
El ambiente de enojo entre los estudiantes y la juventud en general que hemos visto en Francia —y en España y muchos otros países— ha afectado mucho a Italia. En las últimas semanas se han llevado a cabo protestas masivas.
La situación se está intensificando de cara a una huelga general convocada por el sindicato USB para el 30 de octubre. Después, el 20 de noviembre habrá otra huelga general, convocada por la gran confederación sindical CGIL para el mismo día que la protesta juvenil en Europa contra la militarización.
El artículo que publicamos a continuación trata sobre la participación de los jóvenes compañeros del PCR, el Partito Comunista Rivoluzionario —la sección italiana de la ICR— en Bolonia el 24 de octubre. Es importante entender el contexto de lo que pasó ese día.
El 16 de octubre hubo protestas generalizadas por toda Italia, con hasta medio millón de estudiantes manifestándose en docenas de ciudades. A esto le siguieron protestas al día siguiente, el 17 de octubre, que derivaron en enfrentamientos violentos con la policía en Turín, Milán, Roma y Bolonia.
La policía usó métodos duros y brutales para intentar aplastar e intimidar a los jóvenes, a muchos de los cuales los detuvieron y les pidieron su identificación. Varios fueron arrestados.
A esto ahora se le conoce como «M1710»: el Movimiento del 17 de octubre.
En el centro de Milán, hacia el final de las protestas, estallaron enfrentamientos en los que participaron muchos jóvenes de segunda generación de familias inmigrantes, seguidos de ataques a algunas de las tiendas de lujo más famosas del centro de la moda milanesa. Desde entonces, los medios de comunicación tradicionales han centrado toda su atención en la rotura de vitrinas y los saqueos que ocurrieron.
Esto les viene muy bien al gobierno y a la clase capitalista que lo respalda. Lo están usando a propósito para desviar la atención de las razones por las que estamos viendo tal estallido de enojo entre la juventud en Italia.
Así no tienen que hablar del deterioro del sistema educativo por falta de fondos; no tienen que hablar de los alquileres altísimos; de los salarios extremadamente bajos; de la inestabilidad laboral; del desempleo; ni de la falta de futuro para la generación actual de jóvenes.
No es de extrañar que la segunda generación esté particularmente enojada. El gobierno de Meloni, junto con el líder de extrema derecha del partido Futuro Nazionale, recién fundado, Vannacci, siempre están echándole la culpa de todo a los inmigrantes.
Vannacci habla muy abiertamente sobre la «remigración». Sea cual sea el problema que quieras plantear, desde el deterioro del sistema de salud, el deterioro del sistema educativo, la vivienda o el desempleo, siempre hay una sola respuesta: la «remigración», es decir, la expulsión forzada de millones de trabajadores inmigrantes y sus familias.
¿Las escuelas están en decadencia? ¡Culpa a los hijos de los inmigrantes!
Meloni planteó de manera demagógica la idea de que en algunas escuelas hay demasiados niños inmigrantes, lo que, según ella, baja el nivel educativo. A finales de septiembre presentó un decreto que limita al 30 por ciento el número de niños inmigrantes por salón de clases —un gesto verdaderamente demagógico—.
El número total de niños de familias inmigrantes en Italia representa el 11 por ciento de la población escolar, de los cuales dos tercios nacieron en Italia. E incluso los que no nacieron aquí están creciendo en el país y hablan un italiano perfecto.
Los trabajadores inmigrantes —unos 2.6 millones— en Italia generan en realidad cerca de 200 mil millones de euros —el 9.7 % del PIB— y aportan unos 45 mil millones de euros en ingresos fiscales y de seguridad social. Aportan más al sistema de lo que reciben. Además, compensan la importante caída demográfica de los últimos años en Italia. Pero, como dice el refrán, ¿por qué dejar que la verdad arruine una buena historia?
Y cuando la brutal represión policial provoca una explosión de enojo entre la juventud, todos los medios se enfocan en la «violencia». El gobierno sacó otro decreto —el 20 de octubre— que incluye la posibilidad de arrestar a los manifestantes e imponer multas elevadas y hasta cinco años de cárcel.
Sin embargo, los jóvenes son plenamente conscientes de que es el Estado el que es violento; el número de jóvenes maltratados y golpeados brutalmente por la policía lo demuestra. Es la clase dominante la que es violenta, con su apoyo abierto a las medidas represivas en casa, al tiempo que respalda guerras en el extranjero e intensifica su campaña para militarizar el país.
