Varias organizaciones estudiantiles de toda Europa han lanzado un llamado a una huelga juvenil contra la guerra y el militarismo para el 20 de noviembre, bajo el lema «¡Luchemos por nuestro futuro, no por sus guerras!» En un momento en que las clases dominantes europeas están haciendo sonar los tambores de guerra, implementando leyes de servicio militar obligatorio y rearmándose con billones, se necesita urgentemente una acción coordinada contra estas políticas reaccionarias.

Bajo presión, algunos sindicatos han convocado huelgas para ese mismo día. El secretario general de la CGIL en Italia, Landini, anunció una huelga general el 20 de noviembre, vinculada explícitamente a la huelga juvenil. El sindicato de docentes de Gran Bretaña, la UCU, también ha llamado a sus militantes a unirse a los jóvenes en huelga ese día. Los líderes sindicales han sufrido una presión enorme por el clima de enojo que se extiende por toda Europa este otoño.

Ya en septiembre y octubre, los jóvenes salieron a las calles en varios países. En Francia, el movimiento contra el sistema educativo con fondos insuficientes se ha enfrentado a una dura represión estatal, se ha intensificado y está sacudiendo al ya débil gobierno de Macron. En España, los jóvenes y los trabajadores se están levantando contra la vivienda inasequible y exigen una huelga general. La presión es tal que los principales sindicatos ya han anunciado una huelga general para el 11 de noviembre, a pesar de que se convocaron elecciones generales para el 29 de noviembre. En Alemania, decenas de miles de personas ya han hecho huelgas escolares contra el militarismo de Merz y para rechazar el servicio militar obligatorio. Y en Austria, los estudiantes están en huelga contra la prohibición racista del hiyab por parte del gobierno.

En todos estos movimientos resuena claro el mismo sentimiento: «Nuestros gobernantes atacan nuestros derechos y nuestro nivel de vida, mientras culpan a los migrantes y avivan el racismo. ¡Al mismo tiempo, gastan miles de millones en la guerra, el rearme y los ricos! ¡Ya basta!».

¡Muy bien dicho! Millones de jóvenes en toda Europa están llegando a la conclusión correcta de que los problemas que enfrentan no son simplemente una cuestión de tal o cual prioridad política o partido. Es el sistema capitalista en sí mismo y las ambiciones imperialistas de toda la clase dominante europea lo que está detrás de los ataques contra su generación. La conciencia está avanzando a pasos agigantados, con una crisis tras otra que se suman para formar un frente unido de descontento.

En este contexto, la huelga juvenil del 20 de noviembre representa una oportunidad histórica para aprovechar este estado de ánimo y unir estas luchas. En toda Europa, una acción coordinada —que podría involucrar a millones de estudiantes— sería un paso decisivo para atraer a estos sectores a la lucha revolucionaria por el socialismo.

Las armas antes que el pan

Los últimos años de crisis capitalista han intensificado dramáticamente la lucha entre las distintas bandas de ladrones imperialistas. Por su parte, las clases dominantes europeas han respaldado el genocidio en Gaza y han inyectado miles de millones en la guerra de Ucrania. Ahora, en un intento desesperado por salvarse de una derrota humillante frente a Rusia, están avivando el pánico sobre un supuesto ataque futuro contra un país de la OTAN, para justificar más gasto en armas.

Con este fin, a los jóvenes de toda Europa se les está diciendo que se pongan en fila y se unan a sus propias clases dominantes. «¡Únete al ejército!», exigen Friedrich Merz, Emmanuel Macron y Andy Burnham, mientras señalan al enemigo del Este como una amenaza existencial para el llamado estilo de vida «democrático» en Europa. Pero nada podría estar más lejos de la verdad.

En realidad, es la clase dominante de Occidente la que ha estado avivando las llamas de la guerra todo este tiempo. Han apoyado cada aventura imprudente del imperialismo estadounidense en un intento por salvar lo que queda de la alianza transatlántica, haciendo lo imposible por apaciguar a Donald Trump. En Ucrania, lejos de luchar por la libertad, la soberanía o la democracia, su único objetivo ha sido debilitar a Rusia como potencia rival, y son los ucranianos de a pie quienes se ven obligados a pagar el alto precio.

