de la Internacional Comunista Revolucionaria, Revolución Comunista, expresamos nuestro rechazo más categórico a cualquier tipo de relacionamiento con el Estado de Israel. No existe «ayuda humanitaria» que pueda blanquear la masacre sistemática del pueblo palestino y libanés, ni «coordinación técnica» que separe al sionismo de su esencia reaccionaria, supremacista y genocida. Quien tiende la mano a Israel, se está manchando de sangre.

Desde Revolución Comunista llamamos a todos los sectores antiimperialistas, revolucionarios, de izquierda y consecuentemente democráticos a mantener la movilización de manera firme y constante contra el restablecimiento de vínculos con la entidad genocida. Rechazamos cualquier intento de blanqueamiento del sionismo en suelo venezolano y exigimos la inmediata suspensión de todo vínculo oficial con Israel. No permitamos que el dolor de nuestro pueblo ante la tragedia siga siendo instrumentalizado para lavar la imagen de un Estado criminal.

¡No al restablecimiento de relaciones con el Estado genocida de Israel! 

¡Intifada hasta vencer! 

¡Abajo el sionismo y sus lacayos!