En estas condiciones, la conciencia de clase está dando un gran salto hacia la idea de que el derrocamiento revolucionario de este sistema podrido es la única salida.
Es en este contexto que lo que pasó en Bolonia el sábado es de gran interés. En las condiciones que acabamos de describir, los jóvenes se reunieron en el centro de la ciudad para participar en una manifestación.
Pero no había liderazgo, ni organizadores. Ahí es donde nuestros jóvenes compañeros entraron en acción y organizaron una reunión improvisada justo ahí en la plaza para discutir cómo seguir adelante. Esto demuestra lo que se puede lograr incluso con fuerzas relativamente pequeñas, pero con las ideas y los métodos correctos.
Fred Weston
Italia: Los comunistas revolucionarios toman el centro del escenario en las manifestaciones de Bolonia
Edoardo Bertolino
El sábado 24 de octubre, cientos de personas salieron a las calles por toda Italia en respuesta al llamado a la movilización difundido en las redes sociales.
[Publicado originalmente en italiano en rivoluzione.red]
Sin embargo, en Bolonia, el coordinador del Movimento 17 Ottobre (M1710, un grupo anarquista que ha asumido el liderazgo del movimiento desde las protestas en Milán a principios de este mes) había sido detenido esa misma mañana, y nadie sabía cuál sería el punto de encuentro.
Esperábamos una situación difícil, marcada por una fuerte represión estatal. En un momento como este, en el que vemos cómo estallan revoluciones y movimientos de masas en el corazón de Europa, la burguesía inevitablemente temblaría ante tal movilización y enviaría a sus fuerzas de seguridad contra la gente.
Mientras nos dirigíamos a la Piazza Maggiore —de donde suelen partir las marchas espontáneas en la ciudad— con nuestras banderas desplegadas, nos detuvieron varias veces transeúntes ansiosos por unirse a la marcha; cuanto más nos acercábamos, más crecía el grupo de gente que nos seguía.
Una vez que llegamos a la plaza, la policía nos detuvo para revisar nuestras identificaciones y disuadirnos de participar en la marcha. Mientras hablábamos con la gente, el ambiente en la plaza se hizo evidente: había un fuerte deseo de luchar, pero al mismo tiempo, confusión, causada por la falta de una dirección clara.
Lo que pasó en Bolonia confirma una vez más que, entre bastidores, se ha estado dando un proceso de radicalización y maduración de la conciencia de clase. Ahora está estallando de nuevo en un movimiento con un potencial enorme.
Éramos casi mil, y nadie sabía qué hacer; si salir a marchar o adónde ir. Aunque sabíamos que estábamos ahí para protestar contra el alto costo de vida, ¡ni siquiera sabíamos cuáles eran las consignas!
Así que reunimos a todos y convocamos una reunión para hablar de las consignas y de la próxima huelga general del 30 de octubre.
La idea tuvo buena acogida. Las mil personas —cuyo número seguía creciendo— formaron un círculo para escuchar, y los menos tímidos tomaron la palabra.
Un joven, que parecía tener unos 25 años, tomó la palabra y explicó que no era comunista, pero que reconocía que las dificultades económicas que enfrentaba provenían del sistema actual y que había que hacer algo.
La lucha contra la derecha, contra el capitalismo y la necesidad de organizarse, así como la necesidad de unir las luchas estudiantiles con las de los trabajadores, fueron el centro del debate. Las consignas que propusimos sobre estos temas fueron las más aplaudidas por los manifestantes. Todo esto convirtió al Partido Comunista Revolucionario en un punto de referencia para los presentes. Los cánticos eran claros: «¡Gobierno de Meloni, renúncia!»
Hicimos un llamado final a salir a la calle el 30 de octubre, con una marcha encabezada por una pancarta con consignas que exigían la renuncia de Meloni y se oponían al capitalismo y a las leyes represivas del gobierno.
Después, la llegada de una pequeña marcha desde la zona de la universidad interrumpió el mitin y llevó a la gente a ponerse en marcha. En menos de media hora, la policía empezó a reprimir violentamente.
Este evento demuestra la enorme voluntad de movilizarse y la búsqueda de respuestas políticas que existe hoy en día. Se necesita debate, organización y un programa revolucionario. Esto es lo que nosotros, como el PCR, llevamos a las calles el sábado, y esto es lo que seguiremos haciendo dentro del movimiento, empezando por la huelga del próximo viernes: desarrollar la lucha y construir las fuerzas del comunismo.