Mientras los estudiantes de secundaria en Francia exigen que sus salones de clase, ya de por sí abarrotados, no estén infestados de ratas y cucarachas ni se queden sin aire acondicionado durante los veranos de 40 grados, Macron manda a la policía armada a golpearlos, mientras él mismo disfruta de un día libre para observar el lanzamiento de prueba de un nuevo misil con capacidad nuclear. La clase dominante no podría haber dejado más claras sus prioridades.

¿Quién paga?

Las clases dominantes europeas están aumentando el gasto en defensa por valor de cientos de miles de millones. Mientras las empresas de armas se llenan los bolsillos, este gasto desmesurado plantea la pregunta: ¿quién paga la cuenta? En el capitalismo no hay nada gratis —y menos aún hoy, cuando Alemania está en recesión, la inflación está causando estragos en Gran Bretaña y Francia se enfrenta a un déficit presupuestario que se dispara.

En realidad, son la clase trabajadora y la juventud de todo el mundo quienes están pagando el precio de los crímenes del imperialismo. Los recortes en el gasto social y en educación, una edad de jubilación más alta y los precios por las nubes son parte integral de la campaña imperialista para defender y expandir sus esferas de influencia en el mundo.

Desde 2022, la economía mundial ha registrado el mayor aumento en el gasto militar desde el fin de la Guerra Fría. Por undécimo año consecutivo, el dinero que se gasta en armas y bombas ha subido, llegando a casi tres billones de dólares a nivel mundial.

¡Es una cantidad inconcebible de dinero destinada a la muerte y la destrucción, y sin embargo nos dicen que no hay ni un centavo que sobren ni siquiera para mantener los niveles actuales de los servicios públicos! En Alemania, el gobierno de Merz está recortando los beneficios, reduciendo el permiso parental, duplicando el precio de los medicamentos recetados y aumentando la edad de jubilación. A las grandes empresas les dan exenciones fiscales y subsidios, mientras que a los trabajadores les imponen despidos, jornadas laborales más largas y congelaciones salariales.

Para la juventud de hoy en toda Europa, la elección es cruda. Si la clase dominante lleva a cabo sus ataques draconianos, ¡estaremos mucho peor que la generación de nuestros papás, o incluso de nuestros abuelos! El colapso climático, la deuda pública desbocada y el altísimo costo de vida ya están amenazando nuestro futuro, y encima nos piden que nos ajustemos el cinturón para que la clase dominante pueda librar guerras y proteger las ganancias de un grupito de multimillonarios. Es hora de plantarnos.

¿Qué programa?

Los estudiantes y los jóvenes juegan un papel importante en la lucha contra el militarismo y la guerra. Desde el movimiento de los años 60 y 70 contra la guerra de Vietnam hasta la oleada de indignación contra el genocidio en Gaza, han estado al frente. Y en los últimos años, también han empezado a surgir por toda Europa huelgas y protestas contra el rearme y el servicio militar obligatorio. En Alemania, dos tercios de los jóvenes rechazan el servicio militar obligatorio. Esto demuestra el inmenso potencial para movilizar a miles y, en última instancia, a millones de personas.

Pero hay que plantearse la pregunta: ¿cómo pueden estas iniciativas lograr realmente detener la maquinaria de guerra? Lograr claridad política y afinar el programa en torno al cual nos movilizamos y hacemos huelga es una condición previa para avanzar en la lucha.

Como muestra la historia, el imperialismo y la tendencia al militarismo no se pueden detener dentro de los límites del capitalismo. Al contrario, es un sistema económico basado en las ganancias, la explotación y la competencia entre naciones lo que, en primer lugar, lleva a estos horrores. Pedir paz y hacer llamamientos pacifistas a la clase dominante y a sus representantes políticos no resolverá nada. De hecho, sembrará falsas ilusiones precisamente en quienes tienen sangre en las manos, y en la idea de que el imperialismo es solo una opción política, en lugar de una necesidad para la clase capitalista.

Un verdadero movimiento contra la guerra debe plantear una política revolucionaria clara. Eso significa afirmar abiertamente que el movimiento juvenil solo puede ganarse como parte de la lucha de clases. El movimiento debe atraer a la clase trabajadora, que tiene el poder de golpear a los capitalistas donde más les duele y de dirigir la sociedad y la producción en beneficio de la mayoría. La huelga general italiana por Palestina en octubre de 2025 y la acción de los trabajadores portuarios en algunas partes de Europa, que se han negado a manejar armas, han demostrado lo que es posible. Al final, solo una lucha por una transformación socialista de la sociedad puede derrotar al imperialismo, al militarismo y a la guerra.

El mayor obstáculo en este camino son los líderes reformistas, ya sea en los sindicatos o en los partidos políticos de izquierda. Aunque en teoría su tarea debería ser movilizar tanto a la juventud como a la clase trabajadora, hace mucho que renunciaron a la lucha de clases, y ni hablar de cualquier idea de revolución. En cambio, buscan compromisos con la clase dominante e intentan desviar cualquier movimiento en las calles hacia canales parlamentarios. En cuanto a la guerra, apelan al derecho internacional y a organizaciones como las Naciones Unidas para que intervengan. Pero la «paz» imperialista, como señaló Lenin, solo puede ser el preludio de nuevas guerras imperialistas.

Derrocar a los gobiernos de los ricos

La juventud de toda Europa ya se está dando cuenta de que la única forma de avanzar en su lucha es involucrando a la clase trabajadora, paralizando la sociedad y forzando la caída de los poderes fácticos.

En España, el llamado a una huelga general que los sindicatos han convocado para el 11 de noviembre surgió de las masas, que saben perfectamente que los llamamientos y las peticiones no pueden garantizar necesidades humanas básicas como una vivienda asequible —ni siquiera cuando hay un supuesto gobierno de «izquierda» en el poder—. En Francia, los estudiantes hacen referencias abiertas a mayo del ’68, al darse cuenta de que, mediante el poder de las huelgas y los cierres de fábricas, el gobierno se vería obligado a capitular.

La crisis de todos los países europeos es tan profunda que ninguna medida por sí sola puede aliviar el sufrimiento de manera significativa, ni ofrecer un futuro digno a la juventud de hoy. Las condiciones económicas imponen una política gubernamental de recortes tras recortes, sin importar quién esté en el poder.

Para detener este continuo deterioro social, que afecta a la juventud de manera desproporcionada e inmediata, se necesita un cambio radical. En resumen, el gobierno de los capitalistas tendría que ser reemplazado por un gobierno de los trabajadores. ¡Los líderes sindicales y los políticos reformistas que dicen que hay una forma fácil o pacífica de lograr lo que la juventud exige te están engañando!

Las demandas inmediatas del movimiento y la huelga del 20 de noviembre deben, por lo tanto, estar vinculadas a la perspectiva de derrocar a los gobiernos de Europa y a todo el sistema que defienden.

En cuanto a los métodos de acción, deben estar a la altura de esta tremenda tarea. Eso significa, ante todo, ampliar el movimiento mismo, involucrando a cada salón de clase de cada escuela y universidad en cada pueblo y ciudad. Significa sumar a los trabajadores del sector educativo y ampliar el llamado a toda la clase trabajadora. Y significa, lo más importante, poner las demandas de clase al frente del movimiento, conectando la lucha contra la guerra y el militarismo con la lucha contra el capitalismo.

La huelga juvenil del 20 de noviembre puede convertirse en un hito en la lucha que actualmente se extiende por toda Europa. La Internacional Comunista Revolucionaria participará con entusiasmo, planteando demandas que busquen trazar la línea más clara posible entre los dos bandos irreconciliables en esta lucha por el futuro: ¡la juventud y los trabajadores por un lado, y los capitalistas y los belicistas por el otro!

En los países imperialistas de Europa decimos «¡nuestro principal enemigo está en casa!», siguiendo la postura que adoptó Karl Liebknecht al estallar la Primera Guerra Mundial. ¡Debemos luchar para derrocar a los belicistas en toda Europa y señalar sin rodeos sus crímenes y su hipocresía! Solo la lucha de clases puede detener la maquinaria de guerra imperialista. Solo la revolución socialista puede derrocar al capitalismo y abrir el camino hacia la paz y un futuro para la juventud.

Decimos:

  • ¡Libros, no bombas! ¡Bienestar, no guerra!
  • ¡Expropien a los especuladores de la guerra sin compensación!
  • ¡Defiendan el derecho a la libertad de expresión y a la protesta! ¡Abajo la represión del movimiento contra la guerra!
  • ¡Paz entre los pueblos, guerra contra los multimillonarios!
  • ¡Trabajadores del mundo, uníos!